Difamación/Difamação – La Industria del Antisemitismo

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Assim como Norman Finkelstein, um professor estadunidense (e judeu) escreveu um livro no qual expõe como funciona o que ele chama de «A indústria do holocausto», Yoav Shamir, um cineasta israelense (e judeu), realizou o filme documentário Defamation (Difamação) que revela o que poderíamos chamar de «A indústria do antissemitismo». Trata-se de um filme imprescindível para entender os interesses que movimentam essa «indústria». A verdade, como podemos depreender deste documentário, é que o antissemitismo passou a ser a fonte de riqueza e poder para muitos grupos oriundos das comunidades judaicas estadunidenses que, aliados aos interesses da extrema direita israelense, não desejam seu fim, nem seu abrandamento. Muito pelo contrário, para desfrutar de seus privilégios (e para justificar suas políticas anti-palestinas, no caso de Israel), esses grupos procuram fazer de tudo para que o antissemitismo nunca deixe de estar em pauta. Se não houver mais o perigo real (como o documentário nos dá a entender que é o que ocorre na prática), é preciso recriá-lo através de todos os mecanismos emocionais possíveis. O documentário também deixa claro que há muitos judeus, religiosos ou não, que não concordam com a manipulação do sofrimento de seus antepassados para o benefício espúrio de grupos de poder da atualidade.

Texto: Jair de Souza.

Bill Clinton gana 500.000 dólares para decir…

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clinton peres

El ex presidente estadounidense Bill Clinton indicó este lunes que no veía «una alternativa a la creación de un Estado palestino», en un discurso pronunciado cerca de Tel Aviv con motivo del 90 aniversario del presidente israelí, Shimon Peres.

«Estoy con Shimon en esto, no creo que en todos estos años una alternativa creíble a la creación de un Estado palestino se haya presentado», dijo.

La solución de los dos Estados es la única «que preservará el carácter esencial del Estado de Israel, un Estado judío y democrático donde las minorías pueden votar», indicó, hablando en el Centro Académico Peres, en Rehovot, cerca de Tel Aviv.

«Sea cual sea el número de colonos en Cisjordania, los palestinos tendrán siempre más hijos», dijo Clinton, cuyo primer mandato fue marcado por la firma de los acuerdos israelo-palestino de Camp David, en 1993.

«De una u otra forma, ustedes deberán compartir su futuro con sus vecinos», agregó, ante una sala llena, en la que había numerosos ministros y diputados israelíes.

Varios miembros del gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu, han expresado recientemente su rechazo de una solución con dos Estados.

El ministro de Economía, Naftali Bennett, jefe del partido nacionalista religioso Hogar Judío, declaró el lunes que una tal solución había «llegado a un callejón sin salida.»

En su discurso, Clinton estimó que Shimon Peres era «uno de los grandes visionarios del mundo.»

También recordó su amistad con el ex primer ministro Yitzhak Rabin, quien fue asesinado en 1995 por un extremista judío.

«El día más oscuro de mi presidencia fue el día en que el primer ministro Rabin fue asesinado. No pasa una semana sin que yo piensen en él», dijo.

El anuncio de la llegada de Clinton provocó una cierta polémica en Israel, donde gobierno trata de adoptar un presupuesto de austeridad, cuando los medios de comunicación revelaron que el ex presidente estadounidense recibiría 500.000 dólares por su actuación.

La totalidad de la suma, sin embargo, será vertida al Centro Académico Peres y usada para financiar becas, dijo Clinton, según los medios de comunicación.

Las festividades por el 90 aniversario de Shimon Peres se iniciarán oficialmente el martes con el inicio de la conferencia presidencial a la que asistirán numerosos dignatarios extranjeros.

Fuente: AFP / OICP

«La existencia de Israel se basa en una continua limpieza étnica de la población palestina»

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Victoria Buch

Victoria Buch

Por Victoria Buch.*

Historia y «moral» de la limpieza étnica

Llegué a Israel hace 40 años. Me llevó muchos años comprender que la existencia de mi país en su forma actual se basa en una continua limpieza étnica de la población palestina. El proyecto se inició hace muchos años. Sus semillas se remontan a la falacia fundacional del movimiento sionista, que se propuso establecer un Estado nacional judío en un lugar habitado por otra nación. En estas condiciones a uno le asiste, a lo sumo, el derecho moral de luchar por un Estado binacional. El establecimiento de un Estado nacional implica más o menos por definición la depuración étnica de los anteriores habitantes.

Albert Einstein se percató de esta falacia hace mucho tiempo.

Poco después de la Primera Guerra Mundial, «Einstein se quejó de que los sionistas no estaban haciendo lo suficiente para llegar a un acuerdo con los árabes palestinos … Él era partidario de una solución binacional en Palestina y previno a Chaim Weizmann contra el nacionalismo de “estilo prusiano»». [1]

Pero el movimiento sionista hizo oídos sordos a esas advertencias. Así que aquí estamos, casi un siglo después, con un Estado nacional judío dominado por nacionalistas militaristas y por militantes entregados con celo a la tarea de colonizar y “judeizar” el territorio bajo control israelí a ambos lados de la Línea Verde (la frontera de 1967). El proyecto ha sido llevado adelante ininterrumpidamente y sin descanso por parte de todos los diversos gobiernos israelíes, recientemente al amparo de unas «negociaciones» de pacotilla con el Presidente Abbas.

La mayoría de las instituciones israelíes participan en dicho proyecto. Generación tras generación, los jóvenes israelíes ingresan en el ejército para ofrecerle la cobertura militar necesaria. La muchachada israelí ha sido sometida a un lavado de cerebro para que pueda creer honestamente que el ejército lucha “por la existencia de Israel”. Sin embargo, en opinión de la autora de este artículo y de muchas otras personas parece evidente que la supervivencia de la comunidad judía en este país depende de establecer mecanismos viables de convivencia con los palestinos. De modo que bajo el lema de «lucha por la existencia» el Estado de Israel está llevando a cabo un proyecto de naturaleza esencialmente suicida.

Esta perspectiva de larga data que permea la visión de las clases gobernantes israelíes quedó resumida sucintamente en un libro recientemente publicado por un académico estadounidense llamado Saree Makdisi: Palestina Inside Out. El libro «sugiere que la ocupación no es más que otro rasgo más de la vigente política israelí de expulsar lentamente de sus tierras a la población nativa palestina. Esta política es anterior a la fundación del Estado y todas las prácticas que desarrollan los ocupantes (asentamientos ilegales, confiscación de tierras, demolición de viviendas, etc.) sirven a ese objetivo final”. [2]

Si usted descree de la afirmación anterior deténgase a considerar una serie de declaraciones realizadas por el propio David Ben Gurion en una época anterior incluso a la creación del Estado de Israel (Ben Gurion fue líder del movimiento sionista antes de 1948 y el primer Primer Ministro de Israel a partir de 1948):

«La transferencia forzosa de los árabes [palestinos] de los valles del Estado judío propuesto [por el plan de partición de la ONU] podría darnos algo que nunca tuvimos, ni siquiera cuando vivíamos en nuestra propia tierra en la época del primer y segundo Templos… Nos están dando una oportunidad con la que jamás nos atrevimos a soñar ni en nuestras más descabelladas fantasías. Esto es más que un Estado, gobierno y soberanía: esto es la consolidación nacional en una patria libre». [3]

«Gracias a la transferencia forzosa [de la población nativa palestina, dispondríamos de] un vasto territorio [para establecer asentamientos]… Yo apoyo la transferencia forzosa. No veo nada inmoral en ella». [3]

Durante la guerra de 1948 cerca de dos tercios de los palestinos que acabarían convirtiéndose en refugiados fueron expulsados de sus hogares por el incipiente ejército israelí y un tercio se convirtieron en refugiados para escapar de los peligros de la guerra. A toda esta gente (entre 750.000 y 1.000.000 de personas) se les impidió regresar a Israel tras el acuerdo de armisticio. Sus casas y bienes fueron arrasados o apropiados por el Estado israelí.

Entre los habituales mantras que recitan los israelíes para justificar lo anterior figura éste: «Israel aceptó el plan de partición de la ONU y los árabes no, por lo que todo lo que ocurrió después es culpa los árabes». Lo que taimadamente se omite al decir eso es que los árabes palestinos constituían entre un tercio y la mitad de la población del territorio asignado al hogar nacional judío (según diversos informes de las Naciones Unidas). ¿Por qué deberían estas personas, cuyos antepasados vivieron allí durante generaciones, aceptar vivir en una patria ajena? Imagínese, por ejemplo, la reacción de los franceses belgas si la ONU designara a su país como «hogar nacional flamenco».

Pero el principal mantra con el que se aporrea la conciencia de cada ciudadano israelí desde el jardín de infancia es el argumento de que en 1948 se trataba de «o ellos o nosotros», «los árabes nos habrían arrojado en el mar si no hubiéramos establecido un Estado de mayoría judía y no hubiéramos creado un ejército poderoso», etc. Tengo mis dudas sobre ese sonsonete, pero supongamos que por un momento que las cosas hubieran sido efectivamente así. Entonces llegó el año 1967 y la Guerra de los Seis Días.

Otro capítulo en la «lucha por la existencia» de Israel en contra de árabes recalcitrantes que seguían intentando arrojarnos al mar. En un primer momento eso es lo que parecía. Yo, al igual que la mayoría de mis compatriotas, me creí durante muchos años que 1967 fue de hecho un momento de peligro existencial para Israel. Hasta que me tropecé con algunas elocuentes palabras pronunciadas por nuestros propios líderes [4]:

«(a) The New York Times citó el discurso que el Primer Ministro Menachem Begin (1977-83) pronunció en agosto de 1982 y en el que dijo: «En junio de 1967 tuvimos una elección. Las concentraciones del ejército egipcio en el Sinaí no constituían una prueba de que (el Presidente Gamal Abdel) Nasser (1956-70) estuviera realmente a punto de atacarnos. Debemos ser honestos con nosotros mismos. Decidimos atacarlo nosotros».

(b) En febrero de 1968 Yitzhak Rabin, dos veces Primer Ministro de Israel (1974-77 y 1992-95), confesó lo siguiente al diario francés Le Monde: «No creo que Nasser quisiera la guerra. Las dos divisiones que envió al Sinaí el 14 de mayo no habrían sido suficientes para iniciar una ofensiva contra Israel. Él lo sabía y nosotros lo sabíamos».

(c) El general Mordejai Hod, Comandante de la Fuerza Aérea israelí durante la Guerra de los Seis Días, dijo en 1978: «Aquellos ochenta minutos iniciales [de la guerra de los Seis Días] fueron el resultado de 16 años de planificación. Vivíamos con el plan, dormíamos con el plan, comíamos el plan. Lo íbamos perfeccionando constantemente».

(d) El general Haim Barlev, jefe del ejército israelí, dijo a Ma ariv en abril de 1972: «En vísperas de la Guerra de los Seis Días no nos amenazaba ningún genocidio y jamás barajamos esa posibilidad».

Así pues, en lugar de «frustrar un peligro existencial» en 1967 el Estado de Israel llevó a cabo una operación militar efectiva para apoderarse de más territorio. No hay nada nuevo en esa propaganda sobre el supuesto «peligro existencial». Antes que los israelíes muchos otros conquistadores y ocupantes a lo largo de la Historia Antigua y Moderna maquillaron la adquisición de territorio por medio de la conquista embelleciéndola con eufemismos agradables tales como «destino manifiesto», «carga del hombre blanco», «difundir la verdadera religión / la cultura / la democracia», o lo que fuere.

Al lector tal vez le interese saber que la conquista de territorios realizada en 1967 por el Estado de Israel había sido vaticinada veinte años antes por Ben-Gurion en la época del plan de partición (supuestamente aceptado por los dirigentes sionistas). Véanse las siguientes citas de Ben-Gurion, recopiladas en el libro de un historiador israelí [5]:

«Así como no veo en el Estado judío propuesto una solución definitiva a los problemas del pueblo judío, igualmente no veo la partición como la solución definitiva de la cuestión de Palestina. Los que rechazan la partición tienen razón al afirmar que este país no puede ser dividido porque constituye una unidad, no sólo desde un punto de vista histórico sino también desde el punto de vista físico y económico».

«Una vez establecido el Estado [judío] crearemos un gran ejército, aboliremos la partición y nos expandiremos a toda Palestina».

Me pregunto si en algún momento de la historia ha habido alguna asociación de personas que se haya apropiado de bienes ajenos por la fuerza bruta y que se hayan juzgado a sí mismos con tanta indulgencia. Una y otra vez los conquistadores se han considerado a sí mismos como víctimas involuntarias de las circunstancias y de los bárbaros (¡sus propias víctimas!) contra los que lamentablemente tienen que proteger sus derechos. Considérense las siguientes manifestaciones de Benny Morris, un historiador que documentó la limpieza étnica de 1948. En una entrevista a Morris del año 2004 publicada en Haaretz se puede leer lo siguiente [6]:

“Q: El título del libro que ahora está publicando usted en hebreo es «Víctimas». Así pues, finalmente su argumento es que de las dos víctimas de este conflicto, nosotros [los israelíes] somos las mayores.

Morris: Sí. Exactamente. Somos las mayores víctimas a lo largo de la historia y también las mayores víctimas potenciales. Aunque estamos oprimiendo a los palestinos somos la parte más débil aquí. Somos una pequeña minoría en medio de un océano de árabes hostiles que nos quieren eliminar”.

Esta opinión es representativa de la corriente de pensamiento mayoritaria en Israel. Con el paso de los años ha sido elevada a la categoría de axioma y probablemente ninguna oferta razonable de paz (por ejemplo la última oferta saudí) será capaz de hacer mella en ella. Los israelíes están usando este eslogan para eximirse a sí mismos de la obligación humana de comportarse decentemente con los palestinos. La mayoría de judíos de Israel se han autoconvencido de que tienen un derecho moral a expropiar y expulsar a los palestinos porque los palestinos son tan bárbaros que no respondieron a las «generosas ofertas de paz» de Israel y «sólo querían arrojarnos al mar». Porque somos una nación de supervivientes del Holocausto. Mis compatriotas se veían a sí mismos como protagonistas de una versión moderna de «El Señor de los Anillos» de Tolkien, protagonizándola, por supuesto, como hermosos elfos forzados por su adverso destino a combatir a los feos íncubos palestinos (íncubos = «terroristas»). La piedad humana no se aplica a los «terroristas». Nadie hace concesiones territoriales o acuerdos de paz con «terroristas».

Lo anterior explica la masiva participación de los, por lo demás, normales y más o menos decentes israelíes en los programas de limpieza étnica actualmente en marcha. ¿Cómo si no se puede explicar que un anciano moribundo y su esposa sean sacados por la fuerza de su apartamento en Jerusalén oriental para hacer sitio a los colonos judíos? ¿Cómo comprender que el «Museo de la Tolerancia» se construya en Jerusalén sobre el solar de un antiguo cementerio musulmán? ¿O la ofensiva israelí en Cisjordania contra los orfanatos mantenidos por organismos de beneficencia islámicos? ¿O los progromos que perpetran en Hebrón y en otras partes de los territorios ocupados gángsters-colonos judíos financiados por el Estado de Israel? ¿O el sadismo generalizado con el que los soldados israelíes tratan a los detenidos palestinos? ¿O los asaltos a los hogares palestinos durante incursiones militares nocturnas en ciudades y aldeas palestinas? ¿O las demoliciones de hogares palestinos en Cisjordania y Jerusalén oriental con el obsceno pretexto de ser «construcciones ilegales»? ¿O el sistemático latrocinio de tierras palestinas para beneficio de los colonos judíos? Y así muchas cosas más [7].

La Franja de Gaza es el lugar donde el sadismo israelí con ínfulas de superioridad moral ha alcanzado nuevas cotas. La Franja está densamente poblada, en su mayor parte por descendientes de los palestinos expulsados en 1948. Mucho antes de la Segunda Intifada los israelíes confiscaron lo más selecto del territorio de Gaza a lo largo de la playa (cerca de ¼ de la superficie de la Franja) para asentar allí a unos pocos miles de colonos judíos. Así y todo, un millón y medio de palestinos de Gaza llevaban un tipo de vida normal (bajo ocupación israelí) cultivando frutas y verduras, fabricando materiales de construcción y otros productos para el mercado israelí y trabajando como jornaleros en el interior de la Línea Verde. Antes de la segunda Intifada a Israel llegaba muy poco terror procedente de Gaza.

Sin embargo, desde el comienzo de la Intifada (año y medio antes de que los palestinos lanzaran el primer cohete contra territorio israelí) el ejército israelí inició la destrucción sistemática de la Franja. Los israelíes llevaron a cabo incursiones cada pocas semanas y destruyeron fábricas y talleres, carreteras, labranzas, casas, y todo lo que se les ocurriera. Los israelíes cerraron el acceso de los gazatíes a la economía israelí. Finalmente, los desesperados palestinos recurrieron a disparar cohetes Kassam que rara vez causaban víctimas o daños reales pero que servían como excelentes pretextos para la “acción” militar israelí».

Y entonces Sharon ejecutó su brillante movimiento de propaganda: la «desconexión” de Gaza. Toda la operación se vendió como una prueba de la buena voluntad israelí. Los asentamientos israelíes de Gaza fueron efectivamente eliminados, pero el ejército se desplegó alrededor de la Franja y la convirtió en una gigantesca prisión. El estrangulamiento económico de Gaza se intensificó hasta niveles draconianos, especialmente después de que el gobierno de Hamas abortara el putsch de Fatah que habían auspiciado al alimón Israel y USA. (No soy fan de Hamás, pero su gobierno fue elegido democráticamente por los palestinos). Hamas propuso en varias ocasiones iniciar negociaciones con Israel sobre la base de las fronteras de 1967, pero los israelíes limitaron al máximo la difusión de esas propuestas de Hamas e hicieron caso omiso de ellas. Con toda seguridad esas negociaciones habrían conseguido detener el lanzamiento de Kassams, pero los dirigentes israelíes parecían interesados en que la violencia continuara. Los Kassam crearon una gran oportunidad para degustar otra ración de la propaganda del «pobres de nosotros» y fueron una gran excusa para evitar satisfacer las legítimas exigencias internacionales reclamando el fin de la masiva colonización de Cisjordania.

Por último, se negoció una tregua con Hamas. Desde el comienzo de la tregua el ministro de Defensa israelí Barak inició los preparativos para un ataque masivo contra Gaza [8]. El 14 de noviembre la tregua con Hamas fue rota deliberadamente por orden de Barak cuando los israelíes mataron a varios combatientes de Hamas. A esas muertes siguió una respuesta palestina totalmente previsible: la cancelación de la tregua y una salva de cohetes. El bombardeo fue utilizado por Barak como pretexto para justificar una operación a gran escala que incluía la masacre de cientos de gazatíes con misiles lanzados desde aviones. Esta exhibición de fuerza forma evidentemente parte de la próxima campaña electoral de Barak y Livni, al precio de centenares de bajas palestinas y de algunas israelíes (pues en el ínterin los palestinos han mejorado su puntería). En una próxima operación terrestre los soldados israelíes también son susceptibles de pagar con sus vidas esta modalidad de campaña electoral.

¿Saben cómo interpreta todo lo anterior el israelí de a pie? Así: «Nosotros, los israelíes, en un acto de auto-sacrificio, expulsamos a pobres colonos judíos de sus «hogares» en la Franja de Gaza y les dimos a los palestinos una oportunidad de vivir una existencia libre y feliz. Pero los palestinos rechazaron nuestros esfuerzos de paz y prefirieron seguir alimentando su adicción a «arrojar judíos al mar». Gaza podía haberse convertido en una nueva Singapur, pero en lugar de eso los gazatíes prefirieron disparar cohetes contra los israelíes».

La retirada israelí de Gaza fue así un movimiento brillante por parte de ese genio del mal llamado Sharon. Proporcionó al israelí medio una absolución moral general. Los palestinos les habían «decepcionado». Ahora los dirigentes israelíes pueden hacer con los palestinos lo que les plazca. No esperen ni la más mínima protesta pública por parte del público judío israelí, a excepción de una pequeña minoría de «judíos auto-odiadores» como la persona que suscribe.

Créanme, estos judíos israelíes que se inscriben en la corriente de pensamiento mayoritario no son monstruos congénitos. Simplemente, no conocen nada mejor. Desgraciadamente yo solía ser una de ellos. Entonces un día me tropecé en Cisjordania, más o menos por casualidad, con un grupo de activistas. Hice algunos amigos palestinos y finalmente llegué a comprender el carácter criminal del trato que inflinge mi país a los palestinos. Y he aprendido a hacer caso omiso de la dosis diaria de propaganda absurda que los medio de comunicación suministran a mis compatriotas en lugar de noticias. Pero, ¿cómo convencer a mis compatriotas de que no escuchen esa propaganda? No lo sé.

Por otra parte, no tiene por qué ser así. Además de los cuatro o más millones de palestinos apátridas que viven en los territorios ocupados hay cerca de un millón de palestinos que viven dentro de la Línea Verde y que tienen ciudadanía israelí. A pesar del considerable racismo interior, muchos de esos ciudadanos palestinos están profundamente implicados en la sociedad israelí. Hay médicos y enfermeras árabes en los hospitales israelíes, estudiantes árabes en las universidades israelíes, etc. Existe un notable grado de coexistencia y cooperación entre judíos y árabes allí. Pero un colega judío de la corriente mayoritaria que podría tratar a su compañero de trabajo árabe de forma perfectamente decente seguiría estando orgulloso de un hijo soldado que se encontrara “sirviendo al país” en los Territorios Ocupados. Él o ella seguiría repitiendo la propaganda racista sobre el «peligro demográfico» representado para el Estado de Israel por sus ciudadanos árabes, se creería los sanguinarios discursos televisivos de los generales y ex-generales, y votaría por cualquiera de los tres principales partidos sionistas, el Likud, Kadima y el Laborista, cuyos dirigentes llevan años entregados a tareas de limpieza étnica.

Por el bien de las dos naciones que viven en este país esta ignominia debe cesar. Debe ser detenida por la presión externa, porque dentro de Israel en la actualidad no existen fuerzas políticas significativas capaces de plantarle cara. Por favor, amigos míos, hagan algo, y háganlo urgentemente. Y, por favor, hagan caso omiso de las eternas “negociaciones” entre nuestro gobierno y la impotente Autoridad Palestina: no son más que una tapadera para avanzar aún más en la pieza étnica. Si no me creen, vengan a ver la masiva construcción de asentamientos en Jerusalén oriental y Cisjordania y los muros de los guetos palestinos.

Victoria Buch es académica israelí y activista del movimiento contra la Ocupación.

[1] La Piedad de Todo, libro de Amos Elon sobre los judíos alemanes.

[2] De una reseña sobre el libro de Makdisi: Inside Out Palestina, Lena Tuffaha Khalaf, IMEU 2008.

[3] Las víctimas justas, de Benny Morris

[4] Recopilados por Stephen Lendman. Véase: http://www.zmag.org/znet/viewArticl…)

[5] El nacimiento de Israel: Mitos y realidades, de Simha Flapan

[6] El texto completo de la entrevista se encuentra en el sitio web de Counterpunch

[7] *Se puede encontrar información, por ejemplo en la revista Ocupación, sitio web del movimiento activista israelí contra la Ocupación.

[8] Desinformación, secretismo y mentiras: cómo se urdió la ofensiva contra Gaza, de Barak Ravid, Haaretz

http://www.haaretz.com/hasen/spages…

Fuente: http://www.counterpunch.org/buch010…

Artículo del año 2009.

* Victoria Buch (Polonia, 1954-Israel 2009). Su familia permaneció en Polonia, aun después del Holocausto. Su abuela y tía fueron asesinadas en el campo de la muerte conocido como Treblinka. En 1968, emigró a Israel después de una ola de antisemitismo tras la Guerra de los Seis Días que les costó a sus padres sus puestos universitarios.

Estudió química y obtuvo su doctorado a los 30 años con 16 artículos publicados.

Ella y su hermana se involucraron activamente contra la Ocupación Israelí. Victoria fundó la revista The Occupation y participó con Jeff Halper y Meir Margalit contra la demolición de casas palestinas.

Obs: Gracias a Luis Feld por enviarnos la nota.

Entrevista a Lucas Koerner, un judío pro Palestina

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Se convirtió de la noche a la mañana en una figura pública en Internet, las imágenes de su detención en Israel han sido vistas por más 300 mil personas y aunque le da pudor tanto reconocimiento, considera que la viralización del video “derrumba el mito de la “democracia” en Israel, democracia sólo para judíos”.

Koerner, estudiante de sociología de la Universidad de Tufts en Boston, se encuentra en Chilecomo parte de un programa de intercambio estudiantil con la Universidad de Chile, cuenta que el movimiento estudiantil chileno ha sido una gran fuente de inspiración. “Representa un ejemplo para nosotros en cómo construir poder popular y realizar cambios radicales estructurales en nuestras sociedades”.

Su pinta de niño y sus ojos azules son engañadores, porque cuando Lucas Koerner (21) comienza a hablar, pasa de ser un niño tímido de mirada dulce, a ser un apasionado activista judío-norteamericano de una fuerza imparable. Lo demostró en junio del 2011 cuando en solidaridad hacia el pueblo palestino y con una kufiyya al cuello, una pequeña bandera palestina, una kipá en su cabeza y megáfono en mano se enfrentó a un grupo de manifestante israelíes que marchaban en Jerusalén Este.

El grupo, en su mayoría colonos, celebraba su fiesta anual por la “unificación” de la ciudad en el llamado “Día de Jerusalén”. “Mi gobierno es responsable y estoy aquí para decir no, no en mi nombre y no, en nombre de los ciudadanos de EE.UU.”, vociferaba temerario. Y fue así como fue arrestado agresivamente por la policía local, permaneciendo dos días retenido, deportado y probablemente imposibilitado de entrar a Israel por 10 años. Muchas personas grabaron la violenta detención de más de cuatro minutos, por lo que Koerner perdió enseguida el anonimato y se convirtió en una reconocida figura en Internet[1]. Evidentemente incómodo con este súbito golpe de fama, cuenta que jamás pensó que podía ser apresado de esa manera. “Voy a ser honesto, fui más ingenuo que valiente. Pensé que mi pasaporte estadounidense y mi identidad judía me protegerían”. A partir de esta experiencia, dice que alcanzó un nivel más alto de madurez en términos políticos. Si bien lamenta no poder volver por mucho tiempo a Palestina cree que puede aportar mucho más a la causa desde EE.UU. a través del movimiento de BDS (boicot, desinversión y sanciones). “Mi verdadero trabajo está ahí”.

Difusión viral

Lucas Koerner nació en Filadelfia y estudia Sociología y Lengua y Literatura hispánica en la Universidad de Tufts en Boston. Hace un año que se encuentra en Chile como parte de un programa de intercambio estudiantil con la Universidad de Chile. Koerner cuenta que su bisabuela maternal era judía-rusa que huyó a Estados Unidos de la persecución antisemítica (pogromos). Su abuelo paterno fue un inmigrante alemán que llegó a su país después de la Segunda Guerra Mundial. Criado en un ambiente familiar sin influencias religiosas, desde muy temprana edad manifestó un fuerte interés por la política. A los 15 años ya había asistido a varias manifestaciones contra la guerra en Iraq. “Sin embargo, sólo después del ataque israelí contra la Franja de Gaza me convertí en un verdadero activista. En aquel momento, tomé la iniciativa para formar un grupo de solidaridad palestino dentro de mi colegio”. Con unos compañeros organizaron en los pasillos de su secundaria una exposición que mostraba los crímenes israelíes en Gaza, sin embargo, esta exhibición fue censurada por la administración.

¿Cual ha sido tu aporte al movimiento por la causa Palestina?

Yo diría que mis aportes han sido dos. Primero, jugué un rol crucial en fundar en mi Universidad una organización llamada Estudiantes por Justicia en Palestina (SJP). Inspirado por el espíritu de los indignados del 2011, le di una estructura más democrática, más horizontal. También difundí una orientación teórica y práctica hacia la acción directa: un movimiento social necesita enfrentarse con el sistema desde abajo para realizar los cambio estructurales deseados. Nos reunimos anualmente en el evento internacional de la Semana del Apartheid Israelí (IAW) y emprendemos proyectos asociados con la campaña por Boicot, Desinversión, y Sanciones (BDS) contra Israel. Estos dos principios de organizacionales de democracia radical y acción directa se han constituido como las bases fundamentales para el movimiento de solidaridad palestina, que ha ido creciendo rápidamente en los campus universitarios a lo largo de EE.UU. y Canadá. Segundo, yo diría que mi otro aporte al movimiento es mi importancia como activista internacional atribuible a la difusión viral del video de mi detención en Jerusalén. Aunque rechazo elevarme como caso excepcional, hay miles de activistas palestinos y judíos que se han enfrentado a mucho peor sin nada de publicidad, reconozco el aporte político del video que se ha visto probablemente por más de 300.000 personas. El video derrumba el mito de la “democracia” en Israel, democracia sólo para judíos y revela potentemente que el sionismo no es igual a judaísmo, una distinción que el movimiento sionista históricamente ha intentado eliminar, asegura.

Después de Plomo Fundido

¿Quien te inspiró para convertirte en un activista internacional?

Mi padre siempre ha sido una gran fuente de inspiración para mí. Él ha jugado el rol de guía en mi camino hacia la consciencia política desde que tenía10 años. Él me enseñó la necesidad de siempre cuestionar las meta-narrativas de la historia presentadas por mis profesores. Desde los mitos cómodos y mentiras vulgares que tratan de la buena voluntad de EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial, a la omisión de la historia de crímenes que EE.UU. ha perpetrado en países, como el Congo, Vietnam e Iraq. Además, mi papá era activista internacional durante su juventud. Comenzó como miembro del Movimiento de Solidaridad Centroamericana. Estuvo en Nicaragua durante los ochentas. Fue parte del Comité en Solidaridad con el Pueblo Salvadoreño (CISPES), que se movilizaba contra las guerras de Reagan en Nicaragua. Y trabajó directamente con las organizaciones colectivas campesinas en el cultivo del café.

¿Qué te motivó con el tema palestino?

Lo que me llevó a ser un activista por Palestina fue el ataque israelí contra Gaza en 2008-2009, “Operación Plomo Fundido”. Al mirar en la televisión la salvaje brutalidad del terrorismo del Estado israelí que se perpetró contra una población mayoritariamente compuesta de jóvenes menores de 18 años que viven en la cárcel al aire libre más grande del mundo, hizo que ya no pudiera quedarme pasivo y en silencio. Desde entonces, Palestina se convirtió en mi preocupación número uno. Empecé a verla como una metáfora de todas la injusticia que se reproducen en el mundo.

La masacre en Gaza fue un verdadero shock a nivel ético. Nunca la violencia del imperialismo se había manifestado tan atroz y abiertamente ante mi consciencia. Me identifiqué profundamente con el pueblo de Gaza.

¿Como vinculas esta preocupación por Palestina con tu origen judío?

La cuestión palestina tuvo un importante valor simbólico en el plano personal, porque se me presentó la oportunidad de reivindicar mi identidad judía. Debido a la diversidad religiosa y carácter secular de mi familia, siempre me sentí alejado de la comunidad judía oficial. Eso también tenía que ver con mi incipiente anti-sionismo, que es rechazado como herejía en las comunidades judías del “mainstream”. Mi compromiso con Palestina me enseñó que había múltiples maneras de ser judío y no sólo una orientación religiosa-cultural sionista. Me di cuenta que podía ser parte de una tradición antigua de justicia social dentro del judaísmo que había luchado contra la opresión en todas sus formas, desde los movimientos revolucionarios de Europa, al movimiento por derechos civiles en EE.UU. Es imposible ser fiel a esa tradición, sin solidarizar con el pueblo palestino.

¿Ahora tu vinculación cambió?

Hoy en día, Palestina permanece una preocupación central de mi vida, pero por diferentes razones. La reivindicación de mi identidad judía, llegando a su punto culmine con mi protesta y detención en Jerusalén en el 2011, creo que ha sido superada en alguna medida. Mi identidad judía sigue siendo importante, en el sentido de que creo que es imposible triunfar en la lucha contra el antisemitismo, sin derrotar al sionismo como una ideología y una estructura de opresión racista. No obstante, mi identificación judía es ahora menos central en cuanto a la cuestión palestina. Al conocer a tanta gente que no tiene ninguna asociación étnico-religiosa con el tema, me di cuenta de que la importancia que está alcanzando la causa de solidaridad con Palestina, como el movimiento más poderoso y dinámico entre jóvenes estadounidenses de edad universitaria, se debe no a una política de identidad, la cual es anticuada, sino a la potencia simbólica implícita en la metáfora universal que es Palestina.

El sistema de dominación israelí abre un espacio de articulación simbólica y práctica entre diversos movimientos. Se van forjando lazos en base al poder simbólico y explicativo de esta metáfora con otros movimientos como los feministas, ecológicos, inmigrantes, anti-cárceles etc.

¿A tu juicio se configuraría un fenómeno de apartheid en Palestina?

Sí, según las Naciones Unidas, el apartheid se define por actos inhumanos cometidos con el fin de instituir y mantener la dominación de un grupo racial de personas sobre cualquier otro grupo de personas y oprimirlos sistemáticamente. Esta dominación suele manifestarse en diferentes sistemas que se aplica a distintas poblaciones étnicas dentro de un territorio. En los territorios ocupados por Israel después de la Guerra de 1967, Cisjordania y la Franja de Gaza, se aplica una ley militar a los habitantes, mientras que los colonos judíos en Cisjordania y Jerusalén Este, viven como ciudadanos normales de Israel, como si sus colonias fueran suburbios estadounidenses, conectados a sus trabajos en Israel por autopistas segregadas, sólo para uso de judíos. Israel controla directamente más del 60 por ciento del territorio de la Cisjordania (área C) y indirectamente más del 80 por ciento (áreas C y B), mientras que la mayoría de los palestinos están concentrados en menos del 20 por ciento de su territorio (área A) que se fragmenta en bantustanes separados por muros, colonias judías y puntos de control.

Gaza, es la cárcel más grande del mundo como lo manifiestan diversas organizaciones de derechos humanos, incluso el primer ministro británico David Cameron. Además, la lógica del apartheid y del colonialismo está escrita en el nacimiento del Estado israelí dentro de sus fronteras supuestamente legítimas. El 15 de Mayo fue el aniversario de los 65 años del Nakba, es decir, del despojamiento del pueblo palestino de sus tierras durante la campaña sionista de limpieza étnica durante la fundación de Israel entre 1947-1949.

¿Qué opinas del Derecho al Retorno de los palestinos?

El derecho internacionalmente reconocido de los refugiados y sus descendientes a regresar a sus tierras o recibir compensación se ha negado a partir del nacimiento de Israel como Estado exclusivo para judíos. En cambio, cualquier judío en el mundo, incluso yo, puede reclamar su “derecho” a volver y recibir ciudadanía israelí bajo la Ley de Retorno. Finalmente, los palestinos que no fueron expulsados en 1948 y luego recibieron ciudadanía israelí (“48ers”) se enfrentan con una segregación institucionalizada en casi todas las esferas de la sociedad israelí, en vivienda, en salud y educación. Al final de cuentas, ¿cómo es posible que una minoría no judía sea igual en un Estado judío?

Movimiento estudiantil inspirador

¿Por qué elegiste nuestro país y cómo te has sentido?

Decidí estudiar en Chile porque América Latina es mi otra área de interés aparte del Medio Oriente y el movimiento estudiantil es una gran fuente de inspiración para mí. El movimiento representa un ejemplo para nosotros de cómo construir poder popular, especialmente poder estudiantil y realizar cambios radicales estructurales en nuestras sociedades. El pueblo chileno es muy acogedor y es un país espectacular, así que estoy muy contento con mi decisión.

¿Somos solidarios con la causa palestina?

Indudablemente, la sociedad civil chilena es muy solidaria con la causa palestina. No obstante, opino que se debe concretizar más este espíritu solidario en actos directos para terminar con la complicidad de la ocupación por medio del BDS (boicot, desinversión y sanciones). Por ejemplo, hay que organizarse para emprender boicots de empresas como Caterpillar que tienen vínculos estrechos con la ocupación israelí. Desinvertir los fondos de pensiones de estas empresas, hacer que las universidades terminen su cooperación institucional con las universidades israelitas y presionar a artistas y músicos chilenos a seguir el boicot cultural y cancelar sus conciertos en Israel.

¿Cómo ves a nuestro país política y socialmente?

Actualmente, Chile está en plena crisis en varios niveles. Se pone de relieve más y más la crisis de eficacia del modelo neoliberal, especialmente en la esfera educativa, que a su vez conduce a una aguda crisis de representatividad, en la que se evidencia un agotamiento de toda confianza en la clase política. Estas dos crisis han servido para desenmascarar una crisis más profunda, es decir, la de la legitimidad. El modelo actual de democracia liberal protegida, de baja intensidad, institucionalizada por la Constitución de 1980 que representa nada más que la voluntad de la fuerza ilegitima de la pasada dictadura militar. La única solución a estas crisis es una profunda transformación social, económica y política a partir de la voluntad popular expresada en una asamblea constituyente.

¿Qué planes tienes a corto y largo plazo?

A corto plazo, volveré a EE.UU. en julio para terminar el último año de mi carrera. Después de graduarme, quiero viajar a Europa y latinoamérica. Quiero enseñar inglés, y aprender de los múltiples movimientos sociales que van surgiendo en estas regiones. A largo plazo, pienso estudiar un postgrado para sacar un magíster y un doctorado en sociología. Espero encontrar una línea de trabajo que me deje canalizar concretamente mi activismo en la vida diaria.

Por Pamela Rillón.

El Ciudadano

Gracias a Camilo Brodsky por sugerirnos la nota.

Israel: antisemita y colonialista

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judaismArtículo censurado de Joseph Massada.

Los judíos que se opusieron históricamente al sionismo entendían que este movimiento, desde sus primeras etapas, compartía los preceptos del antisemitismo en el diagnóstico de lo que los gentiles europeos llamaban la “Cuestión Judía”. Sin embargo, lo que más irritaba a los judíos antisionistas era que el sionismo compartía también la “solución” a la Cuestión Judía que los antisemitas habían propugnado siempre, a saber, la expulsión de los judíos de Europa.

Fue la Reforma protestante, con su recuperación de la Biblia hebrea, la que vincularía a los judíos modernos de Europa con los antiguos hebreos de Palestina, un vínculo que los filólogos del siglo XVIII consolidarían a través de su hallazgo de la familia de lenguas “semíticas”, incluyendo el hebreo y el árabe. Mientras que los protestantes milenaristas insistían en que los judíos, como descendientes de los antiguos hebreos, debían abandonar Europa hacia Palestina para acelerar la segunda venida de Cristo, los descubrimientos filológicos llevaron a denominar “semitas” a los judíos contemporáneos. En consecuencia, el salto que darían las ciencias biológicas de la raza y la herencia en el siglo XIX al considerar a los judíos europeos contemporáneos descendientes raciales de los antiguos hebreos no fue gran cosa.

Basándose en las conexiones hechas por los protestantes milenaristas antijudíos, en el siglo XIX abundaron las personalidades laicas europeas que vieron el potencial político de “devolver” a los judíos a Palestina. Menos interesados en acelerar la segunda venida de Cristo que los milenaristas, esos políticos laicos, desde Napoleón Bonaparte al secretario británico de asuntos exteriores Lord Palmerston (1785-1865) hasta Ernest Laharanne, el secretario privado de Napoléon III en los años de la década de 1860, trataron de expulsar hacia Palestina a los judíos de Europa a fin de colocarlos como agentes del imperialismo europeo en Asia. Su llamamiento sería apoyado por muchos “antisemitas”, una nueva etiqueta decidida por los racistas europeos antijudíos una vez que fue inventada en 1879 por un periodista menor vienés de nombre Wilhelm Marr, que publicó un programa político titulado “The Victory of Judaism over Germanism”. Marr tuvo buen cuidado en separar el antisemitismo de la historia del odio cristiano a los judíos sobre la base de la religión, subrayando, de acuerdo con la filología semítica y las teorías raciales del siglo XIX, que la distinción que debía hacerse entre judíos y arios era estrictamente racial.

Asimilando a los judíos en la cultura europea

El antisemitismo científico insistía en que los judíos eran diferentes de los europeos cristianos. En concreto, que los judíos no eran en absoluto europeos y que su misma presencia en Europa es lo que producía el antisemitismo. La razón por la que los judíos causaban tantos problemas a los cristianos europeos tenía que ver con su supuesta falta de raíces, con que carecían de país y, por tanto, de lealtad hacia un país. En la edad romántica de los nacionalismos europeos, los antisemitas sostuvieron que los judíos no encajaban en las nuevas configuraciones nacionales y que perturbaban la pureza racial y nacional que eran esenciales en la mayor parte de los nacionalismos europeos. Por esta razón, si los judíos permanecían en Europa, sostenían los antisemitas, sólo iban a provocar hostilidades entre los europeos cristianos. La única solución que había era que se fueran de Europa y tuvieran su propio país. Ni que decir tiene que los judíos laicos y religiosos se opusieron a esta horrenda línea de pensamiento antisemita. Los judíos de la reforma y los ortodoxos, los judíos socialistas y comunistas, los judíos de cultura yiddishkeit [de la judeidad] y cosmopolita, todos coincidían en que se trataba de una peligrosa ideología de la hostilidad que buscaba expulsar a los judíos de sus patrias europeas.

La Haskalah judía, o Ilustración, que surgió también en el siglo XIX, trató de asimilar a los judíos en la cultura gentil laica europea y hacer que perdieran su cultura judía. Fue la Haskalah la que trató de romper la hegemonía de los rabinos judíos ortodoxos sobre los “ostjuden” de los shtetl [poblados] judíos de Europa del Este y de abandonar lo que se percibía como cultura “medieval” judía a favor de la cultura moderna laica de los cristianos europeos. El judaísmo de la Reforma, al igual que la variante cristiana y protestante del judaísmo, surgiría del corazón de la Haskalah. No obstante, este programa asimilacionista trató de integrar a los judíos en la modernidad europea, no de expulsarles de la geografía europea.

Cuando se inició el sionismo, década y media después de que se publicara el programa antisemita de Marr, abrazaría todas estas ideas antijudías, incluyendo como válido el antisemitismo científico. Para el sionismo, los judíos eran “semitas”, descendientes de los antiguos hebreos. En su panfleto fundacional Der Judenstaat, Herzl explicó que eran los judíos, no sus enemigos cristianos, quienes “provocaban” el antisemitismo y que “donde no existía [el antisemitismo], eran los mismos judíos quienes lo llevaban en el curso de sus migraciones”, que “los desgraciados judíos están ahora llevando a Inglaterra las semillas del antisemitismo; que lo han introducido ya en EEUU”; que los judíos eran una “nación” que debería abandonar Europa para restaurar su “nacionalidad” en Palestina o Argentina; que los judíos debían emular culturalmente a los cristianos europeos y abandonar las lenguas y tradiciones de donde viven a favor de las lenguas modernas europeas o de una lengua nacional antigua restaurada. Herzl prefería que todos los judíos adoptaran el alemán, mientras que los sionistas de la Europa del Este querían el hebreo. Los sionistas que llegaron después de Herzl aceptaron incluso y afirmaron que los judíos estaban separados racialmente de los arios. En cuanto al yiddish, la lengua viva de la mayoría de los judíos europeos, todos los sionistas estuvieron de acuerdo en que había que abandonarla.

La mayoría de los judíos continuaron resistiéndose al sionismo y entendían sus preceptos como los propios del antisemitismo y como una continuación de la búsqueda de la cultura gentil Haskalah para abandonar la cultura judía y asimilar a los judíos a la cultura gentil laica europea, excepto que el sionismo buscaba esto último no en el interior de Europa sino en un lugar geográfico distante tras la expulsión de los judíos de Europa. El Bund, o Unión General de Trabajadores Judíos en Lituania, Polonia y Rusia, que se había fundado en Vilna a primeros de octubre de 1897, pocas semanas después de celebrarse el I Congreso Sionista en Basilea a finales de agosto de 1897, se convertiría en el enemigo más feroz del sionismo. El Bund se unió a la Coalición Judía Antisionista existente de rabinos ortodoxos y de la reforma que habían unido sus fuerzas pocos meses antes para impedir que Herzl celebrase el primer Congreso Sionista en Munich, lo que le obligó a trasladarse a Basilea. El antisionismo judío en Europa y EEUU contaba con el apoyo de la mayoría de los judíos, que continuaron considerando el sionismo como movimiento antijudío hasta bien entrada la década de 1940.

Cadena antisemita de entusiastas pro-sionistas

Al darse cuenta de que su plan para el futuro de los judíos europeos encajaba con el de los antisemitas, Herzl preparó pronto una estrategia para aliarse con estos últimos. Declaró en su Der Judenstaat que:

“Los gobiernos de todos los países azotados por el antisemitismo tendrán mucho interés en ayudarnos a conseguir la soberanía que queremos”.

Añadió que “no sólo los judíos pobres” contribuirían a un fondo de inmigración para los judíos europeos, “sino también los cristianos que querían librarse de ellos”. Herzl confió en sus Diarios sin remordimiento alguno que:

“Los antisemitas se convertirán en nuestros más firmes amigos, los países antisemitas en nuestros aliados.”

Así pues, cuando Herzl empezó a reunirse en 1903 con infames antisemitas como el ministro ruso del interior Vyacheslav von Plehve, encargado de supervisar los pogromos antijudíos en Rusia, buscaba deliberadamente una alianza. Que fuera el antisemita Lord Balfour quien, como primer ministro de Gran Bretaña, supervisó en 1905 el Acta de Extranjería de su gobierno que impedía que los judíos del Este de Europa que huían de los pogromos rusos entraran en Gran Bretaña, según señaló, para salvar al país de los “indudables males” de “una inmigración mayoritariamente judía”, fue algo totalmente fortuito. La infame Declaración Balfour de 1917 para crear en Palestina un “hogar nacional” para el “pueblo judío”, se concibió, entre otras cosas, para frenar el apoyo judío a la Revolución Rusa e impedir la oleada de nuevos inmigrantes judíos no deseados hacia Gran Bretaña.

Los nazis no serían una excepción en esta cadena antisemita de entusiastas pro-sionistas. De hecho, los sionistas llegarían a un acuerdo con los nazis en las primeras etapas de su historia. Fue en 1933 cuando se firmó el infame Acuerdo de Traslado (Ha’avara) entre los sionistas y el gobierno nazi para facilitar el traslado de los judíos alemanes y sus propiedades a Palestina, rompiendo el boicot judío internacional a la Alemania nazi que lanzaron los judíos estadounidenses. Fue con ese espíritu con el que los representantes nazis fueron enviados a Palestina para que informaran sobre los éxitos de la colonización judía del país. Adolf Eichmann volvió de su viaje a Palestina en 1937 lleno de fantásticas historias sobre los logros de los kibbutz ashkenazis, racialmente separatistas, uno de los cuales visitó en el Monte Carmelo como huésped de los sionistas.

A pesar de la abrumadora oposición de la mayoría de los judíos alemanes, fue la Federación Sionista de Alemania el único grupo judío que apoyó las Leyes de Nuremberg de 1935, mientras acordaban con los nazis que judíos y arios eran razas separadas y separables. Esto no fue un apoyo táctico sino un apoyo basado en la similitud ideológica. La Solución Final de los nazis significó inicialmente la expulsión de los judíos de Alemania hacia Madagascar. Fue este compartido objetivo de expulsar a los judíos de Europa como raza separada inasimilable el que estuvo todo el tiempo creando la afinidad entre nazis y sionistas.

Aunque la mayoría de los judíos continuó resistiendo frente a la base antisemita del sionismo y a sus alianzas con los antisemitas, el genocidio nazi no sólo mató al 90% de los judíos europeos, sino que en el proceso mató también a la mayoría de los judíos que eran enemigos del sionismo, que murieron precisamente porque se negaron a atender el llamamiento sionista a abandonar sus países y hogares.

Tras la guerra, el horror del holocausto judío no detuvo a los países europeos a la hora de apoyar el programa antisemita del sionismo. Bien al contrario, esos países compartieron con los nazis una predilección por el sionismo. Sólo se opusieron al programa genocida del nazismo. Los países europeos, junto con EEUU, se negaron a recibir a cientos de miles de supervivientes judíos del holocausto. De hecho, esos países votaron contra la Resolución de las Naciones Unidas presentada por los países árabes en 1947 pidiéndoles que aceptaran a los supervivientes judíos; sin embargo, esos mismos países serían los que apoyarían el Plan de Partición de la ONU de noviembre de 1947 para crear un Estado judío en Palestina al que expulsar a esos refugiados judíos no deseados.

Las políticas pro-sionistas de los nazis

Los EEUU y los países europeos, incluida Alemania, proseguirían con las políticas pro-sionistas de los nazis. Los gobiernos de la Alemania Occidental posteriores a la guerra, que se presentaron a sí mismos como abriendo una nueva página en su relación con los judíos, en realidad no hicieron tal cosa. Desde la creación del país tras la II Guerra Mundial, cada gobierno de la Alemania Occidental (y cada gobierno alemán desde la reunificación en 1990) ha continuado sin cesar con las políticas nazis pro-sionistas. Nunca ha habido una ruptura con el pro-sionismo nazi. La única brecha fue respecto al odio racial y genocida hacia los judíos que el nazismo consagró, pero no respecto al deseo de ver a los judíos asentarse en un país de Asia, lejos de Europa. En efecto, los alemanes explicarían que gran parte del dinero que enviaban a Israel era para compensar los costes de reasentamiento de los refugiados judíos europeos en el país.

Tras la II Guerra Mundial, en EEUU y en Europa apareció un nuevo consenso para que los judíos se integraran, con carácter póstumo, en la europeidad blanca, y que el horror del holocausto judío fuera en esencia un horror ante el asesinato de europeos blancos. Desde la década de 1960, las películas de Hollywood sobre el holocausto empezaron a describir a las víctimas judías del nazismo como un pueblo blanco, de aspecto cristiano, de clase media, educado y con talento, no muy diferente de los cristianos estadounidenses y europeos contemporáneos que deberían identificarse con ellos. Es de suponer que si las películas se hubieran referido a los judíos religiosos pobres de Europa Oriental (y la mayoría de los judíos europeos del Este asesinados por los nazis eran pobres y muchos eran religiosos), los cristianos blancos contemporáneos no encontrarían cosas comunes con ellos. De ahí que el horror cristiano europeo post-holocausto por el genocidio de judíos europeos no se basara en el horror de masacrar personas a millones que eran diferentes de los cristianos europeos, sino más bien en el horror por el asesinato de millones de seres que eran iguales que los cristianos europeos. Esto explica por qué en un país como EEUU, que no tuvo nada que ver con el asesinato de los judíos europeos, hay más de 40 memoriales al holocausto y un museo importante para los judíos asesinados de Europa, pero no hay ninguno por el holocausto de los americanos nativos o los americanos africanos de cuya muerte es EEUU responsable.

Aimé Césaire comprendía muy bien todo este proceso. En su famoso discurso sobre el colonialismo, afirmó que la visión retrospectiva de los cristianos europeos sobre el nazismo es que

“… fue una barbarie, pero la barbarie suprema, que resume todas las barbaries diarias; es el nazismo, sí, pero antes de que los europeos fueran sus víctimas, fueron sus cómplices; y toleraron el nazismo antes de que les afectara a ellos, que le absolvieron, que cerraron los ojos ante él, que le legitimaron, porque hasta entonces se había aplicado sólo a pueblos no europeos; que cultivaron ese nazismo, que se responsabilizaron de él y que antes de anegar todo Occidente, a la civilización cristiana con sus enrojecidas aguas, rezuma, se filtra y chorrea por todas sus grietas.”

No cabe duda que para Césaire las guerras nazis y el holocausto fueron consecuencia del ensimismamiento del colonialismo europeo. Pero a partir de la rehabilitación de las víctimas del nazismo como pueblo blanco, Europa y su cómplice estadounidense continuarían con su política nazi inflingiendo horrores a los pueblos no blancos de todo el planeta: Corea, Vietnam, Indochina, Argelia, Indonesia, América Central y del Sur, África Central y del Sur, Palestina, Irán e Iraq y Afganistán.

La rehabilitación de los judíos europeos tras la II Guerra Mundial fue una parte fundamental de la propaganda de la Guerra Fría de EEUU. Mientras los científicos sociales e ideólogos estadounidenses desarrollaban la teoría del “totalitarismo”, que planteaba que el comunismo soviético y el nazismo eran en esencia el mismo tipo de régimen, los judíos europeos, como víctimas de un régimen totalitario, se convirtieron en parte de la exhibición de la atrocidad que la propaganda estadounidense y europea occidental afirmaba que era igual que las atrocidades que el régimen soviético estaba supuestamente cometiendo en los períodos anteriores y posteriores a la Guerra. Que Israel se subiera al carro acusando a los soviéticos de antisemitismo por negarse a permitir que los ciudadanos judíos soviéticos se autoexpulsaran y se fueran a Israel fue parte de esa propaganda.

Compromiso con la supremacía blanca

Fue así como el compromiso estadounidense y europeo con la supremacía blanca se preservó, excepto que ahora se incluía a los judíos como parte de la gente “blanca” y de lo que llegó a llamarse civilización “judeocristiana”. Las políticas estadounidenses y europeas posteriores a la II Guerra Mundial, que siguieron estando inspiradas y dictadas por el racismo contra los nativos americanos, africanos, asiáticos, árabes y musulmanes, y continuaron apoyando el programa antisemita del sionismo de asimilar judíos a la blancura en un estado de asentamientos coloniales fuera de Europa, eran una continuación directa de las políticas antisemitas que predominaban antes de la Guerra. Precisamente una gran parte de esa ponzoña racista antisemita se dirigiría ahora contra árabes y musulmanes (tanto contra los que son inmigrantes y ciudadanos en Europa y EEUU como los que viven en Asia y África), mientras que el antiguo apoyo antisemita al sionismo proseguiría su marcha libre de obstáculos.

La alianza de la Alemania Occidental con el sionismo y con Israel tras la II Guerra Mundial, suministrando a Israel una inmensa ayuda económica en la década de 1950 y ayuda económica y militar a partir de los primeros años de la década de 1960, incluidos los tanques que se utilizaron para matar palestinos y otros árabes, es una continuación de la alianza que el gobierno nazi concluyó con los sionistas en la década de 1930. En los años sesenta, Alemania Occidental facilitó a Israel incluso entrenamiento militar para sus soldados, y desde los años setenta le ha suministrado submarinos nucleares fabricados en Alemania, con los que Israel confía en matar más árabes y musulmanes. Israel ha armado en años recientes a los submarinos suministrados por Alemania con misiles nucleares de tipo crucero, un hecho que es bien conocido por el actual gobierno alemán. El ministro de defensa israelí Ehud Barak dijo a Der Spiegel en 2012 que los alemanes se “sentirían orgullosos” de haber asegurado la existencia de Israel “durante muchos años”. Berlín financió la tercera parte del coste de esos submarinos, alrededor de 135 millones de euros por submarino, y ha permitido que Israel difiera el pago hasta 2015. Que esto convierta a Alemania en cómplice de la desposesión de los palestinos le importa tan poco al actual gobierno alemán como en los años sesenta le importaba al canciller de la Alemania Occidental Konrad Adenauer, quien afirmó que “la República Federal no tiene derecho ni responsabilidad alguna que asumir respecto a los refugiados palestinos”.

Esto se añade a los masivos miles de millones que Alemania ha pagado al gobierno israelí como compensación por el holocausto, como si Israel y el sionismo fueran las víctimas del nazismo, cuando en realidad a quienes mataron los nazis eran sobre todo judíos antisionistas. Al actual gobierno alemán no le preocupa el hecho de que incluso los judíos alemanes que huyeron de los nazis y terminaron en Palestina odiaran el sionismo y su proyecto, y eran a su vez odiados por los colonialistas sionistas en Palestina. Como los refugiados alemanes en Palestina en las décadas de 1930 y 1940 se negaron a aprender hebreo y publicaron media docena de periódicos en alemán en el país, fueron atacados por la prensa hebrea, incluido Haaretz, que pidió el cierre de sus periódicos en 1939 y de nuevo en 1941. Los colonialistas sionistas atacaron un café de propiedad alemana en Tel Aviv porque sus propietarios judíos se negaban a hablar hebreo, y el ayuntamiento de Tel Aviv amenazó en junio de 1944 a algunos de sus vecinos judíos alemanes por celebrar en su casa en la calle Allenby 21 “fiestas y bailes enteramente en lengua alemana, incluyendo programas que resultan extraños para el espíritu de nuestra ciudad” y esto “no iba a tolerarse en Tel Aviv”. Los judíos alemanes, o yekkes, como se les conocía en el Yishuv, llegarían incluso a organizar una celebración con motivo del cumpleaños del Kaiser en 1941 (para estos y más detalles sobre los refugiados judíos alemanes en Palestina, puede leerse el libro de Tom Segev “The Seven Million”).

Añadan a todo eso el apoyo de Alemania a las políticas israelíes contra los palestinos en las Naciones Unidas y habrán completado el cuadro. Incluso el nuevo memorial al holocausto construido en Berlín que se abrió en 2005 mantiene el apartheid racial nazi, porque ese “Memorial para los Judíos Asesinados de Europa” es sólo para las víctimas judías de los nazis, que todavía hoy se diferencian, como Hitler ordenó, de los otros millones de no judíos que también cayeron masacrados víctimas del nazismo. Que una filial de la compañía alemana Degussa, que colaboró con los nazis y que produjo el gas Zyklon B, que se utilizó para matar a la gente en las cámaras de gas, fuera contratada para construir el memorial no resulta en absoluto sorprendente; mientras, se confirma que quienes mataron a los judíos en Alemania en los años finales de la década de 1930 y en la de 1940 lamentan ahora lo que hicieron porque entienden que los judíos eran europeos blancos a quienes debe conmemorarse y que no deberían haber sido asesinados teniendo en cuenta ante todo su blancura. Sin embargo, la política alemana de instigar la matanza de árabes por parte de Israel apenas se relaciona con ese compromiso con el antisemitismo, que continúa estando en vigor a través del predominante racismo contemporáneo contra los inmigrantes musulmanes.

Tradición antijudía euro-estadounidense

El holocausto judío acabó con la mayoría de los judíos que lucharon y combatieron el antisemitismo europeo, incluido el sionismo. Con su muerte, los únicos “semitas” que quedan que están luchando contra el sionismo y su antisemitismo son hoy el pueblo palestino. Mientras Israel insiste en que los judíos europeos no pertenecen a Europa y deben irse a Palestina, los palestinos han insistido siempre en que las patrias de los judíos europeos eran sus países europeos y no Palestina, y que el colonialismo sionista brota de su propio antisemitismo. Mientras que el sionismo insiste en que los judíos son una raza distinta de los cristianos europeos, los palestinos insisten en que los judíos europeos no son sino europeos y no tienen nada que ver con Palestina, ni con su gente ni con su cultura. Lo que Israel y sus aliados europeos y estadounidenses han intentado hacer en las últimas seis décadas y media es convencer a los palestinos para que se conviertan también en antisemitas y crean, como los nazis, Israel y sus aliados occidentales antisemitas, que los judíos son una raza que es diferente de las razas europeas, que Palestina es su país y que Israel habla en nombre de todos los judíos. Que los dos grandes bloques de votantes estadounidenses son en la actualidad protestantes milenaristas y que los imperialistas laicos continúan la misma tradición euro-estadounidense y antijudía que se remonta a la Reforma protestante y al imperialismo del siglo XIX. Pero los palestinos siguen mostrándose escépticos y firmes en su resistencia frente al antisemitismo.

Israel y sus aliados antisemitas afirman que Israel es el “pueblo judío”, que sus políticas son políticas “judías”, que sus logros son logros “judíos”, que sus crímenes son crímenes “judíos” y que, por tanto, cualquiera que se atreva a criticar a Israel está criticando a los judíos y tiene que ser antisemita. El pueblo palestino ha emprendido una gran lucha contra esta provocación antisemita. Siguen en cambio afirmando que el gobierno israelí no habla para todos los judíos, que no representa a todos los judíos y que sus crímenes coloniales contra el pueblo palestino son sus propios crímenes y no los crímenes del “pueblo judío” y que, por lo tanto, es a ese gobierno a quien hay que criticar, condenar y procesar por sus incesantes crímenes de guerra contra el pueblo palestino. Esta posición palestina no es nueva, se adoptó al comienzo del siglo XX y continuó a través de toda la lucha palestina contra el sionismo anterior a la II Guerra Mundial. El discurso de Yaser Arafat en las Naciones Unidas en 1974 reafirmaba con vehemencia todos esos aspectos:

“Así como el colonialismo utilizó sin remordimiento alguno a los miserables, a los pobres, a los explotados como mera materia inerte con la que construir y desarrollar un colonialismo de asentamientos de colonos, también utilizó, en nombre del imperialismo mundial y del liderazgo sionista, a los destituidos y oprimidos judíos europeos. Transformaron a los judíos europeos en instrumentos de agresión; los convirtieron en elementos del colonialismo de asentamiento colonial que va intimadamente ligado a la discriminación racial… se utilizó la teología sionista contra nuestro pueblo palestino: el objetivo no era sólo el establecimiento de un colonialismo de asentamientos de estilo occidental sino también el desarraigo de los judíos de sus diversas patrias y, por consiguiente, el alejamiento de sus naciones. El sionismo… va unido al antisemitismo en sus retrógrados principios y es, al fin y al cabo, la otra cara de la misma moneda. Porque cuando lo que se propone es que los seguidores de la fe judía, con independencia de su residencia nacional, no le deban lealtad alguna a tal residencia nacional ni vivan en igualdad de condiciones con los otros, los ciudadanos no judíos, cuando es eso lo que se propone, se está propugnando el antisemitismo. Cuando se propone que la única solución al problema judío es que los judíos se alienen a sí mismos de las comunidades o naciones de las que han sido parte histórica, cuando lo que se propone es que los judíos solucionen el problema judío mediante la inmigración y el asentamiento forzoso en la tierra de otro pueblo, cuando eso ocurre, se está fomentando exactamente lo mismo que defienden los antisemitas contra los judíos.

La proclama de Israel de que sus críticos son antisemitas presupone que sus críticos se creen sus proclamas de que representa al “pueblo judío”. Pero esas afirmaciones de Israel de que representa y habla en nombre de todos los judíos son las afirmaciones más antisemitas de todas.

En la actualidad, Israel y las potencias occidentales quieren elevar el antisemitismo a principio internacional alrededor del cual buscan establecer un consenso total. Insisten en que para que haya paz en Oriente Medio, los palestinos, árabes y musulmanes deben convertirse, al igual que Occidente, en antisemitas, apoyando el sionismo y reconociendo las afirmaciones antisemitas de Israel. Excepto para los regímenes dictatoriales árabes y para la Autoridad Palestina y sus compinches, en este 65 aniversario de la conquista antisemita de Palestina por los sionistas, conocida por los palestinos como la Nakba, el pueblo palestino y los pocos judíos antisionistas supervivientes continúan negándose a aceptar este llamamiento internacional e incitación al antisemitismo. Afirman que son, como los últimos semitas, los herederos de las luchas palestinas y judías anteriores a la II Guerra Mundial contra el antisemitismo y su manifestación colonial sionista. Es su resistencia la que pervive en medio de la completa victoria del antisemitismo europeo en Oriente Medio y en el mundo entero.

Joseph Massad nació en Jordania de origen palestino. Es Profesor de Historia Intelectual y Política Árabe Moderna en la Universidad de Columbia, Nueva York. Es autor de varios libros, entre ellos, “Colonial Effects: the Making of Colonial Identity in Jordan” (2001) y “The Persistence of the Palestinian Question: Essays on Zionism and the Palestinians” (2006).

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Fuente original: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2013/05/2013521184814703958.html

Fuente en español: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=168918

Israel: Aprueban ley para alistamiento de ultraortodoxos

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Una comisión política formada por seis ministros dio hoy luz verde a un histórico proyecto de ley en Israel para el alistamiento de los jóvenes ultraortodoxos y ha enviado su propuesta al Gobierno de Benjamín Netanyahu para que sea legislada en el Parlamento.

El proyecto de ley establece por primera vez como obligatorio el servicio militar de los estudiantes de seminarios rabínicos judíos, que desde 1948 disfrutan de una exención automática.

Aprobada por secciones individuales debido a la complejidad del asunto, la última y más polémica -la de aplicar sanciones legales a los ultraortodoxos que no se presenten al servicio- fue aprobada por 4 votos a favor, 1 abstención y 1 en contra.

“Ninguno de nosotros quiere imponeros una vida secular o nuestra forma de ver la identidad israelí”, dijo hoy en una rueda de prensa el ministro de Finanzas, Yair Lapid, abanderado de la nueva ley.

Ayer, tras ver los debates bloqueados por la oposición del titular de Defensa, Moshé Yaalón, Lapid amenazó al primer ministro Netanyahu con desarmar el gobierno.

En un llamamiento a sus “hermanos ultraortodoxos”, Lapid afirmó que “este Estado fue creado para que todos podamos vivir sin miedo como judíos, pero lo que ocurre es que no podemos continuar más así”, en alusión a una comunidad marginada de las obligaciones pero que disfruta de generosas prestaciones sociales.

La necesidad de repartir de forma más equitativa las obligaciones de seguridad formó parte de las campañas de los partidos Israel Beitenu (que se presentó con el Likud), Yesh Atid y Habayit Hayehudí en las últimas elecciones, aunque hasta esta mañana sus dirigentes no lograron ponerse de acuerdo.

El ultraderechista Israel Beitenu consiguió introducir en el último momento un compromiso de que en un plazo de cinco años el Gobierno regulará un servicio civil voluntario para la minoría árabe, la otra comunidad exenta.

Los jóvenes en Israel prestan un servicio militar obligatorio de 36 meses (24 las mujeres) y la exención de los estudiantes rabínicos había provocado en los últimos años numerosas protestas sociales.

La gota que colmó el vaso fue un fallo en 2012 del Tribunal Supremo que calificó como “discriminatoria” la ley de exenciones de 2002.

Según el nuevo proyecto, que en los próximos días recibirá el Gobierno israelí, un 65 por ciento del padrón de jóvenes ultraotodoxos en edad militar deberá prestar servicio militar (unos 3.200) o civil (unos 2.000).

En principio, y con la única excepción de 1.800 “prodigios de la Torá” que seguirán estudiando el texto sagrado para el judaísmo, y de aquellos que no puedan hacerlo por razones médicas (alrededor de 1.000), el resto será reclutado a partir de 2017 o recaerá sobre este grupo las consecuencias legales de ser declarado “desertor”.

A cambio de aceptar las universalidad de las sanciones, Yaalón obtuvo de Lapid un año extra (de 3 a 4) en los plazos de la ley.

Otros artículos que contempla el proyecto es el de la aplicación del código penal a los directores de seminarios rabínicos que mientan sobre las estadísticas de sus estudiantes y con ello tiren abajo la cuota de 5.200 anuales.

La inclusión de los ortodoxos en las filas del Ejército va acompañada de un recorte de cuatro meses en el servicio regular de los varones (de 36 a 32) y un alargamiento en el de las mujeres (de 24 a 28).

Asimismo, los jóvenes del judaísmo nacional religioso -que tiene su propio acuerdo con el Ejército para combinar estudios rabínicos y servicio militar-, aportarán otro mes de servicio, menos de lo que la mayoría de los miembros de la comisión hubiese querido.

Fuente: EFE / OICP

En torno al uso del concepto antisemitismo (estirado ad nauseam por sionistas y próximos)

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Sobre un artículo del director ejecutivo del Comité Judío Estadounidense.

Por Salvador López Arnal.

Para que no abonar ninguna confusión político-cultural: el antisemitismo –matizo: todo antisemitismo- es una de las cosmovisiones y prácticas sociales más odiosas, criminales, sesgadas e injustificadas de la historia de la Humanidad. Cualquier concesión es un camino que no debe recorrerse. La precaución, atención y crítica deben imperar siempre.

Empero, como también es sabido, el sionismo y sus partidarios tienden a usar la ideología (falsa consciencia en este caso) del “antisemitismo” como coletilla o paraguas para justificar lo injustificable y confundir la primera letra del alfabeto hebreo con la derivada segunda de la función logarítmica. David Harris, director ejecutivo del Comité Judío Estadounidense (AJC) y usual colaborador del diario de don Cebrián y del capital usamericano, es un experto en estos cometidos. Uno de los últimos ejemplos de ello: su artículo –“Antisemitismo europeo”- del pasado sábado 25 de mayo en el global-imperial-antichavista [1].

Afirma Mr. Harris en él que un informe reciente de la Universidad de Tel Aviv ha llegado a la conclusión de que el número de incidentes de antisemitismo en Europa aumentó un 30% entre 2011 y 2012. Desconozco cómo pueden medirse esos incidentes con tamaña precisión, se me escapa qué incidentes se tienen en cuenta, pero sea así, admitámoslo, sobre todo si -vale la pena insistiR-, incluimos en el recuento todo tipo de antisemitismo. En concreto, prosigue Mr. Harris, “el análisis de los incidentes antisemitas en Francia observa un 58% de aumento en ese periodo”. La mitad de todos los actos racistas que se cometen en Francia están dirigidos contra los judíos a pesar de que estos no constituyen más que el 1% de la población, añade. Tal vez sea así, no afirmo lo contrarIO. Aunque parece raro, muy raro, en estos tiempos de “lucha contra el terrorismo global”, con marcada, destacada y muy poco matizada arista antimusulmana.

Harris tiene toda la razón y maneja una excelente información cuando recuerda que en la actualidad existen dos partidos políticos, “cuyos programas contienen una gran agresividad antisemita y xenófoba”, que están representados en los parlamentos de dos Estados de la UE, el Jobbik en Hungría y Amanecer Dorado en Grecia. No hay que menospreciarles; por supuesto. El segundo, recuerda, “para impulsar su programa, invoca imágenes de tipo nazi al tiempo que demoniza a judíos e inmigrantes, lo cual hace aún más incomprensible su éxito relativo en un país que sufrió la brutal ocupación del Tercer Reich” (Mr. Harris tal vez no conozca bien la historia reciente de Grecia y seguramente desconoce o no quiere recordar la cosmovisión que abonó el eje esencial de la resistencia griega antinazi). Remarco: judíos e inmigrantes que no son judíos.

Mr. Harris, por otra parte, señala que “las encuestas muestran que persisten actitudes antisemitas muy arraigadas en ciertos países de la UE, en particular en España y Polonia”. No cuadra bien la afirmación con lo que se observa (superficialmente) en nuestro país pero podemos admitirlo. No es solidaridad y corrección todo lo que reluce por supuesto. Pero, a continuación, prosigue Mr. Harris confundiendo planos, y éste suele ser el nudo básico, la eterna y repetida melodía de sus artículos pro-estado-de-Israel, denunciando “la campaña para demonizar y deslegitimar a Israel” que es, por si faltara algo, “cada vez más intensa”.

Si así fuera, está por ver desde luego, podría no tener nada que ver con el antisemitismo sino con las actividades político-belicistas de un estado temible. La campaña para deslegitimar a la Sudáfrica del apartheid, por ejemplo, no fue un ataque a la “cultura blanca”, ni tampoco, sin más, a la población blanca, sino a un régimen político racista, clasista, odioso y criminal, y a la cosmovisión cultural e histórica que le daba cobijo, abono y justificación.

Harris dice no hablar de quienes critican políticas concretas de Israel. Tomamos nota: no habla de ello. Parece admitir la legitimidad o cuanto menos la posibilidad democrática de esas críticas. Él se refiere –es decir, dice referirse- exclusivamente a lo que la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE define como antisemitismo. ¿Y qué entiende la agencia por ello? Lo siguiente: “negar al pueblo judío el derecho a la autodeterminación”, “emplear un doble rasero al exigir a Israel un comportamiento que no se espera ni se requiere de ningún otro país democrático”, “utilizar los símbolos y las imágenes del antisemitismo clásico para caracterizar a Israel y los israelíes” y “equiparar la política israelí contemporánea con la de los nazis”. ¿Quiénes han empleado el doble rasero? ¿Israel tal vez? ¿Quién exige a Israel un comportamiento que no exige a ningún otro país democrático (sin que deba admitirse que Israel lo sea, porque no lo es)? ¿El estado de Israel no niega el derecho de autodeterminación –real, efectivo, real- del pueblo palestino? ¿Asesinar a un adversario político por un comando de la policía del propio país no es una práctica que recuerde o esté relacionada con actuaciones nazi-fascistas? ¿No hay aquí algún punto de contacto con otros regímenes odiosos que, obviamente, no coinciden en todos sus vértices con las prácticas inadmisibles de un Estado étnico que dice ser y querer ser judío de forma exclusiva? ¿Cómo trata ese Estado a sus ciudadanos no judíos? ¿No es Israel un estado que ha amenazado en ocasiones con el uso del armamento atómico que guarda en sus secretos arsenales? ¿Es esa una política democrática?

Para Mr. Harris la expansión del antisemitismo en Europa está alimentada por tres sectores: la extrema derecha, la extrema izquierda, que se niega a aceptar el derecho de Israel a existir; y los musulmanes que apoyan el odio hacia los judíos e Israel. No digo nada de este último sector ni por supuesto del primero. ¿La extrema izquierda europea niega el derecho a la existencia de Israel o más bien critica, como parece razonable, las actuaciones racistas, xenófobas, anexionistas, belicistas, criminales, antisemitas en el fondo, de un Estado étnico y confesional que no es ni siquiera capaz de respetar ni a una parte importante de sus propios ciudadanos por haber cometido el crimen de nacimiento de no ser judíos y niega a sus vecinos el pan, el territorio, el espacio y el aire incluso? ¿Todo esto es equivalente a negar la existencia de Israel? ¿No será más bien que el estado de Israel, con su política efectiva, se niega a sí mismo su propia existencia?

Nota:

[1] http://elpais.com/elpais/2013/05/24/opinion/1369385647_944487.html

Salvador López Arnal es miembro del Frente Cívico Somos Mayoría y del CEMS (Centre d’Estudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia).

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=168879

Video: Resumen de la sesión del Tribunal Ético a Israel

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Se realizó en Argentina el Tribunal Ético a la Ocupación y Colonización por Israel en Palestina el 21 de mayo de 2013. Testigos_as, peritas_os, dieron sus testimonios acusadores. El jurado dictaminó culpabilidad, la fiscalía pidió la condena y por último se leyó el veredicto que condenó a Israel y pidió el boicot a Israel, entre otras cosas.

Sentencia completa aquí.

Excelente resumen del Tribunal Ético hecho por «Resumen Latinoamericano».

El sionismo y el Sha de Irán: La evolución de las percepciones de la élite iraní acerca de Israel

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Por Lior Sternfeld.

En general se supone que la caída del Sah llevó a la ruptura de los lazos entre Israel e Irán, que hasta ese momento parecía una historia de amor. Sin embargo, tanto la élite intelectual de Irán como el resto de la nación cambiaron drásticamente sus opiniones sobre el Estado judío después de 1967.

Mohammed Reza Pahlavi, Sah de Irán, y su esposa, la reina Farah, se preparan para partir después de una visita a los Estados Unidos. (Foto: Wikicommons)

La relación entre Israel e Irán se remonta a los primeros años del Estado judío y constituyó la base de las geopolíticas de ambos países. Esta relación política no era, sin embargo, sólo un asunto de las élites gobernantes. En lo que concierne al Irán de Pahlavi, incluso los círculos de oposición en los años 1960 y 1970 tuvieron un enfoque complejo y a veces favorable al Estado de Israel. Por otra parte, muchos de ellos vieron a Israel y a Irán con un carácter esencialmente excepcional en el Oriente Próximo contemporáneo, una percepción que cambiaría definitivamente para mal después de la guerra de 1967.

Poco después de la creación de Israel en 1948, una nueva historia de amor comenzó en el Oriente Medio. En 1950, Irán otorgó a Israel el reconocimiento de facto y abrió una embajada en Jerusalén. En ese momento Irán era (y sigue siendo) una patria para la comunidad judía más grande del Medio Oriente y un refugio seguro para muchos judíos iraquíes que habían huido de la persecución en Irak durante la década de 1940.

A diferencia de la mayoría de las comunidades judías en los países árabes, muchos judíos iraníes decidieron quedarse en Irán después de la creación de Israel. Aunque la mayoría de las demás comunidades judías del mundo musulmán desaparecieron entre 1948 y 1956 y emigraron en masa a Israel, la gran mayoría de los judíos iraníes permanecieron en su tierra natal y tuvieron una compleja relación con el movimiento sionista e Israel. Esto no quiere decir que los judíos iraníes fueran antisionistas. Sin embargo, debido a su decisión de permanecer en Irán, las comunidades judías iraníes en general no se identifican con el sionismo. Esto fue, por supuesto, un fuerte contraste con la mayoría de las comunidades de judíos árabes de Siria, Irak, Líbano, Marruecos y Libia. Muchos árabes judíos emigraron al recientemente creado Estado de Israel antes de 1956, debido a las crecientes tensiones (y a veces persecución abierta) con las poblaciones locales en el fondo del conflicto palestino-israelí.

En los años posteriores a la creación de Israel, las élites intelectuales y políticas no judías de Irán generalmente veían a Israel bajo un ángulo positivo. Muchos estaban intrigados por las primeras articulaciones del sionismo laborista, que hizo hincapié en la proletarización de la sociedad a través de los sindicatos dominantes y colectivos comunitarios basados en la agricultura, como los kibutzim. Movimientos de izquierda, como la Unión Socialista y el partido comunista Tudeh, eran las fuerzas de oposición nacionales dominantes en la política iraní. Una vez que sus actitudes hacia Israel se examinan desde una perspectiva geopolítica, sus perspectivas se vuelven significativas y comprensibles. La Unión Soviética, que apoyó al Partido Tudeh, también apoyó el Plan de Partición de la ONU de Palestina de 1947 (que dividió la tierra entre un futuro Estado de Israel y Palestina) y llegó a reconocer a Israel en mayo de 1948.

Mohammad Reza Pahlavi, el fallecido Sah de Irán (Foto: Wikicommons)

Dada la prevalencia de la «hipótesis aria» en Irán y generalizada hacia lo occidental durante la dinastía Pahlavi, un pacto ideológico con Israel tenía una gran dosis de sentido. Esto fue especialmente cierto después de la creación de la Revolución Blanca en 1963, un movimiento que se anunció como un intento de modernizar rápidamente Irán para alinearlo con Occidente. La idea de que estos países comparten una actitud más «occidental» a pesar de que se encuentran en el «Oriente» se convirtió en una parte integral de la fundación de una coalición regional entre los países no árabes del Gran Oriente Medio (Turquía, Etiopía, Irán e Israel). Esta coalición llegó a conocerse como la «Alianza de la Periferia«.

El Sah, sin embargo, fue un gobernante muy impopular y autocrático para la mayoría de los iraníes. A pesar del papel de Israel en la consolidación del gobierno autocrático del Sah, la fascinación de la elite iraní con Israel ayudó a crear una opinión sorprendentemente favorable de Israel en Irán. Debido a la estrecha relación entre los dos gobiernos, los iraníes tienden a asociar a Israel con proyectos como la reconstrucción de Qazvin tras el terremoto de 1962 en lugar de con la notoriamente brutal policía secreta iraní SAVAK, que el Mossad israelí ayudó a establecer y entrenar.

Aunque muchos de los líderes políticos de las comunidades judías iraníes eran simpatizantes de la causa sionista, muchos más judíos iraníes permanecían indiferentes a ella. De hecho, muchos se unieron a los movimientos de izquierda en Irán y eventualmente asumieron posiciones de liderazgo en ellos, lo que demuestra que sus lealtades políticas pertenecían sobre todo a Irán. Naturalmente, esta situación causó gran frustración en Israel, un Estado cuya existencia todavía se basa en la idea de que el destino de las juderías mundo y el Estado de Israel se entrelazan inexorablemente.

La predominante interpretación judía iraní del sionismo era diferente del sionismo político abrazado por la clase dirigente de Israel en ese momento. La comunidad no consideraba necesaria la existencia de un Estado judío, sino más bien reflejaban un sentimiento religioso y un apego emocional-espiritual a Sión, el nombre bíblico de Jerusalén. Esto no era exclusivo de la comunidad judía de Irán, sino más bien común entre los judíos de todo el Oriente Medio. Sin embargo, esta concepción siguió siendo relevante sólo para los iraníes, ya que el resto de las comunidades en su mayoría dejaron de existir entre 1948 y 1956.

Mientras que muchos judíos iraníes tenían parientes en Israel y había visitado Israel antes, Israel no era parte de su identidad judía y ellos no se veían a sí mismos salir de su amada patria hacia otro país, incluyendo Israel. En su gran mayoría no compartían la interpretación política del sionismo, con el movimiento sionista e Israel y cualquier sentido de la palabra que estuviera atado a la existencia del Estado de Israel.

Para comprender el lugar único que Israel ocupó en la cosmovisión de Irán, debemos tener en cuenta a los iraníes que escribieron sobre ese Estado. Jalal Pahlavi Al-e Ahmad, un vanguardista pensador iraní, puede haber sido el que mejor ha tansmitido la transformación de las representaciones de Israel en la esfera pública iraní. Al-e Ahmad, que alguna vez fue miembro de la dirección del Tudeh, ganó credenciales izquierdistas internacionales con la publicación de Gharbzadegi (1962), en el que criticaba la tendencia de amplios sectores de la sociedad iraní de imitar ciegamente a Occidente. Gharbzadegi (occidentalización) lamentaba la inevitable pérdida de la cultura y la identidad iraníes frente a los modelos y paradigmas occidentales. Su publicación influyó en una generación posterior, los revolucionarios iraníes como Ali Shariati y el líder supremo actual, Sayyed Ali Jamenei.

Dado su notable lugar tanto en la evolución de la izquierda iraní y el desarrollo de las ideologías políticas contemporáneas, no se debería esperar que nombrara a Israel como una sociedad modelo. Sin embargo, Al-e Ahmad evocaba ideas que eran comunes en los círculos intelectuales de Irán antes de 1967, ideas que trajeron el mensaje de que Israel en su esencia era un aliado político y cultural.

Dos años después de la publicación de Gharbzadegi, Al-e Ahmad y su esposa, Simin Daneshvar, visitaron Israel. Hay un documento sobre el viaje de Al-e Ahmad, Safar Beh Vilayet-e Ezrael (Viaje al Estado de Israel) que da fe de la profunda impresión que le causó el país. El pensador crítico escribió sobre Israel nada menos que en términos de admiración. Describió con detalle una visita a Yad Va’Shem, el museo del Holocausto en Jerusalén, y expresó su fascinación por la resurrección del pueblo judío después de los horrores del Holocausto. Más tarde se discutió ampliamente el kibbutz en Israel y la ideología socialista del Estado en términos positivos.

Durante su visita, Al-e Ahmad y Daneshvar se quedaron en el kibutz Ayelet Ha’Shahar en el norte de Israel. Describió el kibbutz para el lector iraní de la siguiente manera: «[…] las personas en Israel ya sentaron las bases para la socialización de los medios de producción agrícola en una parte del mundo que se inspiró en el movimiento socialdemócrata ruso y no en Stalin». Por lo tanto, Al-e Ahmad asoció a Israel con el «lado correcto»de la ideología comunista, como la fisura que el contemporáneo partido Tudeh tenía con la oposición comunista al legado de Stalin.

Los escritos de Jalal Al-e Ahmad y de Simin Daneshvar en el libro de visitas del kibutz Ayelet Ha’Shahar. (Kibutz Ayelet Ha’Shahar archivo)

Quizás hay otra razón para la gran simpatía de Al-e Ahmad por Israel. En su cuaderno de viaje, Al-e Ahmad representa a los árabes en términos despectivos como enemigos ideológicos y culturales, por decir lo menos. Las tensiones culturales entre árabes e iraníes aparecen claramente en la superficie del texto. Tal como escribió: «Soy un ciudadano no árabe de Oriente que ha sufrido mucho a manos de los árabes y todavía lo hace. A pesar de todos los favores que «yo» [Yo como «Irán», no la persona de Jalal Al-e Ahmad] presté al Islam a través de los siglos y aún así, todavía se refieren a mí como Ajam que, en este contexto, probablemente significa «extranjero» y «analfabeto» también. Declaraciones similares se pueden encontrar en todo el texto. Dado el estado público de Al-e Ahmad, este cuaderno de viaje sin duda tuvo un impacto en la percepción de Irán sobre Israel.

Curiosamente, Safar beh Vilayet-e Ezrael fue publicado en una serie de artículos de prensa que leyeron y duscutieron los intelectuales seculares y religiosos. Por ejemplo el actual líder supremo de Irán, Seyyed Ali Khamenei, recordó más tarde que este cuaderno de viaje no sólo lo desconcertó, sino que también agitó una gran controversia entre los jóvenes clérigos de Qom, en particular debido a la contradicción inherente que vio entre este libro y los anteriores escritos populares de Al-e Ahmad, primero y principal: Gharbzadegi.

El año 1967 fue un momento decisivo en la relación entre el Irán de Pahlavi y el Estado de Israel. La Guerra de los Seis Días, en la que Israel invadió sus países vecinos y ocupó Cisjordania, la Franja de Gaza, la península del Sinaí y los Altos del Golán, Israel se transformó en una potencia colonial a los ojos de las elites intelectuales iraníes. Después de la guerra, muchos de los países del bloque soviético cortaron sus relaciones con Israel como lo hicieron sus partidos satélites, entre ellos el Tudeh iraní.

Jalal Al-e Ahmad escribió el último capítulo de esta guía de viajes en 1968, reflejando fielmente la transformación de la actitud iraní hacia Israel. En este capítulo, se describe a Israel como parte de un esquema capitalista occidental en la región, lo que explica cómo los regímenes reaccionarios árabes jugaron en manos de Israel y las potencias coloniales. También critica a las élites intelectuales francesas por su traición a los árabes y el apoyo, una vez más, a una nueva empresa colonial. Su crítica se dirige directamente a Jean-Paul Sartre y Claude Lanzmann por condenar el colonialismo francés en Argelia y ser muy crítico hacia empresas de Gran Bretaña y, sin embargo, encontraron milagrosamente una manera de ignorar exactamente los mismos problemas cuando se trata de Israel.

Junto con la opinión de la elite, las percepciones populares iraníes acerca de Israel también cambiaron drásticamente después de 1967. Una expresión popular clara de esto se produjo en 1968. Ese año, los equipos de fútbol nacionales israelíes e iraníes jugaron uno contra el otro en las finales en Teherán en el marco de la Copa de Asia. Habib Elghanayan, un judío rico y un líder de la comunidad, compró un gran número de entradas para este partido para que los judíos iraníes puedan asistir y animar al equipo israelí. Este juego, sin embargo, se convirtió en un sitio donde los aficionados iraníes mostraron con vehemencia su descontento con la política de Israel. El equipo israelí y sus partidarios fueron víctimas de una brutal incitación y tuvieron que ser escoltados fuera del estadio por la policía. Este incidente refleja un cambio radical en las actitudes de los iraníes hacia Israel. Un socio favorable de una hora se convirtió en un extranjero no deseado, protegido sólo por la gracia de la mano de hierro del Sah.

A partir de la década de 1970, el Sah trató de encontrar nuevas alianzas en el Medio Oriente y más allá. Se revisaron las relaciones de Irán con la Unión Soviética y algunos de los países árabes. Un acuerdo de paz con Irak y las elecciones estadounidenses del presidente Jimmy Carter en 1976 y las duras críticas posteriores que Carter expresó contra las condiciones de los derechos humanos en Irán llevaron al Sah a desarrollar una visión más negativa del Estado de Israel. A finales de 1970 la revolución derrocó al Sah y el nuevo régimen refleja los sentimientos del público iraní hacia el Estado de Israel, con elocuente antisionismo, echando a la misión diplomática israelí y desarrollando fuertes lazos con la resistencia palestina. Y si bien la mayoría de los iraníes llegaría a olvidar los sentimientos encontrados que albergaba inicialmente hacia Israel antes de 1967, los escritos de Jalal Al-e Ahmad siguen en pie como un testimonio casi solitario de ese momento.

Lior Sternfeld es doctorando en el Departamento de Historia en la Universidad de Texas, Austin. Su investigación se centra en la historia social de Irán y las minorías religiosas en Irán durante la era Pahlavi. Este trabajo se piublicó por primera vez en la Ajam Media Collective, un espacio virtual dedicado a documentar y analizar las tendencias culturales, sociales y políticos a través de las diversas épocas de Irán, Afganistán, Asia Central y sus comunidades de la diáspora y se tradujo al hebreo en Haokets, una revista israelí en internet sin fines de lucro, independiente y progresista que aloja la discusión crítica, donde cientos de escritores publican piezas profesionales y originales sobre temas socioeconómicos, culturales y filosóficos, el activismo de los derechos humanos, el feminismo y la política Mizrahi, English-language blog.

Fuentes: http://972mag.com/zionism-and-the-shah-on-the-iranian-elites-evolving-perceptions-of-israel/71699/

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=168561

El Tribunal Ético a la Ocupación y Colonización por Israel en Palestina deliberó en Buenos Aires

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Por Carlos Aznárez.

De Resumen Latinoamericano.

Con una contundente condena al Estado sionista de Israel por ser considerado culpable de cometer crímenes de lesa humanidad y limpieza étnica contra el pueblo palestino, culminó el Tribunal Ético a la Ocupación y Colonización por Israel en Palestina, que se realizó este martes en Buenos Aires en los salones del Club Sirio-Libanés de Buenos Aires. .

El Tribunal, que había sido postergado a fines del año pasado por presiones de todo tipo ejercidas por el sionismo, fue convocado por la Federación de Entidades Argentino-Palestinas, el Comité Argentino de Solidaridad con el Pueblo Palestino, el Consejo Mundial de la Paz, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH), el Movimiento por la Paz, la Soberanía y la Solidaridad entre los Pueblos (MOPASSOL), el Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) de Argentina, el Servicio Paz y Justicia de América Latina (SERPAJ-AL), la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Rosario, la Federación Judicial Argentina, la Federación de Asociaciones Gallegas, el Club Sirio Libanés de Buenos Aires y la Unión Cultural Armenia.

A su turno varios testigos calificados, por conocer muy de cerca las situaciones extremas que vive Palestina ocupada o por participar de organizaciones que atienden las continuas violaciones de los derechos humanos en esa región del Medio Oriente, denunciaron, muchas veces con voz entrecortada por la emoción, las aberraciones

El primero de ellos fue el presidente de la Asociación Americana de Juristas, Beinusz Szmukler, quien envió su testimonio escrito, ya que a esa misma hora se encontraba en Catamarca, participando en un juicio por los crímenes de militares de la dictadura. En el texto da múltiples razones jurídicas y éticas por las cuales Israel debe ser considerado un estado genocida en contra de sus vecinos palestinos.

Luego, la médica psiquiatra Lucila Edelman puso especial énfasis en lo que pudo conocer en un viaje reciente participando de una delegación que tomó contacto con colegas palestinos. Recordó el caso de una madre (la de un niño que se llama Ahmed) que les contó que su hijo se hallaba en una escuela de Jenin cuando llegaron los soldados israelíes y las maestras intentaron ponerlos a salvo. Los niños salieron en tropel para dirigirse a sus viviendas y fueron baleados a mansalva. Un proyectil dio de pleno en la cabeza de Ahmed, asesinándolo en el acto. La madre, recordó la testigo Edelman, conserva la bala, así como otras madres palestinas guardan como doloroso recuerdo las ropas ensangrentadas de sus hijos igualmente asesinados. También, Edelman, contó que los ocupantes talan los olivares casi al ras, para obligar a que los campesinos abandonen la zona donde han vivido toda la vida, por falta de posibilidades de trabajo.

Más tarde, habló la diputada (MC) Cecilia Merchán, quién también visitó Palestina en misión solidaria. Estuvo en Bilín, un pueblo heroico situado cerca de Ramallah, que logró vencer a fuerza de movilización la prepotencia de los invasores de su tierra. «Desde hace ocho años, al igual que nuestras Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, los habitantes de Bilín marchan y se concentran frente al Muro de la Vergüenza, construido por Israel para separar a los palestinos y palestinas». Apuntó que cuando ella estuvo allí, marchó con la gente y fueron brutalmente reprimidos. «Con nosotros estaban entre otros, el embajador argentino en Israel y el de Palestina en Argentina, estábamos en un descampado donde no teníamos ningún tipo de protección, al frente de la marcha iban la bandera palestina y la argentina. Los soldados no respetaron nada, nos tiraron balas de goma al cuerpo, y un gas líquido que quema la piel y deja en la misma, durante días un olor nauseabundo. Hasta las banderas quedaron en el suelo pisoteadas por los atacantes sionistas».
Allí, en Bilín, según dijo Merchán, hay pobladores que han sido golpeados o lastimados hasta diez veces en un año, pero siguen marchando y resistiendo todas las semanas. Su gesta ha sido recogida magistralmente en el documental aplaudido en Canes, «Cinco cámaras rotas».

Merchán contón emocionada lo que le dijo una niña de Bilín, en medio de la represión: «los que están al frente de la marcha saben que si ellos caen, nosotros, los más pequeños, los reemplazaremos, por eso no tienen miedo».
Contó también que visitaron una casa ocupada en Jerusalén por colonos israelíes llegados desde Rusia. Se instalaron por la fuerza en la vivienda, que pertenece a una antigua familia palestina y de esta manera intentan desalojarlos del lugar donde han vivido desde siempre. «Váyanse de aqui, esta no es su tierra, marchénse a Jordania», les decían, según recuerda Merchán.

Para demostrar hasta que punto llega la paranoia criminal del invasor, Merchán dijo que en las carnicerías y tiendas de Hebrón, a los palestinos y palestinas les venden la carne y otros productos similares, ya cortados, porque tienen prohibido tener cuchillos en su casa, puesto que los israelíes los consideran «armas de guerra».

David Comedi es un físico nacido en Argentina en un hogar judío sionista, según él mismo relató. «Estudié hebreo desde pequeño y recuerdo que los libros que llegaban directamente de Israel, nos contaban la historia de tal manera, para que nos identificáramos con los soldados que defendían nuestro Estado de todo tipo de atacantes», recordó. Por eso, a los 18 años viajó a Israel a estudiar física. Allí le exigieron en un determinado momento alistarse en el ejército para terminar la tesis. Estuvo dos meses en el ejército, y eso fue decisivo como contraste de todo lo que creía que era el «pueblo elegido». El comandante militar les advertía que «no confíen en los palestinos» y que cuando estuvieran en confrontación armada con ellos «les tiraran al corazón, para que no queden vivos». Entendió que se tenía que ir de allí y con la excusa de un problema médico logró la baja. Luego «salimos espantados de ese país, con toda mi familia». Comedi añadió que hoy es militante antisionista, y sostiene que «el plan de colonización» utiliza la figura del «sufrimiento judío» como parte de un camino que conduce al sionismo, como tabla de salvación. «El sionismo se ha apoderado de nuestra cultura, de nuestro idioma, de nuestras raíces. Es muy peligroso su accionar, y por eso lo combato», finalizó.

Otro testimonio emotivo fue el de Estela Cardozo, una joven solidaria que a través de una ONG viajó a Belén, y durante tres meses cumplió la tarea de acudir de 3 de la madrugada a 8 de la mañana a uno de los checkpoints de la zona, «para intentar que no sucedieran más hechos violentos de los que el mismo puesto de control significa para los palestinos. Íbamos como observadores-protectores», contó. Allí vivenció las humillaciones constantes que sufren los palestinos por parte de los ocupantes, desde llegar a las 2 de la mañana para esperar horas que abra el puesto de control y que los soldados se dignen a dejarlos pasar para ir a sus trabajos o a la escuela, en caso de que sean niños. «Allí vi ambulancias detenidas durante horas, con enfermos que eran obligados a desalojarlas para que los soldados las revisaran, no se respeta nada ni a nadie», señaló entre lágrimas, conmovida por el recuerdo de lo vivido.

Cuando tocó el turno a los peritos del Juicio, el médico psiquiatra Darío Lagos, integrante del Equipo Argentino de Trabajo e Investigación Psicosocial (EATYP), que durante años ha trabajado en la atención de personas que han sufrido torturas, comenzó recordando que en 1948 cuando empezó la ocupación, las tierras pertenecientes a Palestina eran del 52% y ahora han sido reducidas a un 13%. Explicó que no tiene dudas que «la vivencia de un país ocupado afecta inevitablemente la identidad de un pueblo». A esto hay que agregar lo que significa convivir con una fuerza militar extranjera, como también le ocurre al pueblo haitiano actualmente.

Lagos expresó que otro tema doloroso es el de los prisioneros palestinos. «En junio del año pasado había 4.600, y actualmente llegan a 4901, de los cuales 14 son mujeres, 236 son jóvenes y 39 son menores de 16 años. Hay 530 presos de por vida. Todos malviven en celdas de dos metros por un metro, aislados, sin visitas de familiares, y expuestos a continuas golpizas por parte de sus carceleros».

El psiquiatra argentino contó que una de las torturas que suelen aplicar los israelíes y que casi siempre terminan en muerte, es la de obligar a un prisionero a permanecer parado durante 48 horas, y después tomarlo de la cabeza y movérsela abruptamente hacia arriba y hacia abajo. «Esto produce un shock que termina en hemorragia cerebral que causa la muerte. De esta manera, no quedan pruebas del crimen, ya que pasa por una muerte casual».

La periodista y escritora Stella Calloni, también actuó como perito, apuntó a la enorme cantidad de veces que Israel ha sido juzgada y sentenciada por las Naciones Unidas y otros foros de igual magnitud, y la repetida obstinación esgrimida por el Estado sionista a no respetar esos mandatos. Calloni explicó que los crímenes cometidos por los ocupantes de Palestina son de lesa humanidad, y que la mejor prueba del genocidio es lo ocurrido entre diciembre de 2008 y mediados de enero de 2009 en Gaza, donde se bombardeó constantemente a población civil, escuelas, hospitales, almacenes de alimentos, galpones de Naciones Unidas y otros lugares no militares.

Contó que un grupo de médicos noruegos que atendieron alrededor de 5.700 heridos, comprobaron el uso por parte de los israelíes de bombas de fósforo blanco, y otras bombas letales que contienen materiales inertes, como tugsteno, cobalto y otros elementos. Cuando explotan, estallan y se dispersan miles de esquirlas que llegan a alcanzar a cientos de personas. Los médicos, contó Calloni, se asombraban porque encontraban entre los heridos a cientos de ellos con los miembros inferiores amputados, como producto de estas bombas y sus esquirlas de acero. La mayoría moría engangrenados, y entre ellos había decenas de niños y niñas.

La periodista que investigó la Operación Cóndor y volcó sus impresiones en un libro y numerosos artículos, finalizó alertando que la situación de Palestina puede ser aún más grave «si se dejan avanzar las guerras coloniales en Medio Oriente, como la que ha devastado Libia y como la que hoy sufre Siria. En todos estos casos también está la mano del sionismo».

Sobre otro drama que sufre Palestina con la falta de agua (o el robo que de ella hace Israel), habló la investigadora Elsa Bruzzone. «El 85% del pueblo palestino no tiene acceso al agua potable. Mientras a estos pobladores les tocan 45 litros por día, los invasores consumen casi 500 litros en el mismo período», contó. Esto sucede porque los ocupantes controlan el acuífero montañoso que pertenece a la cuenca del Río Jordán, que están íntegramente en territorio palestino, y también hacen lo mismo con el acuífero costero. Esto provoca, según Bruzzone, que los agricultores abandonen sus tierras, desesperados por la falta de futuro que ello significa.

La conocida investigadora nombró a Mekorot, la empresa estatal israelí de aguas, que junto con otra empresa similar han provocado el agotamiento de los pozos de aguas subterráneas, generando una situación dramática para la población palestina. Recordó que Mekorod está en la provincia de Buenos Aires, adonde llegó de la mano del gobernador Scioli después que éste firmara su propio TLC con Israel, ofendiendo de esta manera la solidaridad argentina con palestina.

Intervino también como perito, la Coordinadora de Relaciones Internacionales de «Stop the Wall», Maren Montovani. Llegada desde Italia especialmente para este encuentro, Montovani disertó sobre las complicidades internacionales con Israel y sus crímenes de guerra. Dijo que aquí en Argentina, país que vive una experiencia de colonización por parte de Inglaterra en territorio malvinense, debe servir de incentivo para ampliar la solidaridad con Palestina, que también sufre un hecho similar.

A la hora de la intervención de la Fiscalía, a cargo del conocido abogado Carlos Zamorano y de su colega Sabrina Dentone, fue esta última quien pidió la condena de Israel por una enorme cantidad de crímenes y violaciones de derechos humanos que enumeró, repitiendo algunos de los conceptos vertidos por los testigos y peritos, así como otros surgidos de una investigación minuciosa del conflicto que ya dura 65 años. Citando al escritor judío Norman Filkenstein, autor del libro «La Industria del Holocausto», la fiscal Dentone expresó que «no hay genocidio sin un discurso que lo justifique», expresando que en este caso se utiliza repetidamente la «victimización» del agresor para generar acciones execrables contra los derechos del pueblo palestino.

Como abogados defensores del Estado sionista, actuaron los abogados Gerardo Etcheverry y Daniel Salvador Hassan. Le tocó al primero fundamentar por qué razones pedía la absolución de su defendido, argumentando que hay sobradas razones para decir que mientras el pueblo judío habita la región desde hace siglos, Palestina no existía y lo que se denomina «pueblo palestino» es un cúmulo de pueblos originarios que no tenían un estado propio. La defensa se extendió en conceptos obtenidos de la historiografía con que los sionistas explican sus razones para justificar la ocupación, pero que son rebatibles desde la lógica de rechazo al expansionismo imperial., De todos modos, el abogado Etcheverry actuó con una profesionalidad intachable, ya que le tocaba la muy mala experiencia de tener que defender lo indefendible.

El jurado de este Juicio Ético estuvo integrado por el docente Gabriel Sivinián, el diputado -mandato cumplido- Miguel Monserrat, el coordinador de la Organización Social y Política Los Pibes, Lito Borello, el médico sanitarista Jorge Rachid, el secretario general de la Liga por los Derechos del Hombre, José Schulman, el dirigente de la Federación Judicial Argentina, Hugo Blasco, el secretario general del Partido Comunista, Patricio Echegaray, el dirigente de la Agrupación Envar El Kadri, Marcelo Frondizi, el Presidente de la Federación Universitaria Argentina, Emilio Cornaglia, el presidente del Club Sirio Libanés Eduardo Massad, el Secretario de Relaciones Internacionales del Movimiento Evita, Emilio Rusconi, el Presidente de la Comisión de Apoyo al Pueblo Palestino, de Uruguay, Rubén Elías, el periodista y escritor Vicente Zito Lema, el periodista Carlos Aznárez, el docente universitario Gabriel López y la tesista de Historia y Ciencias Sociales, Nicole Botto.

Una vez escuchados los testimonios y el pedido de la Fiscalía, el Jurado deliberó y finalmente se expresó por boca del escritor Zito Lema, solicitando al Tribunal que declare culpable a Israel por crímenes de lesa humanidad y genocidio contra el pueblo palestino.

Cabe acotar que el Tribunal, fue presidido por el titular de la Rama Argentina de la Asociación America de Juristas, Ernesto Moreau, e integrado por la diputada del Frente para la Victoria, María Elena Chieno, el Obispo Emérito de la Iglesia Metodista y co-presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Aldo Echegoyen, el ex ministro de RREE de Paraguay, Alejandro Hamed Franco y la periodista, coordinadora del Foro Itinerante de Participación Popular de Venezuela, Hindu Anderi.

Es precisamente este núcleo de destacadas personalidades quienes, ateniéndose a lo sugerido por el jurado popular, pasaron a un cuarto intermedio para deliberar y dictar sentencia. Le tocó leerla al secretario del Tribunal, escribano Gregorio Hairabedián, quien contó con la colaboración de Karina Bouso.

Después de dar cuenta de una larga lista de violaciones de los derechos humanos practicadas por Israel en estos 65 años que dura la ocupación de tierra palestina, Hairabedián pasó a las resoluciones:
1) Señalar que la conducta antes descripta, resulta atribuible centralmente al Estado de Israel, así como a sus cómplices, Estados Unidos y países de la OTAN,
2) Los hechos producidos por tales imputados expresan una clara naturaleza expansionista y anexionista, que genera crímenes de guerra y de lesa humanidad, especialmente el apartheid, segregación, lo que es decir, crímenes del Terrorismo de Estado,
3) Que los hechos y consiguiente impunidad a lo largo de décadas, hacen peligrar el normal, adecuado y eficaz funcionamiento de la ONU, con grave riesgo de declinación de su jurisdicción tan necesaria a la paz y sosiego para la humanidad,
4) Que los pueblos del mundo deben tomar medidas sobre esos ilegítimos procederes y condenar a los agresores con las pertinentes estigmatizaciones morales y exigencias de que respeten las insoslayables normativas internacionales en busca de la paz y la seguridad en la región,
5) En consecuencia, el Estado de Israel debe cesar su conducta agresiva, guerrerista, colonizadora y de limpieza étnica, resolviendo el problema de los refugiados y facilitando la formación de los dos estados soberanos, dentro de fronteras seguras para ambos, en participación y contralor de la ONU, tomando como base la resolución 1850 del Consejo de Seguridad, del 16 de diciembre de 2008,
6) No podrían los argentinos, como parte de la comunidad latinoamericana, soslayar el recuerdo de las responsabilidades que atañen a la potencia aquí imputada, Israel, en cuanto que favoreció las condiciones para el accionar de las cruentas dictaduras impuestos en nuestros países en los años 70, a través de la provisión de equipamientos bélicos, asesoramiento y auspicio político. Más aún, cuando nuestro país sostiene su justa reivindicación sobre Malvinas, Georgia e Islas del Atlántico Sur, debemos constatar que los tres votos adversos en la ONU, insistentes y reiterados, son los de Gran Bretaña, Estados Unidos e Israel,
7) Que el pueblo argentino debe participar activamente en la convocatoria original de los palestinos al boicot, desinversión y sanción al Estado de Israel a causa de su conducta en Palestina, hasta que se allanen a cumplir con el derecho internacional. Hoy se plantea la necesidad de boicotear productos y servicios de grandes empresas israelíes estatales o privadas, así como las no israelíes que comercian conspícuamente con Israel. También se incluye el boicot a equipos culturales y deportivos,
8)Exhortar a las entidades y partidos populares de nuestro país a declarar personas no gratas a las cúpulas de funcionarios que gobiernen el estado agresor y sus cómplices, en ocasión de eventuales visitas a la Argentina,
9) Solicitar a nuestro pueblo en general que tome debida nota de esta sentencia ética y la proclame como una bandera más, incorporada a sus reivindicaciones permanentes, asumiéndola como parte de las fuerzas que en el mundo suelen alcanzar los objetivos de justicia y redención humana que se expresan en este fallo.

La lectura del fallo fue aplaudida de pie por el público, testimoniando así su aceptación por todo lo escuchado y resuelto, en un día que puede considerarse histórico, en cuanto a la realización de un Juicio que fuera tan boicoteado y estigmatizado, pero que se abrió paso a fuerza de expresar verdades incontestables. La primera de ellas, que Israel es un estado genocida y que deberá ser tratado como tal por los pueblos del mundo.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=168585

Foto: FacebookFederación De Entidades Argentino-Palestinas