SENTENCIA: Tribunal Ético a la Ocupación y Colonización por Israel en Palestina

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VISTOS:

 1°) La profunda conmoción que producen en la opinión pública argentina, análoga a la que sacude al mundo, los hechos que tienen lugar en el histórico territorio de Palestina.

2°) Particularmente la circunstancia de que en ese ámbito se cometen crímenes de agresión y colonialismo que, si bien suscitaron diversas medidas adoptadas por los más relevantes órganos de la ONU (Asamblea Gral. y Consejo de Seguridad), no han existido actitudes firmes de parte de los mismos para hacer cesar los graves e ilícitos procedimientos de expulsión afectatorios de la paz. Ello puede incluso llegar a generar escepticismo sobre la funcionalidad de la propia ONU y consiguientemente las garantías de paz en el Orbe.

3°) El evidente auxilio y estímulo que fuerzas imperialistas extrarregionales brindan al agresor del Medio Oriente.

4°) Las críticas que tanto desde el campo académico como en general de los pueblos se ha expresado vehementemente contra la forma y estructura del Consejo de Seguridad. Este órgano encomendado de preservar la paz internacional por el art. 24 de la Carta de la ONU, a causa de su inherente vicio de constitución antidemocrática, se ve obstaculizado seriamente cuando debe adoptar soluciones en tal sentido, contabilizándose ya medio centenar de “vetos” contra proyectos condenatorios a la potencia agresora aquí imputada.

5°) La imperiosa necesidad, impuesta por tales hechos, de que los pueblos, y en particular el argentino, frente a las señaladas ineficacias de las autoridades internacionales institucionalizadas, asuman su jurisdicción ética, respondiendo así a los permanentes requerimientos de la ciudadanía en contra de la impunidad, a fin de procesar y juzgar a quienes tan abrumadoramente quebrantan la Justicia y la Legitimidad. Así como contribuir a la afirmación de los principios de la Carta de la ONU y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Y  C O N S I D E R A N D O :

1°) Que el Estado de Israel, creado de facto a partir del desconocimiento de la Resolución 181-II de la Asamblea Gral. de la ONU del 29-11-1947, que recomienda el Plan de Partición de Palestinaha llevado desde el primer momento una política colonizadora sobre territorios que exceden notoriamente el original asignado.

2°) Que la conducta aludida ha generado un éxodo forzoso de expulsión en los ámbitos ilícitamente apropiados, tan inmenso de desplazados y refugiados, que la Asamblea General  ha debido dictar la Resolución 194 en 1948, ordenando la cesación de esos procedimientos afectatorios de la paz y el orden internacional.

3°) Que muy infortunadamente se produjo desde Junio de 1967 la denominada “guerra de los 6 días”, en el curso de la cual Israel ocupó la Palestina íntegra (Este de Jerusalén, Gaza y Cisjordania, donde vivían 4 millones de personas). Debiendo el Consejo de Seguridad dictar su Resolución 242 el 22 de Noviembre de ese mismo año ordenando la retirada de la fuerza ocupante y solución perentoria al grave cuadro de los refugiados (que hoy suman ya 6 millones). Esta medida jamás fue cumplida en casi medio siglo de la más tremenda impunidad, y por el contrario su autor fue aumentando en escalada dolosa la tragedia. Tal conducta se alza contra el derecho de autodeterminación (Resoluciones 1514/XV y 2625/XXV de la Asamblea General) y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

4°) Que sucesivamente se promulgaron reiteradas Resoluciones, recomendaciones y exhortaciones que sería muy extenso citar aquí, del Consejo de Seguridad, con igual carencia de resultado eficaz, pese a que el artículo 25 de la Carta de la ONU obliga “llevar a cabo la decisiones del Consejo de Seguridad”.

5°) Que además se somete a los desplazados a un régimen que incumple la IV° Convención de Ginebra de 1949 sobre tratamiento de la población civil en los conflictos bélicos y que prohíbe la transferencia de población no originaria hacia las tierras ocupadas, con el fin de modificar allí la composición demográfica.

6°) Que se han ido adoptando métodos colonialistas tales que incluyen los asesinatos selectivos de dirigentes y activistas, arrestos administrativos sin fundamentación de cargos, traslados forzados y masivos con destrucción simultánea de viviendas y plantaciones, bombardeos de poblaciones civiles, y el “bloqueo” extremo a la Franja de Gaza que priva de alimentos, medicamentos y posibilidades de circulación humana, como en gran medida se denuncia en la Resolución 64-254 de la Asamblea General del 26-2-2010 y que constituyen prácticas sociales genocidas.  La Organización Mundial de la Salud ha reportado que la vida no será sostenible allí en el año 2020.

7°) Que tales métodos incorporan el “doble standard” jurídico, consistente en sujetar a la población ocupada, que vive en campamentos precarios, a leyes y tribunales militares expeditos que no reconocen el debido proceso, mientras que contemporáneamente a los colonos israelíes allí trasplantados se somete exclusivamente a las normas y magistrados ordinarios con las debidas garantías, derivándose así puniciones manifiestamente distintas y discriminadas, por idénticos delitos, en el mismo sitio geográfico, según sea cada infractor nacional o colono. Cabe destacar que en menor medida, también la población palestina de un millón y medio que posee ciudadanía israelí y habita dentro del propio Israel, padece grave discriminación de trato, aun poseyendo esa ciudadanía.

8°) Que la apropiación sistemática e ilegal de hasta el 85% del agua en los territorios ocupados, de la que se apropia la potencia ocupante y desvía a su territorio, especialmente a través de la empresa “Mekorot” (con negocios actualmente en la provincia de Buenos Aires), origina por una parte la frustración en las necesidades para beber, higienizar, cultivar el suelo o criar ganado, y por otra la entrega a cada palestino de 45 litros diarios, mientras se brinda a los israelíes allí trasplantados la cantidad 10 veces mayor de 460 litros.

9°) Que la construcción de un Muro de 800 Km. de extensión y de 9 metros de altura en parte de la tierra palestina, patentiza aún más el sistema de apartheid establecido, pese a que la Corte Internacional de Justicia de La Haya lo consideró ilegal en fallo del 8-7-2004, recomendando su demolición. Se profundiza esa situación con el encierro de las poblaciones transformando a éstas en virtuales campos de concentración a cielo abierto impidiendo la libre entrada y salida. Los más de 600 puestos de control militar en rutas y calles entorpecen además el indispensable movimiento con fines laborales, escolares, urgencias médicas y de contactos familiares entre localidades. También se opera la asfixia económica al confiscarse los tributos recaudados por los palestinos, en vulneración de lo oportunamente consensuado en los Acuerdos de Oslo de 1993.

 10°) Que la mantención de casi 5.000 prisioneros en las cárceles israelíes, con tratamiento inhumano, incluyendo contingentes de menores de 14 años, concita la preocupación internacional que exige su inmediata liberación.

 11°) Que la demora en reconocer a Palestina como Estado miembro de la ONU, pese a habérselo admitido individualmente ya por 135 Estados, se debe a los tradicionales “vetos” por parte de potencias hegemónicas e interesadas, como EEUU y algunos integrantes de la Unión Europea.

 12°) Que el estancamiento de las conversaciones bilaterales hacia la paz por las partes en conflicto, se alimenta seriamente por el incumplimiento de Israel a su deber previo de desocupar los territorios y permitir el retorno de los refugiados o indemnizar a aquellos que así lo prefiriesen, a tenor de la ya antigua Resolución 194 de la Asamblea Gral., datada 11-12-1948, asimismo la Resolución 3236 de la Asamblea del 22-11-l974, como igualmente la Resolución 446 del Consejo de Seguridad fechada 22-2-1979 que declara a la creación de “asentamientos” por Israel en los territorios ocupados como carentes de valor legal alguno. Entre otras varias normas.

 13) Que la activa renuencia de Israel a suscribirse al Tratado de No Proliferación Nuclear, priva a la autoridad natural, la Organización Internacional de Energía Atómica, de ejercer el debido control y preservar la paz y la seguridad de la Región y del mundo.

14) Que el propósito último de tales políticas es llevar a la práctica un proyecto mayor, la creación del Gran Israel, inspirado en la doctrina denominada “panjudía” de expansión territorial mediante la conquista del “espacio vital” supuestamente necesario, sin límites regulares. Concuerda con la políticaimperialista de Estados Unidos de dominio mundial y en especial sobre los países productores de petróleo. El apoyo de este Estado y de otros de la OTAN, inducen a Israel a desafiar o desobedecerlas decisiones de la ONU.

15) Que en ningún caso puede considerarse de igual modo la violencia del opresor con la del oprimido. Mientras la primera obedece a un plan sistemático de dominación y aniquilación ejecutado desde estructuras del Estado israelí  en contra de la población palestina, a los efectos de beneficiarse de sus padecimientos, la ejercida por el pueblo cuyo territorio es ocupado por una potencia militar refiere a la impotencia y  la desesperación ante las injusticias padecidas, y debe considerarse en el marco de la apelación al supremo recurso de resistencia a la opresión, legitimado por el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

P O R  E LLO :

El Tribunal aquí constituido para el Juicio Ético a la Ocupación y Colonización por Israel en Palestina, luego de haber oído a los testigos, peritos, visto la prueba documental agregada, los alegatos de Fiscal y Defensor;

 

I N T E R P R E T A N D O:

La voluntad de las entidades, organizaciones y personas que convocaron a este juzgamiento moral;

 

R E S U E L V E :

1°) Señalar que la conducta ilícita antes descripta resulta atribuible centralmente al  Estado de Israel, así como a sus cómplices de Estados Unidos y países de la OTAN. 

2°) Que los hechos producidos por tales imputados expresan una clara naturaleza expansionista y anexionista, que genera crímenes de guerra, de lesa humanidad, y especialmente de apartheid y segregación, lo que es decir, crímenes del terrorismo de Estado.

3°) Que esos hechos y la consiguiente impunidad a lo largo de décadas, hace peligrar el normal, adecuado y eficaz funcionamiento de la ONU, con grave riesgo de declinación de su Jurisdicción, tan necesaria a la paz y sosiego creador para la Humanidad.

 4°) Que los pueblos del mundo deben tomar debida cuenta militante de estos ilegítimos procederes y condenar a los agresores con las pertinentes estigmatizaciones morales y exigencia de que respeten las insoslayables normativas internacionales en búsqueda de la paz y seguridad en la Región y el Orbe.

5) Que en consecuencia el Estado de Israel debe cesar su conducta lesiva, guerrerista, colonizadora y de limpieza étnica, resolviendo el problema de los refugiados y posibilitando la formación de los dos Estados soberanos, israelí y palestino, dentro de fronteras seguras para ambos con participación y contralor de la ONU, tomando como base la Resolución 1850 del Consejo de Seguridad del 16-12-2008.

 6°) Que no podrían los argentinos, como parte de la comunidad latinoamericana, soslayar el recuerdo de las responsabilidades que atañen a la Potencia aquí imputada, Israel,en cuanto favoreció las condiciones para el accionar de las cruentas dictaduras impuestas en nuestros países en los años setentas, a través de la provisión de equipamientos bélicos, asesoramiento y auspicio político. Más aún cuando nuestro país sostiene su justa reivindicación sobre Malvinas, Georgias e Islas del Atlántico Sur y debemos constatar lamentablemente que los tres votos adversos en la ONU, insistentes y reiterados, son los de Gran Bretaña (Potencia colonizadora en dichas islas) y sus cómplices Estados Unidos e Israel.

 7°) Que el pueblo argentino debe participar activamente en  la convocatoria original de los palestinos al Boicot, Desinversiones y Sanciones al Estado de Israel, a causa de su conducta en Palestina, hasta que se allane a cumplir con el Derecho Internacional. Tomando como precedente el bloqueo universal que se hizo al régimen racista de Sudáfrica, en tiempos previos a la supresión del apartheid, hoy se plantea la necesidad de boicotear productos y servicios de grandes empresas israelíes estatales o privadas, así como a las no israelíes que comercian conspicuamente con Israel, la presión para que otras empresas retiren sus activos de aquellas concentraciones de capitales, así como la exigencia de medidas punitivas reales a Israel por los distintos Estados y órganos de la ONU, y boicoteo a productos culturales y equipos deportivos. Máxime cuando el Legislativo israelí ha penalizado a sus nacionales que apoyen éticamente esta campaña.

8°) Exhortar a las entidades, asociaciones y Partidos populares de nuestro país a declarar personas no gratas en nuestro territorio a las cúpulas de funcionarios que gobiernan el Estado agresor aquí imputado y sus cómplices, en ocasión de eventuales visitas a Argentina.

 9°) Solicitar a nuestro pueblo en general que tome debida nota de esta SENTENCIA ETICA y la proclame como una bandera más incorporada a sus reivindicaciones permanentes, asumiéndola como parte de las fuerzas que en el mundo pueden alcanzar los objetivos de justicia y redención humana que se expresan en este Fallo.

Buenos Aires, Argentina, 21 de mayo de 2013

Fuente: http://tribunaletico.wordpress.com/

Israel: antissemita e colonialista

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Artigo censurado de Joseph Massad.

O holocausto judaico matou a maioria dos judeus que lutaram contra o anti-semitismo europeu, incluindo o sionismo, escreve Joseph Massad. Foto AFP.
Os judeus que se opunham ao sionismo compreenderam, desde o início, que o movimento incorporava o antissemitismo em seu diagnóstico do que os europeus chamavam de “a questão judaica”. O que mais horrorizava os judeus antissionistas, contudo, era que o sionismo também partilhava a “solução” para a Questão Judaica que os antissemitas sempre haviam pregado, a saber: que os judeus tinham de ser expulsos da Europa.
Foi a Reforma Protestante, que fez renascer a Bíblia Hebraica, que ligou os modernos judeus da Europa aos antigos hebreus da Palestina, ligação que os filólogos do século 18 solidificariam mediante a descoberta da família das línguas “semitas”, que incluiriam o hebraico e o árabe. Por um lado, os Protestantes Milenaristas insistiam em que os judeus contemporâneos seriam descendentes dos antigos hebreus e tinham de deixar a Europa e voltar à Palestina, para apressar a segunda vinda de Cristo; por outro lado, as descobertas filológicas levaram a rotular os judeus contemporâneos de “semitas”. O salto que as ciências biológicas de raça e hereditariedade dariam no século 19 e que levaria a definir os judeus europeus contemporâneos como descendentes raciais dos antigos hebreus, nem teve, afinal, de ser salto muito grande.
Baseando-se nas conexões criadas por Protestantes Milenaristas anti-judeus, abundavam, no século 19, europeus seculares que rapidamente perceberam o potencial político de “devolver” os judeus à Palestina. Menos interessados, que os Milenaristas, em apressar alguma segunda vinda de Cristo, esses políticos seculares, de Napoleão Bonaparte e do ministro britânico de Relações Exteriores, Lord Palmerston (1785-1865) a Ernest Laharanne, secretário particular de Napoleão III nos anos 1860s, tinham interesse em expulsar os judeus, da Europa para a Palestina, para instalá-los lá como agentes do imperialismo europeu na Ásia.
Wilhelm Marr
Esse projeto seria abraçado por muitos “antissemitas” – novo rótulo logo divulgado por racistas europeus antijudeus, depois que a palavra foi criada, em 1879, por um obscuro jornalista vienense, Wilhelm Marr, que divulgava uma plataforma-programa político intitulado “A vitória do judaísmo sobre o germanismo.  Marr teve o cuidado de separar bem o antissemitismo e a história do ódio dos cristãos contra judeus, de base religiosa. E enfatizava, na linha da filologia semítica e das teorias raciais do século XIX, que a diferença entre judeus e arianos era estritamente racial.
Assimilar os judeus na cultura europeia
O antissemitismo científico insistia em que os judeus seriam diferentes dos cristãos europeus. Que, de fato, os judeus absolutamente não seriam europeus, e que a presença deles na Europa seria a causa do antissemitismo. A razão pela qual os judeus causariam tantos problemas aos cristãos europeus teria a ver com a sempre repetida “ausência de raízes”, que não tinham pátria e, portanto, nenhuma lealdade a pátria alguma. No período romântico dos nacionalismos europeus, os antissemitas diziam que os judeus não teriam lugar nas novas configurações nacionais, e minariam a pureza racial e nacional essencial na maioria dos nacionalismos europeus. Por isso, se os judeus permanecessem na Europa – argumentavam os antissemitas – só gerariam hostilidade entre os cristãos europeus. A única solução seria os judeus deixarem a Europa e terem pátria própria.
Desnecessário dizer que os judeus religiosos e seculares sempre se opuseram a essa horrenda linha de pensamento antissemita. Judeus ortodoxos e reformistas, judeus socialistas e judeus comunistas, judeus cosmopolitas e judeus Yiddishkeit culturais todos concordavam que aí estava uma perigosa ideologia de hostilização que visava a expulsar os judeus de seus respectivos países europeus.
O Iluminismo Judeu (Haskalah), que também emergiu no século XIX, buscou assimilar os judeus na cultura secular europeia, induzindo-os a abandonar sua cultura judaica. Foi esse Iluminismo Judeu que tentou quebrar a hegemonia dos rabinos judeus ortodoxos no “Ostjuden” do shtetl leste-europeu, propondo um rompimento com o que era visto como uma cultura judaica “medieval”, em favor da moderna cultura secular dos cristãos europeus. A reforma do judaísmo, para convertê-lo em variante assemelhada a um cristianismo-protestantismo judeu, emergiria do fundo do Iluminismo Judeu. Mas esse programa visava a integrar os judeus na modernidade europeia, não a expulsá-los para longe da geografia da Europa.
Quando surgiu o sionismo, 15 anos depois da publicação da plataforma-programa antissemita de Marr, ele incorporaria todas essas ideias anti-judeus, inclusive o antissemitismo científico.
Theodor Herzl
Para o sionismo, os judeus seriam “semitas”, descendentes dos antigos hebreus. No seu panfleto de fundação, O Estado Judeu [Der Judenstaat], Herzl explicava que seriam os judeus, não seus inimigos cristãos, os que “causavam” o antissemitismo; e que “onde [o antissemitismo] não existe, para lá os judeus o levam no curso de suas migrações”. Que “os infortunados judeus estão nesse momento levando as sementes do antissemitismo para a Inglaterra; já o introduziram nos EUA”; que os judeus seriam “uma nação” que devia deixar a Europa, para restaurar a própria “nacionalidade” na Palestina ou na Argentina; que os judeus deveriam copiar os cristãos europeus em termos culturais e abandonar suas línguas e tradições em favor das modernas línguas europeias, ou restaurar a própria antiga língua nacional. Herzl preferia que todos os judeus adotassem o alemão, como idioma; mas os sionistas do leste da Europa preferiram o hebraico. Os sionistas depois de Herzl decidiram e afirmaram que os judeus seriam racialmente diferentes dos arianos. Quanto ao iídiche,  a língua viva da maioria dos judeus europeus, todos os sionistas concordavam que tinha de ser esquecida para sempre.
A maioria dos judeus continuou a resistir contra o sionismo e via seus preceitos como antissemitismo e como continuação do esforço do Iluminismo Judeu para apagar a cultura judaica e assimilar os judeus na cultura laica europeia, com a diferença de que o sionismo queria os judeus longe da Europa, em ponto geograficamente distante, depois de expulsos da Europa.
O Bund – Sindicato Geral do Trabalho Judeu na Lituânia, Polônia, e na Rússia – que foi fundado em Vilna no início de outubro de 1897, poucas semanas depois do 1º Congresso Sionista em Basel, no final de agosto de 1897, viria a ser o mais empenhado inimigo do sionismo. O Bund uniu-se à coalizão já existente de judeus contra o sionismo, de rabinos ortodoxos e reformistas, que já unira forças alguns meses antes para impedir que Herzl realizasse o primeiro congresso sionista em Munique; por isso o congresso foi transferido para Basel. Os judeus antissionistas, e os antissionistas em geral, em toda a Europa e nos EUA, contavam com o apoio da maioria dos judeus, que, já bem entrados os anos 1940s, continuavam a ver o sionismo como movimento anti-judeus.
A coalizão antissemita de entusiastas sionistas
Percebendo que seu plano para o futuro dos judeus europeus seguia de perto os antissemitas, Herzl arquitetou uma precoce aliança estratégica com os antissemitas. Em O Estado Judeu, Herzl diz que “Os governos e todos os países acusados de antissemitismo muito se interessarão por nos ajudar a obter a soberania que desejamos”.
Vyacheslav von Plehve
Acrescentava que todos deviam contribuir, “não apenas os judeus pobres”, para um fundo de imigração para judeus europeus; que devem contribuir também “todos os que querem ver-se livres dos judeus”. No seu Diário, Herzl anotou sem arrependimentos, que “Os antissemitas serão nossos mais confiáveis amigos. Os países antissemitas serão nossos aliados”. Assim, em 1903, Herzl começou a reunir-se com os mais infames antissemitas, como o ministro do Interior da Rússia, Vyacheslav von Plehve, que supervisionou os pogroms contra judeus na Rússia. Herzl procurou ativamente essa aliança. Não foi absolutamente “por coincidência”, que o antissemita Lord Balfour, primeiro-ministro britânico em 1905, tenha feito aprovar em seu governo a “Lei dos Estrangeiros”, que impedia que judeus do leste europeu fugissem dos pogroms russos para a Inglaterra. Balfour declarou que a proibição salvaria a Inglaterra do “mal absoluto” que seria “uma onda de imigração predominantemente de judeus”. A infame declaração de Balfour, de 1917, para criar na Palestina “um lar nacional” para o “povo judeu” visava, dentre outros objetivos, a minar o apoio dos judeus à Revolução Russa e a cortar o fluxo de novas ondas de imigrantes judeus para a Grã-Bretanha.
Os nazistas não seriam exceção nessa cadeia de sionistas antissemitas
Os sionistas também construíram acordo com os nazistas, bem no início da história do sionismo. Em 1933, o infame Acordo de Transferência (Ha’avara) foi assinado entre os sionistas e o governo nazista, para facilitar a transferência de judeus alemães e suas propriedades para a Palestina; esse acordo quebrou o boicote internacional dos judeus, contra a Alemanha Nazista, iniciado por judeus norte-americanos.
E foi nesse espírito também que emissários nazistas foram enviados à Palestina, para relatar os sucessos da colonização judaica do país. Adolf Eichmann retornou de sua viagem à Palestina em 1937, cheio de histórias fantásticas sobre as realizações do  Ashkenazi Kibbutz, racialmente separatista, um dos que visitou no Monte Carmelo, como convidado dos sionistas.
Contra forte oposição da maioria dos judeus alemães, a Federação Sionista da Alemanha foi o único grupo judeu que apoiou as Leis de Nuremberg de 1935. Concordavam com os nazistas: judeus e arianos eram raças separadas e separáveis. Esse apoio nada teve de tático: foi apoio nascido de afinidades e semelhanças ideológicas. A Solução Final dos nazistas foi cerebrada, de início, para expulsar os judeus alemães para Madagascar. O objetivo partilhado de expulsar os judeus para fora da Europa, como raça inassimilável, gerou a afinidade, que sempre existiu, entre os nazistas e os sionistas.
Enquanto a maioria dos judeus continuava a resistir contra a base antissemita do sionismo e suas alianças antissemitas, o genocídio nazista não matava apenas 90% dos judeus europeus. No processo, matou também a maioria dos judeus inimigos do sionismo. Morreram, precisamente, porque se recusaram a obedecer à palavra de ordem dos sionistas, para que abandonassem suas casas e seus países de nascimento.
Depois da Guerra, nem o horror do holocausto de judeus impediu que países europeus continuassem a apoiar o programa antissemita do sionismo. Ao contrário: esses países partilhavam, com os nazistas, uma predileção pelo sionismo. Opuseram-se exclusivamente ao genocídio programado concebido pelos nazistas. Países europeus, tanto quanto os EUA, recusaram-se a receber centenas de milhares de judeus sobreviventes do holocausto. Esses países, até, votaram contra uma resolução da ONU, apresentada pelos Estados árabes, em 1947, que os conclamava a receber judeus sobreviventes. Esses mesmos países apoiariam, em seguida, em novembro de 1947, o Plano de Partição da ONU, para criar um estado judeu na Palestina, para onde pudessem ser descartados aqueles indesejados refugiados judeus
 
As políticas pró-sionistas dos nazistas
Os EUA e países europeus, inclusive a Alemanha, dariam prosseguimento às políticas pró-sionistas dos nazistas. Governos pós-guerra da Alemanha Ocidental que se apresentaram para abrir nova página no relacionamento com os judeus, não fizeram, de fato, coisa alguma nessa direção. Desde que o país foi criado, depois da 2ª Guerra Mundial, todos os governos da Alemanha Ocidental (e, depois, todos os governos alemães a partir da unificação, em 1990) mantiveram, sem qualquer alteração, as políticas nazistas pró-sionistas. Jamais houve qualquer tipo de afastamento, entre os recentes governos alemães e os nazistas pró-sionistas. A única coisa que já não se vê é o ódio declarado aos judeus, com fundamento genocida racial, que o nazismo consagrou. Mas persiste, inalterado, o desejo de ver os judeus em “país próprio”, em algum ponto da Ásia, bem longe da Europa. De fato, os alemães assim explicam a quantidade de dinheiro que enviavam a Israel, para, como diziam, ajudar a pagar os custos de realocar, lá, os refugiados judeus.
Depois da 2ª Guerra Mundial, emergiu um novo consenso nos EUA e na Europa, segundo o qual os judeus teriam de integrar-se postumamente à europeidade branca; o horror do holocausto de judeus já era, então, horror ante o assassinado de europeus brancos. Desde os anos 1960s, os filmes de Hollywood sobre o holocausto de judeus passaram a mostrar os judeus vítimas do nazismo como infalivelmente brancos, como cristãos de classe média, letrados, bem educados, em nada diferentes dos cristãos europeus e norte-americanos os quais deveriam, como aconteceu, identificar-se com eles. Se os filmes mostrassem os judeus religiosos pobres da Europa Ocidental (e muitos judeus do Leste da Europa mortos pelos nazistas eram pobres e muitos eram religiosos), os cristãos brancos dificilmente veriam qualquer traço comum entre aqueles judeus e eles próprios.
Portanto, o horror europeu cristão pós-holocausto e genocídio de judeus europeus não se baseou no horror ante o massacre de milhões de pessoas diferentes dos cristãos europeus, mas, isso sim, se baseou no horror ante o assassinato de pessoas em tudo idênticas aos cristãos europeus.
Só isso explica que nos EUA, país que nada teve a ver com o massacre de judeus europeus, haja mais de 40 memoriais do holocausto de judeus e um grande museu dos judeus assassinados da Europa… mas não haja um único memorial do holocausto de populações nativas da América do Norte, ou do holocausto de afro-norte-americanos, pelos quais os EUA são diretamente responsáveis.
Aimé Césaire compreendeu muito bem esse processo. Em seu famoso discurso sobre o colonialismo, disse que a visão retrospectiva dos cristãos europeus sobre o nazismo é que:
Aimé Césaire
… é barbárie, mas a barbárie suprema, a coroação da barbárie, que soma todas as barbáries e barbarismos diários; é o nazismo, sim, mas porque, antes de tudo, as vítimas foram europeus. Mas antes, de serem suas vítimas, os europeus haviam sido seus cúmplices; e então eles toleraram o nazismo, antes que se virasse contra eles mesmos, eles já o haviam absolvido antes, fecharam os olhos, o legitimaram, porque, até ali, só se aplicara contra povos não europeus. Eles cultivaram o nazismo, responsabilizaram-se pelo nazismo, antes de que o nazismo engolfasse todo o ocidente, as civilizações cristãs, também, no mesmo mar de sangue. O nazismo vaza, estala, ferve em cada fresta do ocidente.
É bem verdade que, para Césaire, as guerras e holocaustos nazistas sempre foram o colonialismo que se atacava, ele mesmo, por dentro. Mas depois que as vítimas do nazismo foram convertidas em europeus brancos sem religião e “reabilitadas”, a Europa e seu cúmplice norte-americano puderam, afinal, dar continuidade à mesma política dos nazistas, de horror praticado contra não brancos em todo o mundo: na Coreia, no Vietnã e na Indochina, na Argélia, na Indonésia, na América Central, na América do Sul, na África do sul e central, na Palestina, no Irã e no Iraque e no Afeganistão.
A reabilitação dos judeus europeus depois da 2ª Guerra Mundial foi parte crucialmente importante da propaganda da Guerra Fria. Com os cientistas sociais e ideólogos norte-americanos ocupados em desenvolver a teoria do “totalitarismo” – segundo a qual o Comunismo Soviético e o Nazismo seriam essencialmente o mesmo tipo de regime – os judeus europeus, vítimas de um regime totalitário, passaram a ser item central do show de atrocidades que, para a propaganda dos EUA e da Europa Ocidental, seriam “provas” das atrocidades que o regime soviético estaria cometendo nos períodos pré e pós guerra. Parte da mesma propaganda foi Israel saltar para o mesmo vagão de propaganda e pôr-se acusar os soviéticos de antissemitismo, porque estariam impedindo judeus soviéticos de se autoexpulsar da própria terra e partir para Israel  
 
Compromisso com o suprematismo branco
Assim se preservou o compromisso de europeus e dos EUA com o suprematismo branco – exceto que passou a incluir os judeus entre os povos “brancos”- e numa civilização que passou a ser chamada “judeu-cristã”. As políticas europeias e norte-americanas depois da 2ª Guerra Mundial, que continuaram inspiradas no racismo e alimentadoras de racismo contra os povos nativos da América do Norte, contra africanos, asiáticos, árabes e muçulmanos continuaram a garantir apoio ao projeto antissemita de “converter” os judeus em brancos, num estado colonial, de ocupação, bem longe da Europa. E ali prosseguiram as políticas antissemitas que prevaleciam na Europa e nos EUA antes da 2ª Guerra.
De diferente, que grande parte do veneno racista antissemita, em Israel, seria dirigido contra árabes e muçulmanos (os mesmos que são cidadãos e imigrantes na Europa e nos EUA, e os que vivem na Ásia e na África). E assim pôde prosseguir, sem qualquer adversário, o apoio dos antissemitas ao sionismo racista.
Na Hungria, 100 mil judeus assustados com racismo
A aliança que uniu a Alemanha Ocidental, o sionismo e Israel, depois da 2ª Guerra Mundial, e que forneceu gigantesca ajuda econômica a Israel nos anos 1950s e ajuda econômica e militar no início dos anos 1960s – inclusive tanques, que Israel usou para matar palestinos e outros árabes – é continuação da aliança que o governo nazista firmara com os sionistas nos anos 1930s.
Ehud Barak
Nos anos 1960s, a Alemanha Ocidental deu até treinamento militar aos soldados israelenses, e desde os anos 1970s também fornece submarinos “nuclearizáveis” produzidos na Alemanha, com os quais Israel contava para matar ainda mais árabes e muçulmanos.
Em anos mais recentes, Israel armou os submarinos mais modernos, que recebe da Alemanha, com mísseis que transportam ogivas nucleares – o que é do pleno conhecimento do atual governo alemão O ministro da Defesa de Israel, Ehud Barak, disse, em entrevista à revista Der Spiegel, que os alemães devem “orgulhar-se” de ter garantido a existência do estado de Israel “durante muitos anos”. Berlim financiou 1/3 do preço dos submarinos, cerca de 135 milhões de euros (168 milhões de dólares) por submarino, com carência até 2015, para que Israel comece a pagar.
Konrad Adenauer
Isso faz da Alemanha cúmplice no ataque-assalto contra os palestinos; e a preocupação que essa cumplicidade geraria aos governos alemães, hoje, não é maior que a que gerava nos anos 1960s ao chanceler Konrad Adenauer, da Alemanha Ocidental, que disse que “a República Federal não tem, nem o direito, nem qualquer responsabilidade de tomar posição no caso dos refugiados palestinos”. Tudo isso se tem de somar aos bilhões, muitos, que a Alemanha pagou ao governo de Israel como compensação pelo holocausto de judeus, como se Israel e o sionismo fossem vítimas do nazismo. Não são. Na verdade, os nazistas assassinaram judeus antissionistas. O atual governo alemão não dá qualquer importância ao fato de que mesmo os judeus alemães que conseguiram fugir dos nazistas e acabaram na Palestina odiavam o sionismo e o projeto sionista; e que os mesmos judeus eram odiados pelos colonizadores sionistas na Palestina.
Como refugiados alemães nos anos 1930s e 1940s na Palestina recusaram-se a aprender língua hebraica e publicavam meia dúzia de jornais em alemão no país, foram furiosamente atacados pela imprensa em hebraico, inclusive pelo jornal Haaretz, que pregou o fechamento dos jornais dos alemães em 1939 e, outra vez, em 1941.
Colonos sionistas atacaram um café de proprietários alemães em Telavive, porque os proprietários recusavam-se a falar hebraico; e a prefeitura de Telavive ameaçou, em junho de 1944, alguns dos moradores judeus alemães, por organizar, na casa onde viviam, n. 21 da rua Allenby, “festas e bailes inteiramente em alemão, inclusive os programas, o que se opõe ao espírito de nossa cidade” e que tal procedimento “não será tolerado em Telavive”.
Judeus alemães, ou Yekkes, como eram conhecidos na [“comunidade original”] Yishuv, até organizaram uma celebração, no aniversário do Kaiser, em 1941 (para esses e outros detalhes sobre os judeus alemães refugiados na Palestina, ver The Seventh Million, livro de Tom Segev).
Acrescente-se a isso o apoio que a Alemanha deu às políticas israelenses na ONU contra os palestinos, e tem-se o quadro completo. Até o novo memorial do holocausto de judeus construído em Berlim, inaugurado em 2005, mantém o mesmo apartheid racial dos nazistas: esse “Memorial dos Judeus Europeus Assassinados” é dedicado só aos judeus vítimas dos nazistas que ainda devem ser mantidos separados, como Hitler ordenou, dos demais milhões de não judeus que também tombaram vítimas do nazismo. Não surpreende, tampouco, que uma subsidiária da empresa alemã Degussa, que colaborou com os nazistas e produziu o gás Zyklon B que foi usado para matar pessoas nas câmaras de gás, tenha sido contratada para construir o Memorial de 2005: apenas confirma que os que assassinaram judeus na Alemanha no final dos anos 1930s e nos anos 1940s lamentam hoje o que fizeram, porque hoje entendem que judeus são brancos europeus a serem homenageados, e jamais deveriam ter sido mortos, para começar, porque eram brancos.
A política alemã de apoiar Israel na matança de árabes é, sim, profundamente conectada ao antissemitismo, que prossegue e avança, conduzido pelo racismo alemão antimuçulmanos, hoje predominante, que ataca imigrantes muçulmanos.
A tradição euro-norte-americana anti-judeus
O holocausto de judeus matou a maioria dos judeus que combateram e lutaram contra o antissemitismo europeu, e contra um de seus ramos, o sionismo. Mortos aqueles judeus combatentes, os únicos “semitas” sobreviventes que continuam a combater contra o sionismo e seu antissemitismo são os palestinos.
Enquanto Israel ainda insiste que judeus europeus não seriam europeus, não teriam lugar na Europa e devem embarcar para a Palestina, os palestinos sempre disseram e insistiram que o lar e a terra dos judeus europeus são seus respectivos países natais, não a Palestina; e que o colonialismo sionista brota diretamente do antissemitismo dos sionistas colonialistas.
Enquanto o sionismo insiste em que os judeus seriam raça separada dos cristãos europeus, os palestinos insistem que os judeus europeus são europeus e nada têm a ver com a Palestina, o povo palestino ou a cultura palestina. Israel e seus aliados norte-americanos e europeus têm tentado ininterruptamente ao longo dos últimos 65 anos convencer os palestinos de que eles também devem tornar-se antissemitas e acreditar, como os nazistas, Israel e seus aliados antissemitas acreditam, que os judeus seriam raça diferente de todos os povos europeus, que sua “pátria” seria a Palestina e – o mais importante – que Israel falaria por todos os judeus.
A evidência de que, hoje, os maiores blocos de eleitores norte-americanos pró-Israel são os protestantes milenaristas e os imperialistas seculares, demonstra bem claramente a continuidade da mesma tradição euro-norte-americana de perseguição aos judeus, que se estende, no passado, até a Reforma Protestante e o imperialismo do século IXX.
Mas os palestinos jamais se deixaram convencer pelos sionistas e continuam a resistir firmemente contra o antissemitismo.
Os judeus europeus foram transformados em instrumentos de agressão: tornaram-se ferramentas do colonialismo dos colonos israelenses, intimamente associado à discriminação racista…
Israel e seus aliados antissemitas afirmam que Israel seria “o povo judeu”; que as políticas de Israel seriam “judaicas”; que as realizações de Israel seriam realizações “dos judeus” e que quem se atrever a criticar Israel estará criticando “os judeus” e, portanto, estará falando como antissemita.
Só o povo palestino organizou e combate luta incansável contra esse incitamento ao antissemitismo. Os palestinos continuam a afirmar que:
… o governo de Israel não fala por todos os judeus, que não representa todos os judeus e que os crimes coloniais que comete contra o povo palestino são crimes do governo de Israel, não são crimes “do povo judeu.
Por isso o governo de Israel tem de ser criticado, acusado, processado e condenado por crimes de guerra, que comete repetidamente contra o povo palestino.
Não é alguma nova posição palestina: é a mesma posição que os palestinos abraçaram desde a virada do século 20, e continuou ao longo da luta palestina antes da 2ª Guerra Mundial, contra o sionismo. Em discurso que fez na ONU, em 1974, Yasser Arafat destacou todos esses aspectos, com veemência:
Yasser Arafat
Assim como o colonialismo usou impiedosamente os desgraçados, os pobres, os explorados, como mera matéria inerte com a qual construir e levar adiante o colonialismo, assim os judeus europeus, também despossuídos, oprimidos, foram usados a favor do imperialismo mundial e da liderança sionista. Os judeus europeus foram transformados em instrumentos de agressão; tornaram-se ferramentas do colonialismo israelense, intimamente aliado à discriminação racial (…).
A teologia sionista foi usada contra nosso povo palestino: o objetivo não foi só o estabelecimento de um colonialismo de estilo ocidental, mas também o de separar os judeus de suas várias pátrias naturais e produzir, assim, que se tornassem estrangeiros nas suas próprias nações. O sionismo está unido ao antissemitismo nesses objetivos retrógrados e é, quando já tudo se disse e se fez, o verso da mesma moeda de base.
Porque, quando se propõe que os judeus de fé, independente de onde tenham nascido e vivido e habitem, devem abandonar a própria terra nacional, impedidos de viver como iguais com os próprios parceiros de destino e cidadãos não judeus, quando se ouvem essas propostas, o que se está ouvindo é o antissemitismo proposto aos próprios judeus. Quando se propõe que a única solução para o problema judeu seria que os judeus se alienassem das próprias comunidades originais ou nações, das quais foram parte histórica, quando se propõe que os judeus resolvam o problema judeu imigrando de onde nasceram para ocupar, à força, terras que pertencem a outros – quando isso acontece, o que se vê é que aí está exatamente a mesma posição pregada, com insistência, com urgência, contra os judeus, pelos antissemitas.
A reação de Israel, para quem todos os seus críticos seriam antissemitas, pressupõe que os críticos devam crer, necessariamente, que Israel representaria “o povo judeu”. Mas essa alegação, que Israel não se cansa de repetir, de que representaria e falaria por todos os judeus, é, ela mesma, o argumento mais antissemita de todos.
Hoje, Israel e as potências ocidentais obram para elevar o antissemitismo ao plano de princípio internacional, em todos do qual tentam estabelecer pleno consenso. Insistem em que, para que haja paz no Oriente Médio, os palestinos, os árabes e os muçulmanos devem tornar-se, todos, como todo o ocidente branco, também antissemitas; que devem esposar o sionismo e reconhecer todas as condições antissemitas que Israel impõe aos judeus de todo o mundo.
Exceto os regimes árabes ditatoriais e a Autoridade Palestina e sua corte, nesse 65º aniversário da conquista antissemita da Palestina pelos sionistas, que os palestinos chamam de Nakba, o povo palestino e alguns poucos judeus antissionistas ainda resistem e recusam-se a aceitar o incitamento internacional a favor do antissemitismo.
Lembrando a Nakba
Dizem que são, como últimos semitas resistentes, herdeiros das lutas pré-2ª Guerra Mundial, quando judeus e palestinos combateram lado a lado contra o antissemitismo e sua manifestação sionista colonial. Hoje, é essa a resistência, ainda viva, que impede o avanço, até a vitória no Oriente Médio e em todo o mundo, do antissemitismo europeu.

Notas dos tradutores
[1] Sobre isso, há documento impressionante, de 1947, publicado nos EUA: uma carta do rei Abdullah da Jordânia, que deve ser lida nos termos em que o autor expõe a questão, naquele momento histórico. Foi traduzido em 2010, seguindo indicação do Embaixador Arnaldo Carrilho do Brasil.  

[2] Sobre judeus, em todo o mundo, que foram empurrados à força, pelos sionistas, para povoar Israel, ver a “Carta aos norte-americanos”, de 1947, do Rei Abdullah da Jordânia. Ver nota [1] acima.

Joseph Massad, Al-Jazeera, Qatar
Traduzido pelo pessoal da Vila Vudu

Colonos (ilegais) se apresentam como nova vanguarda do sionismo

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Por Breno Altman.

A colônia de Eli, no ponto mais alto de Binyamin, a área central da Cisjordânia, é um posto avançado dentro das fronteiras que, por deliberação da ONU (Organização das Nações Unidas), deveriam pertencer a um futuro Estado palestino. O conjunto residencial, formado por casas amplas e refinadas, sempre de cor bege, em ruas limpas e arborizadas, está entre os assentamentos mais bem cuidados.

Mikhail Frunze/Opera Mundi

Assentamento de Eli lembra confortáveis condomínios que costumam circundar as grandes cidades do mundo

Os motivos de seu prestígio são religiosos e políticos. Fica a poucos quilômetros de Shilo, citada pela história bíblica como a capital dos judeus no tempo dos juízes, logo após a fuga do Egito e a criação das doze tribos lideradas por seus magistrados. Também é quase vizinha de Ariel, a cidade-modelo construída nos territórios ocupados, com instalações modernas e uma importante universidade.

Seu habitante mais ilustre é um judeu argentino chamado Danny Dayan, que foi durante seis anos (2007-2013) o presidente do Conselho da Judea e Samaria, nomenclatura oficialmente utilizada em Israel para designar a cordilheira na margem ocidental do rio Jordão. Nestas montanhas, relata a Bíblia, viveram os patriarcas e Abraão teria anunciado a seus descendentes que era a terra prometida.

“Nós somos a nova vanguarda do sionismo”, afirma Dayan. “Temos a missão histórica de recuperar a terra da qual fomos expulsos há dois mil anos. Não somos invasores, como insiste a narrativa árabe, mas os retornados. Essa região é estratégica para a defesa e o desenvolvimento de Israel.”

Empresário da área de informática, o líder dos colonos vendeu sua companhia para se dedicar integralmente à causa que postula. Apesar de respeitar as tradições, não é um religioso. Orgulha-se do telegrama que recebeu de Menachem Begin quando completou seu bar mitzvah. Declara-se admirador de Jabotinsky, o ideólogo da direita sionista, mas confessa seu crescente carinho por Ben-Gurion, o chefe da independência.

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Palestinos que vivem na região são contratados para trabalhos nos assentamentos e utilizam meio de transporte diferente dos judeus

Dayan empenha-se com afinco para atrair investimentos e modernizar a região. Das cinco áreas que compõem a jurisdição do conselho que presidiu, Binyamin é a mais desenvolvida. São 54 comunidades de médio e alto luxo, guardadas dia e noite por soldados do exército ou seguranças particulares treinados pelas forças armadas. Estão protegidas pelo sistema de cercas e muros que as separam das aldeias palestinas, enquanto estradas bem pavimentadas as conectam entre si.

Às vezes é possível ver carros e ônibus com placas palestinas passando por estas rodovias, depois que atravessam os pontos militares de controle. As restrições são maiores quando sobe a tensão entre colonos e a população das vilas. Os serviços de transporte público, porém, são segregados, apesar de não haver regra escrita a respeito. Ônibus israelenses atendem apenas os assentados. Palestinos contratados para algum trabalho são transportados por veículos diferentes, na maioria das vezes fornecidos por empregadores ou intermediários.

Muitos residentes trabalham em Jerusalém ou Tel Aviv. As atuais colônias são distintas dos kibutzim, com seu modelo comunal e estrutura produtiva. Parecem mais com os confortáveis condomínios que costumam circundar as grandes cidades do mundo. Mas há empreendimentos privados que vão sendo implantados.

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Danny Dayan, ex-presidente do Conselho da Judea e Samaria: “nós somos a nova vanguarda do sionismo”

Um deles, em Binyamin, é a vinícola Psagot, nome da comunidade na qual está instalada. Seu proprietário, Yaacov Berg, vende 200 mil garrafas de vinho branco e tinto por ano, exportando 60% de sua produção. As garrafas vem etiquetadas como “produto de Israel”. Se o rótulo identificar que são mercadorias de colônias na Cisjordânia, correm o risco de serem boicotados por alguns países.

Expansão

A comunidade internacional, afinal, considera que toda esta região foi ocupada ilegalmente, na guerra de 1967. A resolução 242 das Nações Unidas obriga Israel a se retirar para trás da Linha Verde, fixada no armistício de 1949. Mas desde a conquista destes territórios, com trabalhistas ou conservadores, a política sionista tem sido de expandir a colonização.

Atualmente são 121 assentamentos reconhecidos oficialmente pelo governo de Israel, de acordo com o Ministério do Interior, no qual vivem 350 mil colonos. Mais 300 mil vivem na parte oriental de Jerusalém e outros 20 mil nas Colinas de Golã. Além de Ariel, outras três colônias ganharam, ao longo do tempo, reconhecimento como cidades: Modin Illit (controlada pelos ultraortodoxos), Maale Adumim e Betar Illit.

Apesar de ser difícil calcular, através do orçamento, o conjunto dos subsídios que o governo separa à colonização, o movimento Paz Agora avalia que entre 540-600 milhões de dólares são gastos anualmente para subvencionar os assentamentos, incluindo gastos com segurança.

Um dos pouco itens identificáveis nos documentos oficiais é a transferência para os conselhos municipais da Cisjordânia, que totalizou 322 milhões de dólares no ano passado, equivalente a 8,9% de todas as verbas recebidas pelas cidades israelenses, ainda que sejam apenas 3,8% os cidadãos morando nos territórios. Outro dado importante: o investimento em habitação, excluindo Jerusalém, foi de 123,14 milhões de dólares, significando 15,36% das verbas nacionais nessa rubrica.

A ocupação teria sido bom negócio até 1987, segundo o economista israelense Shir Hever, do Centro de Informação Alternativa (AIC). Os custos eram baixos, Israel coletava todos os impostos da área, tinha mercado cativo para seus produtos e empregava mão-de-obra palestina, muito mais barata, em suas empresas. Além disso, controlava fontes de água que representavam ao redor de 50% de seu consumo.

Após este período, no entanto, com a aceleração no estabelecimento de novas colônias, as curvas teriam começado a se inverter. Os lucros iriam definitivamente desaparecer após a segunda intifada, em setembro de 2000, quando as fronteiras foram fechadas e Israel parou de contratar trabalhadores palestinos, além de aumentar extraordinariamente as despesas militares.

“Muitas empresas israelenses fazem dinheiro com a colonização, especialmente aquelas envolvidas em segurança e construção”, explica Michel Warschawski, também do AIC. “Mas os interesses geopolíticos atualmente se sobrepõem aos econômicos. O Estado financia a colonização por razões estratégicas, fortalecendo os colonos e abrindo boas oportunidades para as companhias beneficiárias dessa expansão. O resultado para as contas públicas, contudo, é deficitário.”

O governo não desmente o incentivo à marcha rumo ao leste, mas alega motivos transitórios. “Ainda estamos em situação de conflito potencial”, afirma Yigal Palmor, porta-voz do Ministério de Relações Exteriores. “Os assentamentos são importantes para nossa política de defesa, pois fortalecem nossas fronteiras.”

Os assentamentos, enquanto a paz não chega, vão animando judeus seculares e religiosos, em uma demografia inversa àquela do movimento kibutzim no século XX. As estatísticas do Conselho da Judea e Samaria revelam que apenas 20% dos colonos são não religiosos, contra 10% de ultra-ortodoxos e 70% de religiosos moderados.

Demografia

Essa composição ajuda a aumentar a taxa média de fertilidade, maior entre os grupos de seguidores à risca dos ensinamentos da Torá. A família de Danny Dayan, por exemplo, é composta apenas por ele, a mulher e um filho. Outros líderes de assentamentos têm proles bem mais numerosas, uma arma importante para consolidar a presença judaica na Cisjordânia.

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Rafael Kaufman mora na colônia de Tzufim, ao norte. Nascido no Uruguai há 41 anos, desde 2004 vive no assentamento. Tem seis filhos, uma moça e cinco rapazes. Religioso, anda pelas montanhas com seu quipá e uma pistola 9 mm na cintura, que garante nunca ter usado.

Trabalha como guia turístico, e ajuda o movimento dos colonos na divulgação internacional, dando palestras em vários países. Também arrecada recursos para que outros assentados possam abrir seus cultivos e criar pequenos postos avançados na região.

“Israel não pode cometer duas vezes o mesmo erro, os judeus não voltarão a abandonar a terra prometida”, declara Kaufmann, no alto de uma montanha com vistas para o rio Jordão. “Deus nos deu esse chão, que defenderemos com unhas e dentes, como manda os ensinamentos.”

Muitos pensam como ele, e vários de forma ainda mais intensa. Ao sul, fica cidade de Hebron, a maior da Cisjordânia. Está dividida em dois setores, um sob controle da Autoridade Palestina e outro do governo israelense. São aproximadamente 250 mil habitantes de origem árabe vivendo em 80% do perímetro urbano, e 750 judeus nos restantes 20%.

A principal artéria comercial da cidade, a rua Shuhada, que atravessa o centro velho, lembra uma cidade fantasma. Lojas estão fechadas e residência abandonadas. Após a rebelião palestina de 2000, o exército israelense isolou a área, a pretexto de salvaguardar cinco assentamentos judaicos. Vários postos militares controlam entrada e saída de transeuntes. Nenhum palestino está autorizado a dirigir carros ou motocicletas na zona de isolamento. Apenas os colonos judeus.

Uma dessas colônias, situada no topo de uma colina que nasce na via bloqueada, é a de Tel Rumeida, Em torno de 150 moradores, protegidos por militares, ali vivem, estudam e rezam.  Muitos trabalham fora, se movimentando sob permanente custódia. Vários grupos sionistas ajudam a arrecadar recursos para apoiar a comunidade.

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Cerca de 150 judeus vivem na colônia de Tel Rumeida, em Hebron, protegidos 24 horas por militares

Uma destas organizações é a Jabad Lubavitch, entidade religiosa com ramificação em vários países. David Halon, norte-americano de Nova Iorque, foi para Hebron como parte do esforço para estimular estudos bíblicos entre soldados e civis do assentamento. Tem orgulho do que faz. “Somos um exemplo para os judeus do mundo todo”, afirma. “Aqui somos 500 contra 250 mil árabes. Resistimos sem medo, ao lado dos nossos militares.”

Olha para os vizinhos palestinos, ao alcance da vista, poucos metros adiante, mas divididos por uma cerca. “A Torá diz que os judeus devem ter o comando”, declara. “Somos o povo eleito e ganhamos na guerra, pela vontade de Deus, o direito de estarmos aqui. Eles podem ficar, desde que sejam obedientes às ordens divinas.”

Fonte: Ópera Mundi

Los colonos (ilegales) se presentan como la nueva vanguardia del sionismo

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Por Breno Altman.

La colonia de Eli, el punto más alto de Binyamina, en el área central de Cisjordania, es un puesto avanzado dentro de las fronteras que, por decisión de la ONU, deberían pertenecer a un futuro Estado palestino. El complejo residencial, compuesto por casas grandes y refinadas, siempre de color beige, en calles limpias y arboladas, es uno de los asentamientos más bien cuidados.

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Asentamiento de Eli acuerda condominios confortables que a menudo rodean las grandes ciudades del mundo

Las razones de su prestigio son religiosas y políticas. Se encuentra a pocos kilómetros de Silo, citada en la historia bíblica como la capital de los judíos en el tiempo de los jueces, después de la salida de Egipto y de la creación de las doce tribus encabezadas por sus magistrados. También es casi al lado de Ariel, la ciudad-modelo construida en los territorios ocupados, con modernas instalaciones y una importante universidad.

Su más ilustre habitante es un judío argentino llamado Dani Dayan, quien fue durante seis años (2007-2013) Presidente del Consejo de Judea y Samaria, la nomenclatura utilizada en Israel para designar oficialmente a la cordillera en la orilla oeste del río Jordán. En estas montañas, dice la Biblia, vivieron los patriarcas, y Abraham tendría anunciado a sus descendientes que era la tierra prometida.

«Somos la nueva vanguardia del sionismo», dice Dayan. «Tenemos una misión histórica de recuperar la tierra de la que nos expulsaron hace dos mil años. No somos invasores, como la narrativa árabe insiste, pero volvimos. Esta región tiene una importancia estratégica para la defensa y el desarrollo de Israel.»

Empresario de la informática, el líder de los colonos vendió su empresa para dedicarse plenamente a la causa que postula. A pesar de respetar las tradiciones, no es religioso. Tiene orgullo del telegrama que recibió de Menájem Beguín cuando completó su bar mitzvah. Se declara admirador de Jabotinsky, el ideólogo de la derecha sionista, pero confiesa su creciente afecto por Ben-Guríon, el líder de la independencia.

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Los palestinos que viven en la región son contratados para trabajar en los asentamientos judíos

Dayan trabaja duro para atraer la inversión y modernizar la región. De las cinco áreas que componen la jurisdicción de la junta que presidía, Binyamina es la más desarrollada. Son 54 comunidades de medio y alto lujo, protegidas día y noche por los soldados del ejército o guardias privados entrenados por el ejército. Están protegidas por un sistema de vallas y muros que las separan de los pueblos palestinos, mientras que las carreteras bien pavimentadas los conectan entre sí.

A veces se puede ver los coches y autobuses con placas palestinas que pasan por estas carreteras después de cruzar los puntos de control militar. Las restricciones son mayores cuando la tensión sube entre los colonos y la población de las aldeas. Los servicios de transporte público, sin embargo, están separados, aunque no haya ninguna regla escrita al respecto. Autobuses israelíes sirven sólo a los colonos. Palestinos contratados para algunos trabajos son transportados por diferentes vehículos, lo más a menudo proporcionados por los empleadores o intermediarios.

Muchos residentes trabajan en Jerusalén o Tel Aviv. Las colonias actuales son distintas de los kibutzim, con su modelo comunitario y su estructura de producción. Se parecen más con los condominios confortables que a menudo rodean las grandes ciudades del mundo. Sin embargo, hay empresas privadas que están implantándose ahí.

Uno de ellas, en Binyamina, es la bodega Psagot, que lleva el nombre de la comunidad en la que está instalada. Su propietario, Yaacov Berg, vende 200.000 botellas de vino blanco y tinto al año, exportando el 60% de su producción. La botella se etiqueta «producto de Israel». Si las etiquetas se identifican como mercancías de colonias en Cisjordania, corren el riesgo de ser boicoteadas por algunos países.

Expansión

La comunidad internacional, al final, considera que toda esta zona fue ocupada ilegalmente en la guerra de 1967. La resolución 242 de la ONU exige a Israel retirarse a detrás de la Línea Verde, establecida en el armisticio de 1949. Sin embargo, desde la conquista de estos territorios, con el Partido Laboral o los conservadores, la política sionista ha sido la de ampliar el asentamiento.

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Actualmente hay 121 asentamientos reconocidos oficialmente por el gobierno de Israel, de acuerdo con el Ministerio del Interior, donde viven 350.000 colonos.

[Producción de vino en Psagot. Por año, de 200.000 botellas de vino producidas, el 60% se exporta]

Otros 300.000 viven en Jerusalén Este y 20.000 en los Altos del Golán. Además de Ariel, otras tres colonias ganaron, con el tiempo, el reconocimiento como ciudades: Modiin Illit (controlada por ultra-ortodoxos), Maale Adumim y Beitar Illit.

Aunque sea  difícil de calcular, a través del presupuesto, todos los subsidios que el gobierno destina para la colonización, el movimiento Paz Ahora estima que se gastan entre 540 millones y 600 millones de dólares cada año para subsidiar a los asentamientos, incluidos los gastos de seguridad.

Uno de los pocos elementos identificables en los documentos oficiales es la transferencia de ingresos a los consejos municipales de Cisjordania, que llegó a 322 millones de dólares el año pasado, lo que equivale al 8,9% de todo el dinero recibido por las ciudades de Israel, a pesar de que son sólo el 3,8 % de los ciudadanos los que viven en los territorios.

Otro dato importante: la inversión en vivienda, excluyendo Jerusalén, fue de 123,12 millones de dólares, es decir, 15,36% de los recursos internos destinados a ese ítem.

La ocupación habría sido un buen negocio hasta 1987, según el economista israelí Shir Hever del Centro de Información Alternativa (AIC, por su sigla en inglés). Los costos eran bajos, Israel recaudaba todos los impuestos de la zona, tenía mercado cautivo para sus productos y mano de obra palestina, mucho más barata, en sus empresas. Además, controlaba la fuente de agua que representaba alrededor del 50% de su consumo.

Después de este período, sin embargo, tras la aceleración de la creación de nuevas colonias, los números han comenzado a retroceder. Los beneficios iban definitivamente desaparecer después de la segunda Intifada en septiembre de 2000, cuando las fronteras se cerraron e Israel dejó de contratar trabajadores palestinos, y a parte, aumentó el gasto militar de forma espectacular.

«Muchas compañías israelíes ganan dinero por la colonización, sobre todo las que participan en la seguridad y la construcción», explica Michel Warschawski, también del AIC. «Pero los intereses geopolíticos ya superan los económicos. El Estado financia la colonización por razones estratégicas, fortaleciendo los colonos y la apertura de buenas oportunidades para las empresas que se benefician de esta expansión. El resultado para las cuentas públicas, sin embargo, es deficiente.»

El Gobierno no niega el incentivo para marchar hacia el este, pero alega razones transitorias. «Todavía estamos en una situación de conflicto potencial», dice Yigal Palmor, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores. «Los asentamientos son importantes para nuestra política de defensa, ya que refuerzan nuestras fronteras.»

Los asentamientos, mientras la paz no llega, atraen judíos laicos y religiosos, en una demografía inversa a la del movimiento kibutzim en el siglo XX. Las estadísticas del Consejo de Judea y Samaria revelan que sólo el 20% de los colonos son no religiosos, en comparación con el 10% de los ultra-ortodoxos y el 70% de los religiosos moderados.

Demografía

Esta composición ayuda a aumentar la tasa de fertilidad promedia, más alta entre los grupos de seguidores estrictos de las enseñanzas de la Torá. La familia de Dani Dayan, por ejemplo, se compone sólo de él, su esposa y un hijo. Otros líderes de asentamientos tienen una prole mucho más numerosa, un arma importante para fortalecer la presencia judía en Cisjordania.

Rafael Kaufmann vive en la colonia Tzufim, al norte. Nacido en Uruguay hace 41 años, desde 2004 vive en el asentamiento. Tiene seis hijos, cinco varones y una mujer. Religioso, camina por las montañas con su kipá y pistola de 9 milímetros en la cintura, que garantiza nunca haber utilizado. Trabaja como guía turístico, y ayuda al movimiento de los colonos en la difusión internacional, dando conferencias en varios países. También recauda fondos para que otros colonos puedan abrir sus cultivos y crear pequeños puestos avanzados en la región.

«Israel no puede cometer el mismo error dos veces, los judíos nunca más van a salir de la tierra prometida», dice Kaufmann, en la cima de una montaña que mira el río Jordán. «Dios nos dio esta tierra, vamos a defenderla con uñas y dientes, según lo dispuesto por las enseñanzas.»

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Rafael Kaufmann (izquierda) y otro colono. «Judíos nunca más van a salir de la tierra prometida», dice el uruguayo

Muchos piensan como él, y varios de forma aún más intensa. Al sur, se encuentra la ciudad de Hebrón, la más grande de Cisjordania. Está dividida en dos secciones, una bajo el control de la Autoridad Palestina y otra del gobierno israelí. Hay aproximadamente 250.000 habitantes de origen árabe que viven en el 80% de las zonas urbanas y 750 judíos en el 20% restante.

La principal arteria comercial de la ciudad, la calle Shuhada, que cruza el centro viejo, se asemeja a una ciudad fantasma. Las tiendas están cerradas y las residencias abandonadas. Después del levantamiento palestino de 2000, el ejército israelí cerró el área, con el pretexto de salvaguardar cinco asentamientos judíos. Varios puestos de control militar vigilan la entrada y salida de los transeúntes. A ningún palestino se le permite conducir automóviles o motocicletas en la zona de aislamiento. Sólo a los colonos judíos.

Una de estas colonias, situada en lo alto de una colina que nace en la vía bloqueada, es la de Tel Rumeida. Tiene alrededor de 150 habitantes, protegidos por los militares, que allí viven, estudian y rezan. Muchos trabajan para otros lugares, moviéndose bajo custodia permanente. Varios grupos sionistas ayudan a recaudar fondos para apoyar a la comunidad.

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Cerca de 150 judios viven en la colonia de Tel Rumeida en Hebrón, vigiladas 24 horas por el ejército

Una de estas organizaciones es Jabad-Lubavitch, entidad religiosa con ramificaciones en varios países. David Halon, un estadounidense de Nueva York, fue a Hebrón como parte de los esfuerzos para fomentar el estudio bíblico entre los soldados y los civiles del asentamiento. Se siente orgulloso de lo que hace. «Somos un ejemplo para los judíos del mundo», dice. «Aquí estamos 500 contra 250 mil árabes. Resistimos sin temor, junto a nuestras fuerzas armadas.”

Él mira a los vecinos palestinos, a la vista, a unos metros de distancia, pero divididos por una valla. «La Torá dice que los judíos deben tener el mando», dice. «Somos el pueblo elegido y ganamos en la guerra, por la voluntad de Dios, el derecho a estar aquí. Ellos pueden quedarse, desde que sean obedientes a los mandamientos divinos.”

Traducción: Kelly Cristina Spinelli

Fuente: Ópera Mundi

Infográfico: Datos y cifras de la Nakba

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Rodolfo Walsh (1974): La Revolución Palestina

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Ramallah 2

Diario Noticias, 1974

El periodista argentino Rodolfo. J. Walsh efectuó en el curso de los últimos meses un viaje al Medio Oriente, especialmente enviado en misión informativa desde Buenos Aires. Además de informar exhaustivamente sobre los encarnizados enfrentamientos entre Siria e Israel que precedieron al cese del fuego y a las conversaciones en Ginebra, caló muy hondo en el problema y llegó a sus raíces mismas al exponer las causas de la tragedia palestina. Su penetrante análisis, escrito puede decirse en medio de la metralla, dio origen a la serie de notas que bajo el título común: “La Revolución Palestina” publicó sus notas entre el 13 y el 19 de junio de este año. Seguros de que se trata de un material evaluable como documento histórico fidedigno, lo reproducimos íntegramente en estas páginas.

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1. Tres millones de palestinos despojados de su patria cuestionan todo arreglo de paz en Medio Oriente

El periodista Rodolfo Walsh estaba en Beirut el 15 de mayo cuando un comando palestino golpeó en Maalot. Caminó al día siguiente entre las ruinas de las aldeas libanesas bombardeadas por la aviación israelí. Entrevistó a los principales dirigentes de la Resistencia Palestina; antes había pulsado el sentimiento dominante en El Cairo, Damasco, Argel. En su opinión, los acuerdos tramitados por Kissinger no sellarán la paz en Medio Oriente. La explicación está en el pueblo palestino expulsado de su tierra y en la marea revolucionaria que sacude a ese pueblo. Así entró en materia:
-¿Cómo te llamas?
-Zaki.
-¿Qué edad tenés?
-Siete.
-¿Vive tu padre?
-Murió.
-¿Qué era tu padre?
-Fedaí.
-¿Qué vas a ser cuando seas grande?
-Fedaí.

El chico rubio de cabeza rapada y uniforme a rayas que da estas respuestas en una escuela de huérfanos al sur de Beirut, Líbano, resume la mejor alternativa, que tras 26 años de frustración resta a tres millones de palestinos despojados de su patria: convertirse en fedayines, combatientes de la Revolución Palestina. “¿Palestinos? No sé lo que es eso”, declaró en una oportunidad la ex primer ministro de Israel Golda Meir. Se conoce la eficacia ilusoria del argumento, utilizado en Argelia, Vietnam, colonias portuguesas, para negar la existencia de sus movimientos de liberación. Muyaidín? Connait pas. Liberation Front? Never heard ofit. FRELIMO? Nao conhece. El enemigo no existe y todo está en orden. Cada una de estas negativas ha hecho correr un río de sangre pero no ha detenido la historia. Desde hace un cuarto de siglo la política oficial del Estado de Israel consiste en simular que los palestinos son jordanos, egipcios, sirios o libaneses que se han vuelto locos y dicen que son palestinos, pero además pretenden volver a las tierras de las que se fueron “voluntariamente” en 1948, o que les fueron quitadas no tan voluntariamente en las guerras de 1956 y 1967. Como no pueden, se vuelcan al terrorismo. Son en definitiva, “terroristas árabes”.
Es inútil que en el Medio Oriente estos argumentos hayan sido desmantelados, reducidos a su última inconsecuencia. Israel es Occidente y en Occidente la mentira circula como verdad hasta el día en que se vuelve militarmente insostenible. La hoja 1974 de esta historia no ha sido todavía doblada y ya tiene varios renglones sangrientos: Keriat Shmonet, Kfair, Maalot, Nabatyé. Es difícil entenderla si se ignoran las hojas 1967, 1948, 1917, y aun las anteriores, incluso las que se salen de la historia y se hunden en la literatura religiosa.

En el principio fue…

Primero -dicen- fueron los canaanitas y después fueron los hebreos. Faltaban mil años para que naciera Cristo cuando Saúl fundó su reino, que después se partió en dos. Hace casi 2700 años el reino de Israel fue abatido por los asirios. Hace 2560 años el reino de Judá fue liquidado por los babilonios, y en el año 70 de nuestra era los romanos arrasaron Jerusalén. Estos son los precedentes históricos del Estado de Israel, sus títulos de propiedad sobre Palestina. El Sha de Irán podría alegar títulos análogos fundado en la invasión persa del siglo VI antes de Cristo, la Junta Militar griega podría recordar que Alejandro ocupó Palestina el año 331, Paulo VI acordarse de que en el año 1099 los cruzados católicos fundaron el Reino de Jerusalén. Los propios historiadores han señalado burlonamente que los canaanitas que ocuparon Palestina antes que los hebreos venían de la península arábiga y eran, en consecuencia, “árabes”. Con la destrucción de Jerusalén -dicen- empezó la diáspora judía, la dispersión. Desde entonces, según la leyenda moderna, el judío anduvo errante por el mundo esperando el momento de volver a Palestina. ¿Cuántos volvieron realmente? Historiadores ingleses afirman que en el siglo XVI vivían en Palestina menos de 4.000 judíos, en el siglo XVIII, 5.000, y a mediados del siglo pasado, 10.000. Es recién a fines de ese siglo cuando algunos judíos comienzan a plantearse el retorno masivo, y cuando ese retorno asume una forma política y una ideología: el sionismo. ¿Por qué?

Un fruto tardío del capitalismo

Una respuesta posible a esa pregunta surgió del campo de concentración nazi de Auschwitz. La escribió en 1944, su último año de vida, un judío marxista de 26 años, Abraham León: “El sionismo, que pretende extraer su origen de un pasado dos veces milenario es en realidad el producto de la última fase del capitalismo”. En esa fase todos los nacionalismos europeos han construido sus estados y no necesitan ya de la burguesía judía que ayudó a construirlos, pero que ahora es un competidor molesto para el capitalismo nativo. “Repentinamente” surge en esos países el chovinismo antisemita, y se convierten en extranjeros indeseables judíos integrados durante siglos a la vida de los mismos, que, como dice León, “tenían tan poco interés en volver a Palestina como el millonario norteamericano de hoy”. Las persecuciones del siglo XIX afectan más a la clase media judía que a la clase alta, cuyos representantes notorios iban a lograr una nueva integración a nivel del capital financiero internacional. Aquellos judíos europeos perseguidos que descubrieron en el capitalismo la verdadera causa de sus males se integraron en los movimientos revolucionarios de sus países reales. El sionismo evidentemente no lo hizo y se configuró como ideología de la pequeña burguesía, alentada sin embargo por aquellos banqueros que -como los Rotschild- veían venir la ola y querían que sus “hermanos” se fueran lo más lejos posible. A fines del siglo pasado esa ideología encontró su profeta en un periodista de Budapest, Teodoro Herzl, su programa en las resoluciones del Congreso de Basilea de 1897 y su herramienta en la Organización Mundial Sionista. En el Congreso de Basilea el sionismo abandonó sus primeras fantasías consistentes en un refugio para los perseguidos en cualquier lugar del mundo -se habló de Uganda, se establecieron colonias judías en Entre Ríos- para designar a Palestina como la patria natural del judaísmo. El retorno a Palestina tropezaba sin embargo con el inconveniente de que el país estaba ocupado por una población -700.000 habitantes- que desde la conquista islámica del siglo VII era árabe. Los fundadores del sionismo negaron el problema. En 1898 Herzl hizo un viaje a Palestina y preparó un informe donde la palabra árabe no figuraba. Palestina era una tierra sin pueblo adonde debía ir el pueblo sin tierra. El palestino se convirtió en “el hombre invisible” del Medio Oriente. Algunos alcanzaron sin embargo a descubrirlo. El escritor francés Max Nordau vio un día a Herzl y le dijo asombrado: “Pero en Palestina hay árabes” y agregó: “Vamos a cometer una injusticia”.

2. En medio siglo el sionismo reemplazó la población árabe de Palestina por inmigrantes europeos

“Palestina es mi país” dice Ihsan. “Nunca estuve en Palestina “, dice, “pero algún día volveré porque nuestros comandos están peleando para que volvamos “. “Mi padre murió en Abar el Djelili” dice Naifa. “La muerte de mi padre no me duele porque murió por nosotros. ” “Mi padre se llamaba Salah ” dice Randa. “Estaba peleando y murió.” Ninguno de los cuatrocientos ochenta huérfanos de la escuela de Suq el Garb, al sur de Beirut, había visto Palestina si no era a través de los ojos del padre muerto. En el aula las muchachas se levantaron para saludar al visitante que venía de tan lejos. En el pizarrón había una inscripción en árabe. Pregunté qué decía. Decía: “Historia Palestina “.

La idea del Estado Judío surgió a fines del siglo pasado, como el último proyecto de un estado europeo cuando ya no existía en Europa lugar para un nuevo estado. Ese estado debía en consecuencia instalarse fuera de Europa y el lugar elegido resultó Oriente. La contradicción fue “resuelta” a partir de la ideología -el sionismo- y la ideología se alimentó en el mito bíblico y en la simulación de que Palestina estaba deshabitada. Históricamente, estas construcciones mentales producen víctimas. En 1900 había en Palestina 700.000 árabes y 30.000 judíos. Si en 1974 hay tres millones de israelíes y 350.000 árabes, no hace falta preguntarse dónde están las víctimas: están afuera de Palestina, expulsadas de su patria. Conviene recordar -porque es la cuestión de fondo- cómo se produce ese trasvasamiento sin precedentes en que la población de un país es reemplazada por otra. Los primeros inmigrantes no provocaron la desconfianza de los árabes. En 1883 los habitantes de Sarafand recibieron a los colonos que llegaban con estas palabras: “Desde tiempo inmemorial somos hermanos de nuestros vecinos, los hijos de Israel, y viviremos con ellos como hermanos”. Ocho años después, sin embargo, los notables de Jerusalén pidieron al imperio otomano, que gobernaba Palestina, que prohibiera la inmigración judía, y en 1898 los árabes de Trasjordania expulsaron violentamente una colonia judía. A pesar de prohibiciones oficiales la inmigración continuó, aprovechando la corrupción de funcionarios turcos y de terratenientes árabes ausentistas que vendían sus tierras. En 1907 se estableció el primer kibutz, granja colectiva que desde el principio excluyó al trabajador árabe. Cuando en 1914 los turcos hicieron su primer y último censo, resultó que había en Palestina 690.000 habitantes, de los que 60.000 eran judíos. Ese año la guerra mundial dio al sionismo su gran oportunidad.

Inglaterra regala Palestina

Foreign Office, Noviembre 2, 1917.
Querido Lord Rotschild: Tengo mucho placer en transmitirle, de parte del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía con las aspiraciones Judías Sionistas, que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él “El Gobierno de Su Majestad contempla con simpatía el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío, y usará sus mejores esfuerzos para facilitar el cumplimiento de ese objetivo, quedando claramente entendido que nada se hará que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de comunidades no-judías existentes en Palestina, o los derechos y el status político de que disfrutan los Judíos en cualquier otro país.” Le agradeceré ponga esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista.

Este trozo de papel, en apariencia inofensivo, es el fundamento moderno del Estado de Israel. Se lo conoce como Declaración Balfour, y lleva la firma del canciller inglés. Dos años después Balfour aclaró lo que quería decir: “El sionismo, bueno o malo, es mucho más trascendente que los deseos y prejuicios de los 700.000 árabes que ahora habitan esa antigua tierra… En Palestina no pensamos llenar siquiera la formalidad de consultar los deseos de los actuales habitantes del país”. Dos años antes de la Declaración, Gran Bretaña había prometido al Shariff Hussein, la independencia de los países árabes, a cambio de su ayuda en la guerra contra Turquía, aliada de Alemania. Y en efecto fueron soldados árabes los que liquidaron el dominio otomano en Medio Oriente. La declaración Balfour se conoció después y, finalizada la guerra, sirvió de base para la resolución de la Liga de las Naciones que convirtió a Palestina en mandato británico. En redacción de ese documento participó la Organización Mundial Sionista. A partir de ese momento la inmigración creció inconteniblemente, organizada por la Agencia Judía, que formaba parte de la administración británica. Cuando los ingleses hicieron su primer censo en 1922 había en Palestina 760.000 habitantes, de los que algo más de 80.000 eran judíos: o sea el 11 por ciento. Esa proporción había subido en 1931 al 16 y en 1936 al 28 por ciento. Ese año se produciría la primera rebelión palestina contra los ingleses, que duró tres años y costó millares de muertos.

Manual del colonialismo

Todavía en 1917 David Ben Gurion afirmó que “en un sentido histórico y moral” Palestina era un país “sin habitantes”. Ben Gurion no ignoraba que el 90 por ciento de los habitantes eran árabes; decía simplemente que no existían como seres históricos o morales. Por la misma época, según relata Fanón, los profesores franceses de la Universidad de Argel enseñaban seriamente que los argelinos eran más parecidos a los monos que a los hombres. Este tren de pensamiento, llevado a sus conclusiones prácticas, puede encontrarse en el propio fundador del sionismo, Teodoro Herzl, “La edificación del Estado Judío” escribió “no puede hacerse por métodos arcaicos. Supongamos que queremos exterminar los animales salvajes de una región. Es evidente que no iremos con arco y flecha a seguir la pista de las fieras, como se hacía en el siglo XV. Organizaremos una gran cacería colectiva, bien preparada, y mataremos las fieras lanzando entre ellas bombas de alto poder explosivo”. Algunos colonizadores admitían que los palestinos eran hombres, aunque más parecidos a los pieles rojas. “¿Quién ha dicho”, preguntaba en 1921 la Organización Sionista de Gran Bretaña, “que la colonización de un territorio subdesarrollado debe hacerse con el consentimiento de sus habitantes? Si así fuera… un puñado de pieles rojas reinarían en el espacio ilimitado de América”.

Un guetto más grande

La mentalidad colonial marcó profundamente el establecimiento de la inmigración judía en Palestina. Se formaron comunidades cerradas, exclusivas, donde el árabe era un intruso. La reventa de tierras a los árabes se convirtió en pecado que las organizaciones terroristas judías castigaron sangrientamente. Aun a nivel de la clase obrera se instala una perversión de la conciencia que convierte al trabajador árabe primero en competidor del inmigrante, después en enemigo, finalmente en víctima. La Histadrut, central sindical judía, no los admite en su seno, los boicotea, prohíbe a las empresas judías que compren materiales trabajados por los árabes. David Hacohen, miembro de la Histadrut y años después parlamentario israelí, ha recordado las dificultades que tuvo para explicar a otros “socialistas” ingleses que “en nuestro país uno adoctrina a las amas de casa para que no compren nada a los árabes, se piquetean las plantaciones de citrus para que ningún árabe pueda trabajar en ellas, se vuelca petróleo sobre los tomates árabes, se ataca en el mercado a la mujer judía que ha comprado huevos a un árabe, y se los rompe en la canasta…”. La soberbia racial va moldeando esa sociedad en el más absoluto aislamiento, como si todos los ghettos del mundo se juntaran en un ghetto más grande, pero esta vez deliberadamente encerrado en sí mismo. Simón Luvich, israelí exiliado en Londres, recuerda con asombro aquella época de su infancia: “Para nosotros, los árabes eran una especie de exótica minoría étnica, que a veces bajaba de las montañas con sus kufeyas… Nunca entendimos de qué se trataba, porque no los veíamos”. Galili, ministro de información de Israel, seguía sin verlos en 1969: “No consideramos a los árabes del país un grupo étnico ni un pueblo con un carácter nacional definido”. Si es ceguera no ver lo que existe, a esa ceguera debe atribuirse la sangre que ha corrido y seguirá corriendo en Palestina.


3. En 1947, una resolución de las Naciones Unidas quitó a los palestinos el derecho a tener una Patria

“El israelí se jacta ante el mundo de ser el máximo representante en la historia de la Diáspora… Pero quien posee en tal grado el sentimiento del destierro, llega a ser completamente incapaz de comprender que otros puedan tener ese mismo sentimiento. No es cruel que digamos que el comportamiento de los israelíes sionistas con el pueblo original de Palestina es similar a la persecución nazi contra los propios judíos.” (Mahmud Darwis, poeta palestino.)

El mandato británico sobre Palestina después de la Primera Guerra Mundial permitió cumplir con la promesa contenida en la Declaración Balfour de 1917, de establecer un “hogar nacional” judío en un territorio poblado por los árabes. Para el sionismo el Mandato era una etapa intermedia, necesaria antes de establecer una población propia en Palestina como base del Estado Judío, objetivo permanente detrás de la fachada del “hogar nacional”. Gran Bretaña favoreció ese proyecto hasta que la inminencia de la Segunda Guerra Mundial le hizo ver el riesgo de que los pueblos árabes se alinearan junto a Alemania. Las falsas promesas de 1915 se renovaron en 1939. En mayo de ese año el gobierno británico publicó un Libro Blanco donde reafirmaba que no tenía el propósito de imponer la nacionalidad judía a los árabes palestinos, prometía limitar a 75.000 el número de inmigrantes en los próximos cinco años y, a partir de 1944, no admitir nueva inmigración sin el consentimiento explícito de los árabes. El Libro Blanco fue un producto tardío e ineficaz del colonialismo inglés. En los primeros veinte años de Mandato la proporción de habitantes judíos en Palestina pasó del 10 a 30 por ciento. Solamente en 1935 habían entrado más de 60.000 colonos: en 1940 la población judía se acercaba al medio millón.

Aceitando el fusil

Los jefes de la Agencia Judía concibieron desde el principio la inmigración como una “colonización armada”, y construyeron una organización semiclandestina, el Haganah, de la que en 1935 se separó un brote terrorista de ultraderecha, el Irgun, cuyo lema era un mapa de Palestina y Transjordania atravesado por un brazo armado y un fusil con el lema hebreo Rak Kach (”Sólo así’). Inicialmente estas organizaciones se limitaron a asegurar mediante el terror la vigencia del boicot antiárabe, pero a partir de 1939 empezaron a prepararse para combatir, también a los ingleses. Curiosamente uno de esos preparativos consistió en el ingreso masivo de judíos en el ejército británico: al final de la Segunda Guerra su número llegaría a 27.000 hombres, que serían el núcleo del ejército judío para la confrontación final en dos tiempos: contra los ingleses y contra los árabes.

El empujón nazi

El estallido de la guerra llevó a su paroxismo la persecución de los judíos en Alemania y brindó un nuevo argumento para la inmigración en Palestina. Ben Gurion resumió en estos términos el sentido y los límites de la alianza entre el sionismo y Gran Bretaña: “Lucharemos junto a Gran Bretaña en esta guerra como si el Libro Blanco no existiera, y lucharemos contra el Libro Blanco como si no existiera la guerra”. En la práctica esto significó desconocer las cláusulas restrictivas del Libro Blanco e intensificar la inmigración clandestina, aun desafiando el bloqueo inglés. Buques cargados de inmigrantes europeos fugitivos del nazismo empezaron a llegar a las playas palestinas. Cuando en 1940 los ingleses pretendieron devolver el cargamento de dos de esos barcos, el buque Patria que debía transportarlos confinados a la isla Mauricio, saltó en pedazos en el puerto de Haifa. Allí murieron doscientos cincuenta personas en su mayoría mujeres y niños. Aunque el sionismo alegó que los propios refugiados volaron el Patria, la opinión mundial se indignó ante la insensibilidad británica. Recién dieciocho años después un miembro del Comité de Acción Sionista, Rosenblum, reveló que el Patria había sido volado por la Haganah, sin consultar las víctimas. “Con nuestras propias manos asesinamos a nuestros hijos”, escribió Rosenblum.

Llegan los americanos
En 1942 el centro de gravedad del sionismo se había desplazado de Gran Bretaña a los Estados Unidos. El 11 de mayo de ese año la Organización Sionista Americana publicó un manifiesto que luego fue conocido como el Programa de Baltimore. Planteaba cuatro exigencias: el fin del Mandato; el reconocimiento de Palestina como Estado soberano judío; la creación de un ejército judío; la formación de un gobierno judío. En Jerusalén, la Academia Judía adoptó el Programa de Baltimore como política oficial del sionismo y se desligó del Mandato. Gran Bretaña había cumplido su ciclo. Iba a librar aún acciones de retaguardia, condenadas de antemano, pero dejaría en Medio Oriente -como en la India, como en Irlanda- la semilla de un conflicto inagotable. Los norteamericanos tomaron el relevo de los ingleses y no lo abandonaron hasta hoy. Cuando en 1945 se desmoronó el nazismo y se abrieron las puertas de los campos de concentración -las cámaras de gas, los patéticos restos de una infinita carnicería-, un sentimiento de horror sacudió a Europa. Los europeos tienen una singular capacidad para proyectar los propios demonios a lejanos escenarios. Muchos franceses creen que las atrocidades de Hitler son distintas de sus propios crímenes en Indochina y Argelia: ingleses que no han oído de Kenya se asustan de las persecuciones de Stalin, y algunos italianos están convencidos de que el fascismo nació en la Argentina. De acuerdo con este esquema, el exterminio de los judíos iba a ser purgado no en el lugar donde ocurrió, sino en Medio Oriente: no por quienes lo ejecutaron o lo permitieron sino por gente que no tenía nada que ver. El proyecto de un Estado Judío en Palestina se convirtió así en clamor mundial y los dirigentes sionistas lo explotaron serenamente. Los 225.000 sobrevivientes de los campos de concentración fueron canalizados a Palestina aumentando una población que ya al fin de la guerra ascendía al 32 por ciento. Entretanto se preparaba la guerra. No se había disipado el humo sobre las ruinas de Berlín ni se había desenterrado el espanto total de Auschwitz cuando David Ben Gurion, futura cabeza del Estado de Israel, negociaba en Estados Unidos la compra de armamento pesado y la reorganización de la Haganah por militares norteamericanos.

La partición

Una fulgurante campaña de terror contra los ingleses precipitó el epílogo. En febrero de 1947 Gran Bretaña anunció que, en esas condiciones, no estaba dispuesta a seguir gobernando Palestina, y devolvió a las Naciones Unidas el Mandato que le había entregado la Liga de las Naciones. La Asamblea de la UN discutió siete meses el tema y finalmente elaboró una solución “salomónica”, Palestina sería divida en dos Estados: uno judío, otro árabe. En ese momento había en Palestina 1.200.000 árabes y 600.000 judíos. Los palestinos poseían el 94 por ciento de la tierra y los judíos el 6 por ciento. El Plan de Partición de las Naciones Unidas dividió el país en dos. En uno, que se convertiría en Estado de Israel, y que abarcaba el 60 por ciento de las mejores tierras cultivables, había 500.000 judíos y 400.000 palestinos. En el 40 por ciento restante, que nunca llegó a convertirse en Estado, y que hoy forma parte de Israel, había 800.000 palestinos y 100.000 judíos. El mapa resultante es un notable ejercicio de topología en que ambos países aparecen superpuestos, con pasadizos y corredores para comunicar regiones separadas. Lo que no dice el mapa es que la mitad de las tierras de propiedad palestina caían bajo jurisdicción israelí, y que en millares de casos la aldea árabe quedaba separada de las tierras que cultivaban sus habitantes. El 29 de noviembre de 1947, por una mayoría de dos tercios que encabezaban los Estados Unidos y la Unión Soviética, la Asamblea de la UN aprobó el Plan de Partición y desencadenó la desgracia del pueblo palestino, el genocidio, el éxodo y la guerra. En la votación los norteamericanos presionaron hasta el límite a dóciles gobiernos asiáticos y latinoamericanos. Una empresa yanqui compró a la vista de todo el mundo el voto de un país africano. El secretario de Defensa norteamericano James Forrestal, que no era propenso a escandalizarse, pudo escribir: “Los métodos que se han usado en la Asamblea General para presionar y coercionar a otras naciones, bordean el escándalo”. Así nació Israel. Pero la historia no terminaba. Al día siguiente de la votación, el sionismo lanzó todo el peso del terror para despojar a los árabes del territorio que le había dejado el Plan de Partición.

4. El terror sionista y el éxodo palestino; la masacre de Deir Yassin sentó un modelo de escarmiento

“Durante tres días, del 11 al 13 de diciembre, atacamos en Haifa y en Jaffa; en Tireh y Yazur. Atacamos y volvimos a atacar en Jerusalén… Las bajas enemigas en muertos y heridos fueron muy altas.”

De este modo describe Menajem Begin, el jefe del Irgun, el comienzo de la guerra que durante siete meses sacudió a Palestina en 1947-48. El objetivo de esos ataques no eran ya los ingleses. El 29 de noviembre las Naciones Unidas habían votado la partición de Palestina y Gran Bretaña anunció que el 14 de mayo de 1948 retiraba sus últimas tropas. El blanco de la ofensiva en que participaron la Haganah, el Irgun y la Banda Stern era la población palestina, desarmada y desorganizada. En setiembre de 1946 la Haganah había caracterizado al Irgun y la Banda Stern como “organizaciones que se ganan la vida mediante el gangsterismo, el contrabando, el tráfico de drogas en gran escala, el robo a mano armada, el mercado negro”. Esta suma de dicterios expresaba en realidad diferencias políticas y de método. Mientras la Haganah, brazo armado de la Agencia Judía, se definía como “socialista” y buscaba una imagen de respetabilidad, el Irgun evolucionaba hacia las posiciones fascistas que hoy sostienen el partido Herut, encabezado por el mismo Begin, y la Banda Stern era un grupo de desesperados de ultraderecha. A pesar de las acciones espectaculares del Irgun, Haganah fue siempre la organización de mayor peso y de ella surgieron los líderes, hasta hoy, del Estado de Israel. Como jefe militar aparecía Moshe Sneh. La cabeza real era Ben Gurion -luego primer ministro- y entre sus dirigentes figuraban Moshe Dayan, hasta hace poco ministro de Defensa, y el actual primer ministro Itshak Rabin. Un comité anglonorteamericano de investigación sobre la violencia en Palestina describió en 1946 los efectivos de la Haganah: una fuerza territorial de reserva de 40.000 colonos, un ejército de campaña de 16.000, y una fuerza de choque, el Palmach, que oscilaba entre 2.000 y 6.000. El Irgun tenía de 3.000 a 5.000 combatientes: la Banda Stern alrededor de 300. Separadas por ácidas disputas, estas tres fuerzas confluyeron rápidamente ante el anuncio de la retirada inglesa, aceptaron la hegemonía de la Haganah y pusieron en práctica el llamado Plan D, que consistía en aterrorizar a la población árabe en el período de vacío político comprendido entre el voto de la UN y la retirada inglesa y limpiar de árabes el Estado Judío, y ocupar todo el territorio posible del Estado Árabe previsto por el Plan de Partición.

Deir Yassin

Las primeras operaciones combinadas de las organizaciones sionistas se desataron en diciembre de 1947 sobre la carretera que unía los dos principales baluartes judíos: la ciudad costera de Tel-Aviv y el barrio judío de Jerusalén. La carretera estaba flanqueada por aldeas árabes, lo que equivalía al bloqueo de Jerusalén. La primera etapa consistió en operaciones de hostigamiento contra esas aldeas, duró hasta marzo de 1948 y dejó 1.700 muertos. La ofensiva en gran escala comenzó el 3 de abril cuando el Palmach tomó por asalto la aldea de Qastall, situada sobre un cerro que dominaba la carretera. Seis días después el Irgun, con el conocimiento de la Haganah, desarrolló una operación que hasta el día de hoy aparece ante cien millones de árabes como el símbolo del horror: el asalto y la masacre de Deir Yassin. Deir Yassin era una pequeña aldea árabe situada cinco kilómetros al oeste de Jerusalén. No tenía importancia estratégica alguna y sus habitantes permanecían al margen de la conflagración. En la mañana del 9 de abril, 200 efectivos del Irgun y la Banda Stern entraron a sangre y fuego casa por casa, masacraron a 254 hombres, mujeres niños, saquearon, violaron, mutilaron cadáveres y los arrojaron a una fosa común. “El baño de sangre de Deir Yassin”, admitió después el escritor judío Arthur Koestler, “fue la peor atrocidad cometida por los terroristas en toda su carrera”.

Discurso del método

En su libro La rebelión, el autor de la masacre, Menajem Begin, aclaró sus motivos. Después de Deir Yassin, dice, “un pánico sin límites asaltó a los árabes, que empezaron a huir en salvaguarda de sus vidas. Esta fuga en masa se convierte en un éxodo enloquecido e incontrolable. De los 800.000 árabes que vivían en el actual Estado de Israel, sólo quedaron 165.000″. La opinión de Begin es confirmada por Koestler: “La población árabe fue presa del pánico y escapó de sus pueblos y aldeas lanzando el lastimero grito: Deir Yassin. Huyeron de sus casas dejando a medio beber el último café en el pocillo de porcelana”.
Si los detalles de la masacre de Deir Yassin merecen un tratamiento aparte cuando se discuta el rol del terrorismo en las luchas palestinas, sus efectos políticos y militares se hicieron evidentes enseguida. Tres días después el Palmah tomó Kolonia sin lucha y dinamitó una por una las casas árabes. Cinco aldeas más fueron destruidas por la fuerza de choque del Haganah antes de 17 de abril con un saldo de 350 muertos.
El 21 de abril, dice Begin, “todas las fuerzas judías penetraron en Haifa como un cuchillo entra en la manteca. Los árabes escapaban aterrados gritando Deir Yassin”. Haifa era la segunda ciudad de Palestina. En una semana su población se redujo de 60.000 a 9.000. El 25 de abril el Irgun atacó Jaffa, la ciudad árabe contigua a Tel Aviv. Al principio hubo resistencia, pero después se repitió el fenómeno: los árabes escapaban por decenas de millares. Aquí no fue necesario el ejemplo de Deir Yassin: los últimos defensores de Jaffa fueron fusilados sobre el terreno, los sobrevivientes expulsados con lo puesto, y las casas dinamitadas una tras otra.
El mismo día la Haganah tomó Acre. Bastó un megáfono y el anuncio de represalias, para que el éxodo se repitiera. Mientras estos episodios se repetían en centenares de aldeas y decenas de millares de familias palestinas ambulaban por los caminos que conducían a Líbano, Siria, Jordania, las tropas británicas observaron una singular indiferencia, limitándose a impedir que los incipientes ejércitos de los países árabes violaran las fronteras del nuevo Estado de Israel. El 14 de mayo las últimas columnas del ejército inglés desfilaron al son de las gaitas por las calles de Jerusalén. El primer minuto del 15, una exclamación de júbilo brotó de las posiciones conquistadas por los israelíes: era el Día de la Independencia. Natham Chowsi, un judío que emigró a Palestina en 1908, ha calificado ese júbilo: “Los viejos colonos de Palestina podríamos relatar de qué manera nosotros, los judíos, expulsamos a los árabes de sus ciudades y sus aldeas… Aquí había un pueblo que vivió 1300 años en su propia tierra. Vinimos nosotros y convertimos a los árabes en trágicos refugiados. Y todavía nos atrevemos a calumniarlos y difamarlos, a ensuciar su nombre. En vez de sentirnos profundamente avergonzados por lo que hicimos, y tratar de enmendar todo el mal que hemos cometido, ayudando a esos infelices refugiados, justificamos nuestros actos terribles, y tratamos inclusive de glorificarlos”.

5. Producto de tres guerras y de innumerables persecuciones el Pueblo de las Tiendas aguarda su hora

-¿Usted de dónde es?
-Soy de Jaffa.
-¿Y dónde vive?
-Yo vivo en una carpa. Y usted, ¿de dónde es?
-Soy de Bulgaria.
-¿Y dónde vive?
-Vivo en Jaffa. (Arlette Tessier, “Diálogo en Gaza”)

“Esta es una transmisión de la Haganah, intimando a los árabes a que abandonen este distrito antes de las 5.15 de la madrugada. Tengan piedad de sus mujeres y de sus hijos y salgan de este baño de sangre. Váyanse por el camino de Jericó, que todavía está abierto. Si se quedan, vendrá el desastre.” Aún no había amanecido el 15 de mayo de 1948 cuando decenas de camiones equipados con altoparlantes transmitían este mensaje a las poblaciones árabes. El desastre que se invocaba no era una amenaza hueca. El recuerdo de la masacre de Deir Yassin se unía en la mente de los palestinos al de decenas de pueblos y ciudades ocupados a sangre y fuego. El plan Dalat o Plan D, puesto en ejecución por el Alto Mando de la Haganah, al que se plegaron las otras dos organizaciones terroristas -Irgun y Stern- incluyó trece campañas militares en regla entre el 1° de abril (Operación Nachshon) y el 14 de mayo (Operación Ben Ami, Pitchfork y Schfilon). Ocho de ellas se desarrollaron fuera de Israel. El resultado de estas operaciones fue la ocupación de Haifa, Jaffa, Beisan, Acre, barrio residencial árabe de Jerusalén y otras poblaciones menores, así como la “purificación” de Galilea. Antes que Ben Gurion proclamara el Estado de Israel en un museo de Tel Aviv, bajo el retrato de Teodoro Herzl, fundador del sionismo, había ya 400.000 palestinos fugitivos. Pero en la madrugada del 15 las fuerzas israelíes cruzaron arrolladoramente las fronteras del Estado Árabe consagrado por el Plan de Partición de la UN que, de ese modo, no llegó a existir. Es entonces cuando se produce, según la historia oficial israelí, pródiga en mitos, “la invasión de cinco poderosos ejércitos árabes” contra el indefenso Estado de Israel.

El cowboy y el piel roja

Después de la guerra del ’48, cada bando hizo su balance militar. Solamente la Haganah, que en 1946 tenía 65.000 hombres (fuente británica) y en 1948, 90.000 (fuente israelí), contaba un año antes de la guerra con 10.000 fusiles, 1.900 metralletas, 600 ametralladoras y 768 morteros: en este caso la fuente es Ben Gurion. En los meses anteriores a la Partición ese armamento se multiplicó merced a la introducción “clandestina” de una fábrica capaz de producir 100 metralletas y 50.000 balas por día. Y en vísperas de la guerra agentes israelíes contrabandearon por barco y por avión millares de fusiles y ametralladoras checas. Fuentes árabes estiman el total de sus fuerzas en 21.000 hombres mal equipados, con largas líneas de comunicaciones. En Egipto reinaba el corrompido rey Faruk, cuyo primer ministro Nokrashy no tenía el menor interés en mandar hombres a Palestina, desafiando a los ingleses que aún ocupaban el Canal de Suez. En Irak gobernaba un títere de los ingleses, Nuri as Said. Siria acababa de independizarse de los franceses y su ejército no superaba los 3.000 hombres. El “ejército” libanés tenía apenas 1.000 reclutas. La única fuerza militarmente atendible, la Legión Árabe, reunía 4.000 hombres adiestrados y conducidos por oficiales ingleses. El Foreign Office llegó a un acuerdo con el rey Abdullah, por el que se impidió a la Legión violar la frontera israelí. (Abdullah pagó después su traición a manos de un refugiado palestino.) En estas condiciones la invasión de los “poderosos ejércitos árabes” en apoyo de sus hermanos palestinos resultó apenas un gesto desesperado. A pesar de todo, esas fuerzas consiguieron algunos éxitos iniciales, cuyo eje era el bloqueo de Jerusalén, pero el 11 de junio aceptaron una tregua que les hizo perder todas las ventajas conseguidas. En menos de un mes la Haganah terminó de convertirse en un ejército regular, y cuando el 7 de julio se reanudó la lucha, duró apenas diez días. Ahora sí, los árabes estaban vencidos.

El masacrador de Lydda

En el contexto de la derrota, cabe el estilo de la victoria. El 11 de julio de 1948, la población árabe de Lydda, que se había rendido a los israelíes, se sublevó al advertir la presencia de unos tanques jordanos. El tercer regimiento del Palmach liquidó en horas la insurrección entrando casa por casa y disparando sobre todo lo que se movía. Según fuente israelí, hubo 250 muertos. Según fuente árabe, entre 500 y 1.700, de los cuales 150 fueron fusilados en la Gran Mezquita convertida en prisión. El escritor inglés Erskine Childers dice que una columna israelí entró en el pueblo disparando en todas direcciones: “Los cadáveres de hombres, mujeres y niños quedaron desparramados en las calles, tras esta carga implacablemente brillante”. Y dice quién iba al frente de la columna: Moshe Dayan, un nombre que haría historia. Tras la firma del armisticio, Israel se quedó con 3.500 kilómetros cuadrados más de tierra palestina, Faruk se apropió la franja de Gaza y la monarquía hachemita anexó la Cisjordania. Palestina había dejado de existir. Casi 900.000 palestinos se amontonaban en los campamentos de refugiados de Jordania, Siria, Líbano, Gaza, alimentándose con las raciones de socorro de la UN. Una generación entera nació y creció bajo las carpas. En 1954 eran más de un millón, en 1966, 1.300.000. Otros 500.000 habían emigrado al Canadá, al Brasil, a otros países. En 1956 esos desterrados vieron pasar entre columnas de polvo los tanques israelíes que se lanzaban sobre el Sinaí, mientras los ingleses y los franceses ocupaban el Canal. Meses después los vieron regresar. En 1967 el dios de la guerra volvió a tronar en los escuálidos campamentos del Pueblo de las Tiendas.

La paz israelí

“Fue con repugnancia que vi por televisión las escenas de Israel en aquellos días; la ostentación del orgullo y la brutalidad del conquistador; los estallidos de chauvinismo; y las salvajes celebraciones del inglorioso triunfo, contrastando con las imágenes del sufrimiento y desolación árabe, las caravanas de refugiados jordanos y los cadáveres de los soldados egipcios muertos de sed en el desierto. Contemplé las figuras medievales de los rabís y los khassidhn saltando de alegría en el Muro de los Lamentos; y sentí cómo los fantasmas del oscurantismo talmúdico -que bien conozco- se amontonaban sobre el país, y cómo la atmósfera reaccionaria de Israel se volvía densa y sofocante. ” Este es el comentario de un escritor judío, Isaac Deutscher, a la fulgurante campaña de los Seis Días que, en junio de 1967, arrojó el ejército egipcio del otro lado del Canal de Suez. Sus glorias han sido suficientemente cantadas. Entre ellas no figura probablemente la expulsión de los 250.000 palestinos que aún quedaban en Cisjordania y Gaza. En el vacío que dejó el largo éxodo palestino, se estableció la Paz Israelí. El profesor de matemáticas italiano le sacó la casa al tendero árabe. El lingüista inglés construyó la suya sobre un espacio demolido. El pintor apátrida del Quartier Latín se rodeó de un ambiente “oriental”. El ingeniero agrónomo argentino se fue al kibutz donde ya no quedaban ni memoria del fellah que durante trece siglos le preparó la tierra: como si no hubiera tierra en la Argentina.

6. En la resistencia armada el pueblo palestino encontró al fin su identidad negada por la ocupación

“Yo soy de Djebelia, en la franja de Gaza. Allí éramos 16.000 concentrados. Nos quitaron las casas, destruyeron los campos y se repartieron todo. Quieren que todo cambie de aspecto, que nada sea árabe. A la gente más vieja, la que se fue en 1948, no la dejan volver para que no puedan reconocer los lugares. Nos incitan a irnos, nos ofrecen dinero para que nos vayamos a países más ricos. ’Vayan a Canadá, a Argentina, allá van a estar bien’. Tal vez ellos han venido de allá, ¿no? “Djebelia tenía fama de brava. A los que éramos de Djebelia no nos daban trabajo, decían que éramos peligrosos. Un día, en 1969, nos bombardearon. Empezaron a las 10 de la mañana y nos cañonearon hasta las 5 de la tarde. Hubo 500 muertos. ¿Por qué? Porque somos palestinos. De noche rodean el campamento con tanques, no nos dejan salir. Y sin embargo tienen miedo: yo aprendí el israelí y los oigo conversar. Cuando pasan en un jeep, van sentados alrededor del Jeep, apuntando en distintas direcciones.” El muchacho se ríe. Estamos en el campamento de Borje Barashne, al sur de Beirut, capital de Líbano, a cuya Universidad ha venido a estudiar. Hay 20.000 refugiados en este campamento que es en realidad un pueblo, una villa cuya copia casi exacta son algunas manzanas de la villa de Retiro: pequeñas casas de bloques con techos de chapa, pasillos de material con la canaleta por donde circula el agua, canillas colectivas. E igual que nuestro villero, el palestino pone una planta, aunque sea una maceta, en el mínimo espacio libre: recuerdo del campo al que uno y otro pertenecen. Después las diferencias. No hay calles, solamente pasillos, porque en Medio Oriente el espacio es distinto que en la Argentina: Líbano cabe dos veces en la provincia de Tucumán. Pero otra diferencia, que al principio casi no se nota, va penetrando como la verdad esencial del campamento. Son los hombres vestidos de caqui que sentados en alturas estratégicas vigilan con el fusil AK cruzado sobre las rodillas, es el jefe de la milicia local que sale a recibirnos, es la puerta de madera de una casa donde el refugiado que la habita ha pintado todo a lo alto la bandera roja, verde, blanca y negra de la Resistencia palestina, y adentro de la bandera su nombre en árabe. Administrativamente, el campamento depende de la UN. Políticamente, la palabra es Fatah.

La luz de la esperanza

En una oficina de Beirut, Abu Hatem, miembro del Comité Central de Fatah (sigla de Movimiento Nacional de Liberación Palestina) enumeró ante el enviado especial las etapas de la Resistencia. “La primera etapa, antes de 1965, fue de preparación y organización. Llegamos a la conclusión de que la lucha armada era la única salida para el pueblo palestino, y desde ese año empezamos a ponerla en práctica. Fue una época llena de dificultades: teníamos tantos enemigos… No eran sólo los israelíes, sino también el imperialismo y los elementos reaccionarios en los países árabes. Nuestro primer mártir, Ahmed Muza, fue abatido por el ejército jordano al cruzar la frontera con Israel. “Nuestras operaciones militares fueron una de las razones que alegaron los israelíes para desencadenar la guerra de 1967. Pero allí los países árabes fueron derrotados y se instaló un clima de derrota. Era importante acabar con ese clima, y por eso, apenas terminada la guerra, nosotros reanudamos las hostilidades. Eso fue el 28 de agosto de 1967. “En cuatro meses, lanzamos setenta y nueve operaciones en el interior de Palestina, pusimos fuera de combate a más de trescientos sionistas, volamos dos trenes militares, derribamos tres helicópteros, destruimos medio centenar de vehículos, hicimos estallar el depósito de explosivos de Acre y bombardeamos con bazukas los suburbios de Jerusalén y Tel Aviv. “El precio fue duro: perdimos cuarenta y seis hombres, de los cuales la mitad eran cuadros de conducción. “Pero en todo el mundo árabe esa actividad de Fatah fue percibida como una luz de esperanza, que se agrandó el 21 de marzo de 1968, cuando dimos la batalla de Al Karameh.”

El signo de Karameh

Si Deir Yassin es para los palestinos el recuerdo que sobrecoge y enfurece, Al Karameh simboliza la recuperación de la propia identidad negada tras la derrota, la confiscación, la persecución, el exilio. Dice un combatiente. “En esa época, nuestro problema era obtener bases permanentes. En la guerra de junio habíamos perdido las bases de Gaza y Cisjordania. Entonces empezamos a filtrarnos en Jordania, por separado, de a uno o de a dos. Así se formó la base de Al Karameh, en el campamento de ese nombre que existía desde 1948. Juntamos quinientos combatientes en la zona. De allí lanzamos una escalada operativa. “Los israelíes empezaron a fastidiarse. Al fin planearon una operación de represalia en gran escala, para aplastarnos. Concentraron 15.000 soldados, con tanques. Pero estaban tan orgullosos de la victoria de junio, tan seguros de que nadie podía ofrecerles resistencia, que no tomaron medidas de seguridad. Nosotros nos enteramos cuarenta y ocho horas antes de la operación. “Llamamos a todas las organizaciones palestinas para que discutiéramos si debíamos enfrentar el ataque o retirarnos. Algunos dijeron que los principios de la guerrilla prohibían el choque frontal, que si el enemigo ataca en fuerza, nosotros nos retiramos, todas esas cosas. “Fatah sostuvo que todo eso era cierto, pero que aquí lo fundamental era el marco político: la derrota árabe, el pueblo desesperado. Fatah decidió dar la batalla, a todo o nada. Sólo nos acompañó una pequeña organización, el Ejército de Liberación Palestino. “Con ellos distribuimos los quinientos puestos de combate. No era una emboscada, Al Karameh era terreno llano, con una población, una villa de emergencia. Había que pelear como se pudiera. Durante toda la noche cavamos pozos, nos enterramos, y esperamos el amanecer.”

La picadura y el burro

“A las 5 de la mañana empezaron la preparación de artillería, después avanzaron los tanques. Venían como para un desfile. Traían periodistas y Dayan les dijo que iban a almorzar en Aman, la capital de Jordania. Cuando les paramos un tanque con un bazukazo, y después otro, se quedaron como sorprendidos. No esperaban eso. Retrocedieron, después volvieron a avanzar. Ahora venían con aviones y helicópteros además de los tanques. Les resistimos trinchera por trinchera, les resistimos hasta mediodía. “A las ocho de la noche la división israelí empezó a retirarse. No podíamos creerlo, era la primera vez en la historia. Y cuando avanzamos vimos el daño que les habíamos hecho: los tanques destruidos, los equipos abandonados. “A Dayan le preguntaron para cuándo era el almuerzo en Aman, y él contestó que solo el burro no cambia de opinión. A Levy Eshkol le preguntaron qué había sucedido, y él dijo que el que busca miel, debe esperar algunas picaduras. “Aquella picadura la hicimos nosotros, y nos costó. Nos costó noventa muertos, que son muchos cuando sólo teníamos quinientos hombres. Pero Al Karameh cambió todo, fue un viraje decisivo. Les demostró a todos los árabes que ellos podían derrotar al ejército israelí. “Para nosotros, el resultado fue tremendo. Hasta entonces Al Fatah era una organización estrictamente secreta, un puñado de hombres. La batalla de Al Karameh demostró a las masas que éramos sinceros, que ’podíamos convertirnos en el cuchillo y en la víctima’ como dice uno de nuestros documentos, ’entrar en la batalla para crearlo todo de la nada’, que los palestinos podíamos cerrar el puño sobre la brasa ardiente, como dice nuestro hermano Abu Ammar (Arafat).” Después de la batalla de Al Karameh millares de palestinos acudieron a incorporarse a Al Fatah, que aún no estaba preparado para recibirlos, aunque tuvo que abrir las puertas. Otras organizaciones se enriquecieron en ese flujo. Un año después la Resistencia palestina se paseaba libremente por Siria, tenía una estación de radio en El Cairo, dominaba prácticamente en Líbano y Jordania. La esperanza palestina ardería en las calles de Aman, en las montañas de Jordania, antes de renacer poco a poco como una llama que no está destinada a apagarse.


7. “El sionismo no es sólo el enemigo de los árabes, es el enemigo de toda la humanidad” (Fatah)

En la oficina de Fatah en Beirut, Abu Hatem, miembro del Comité Central de la Organización, refirió las etapas posteriores a la batalla de Karameh, que en 1968 demostró por primera vez que una fuerza árabe podía enfrentar al ejército israelí. “En Karameh, la Revolución Palestina creó las circunstancias de su propio crecimiento. Todo el mundo árabe se acercó a nosotros. Inversamente nuestros enemigos redoblaron sus esfuerzos por destruirnos. Los israelíes atacaron nuestras bases y nuestros campamentos. “Con la pérdida de nuestras bases jordanas, empieza la cuarta etapa de nuestras luchas. Al principio nuestra actividad disminuyó. Tuvimos que adoptar una nueva política, concentrar la fuerza de Fatah en los propios territorios ocupados. El resultado se vio recién después de un año, con el aumento de las operaciones. “También aumentamos la acción política, la duplicamos. El resultado es que actualmente la opinión pública mundial empieza a comprender que no hay acuerdo estable en Medio Oriente sin el pueblo palestino, que no hay paz sin Revolución Palestina. “Actualmente la totalidad de los países africanos, con excepción por supuesto de los residuos coloniales, reconocen a la OLP como el único representante legítimo del pueblo palestino. En la Conferencia de Países no Alineados de Argel, el año pasado, setenta y dos estados reconocieron a la OLP. O sea que las relaciones de la Revolución Palestina con el resto del mundo crecen día a día, y particularmente con el bloque socialista encabezado por la Unión Soviética. “Por supuesto que no nos quedamos en eso. En la última guerra, la de Octubre, todo el mundo sabe -y principalmente los israelíes- que no hubo dos frentes, sino tres: el egipcio, el sirio y el palestino.”

OLP Y CNP

Fatah es la fuerza hegemónica de la guerrilla palestina. Su líder Abu Ammar (Arafat) preside la OLP y, desde comienzos de junio de 1974 el Consejo Nacional Palestino. Pero no es la única organización de la Resistencia. En la OLP figuran, además de Fatah, el Frente Popular dirigido por Habache, el Frente Democrático de Hawathme (escisión del FP) y Saika, organización adiestrada por los sirios. Después de Fatah, Saika es probablemente la de mayor capacidad militar, y el FD, que se define como marxista leninista, la de mayor capacidad política, mientras que la estrella de Habache, inclinado al ultraizquierdismo, parece declinar. Fuera de la OLP se encuentra todavía el Comando General, escindido del FP y dirigido por Ahmad Jibril, que saltó a la notoriedad a comienzos de este año con la operación de Kyriat Shmonet. El Consejo Nacional Palestino, CNP, la organización más amplia de la Revolución, incluye no sólo a las organizaciones guerrilleras, sino a los frentes de masas, delegados de territorios ocupados y de la emigración y de grupos financieros y religiosos. A los dirigentes de Fatah no les gustan las fotografías ni las autobiografías. Trazar su historia no es fácil. Un documento de la Organización fechado en 1969 admite que sus creadores fueron un grupo de intelectuales que publican la revista Nuestra Palestina, antes de optar por la lucha armada. En ese punto su primera preocupación fue financiar la futura Organización, sin pedir ayuda a los gobiernos árabes, y el camino que eligieron fue heterodoxo: “Ya no es un secreto que buscamos empleo o desarrollamos actividades comerciales en las regiones árabes ricas en petróleo, como el Golfo. Al principio esto creó una atmósfera particular alrededor de Fatah, pero eso no nos desalentó… porque nosotros sabíamos que nos privábamos hasta de lo esencial para ahorrar el máximo de nuestros ingresos y destinarlo al movimiento”. ¿Quiénes eran? Los nombres de guerra de algunos de ellos -Abu Ammar, Abu lyad, Abu Ihad- son conocidos, pero salvo el primero (Arafat), poco se sabe de los demás. Los tres pertenecen sin embargo al grupo que fue al Golfo a trabajar. Cuando en 1965 decidieron lanzar la guerra, volvieron a suelo palestino. Abu Ammar operó allí, en Cisjordania, viviendo como un pastor a medias ciego, de gruesos anteojos negros. Su designación como “vocero” de Fatah fue una decisión en la que no participó. “Necesitábamos un hombre que pudiera hablar en nombre de Fatah. La prensa israelí había empezado a concentrarse en el nombre de Abu Ammar, porque era uno de los líderes en territorio ocupado y un combatiente de primera fila… La dirección se reunió y lo designó vocero. Era el único miembro de dirección que no estaba presente. La decisión se anunció y él tuvo que cumplir con la decisión.”

Habla Fatah

A pesar del origen de sus fundadores, Fatah puso siempre el acento en la lucha de masas, además de la acción armada: “Si abordáramos solamente la lucha armada, estaríamos condenados al fracaso, porque en términos militares partimos de una situación de inferioridad. Pero si abordáramos solamente la lucha política, también estaríamos perdidos, porque tarde o temprano chocaríamos con la realidad de que el enemigo nos domina por la fuerza. La lucha armada es indisoluble de la lucha política, y el descuido de una o de otra equivale a convertir la guerra revolucionaria en una aventura. “En consecuencia, nosotros no diferenciamos entre acción política y acción militar, ni mandamos a combatir a nadie que no haya pasado por la organización política”. ¿Cuál es el objetivo último de Fatah? Sus dirigentes lo vienen repitiendo desde hace años: la creación de un estado democrático y no religioso en Palestina.
¿Cuál sería la situación de los judíos en ese Estado? “Fatah no toma las armas contra los judíos. Aceptamos a los judíos como ciudadanos palestinos en absoluto pie de igualdad con los árabes. Fatah toma las armas contra el sionismo y se propone liquidarlo, porque el sionismo es el enemigo fascista y racista, el enemigo de toda la humanidad y no solamente de los árabes.” Preguntó un periodista:
-¿Qué harían ustedes frente a un judío perseguido en cualquier lugar del mundo?
Contestó Fatah:
-Le daríamos un fusil y pelearíamos a su lado.


8. El bombardeo de aldeas libanesas desnuda la esencia de un terrorismo que se llama “represalia ” *

Testigo de los ataques masivos del 16 de Mayo, uno de los más atroces bombardeos con napalm desatado este año por Israel contra El Líbano invocando pretendidas “represalias ” por las acciones palestinas. Rodolfo J. Walsh describe sus impresiones frente al genocidio. Pero no sólo eso. Pone además el dedo en la llaga al abordar el controvertido tema del “terrorismo” como recurso de una Resistencia armada, que es guerra contra el invasor, y el terrorismo oficial del Estado ocupante, que es represión para mantener su conquista y al mismo tiempo pretexto para una nueva expansión.

Otra vez los rockets de los Phantom se han abatido sobre las aldeas del Líbano, un país pequeño que no tiene ejército ni aviación y cuyo pecado es dar refugio a 300.000 palestinos, una décima parte de los expulsados de su patria por los israelíes. Nuevamente los campamentos de refugiados son descriptos como “bases” guerrilleras. Visité uno de esos campamentos, el de Nabatiyeh, al día siguiente de su casi total destrucción por los aviones israelíes, el 16 de mayo de este año. Vi las pequeñas casas arrasadas como por una enorme topadora, los utensilios de cocina desparramados, ropa de mujer colgando de los árboles calcinados.
Eso no era una base. Esto no significa que en Líbano, en Siria, en cualquier país árabe, no existan bases de fedaín. Existen pero ni están a la vista, ni albergan una población civil de millares de almas, ni están indefensas, ni son bombardeadas. Desde hace veinticinco años Israel vive anticipando ataques, en perpetuo estado de “represalia”. Una propaganda que empieza a volverse torpe describe cada acción de sus fuerzas como respuestas a un acto de terrorismo.
En cada oportunidad se resucita la historia de ese terrorismo, se invoca Maalot, Kyrit Shmoné, Lod, Munich. Entre esos actos y los campos nazis de concentración se establece una continuidad, se retrocede a los progroms zaristas, a la intemporal persecución del judío. En ese proceso se ha perdido de vista toda la verdad: el palestino despojado de su patria se ha convertido en agresor, la víctima en verdugo.
Se discute sobre los métodos. ¿Por qué los palestinos atacan escuelas? He visto la escuela de Nabatiyeh, nivelada con la roca. ¿Por qué los palestinos tiran granadas en un mercado? En Ain el Hue, la semana pasada, no quedó siquiera el mercado, bajo las bombas israelíes de 250 kilos. La discusión sobre los métodos es una de las formas de eludir la discusión sobre el fondo, reemplazar el por qué por el cómo. Pero aun esa discusión secundaria no debe ser rehuida.

¿De quién es el terror?

Hablemos de Maalot, por ejemplo. Las cosas en Maalot no empezaron el 15 de mayo de 1974, con la matanza de veintidós estudiantes israelíes. Empezaron el 15 de mayo de 1948. con el Estado de Israel. Porque Maalot no se llamaba Maalot, sino Tarchiha, y no era un pueblo judío sino una aldea árabe. ¿Dónde está Tarchiha? Arrasada, borrada del mapa. Volvamos a Deir Yassin, otra aldea árabe hoy enterrada bajo Kfar Shaul, un suburbio de Jerusalén. 9 de abril de 1948. Fuerzas de la Haganah y del Irgun atacan la aldea, matan a 254 habitantes, descuartizan cadáveres y los tiran a un pozo. Escuchemos el testimonio del coronel Meir Bail del ejército israelí, que tardó veinticuatro años en hablar: “Los soldados peinaron las casas, tirando explosivos en su interior y usando todas las armas que tenían. Disparaban indiscriminadamente sobre todo lo que había adentro, incluso mujeres y niños. Sus oficiales no movieron un dedo para impedir las atrocidades que se estaban cometiendo. Junto con otros residentes de Jerusalén, imploré que se ordenara a los soldados detener el fuego. Fue inútil. Veinticinco hombres fueron subidos a un camión, paseados por Jerusalén en ’desfile de la victoria’, llevados a una cantera y fusilados a sangre fría”.
Retrocedamos al 30 de enero de 1948. La aldea se llamaba Sheikh. El método fue el mismo. Los muertos, sesenta. Sa’sa.
14 de febrero de 1948. Veinte casas dinamitadas con sus habitantes adentro. Sesenta muertos. Recordemos a Lydda.
11 de julio de 1948. La Haganah reprime un alzamiento popular: 250 muertos según fuente israelí, entre 500 y 1.700 según fuentes árabes.
14 de octubre de 1953. Bombardeo de aldeas jordanas, setenta y cinco muertos. En Qibya se encierra a los vecinos en sus casas con fuego de ametralladora, luego se las dinamita.
Franja de Gaza. 8 de febrero de 1955. Treinta y ocho muertos.
31 de agosto de 1955. Ataque a Khan Yunis en la Franja de Gaza, cuarenta y seis muertos.
11 de diciembre de 1955. Ataque a aldeas sirias. Cincuenta muertos.
Otra vez Khan Yunis, abril de 1956. 275 muertos.
10 de octubre de 1956. Ataque a aldeas jordanas. Cuarenta y ocho muertos.
Octubre de 1956. Kafr Qasim, cincuenta y un aldeanos son asesinados por estar fuera de su casa en un toque de queda del que no fueron avisados.
13 de noviembre de 1966. Ataque a aldeas de Gaza y Jordania. Doscientos muertos.
Noviembre de 1967, Karameh, Jordania. Ataque con morteros a niños que salían de una escuela. La lista es interminable.
Entre 1949 y 1964 los países árabes denunciaron 63.000 actos de agresión, entre 1950 y 1966 las Naciones Unidas y la Comisión de Armisticio condenaron setenta y ocho veces al Estado de Israel. Después ya nadie llevó la cuenta, la “represalia” se convirtió en costumbre.

Vuelta al origen

Si en el balance del terror en Medio Oriente Israel lleva una ventaja sobre todos sus adversarios, si el Estado mismo de Israel fue la obra de organizaciones terroristas, si esas organizaciones inventaron o reactualizaron la mayoría de las modernos métodos de terror -recordar el asesinato del conde Bernadotte, la voladura del hotel Rey David, la ejecución de rehenes ingleses, las cartas explosivas- en eso no se agota la discusión sobre los métodos. Para restituir el cuadro disociado, es preciso volver a relacionar los métodos con los objetivos. El terror es un método de lucha que han usado todas las revoluciones y también todas las relaciones. Hechas las reverencias de práctica a la actitud que prefiere condenarlo “en sí mismo” (como si algo existiera en sí mismo), su humanidad o su inhumanidad depende de sus fines. Nuestra Revolución de Mayo fue terrorista… Con estas precisiones es posible reenfocar el problema del terror en Medio Oriente, superar las barreras de una propaganda que -casualmente- es la del imperialismo occidental, y decidir quién tiene la parte de razón que las circunstancias le permiten tener. El objetivo del terrorismo palestino es recuperar la patria de que fueron despojados los palestinos. En la más discutible de sus operaciones, queda ese resto de legitimidad. El terrorismo israelí se propuso dominar a un pueblo, condenarlo a la miseria y al exilio. En la más razonable de sus “represalias”, aparece ese pecado original.

Respuesta al embajador israelí

Rodolfo J. Walsh, enviado de Noticias al Medio Oriente, analiza viejos mitos del sionismo.

Flagrantes inexactitudes, deformaciones de los hechos históricos, gruesos equívocos, son algunas de las virtudes que la Oficina de Prensa de la Embajada de Israel en Buenos Aires atribuye a mi reciente serie sobre Palestina, según la carta publicada en Noticias el domingo 14. En ella el señor Sejatovich, funcionario de esa oficina, se propone “restablecer la verdad”, y lo intenta sosteniendo, en síntesis, que Palestina era “un país casi despoblado” al fin de la Primera Guerra Mundial; que el problema de los refugiados palestinos fue “creado por los propios líderes árabes”, en 1948, “al compeler a los pobladores árabes a abandonar sus lugares de residencia”, y que el 14 de mayo de 1948 los Estados Árabes “invadieron el estado de Israel”. En mi serie de notas yo he sostenido que Palestina era desde el siglo VII una tierra poblada por árabes; que el éxodo de 1948 fue provocado por las organizaciones terroristas Haganah, Irgun y Stern; y que fueron estas organizaciones las que desencadenaron la guerra. Frente a opiniones tan dispares, un lector distante tiene derecho a conocer las fuentes en que se basan para deducir dónde está la verdad.

El mito de la “Tierra sin Pueblo”

Expliqué en mis notas que ya a fines del siglo pasado la propaganda sionista convirtió al palestino en “el hombre invisible” del Medio Oriente, a tal extremo que Teodoro Herzl hizo un viaje a Palestina y escribió un informe donde no figuraba la palabra “árabe”. El mito de la “tierra sin pueblo” era útil para fomentar la inmigración del “pueblo sin tierra”. Ese mito renace en la carta de la Embajada de Israel, como si no hubiera sido refutado. Según el escritor israelí Amos Elon, en un libro de 1971, cuando Herzl viajó a Palestina en 1898, “debía haber allí más de 500.000 árabes palestinos”. Esto se complementa con una observación formulada en 1891 por el judío Achad Haam que conocía bien Palestina: “En el extranjero solemos pensar que Palestina hoy es casi desierta, un páramo incultivado. Pero no es así, en absoluto. Es difícil encontrar tierras sin cultivar… En el extranjero solemos pensar que los árabes son todos salvajes, comparables a los animales, pero esto es un gran error”. Cabe preguntarse si no es esa forma racista de pensar, lo que volvía “invisible” al palestino y lo que, todavía hoy, hace que la Embajada de Israel invente cifras de población distintas a las que figuran en los únicos censos conocidos. Así el señor Sejatovich afirma, sin citar fuente, que al fin de la Primera Guerra “la población árabe era de 557.000 y la población judía, de 100.000″. La verdad es que en 1914 los turcos hicieron un censo que dio una población total de 689.272, y el sionista Arthur Ruppin estimó que 60.000 eran judíos. El 31 de diciembre de 1922 el “Gobierno de Palestina” (o sea el Mandato británico) hizo un censo que dio estos resultados:

Árabes 663.941 Judíos 83.794 Otros 9.474 Total 757.182

Es decir que cuatro años después de lo que dice la Embajada, la población judía aún no llegaba a los 100.000. Tampoco acierta la Embajada cuando dice que Palestina “hasta los comienzos de la década del 30 era una tierra de emigración árabe”. Si comparamos el censo de 1922 con el de 1931, vemos que la población árabe creció el 28 por ciento y la población judía, el 108 por ciento lo que sólo se explica por la política de inmigración que implantó el Mandato británico. De las cifras que acabo de citar se deduce que los términos “Palestina, país despoblado”, son una falacia en cualquier época que se considere. En 1922, la densidad de la población ascendía a 28 habitantes por kilómetro cuadrado, cifra superior en ese momento a la de Estados Unidos o la URSS, y que la Argentina no alcanzará en un siglo; lo que espero no suministre argumentos a ningún colonizador.

El mito de la “Agresión árabe”

Para explicar el éxodo palestino de 1948, la Embajada de Israel apela a un argumento que el sionismo ha dejado prácticamente de utilizar desde 1961, cuando fue pulverizado por el investigador inglés Erskine Childers. El argumento pretendía que “dirigentes árabes” habían hablado por radio a los palestinos ordenándoles evacuar sus casas. Childers viajó a Israel en 1958 y pidió pruebas de ese alegato, sin obtenerlas. Acudió entonces al Museo Británico, donde se conserva la versión grabada por la BBC de todas las emisiones radiales de Medio Oriente desde 1948, y no sólo no encontró un solo llamamiento árabe a la evacuación, sino numerosas exhortaciones, e incluso órdenes, de permanecer en sus casas. Las razones que incitaron a los palestinos a huir al grito de “¡Deir Yassin!” son la destrucción de aldeas y las masacres que precedieron al 15 de mayo de 1948. Ello está demostrado, en primer lugar, por uno de los responsables de esas masacres, el dirigente de la Irgun Menajem Begin, en su libro “La Rebelión”. Pero hay además centenares de testimonios.
El mediador de la UN, conde Bernadotte (asesinado por terroristas sionistas) dijo en su informe: “El éxodo de los árabes palestinos resultó del pánico causado por la lucha de rumores sobre actos de terrorismo reales o supuestos y de la expulsión… “Prácticamente toda la población árabe huyó o fue expulsada del área ocupada por los judíos”. El periodista (y luego diputado) israelí Uri Avneri dice: “En algunos casos, los dirigentes judíos trataron de persuadir a los árabes de que se quedaran, por ejemplo en Haifa. Pero por regla general los incitaron a abandonar sus ciudades y aldeas”. El propio Yigal Allon ha referido que para limpiar Galilea de palestinos, llamó a los alcaldes árabes y les advirtió “que se van a quemar todas las aldeas de Huleh… que huyan mientras hay tiempo”. El mayor O’Ballance, historiador militar inglés, señala que “expeditivamente los árabes fueron expulsados y obligados a huir, como en Ramleh, Lydda y otros lugares. Dondequiera avanzaban en territorio árabe las tropas israelíes, la población árabe era arrancada como por una topadora”. El terror causado por las masacres tipo Deir Yassin, y no las inexistentes exhortaciones de “dirigentes árabes” a quienes nunca se nombra, fue pues la causa del éxodo. La mayoría de esas masacres ocurrieron antes del 14 de mayo, fecha de la “invasión” de Estados Árabes, y ocurrieron en zonas netamente árabes que aun dentro del Plan de Partición de la UN, figuraban dentro del Estado Árabe. Entre el 21 de diciembre de 1947 y el 14 de mayo de 1948, las organizaciones terroristas israelíes montaron las siguientes operaciones de gran envergadura, fuera de los límites de Israel, que en todos los casos significaron ocupación de territorio, toma o destrucción de ciudades y pueblos, y expulsión de árabes: Qazaza (21/12/47); Sása (16/2/48); Haifa (21/2/48); Salameh (1/3/48); Biyar Adas (6/3/48); Qastal (4/4/48); Deir Yassin (10/4/48); Lajun (15/4/48); Saris (17/4/48); Tiberias (20/4/48); Haifa (22/4/48); Jaffa (26/4/48); Acre (27/4/48); Safad (7/5/48); Beisan (9/5/43). La fuente es el New York Times.
Estas incursiones, y los extensos relatos que las documentan, prueban que Israel no esperó siquiera el día de su independencia, fijado por la UN, para lanzarse a la conquista de territorio árabe; y que fueron sus organizaciones armadas las que desencadenaron la guerra. En este contexto, importan relativamente poco las citas de funcionarios árabes que en su mayoría pertenecía a gobiernos corrompidos y reaccionarios, de fuertes vínculos con el colonialismo. Lo que hayan dicho o dejado de decir el rey Faruk, o el rey Abdullah, o el títere británico en Irak, Nuri as Said, tiene tan poca importancia como lo que hayan declarado los Comisionados designados por el gobierno británico, a quienes cita la Embajada (Abdul Khader, el único dirigente amado y seguido por los palestinos, murió en combate). Pretender que sobre esos testimonios se pueda erigir el derecho a la dominación de un pueblo; suponer que el relato de “un refugiado” (entre un millón), aparecido en un diario jordano, justifique las infames Leyes de Expropiación dictadas por el Estado de Israel sobre las tierras árabes; hablar de una imaginaria “transferencia de poblaciones”; todo eso es defender lo indefendible. Comprendo que el señor Sejatovich, lo haya hecho, por encargo de su Embajada, con tan poca convicción.

Para reflexionar

Con respecto a los datos verificables, sólo me resta agregar que las cifras de refugiados que di en mi serie de notas proceden de la UN. La Embajada de Israel se permite, sin embargo, teorizar sobre mi actitud frente al terrorismo y la violencia, que expliqué claramente en mi serie sobre la Revolución Palestina. Dije allí que apruebo la violencia de los pueblos oprimidos que luchan contra sus opresores. Eso significa que el terrorismo que se inscribe en esa lucha es -más allá del juicio particular sobre cada acción- tan legítimo en el caso de los palestinos como en el de la Resistencia francesa. Y que la insurrección de los palestinos frente a los ocupantes de su patria es tan legítima como, por ejemplo, el alzamiento del ghetto de Varsovia contra los nazis. El testimonio de un escritor religioso judío ayudará a comprender el paralelo. “En lo que a mi concierne”, ha dicho Moshe Menuhin, “mi religión es el judaísmo profético y no el judaísmo-napalm. Los nacionalistas ’judíos’, el nuevo tipo de guerreros ’judíos’ no son judíos, sino nazis ’judíos’ que han perdido todo el sentido de la moralidad y la humanidad judías… A pesar de todos los artificios de encubrimiento y la construcción de imágenes ficticias; a pesar de los torrentes de trucos sofisticados, publicidad astuta, retórica polémica, ocultamiento de hechos, redacción tendenciosa de la historia, el hecho trágico es que los nacionalistas ’judíos’ se apoderaron por la fuerza de las armas, del terror y las atrocidades, de los hogares, la tierra y la patria de los campesinos, trabajadores y comerciantes árabes, en la vieja Palestina; construyeron una ’Patria Judía’ y la expandieron durante los meses anteriores al 14 de mayo de 1948 por medio de masacres, despojos, terrorismo, entre el 10 de abril y el 14 de mayo, expulsando a los árabes de ciudades tan típicamente árabes como Deir Yassin, Jaffa, Acre, Ramleh, Lydda, etc. Los nacionalistas ’judíos’ son nazis ’judíos’ y yo siento vergüenza de que me identifiquen con ellos y con sus causas herejes”.

Gracias a http://www.mulcs.org.ar/la-revolucion-palestina-por-rodolfo-walsh

Foto: 15 de mayo de 2013 en Ramallah ocupada.

Como é ser um palestino invisível?: 65º aniversário da Nakba

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Faysal Mikdadi

Faysal Mikdadi

Por Faysal Mikdadi.*

“Alguém devia ter caluniado a Josef K., pois sem que ele tivesse feito qualquer mal foi detido certa manhã.”

Assim começa um dos romances ícone do século vinte. Kafka captura de forma maravilhosa o ambiente de seu tempo numa narrativa agônica.

O presidente de Israel e Nobel da Paz Shimon Peres é igualmente brilhante quando cria uma ficção que captura a atmosfera dos últimos sessenta e cinco anos. Numa entrevista recente, falando sobre o aniversário número 65 de Israel, ele falou o seguinte:

“Lembro de como tudo começou. O Estado de Israel inteiro é só um milímetro de todo Oriente Médio. Um erro estatístico, terra estéril e decepcionante, pântanos no norte, deserto no sul, duas lagoas, uma morta e a outra, um rio superestimado. Não havia recursos naturais, além da malária. Não havia nada. E agora temos a melhor agricultura do mundo. Isto é um milagre: uma terra construída por gente”.  (Maariv, 14 de abril de 2013).

Eu, também celebrando meu aniversário sessenta e cinco, fiquei muito surpreso quando descobri que, junto com uns doze milhões de palestinos, nunca tinha existido.

Estou contente por ter ouvido que Palestina era “uma terra sem povo que foi dada a um povo sem terra”.

Estou contente porque tudo o que deu errado na minha vida agora pode ser apagado num ato de mágica, porque cada um dos palestinos que conheci foi, presumivelmente, uma invenção da minha imaginação. O que eu não sabia era que sendo eu palestino também não existo.

É maravilhoso ser invisível. Quando minha esposa casou comigo, se casou com uma imagem. Quando meus filhos nasceram, se relacionaram com um personagem de ficção. Minha educação espantosa e horrível em Beirute tornou-se agradável de repente porque nunca estive ali como para me sentir tão aflito.

Essa época da minha adolescência, quando criticava fortemente o coitado do meu pai por nunca entender meu ponto de vista, devo tê-la imaginado porque nunca existiu.

Em 1967, quando chorei pela morte de amigos palestinos, derramei lágrimas sem sentido porque estes amigos, segundo o senhor, Mr. Presidente, nunca existiram – a não ser que fossem parte da única vida existente na Palestina: parasitas protozoários de malária.

Tantos e tantos rostos que passam por mim enquanto evoco os sessenta e cinco anos foram um grande invento da minha não existente e criativa mente palestina. Minha primeira namorada palestina foi um belo fantasma com uma grande capacidade de amar.

Todas essas histórias de criança, que parecem vagamente familiares, devem ter acontecido em Chicago ou Argentina, já que Nablus, Tulkarem, Jerusalém, Haifa, Yafa, Belém, Nazaré, Netânia e outros lugares, ficção pura, habitados por não pessoas, aparte, obviamente de uns poucos doentes de malária que  por ali passavam – não palestinos – mas protozoários.

Me lembro de ter lido poesia palestina –ou estou imaginando essas melífluas linhas que nunca existiram?

Lógico que minhas perguntas não fazem sentido e são uma perda de tempo, porque por  ter vindo de um país vazio, fica claro que não estou escrevendo este texto.

Teve que ser um judeu de cultura germânica, que morava numa cidade tcheca, quem escrevesse o romance agônico do século passado.

Teve que ser um judeu polonês – nascido em Wolozyn, Polônia  (agora Valozhyn, Bielorrúsia) que mora na Palestina, quem nos dissesse que ele se lembra da sua chegada a uma terra vazia transformada num paraíso através do trabalho árduo. Bela história! Nem sequer Shimon Peres existia de verdade quando nasceu porque o bebê polonês era Shimon Perski.

Não é raro que os assentamentos judeus possam seguir sendo construídos em terras palestinas.  Qual é o problema? Não tem ninguém além de umas poucas pedras, algumas plantas selvagens e lembranças fabricadas.

E, Mr. Presidente, precisa-se de um escritor palestino educado numa cidade que seu exército quase arrasou e que agora mora numa cidade britânica, para mostrar as suas desculpas esfarrapadas por ter se apoderado de terras palestinas de palestinos não existentes.

E seu governo nos diz, Mr. Presidente, que o senhor quer fazer a paz conosco palestinos. Como?  Nós não existimos… O senhor até disse que estaria disposto a trocar terra por paz. Que pedaço? O pântano?  A lagoa morta?  A área infectada pela malária? O deserto?

Tenhamos uma conversa invisível sobre a paz. Estou disposto a conviver com o senhor. Juntos podemos transformar o pântano agoniado pela malária palestina no paraíso bíblico que nunca foi.

Feliz aniversário, Mr. Presidente.

Caminhada pela praia, do não existente palestino Faysal Mikdadi.

Caminhada pela praia, do não existente palestino Faysal Mikdadi.

 Tradução: América Latina Palavra Viva

*Faysal Mikdadi é escritor.

¿Cómo es ser un palestino invisible?: 65º aniversario de la Nakba

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Faysal Mikdadi

Faysal Mikdadi

Por Faysal Mikdadi.*

“Alguien tenía que haber calumniado a Josef K., pues fue detenido una mañana sin haber hecho nada malo”.

Así empieza una de las novelas ícono del siglo veinte. Kafka captura maravillosamente el ambiente de su tiempo en una narrativa agónica.

El presidente de Israel y Nobel de la Paz Shimon Peres es igualmente brillante al crear una ficción que captura la atmósfera de los últimos sesenta y cinco años. En una entrevista reciente, hablando sobre el cumpleaños número 65 de Israel, dijo lo siguiente:

“Me acuerdo de cómo empezó todo. El Estado de Israel entero es sólo un milímetro de Oriente Medio. Un error estadístico, tierra estéril y decepcionante, pantanos en el norte, desierto en el sur, dos lagos, uno muerto y el otro, un río sobreestimado. No había recursos naturales, aparte de la malaria. No había nada. Y ahora tenemos la mejor agricultura del mundo. Esto es un milagro: una tierra construida por gente”.  (Maariv, 14 de abril de 2013).

Yo, también celebrando mi aniversario sesenta y cinco, quedé muy sorprendido al descubrir que, junto con unos doce millones de palestinos, nunca había existido.

Estoy contento por haber escuchado que Palestina era “una tierra sin pueblo que fue dada a un pueblo sin tierra”.

Estoy contento porque todo lo que salió mal en mi vida ahora puede ser borrado en un pase de magia, porque cada uno de los palestinos que he conocido fue, presumiblemente, una invención de mi imaginación. Lo que yo no sabía era que siendo yo palestino tampoco he existido.

Es maravilloso ser invisible. Cuando mi esposa se casó conmigo, se casó con una imagen. Cuando mis hijos nacieron, se relacionaron con un personaje de ficción. Mi educación espantosa y horripilante en Beirut se tornó agradable de repente porque nunca estuve allí como para sentirme tan abatido.

Esa época de mi adolescencia, cuando despotricaba y criticaba a mi pobre padre por no entender nunca mi punto de vista, me la debo haber imaginado porque nunca existió.

En 1967, cuando lloré por la muerte de amigos palestinos, derramé lágrimas sin sentido porque estos amigos, según usted, Mr. Presidente, nunca existieron – a no ser que fueran parte de la única vida existente en Palestina: parásitos protozoos de malaria.

Tantos y tantos rostros que pasan por mí mientras repaso los sesenta y cinco años fueron un gran invento de mi no existente y creativa mente palestina. Mi primera novia palestina fue un bello fantasma con una gran capacidad de amar.

Todos esos cuentos de niños, que suenan vagamente familiares, deben haber sucedido en Chicago o Argentina, ya que Nablus, Tulkarem, Jerusalén, Haifa, Yafa, Belén, Nazaré, Netania y otros lugares, ficción pura, habitados por no personas, aparte, por supuesto de unos pocos enfermos de malaria que pasaban por ahí – no palestinos sino protozoos.

Me acuerdo de haber leído poesía palestina – ¿o me estoy imaginando esas melifluas líneas que nunca existieron?

Lógico que mis preguntas no tienen sentido y son una pérdida de tiempo, porque por haber venido de un país vacío, queda claro que no estoy escribiendo este texto.

Tuvo que ser un judío de cultura germánica, que vivía en una ciudad checa, quien escribiera la novela agónica del siglo pasado.

Tuvo que ser un judío polaco – nacido en Wolozyn, Polonia  (ahora Valozhyn en Bielorrusia) que vive en Palestina, quien nos dijera que él recuerda su llegada a una tierra vacía transformada en un paraíso a través de un arduo trabajo. ¡Bella historia! Ni siquiera Shimon Peres existía de verdad cuando nació, porque el bebé polaco era Shimon Perski.

No es de extrañarse que los asentamientos judíos puedan seguir siendo construidos en tierras palestinas. ¿Cuál es el problema? No hay nadie además de unas pocas piedras, algunas plantas salvajes y recuerdos fabricados.

Y, Mr. Presidente, se necesita un escritor palestino educado en una ciudad que su ejército casi arrasó y que ahora vive en una ciudad británica,  para mostrar sus excusas prefabricadas por haberse apoderado de tierras palestinas de palestinos no existentes.

Y su gobierno nos dice, Mr. Presidente, que usted quiere hacer la paz con nosotros palestinos. ¿Cómo?  Nosotros no existimos… Usted hasta dijo que estaría dispuesto a cambiar tierra por paz. ¿Qué pedazo? ¿El pantano? ¿El lago muerto? ¿El área infectada por malaria? ¿El desierto?

Tengamos una conversación invisible sobre la paz. Estoy dispuesto a convivir con usted. Juntos podemos transformar el pantano agobiado de malaria palestina en el paraíso bíblico que nunca fue.

Feliz cumpleaños, Mr. Presidente.

Caminata por la playa, del no existente palestino Faysal Mikdadi.

Caminata por la playa, del no existente palestino Faysal Mikdadi.

 Traducción: América Latina Palabra Viva

* Faysal Mikdadi es escritor.

Florianópolis: Dia do Nakba – Solidariedade com o povo palestino

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Filme ´Ocupação 101-A Voz da Maioria Silenciada´

Terça-feira 14 de maio 2013
19:00-22:00
Mini auditório, Sala 328, Bloco B
CFH – UFSC
Florianópolis

No próximo 14 de maio (terça-feira), convidamos a todos para lembrar o “Dia de Nakba” (catástrofe), do povo Palestino e assistir ao documentário ´Ocupação 101-A Voz da Maioria Silenciada´, que será seguido de um debate sobre a causa palestina.

O dia 15 de maio 2013 marcará o 65º aniversario da criação do estado do Israel, que significou a expulsão de 700 mil palestinos, que foram feitos refugiados, além da destruição e confiscação de 500 aldeias e povoados e a ocupação de toda a Palestina histórica (menos a faixa de Gaza e Cisjordânia que foram subsequentemente ocupados por Israel em 1967). Para lembrar desse dia trágico para o povo palestino, convidamos a todos para assistir Ocupação 101, filme premiado, que explora o contexto histórico da causa palestina e demonstra a situação terrível deste povo hoje em dia.

Jornalista israelense: atirar pedras é o direito de qualquer um submetido à dominação estrangeira

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Por Amira Hass.*

Faria perfeito sentido se as escolas palestinas dessem aulas de Resistência: como construir vilas tipo “torre e ataque” (orig. “tower and stockage” [1]) na Área C; como agir quando soldados armados invadem sua casa; como identificar soldados, quando jogam você de barriga no fundo do jipe, mãos algemadas às costas, para acusá-lo de qualquer coisa.

Atirar pedras é direito, por nascimento e por dever, de qualquer ser humano submetido a governo ocupante. Atirar pedras é ação, tanto quanto é também metáfora, da Resistência. Perseguir atiradores de pedras de oito anos de idade é parte constitutiva – embora ninguém diga – da violência que se deve esperar de potência ocupante, tanto quanto o assassinato, a tortura, o roubo de terras, restrições ao ir e vir e distribuição desigual das fontes de água.

A violência de soldados de 19 anos, de seus comandantes de 45, dos burocratas, juízes e advogados de Israel é ditada pela realidade. O trabalho deles é proteger os frutos da violência que chega com a própria ocupação de terra alheia: seus recursos, lucros, poder e privilégios.

Handala por Naji Al Ali.

Handala por Naji Al Ali.

O Fincar-pé (Sumud) e a Resistência contra a violência física e ainda mais contra a violência sistêmica, institucionalizada, é a palavra-de-ordem núcleo na sintaxe interna dos palestinos em sua terra.

Vê-se no dia a dia, a toda hora, a cada momento, sem pausa. Infelizmente, é verdade não só na Cisjordânia (incluindo Jerusalém Leste) e em Gaza, mas também dentro das “fronteiras” fantasiadas de Israel, embora a violência e a resistência contra a violência manifestem-se sob formas diferentes. Mas dos dois lados da Linha Verde, os níveis de desespero, sufocação, amargura, ansiedade e ira só fazem subir, como também sobe a certeza de que é infinita a cegueira dos israelenses que creem que a própria violência permaneceria para sempre sob controle e sem revide.

Não raras vezes, jogam-se pedras por tédio, por excesso de hormônios juvenis, para imitar outros, para “aparecer”, para competir. Mas na sintaxe interna do relacionamento entre ocupante e ocupado, jogar-pedras é adjetivo que sempre acompanha o sujeito de “Basta! Basta de vocês, ocupantes de terra roubada”.

Afinal, adolescentes sempre poderiam encontrar outros meios para dar vazão ao calor dos próprios hormônios, sem arriscarem-se a ser presos, multados, mutilados e mortos.

Ainda que seja direito e dever, várias modalidades de fincar-pé e resistir contra estado ocupante, além das regras e limitações dessa luta, bem poderiam ser ensinadas em escolas e aprimoradas.

Dentre as limitações, ensinar a distinguir ocupantes armados e civis desarmados; distinguir entre crianças e soldados. E também se deveria ensinar que nunca, em nenhum caso, se deve empunhar armas contra outros seres humanos. Mas pedras, sim, em circunstâncias desesperadas de ocupação.

Estudar comparativamente diferentes lutas em diferentes países contra o colonialismo; como usar uma câmera de vídeo para documentar a violência do estado ocupante e de seus representantes; métodos para cansar o sistema militar e seus representantes; um dia de trabalho nas terras além do muro da vergonha; treinamento para observar e não esquecer detalhes que permitam identificar os soldados que jogam você de barriga no fundo do jipe, mãos algemadas às costas; conhecer os direitos dos prisioneiros e saber que é indispensável agarrar-se a eles e repeti-los sem parar em tempo real; treinamento para não se intimidar ante o interrogador; e aulas de organização de massa para fazer-ser o direito de andar por onde cada um deseje andar na própria terra. De fato, também os palestinos adultos teriam a ganhar com aulas desse tipo, que substituiriam com vantagem as manifestações; em vez de convocar protestos, aulas para aprender a fazer correr e dispersar soldados. E muito treinamento em análise e identificação de postados no Facebook.

Quando, há dois anos, alunos de ginásio na Palestina passaram a receber treinamento para promover a campanha de boicote aos produtos das colônias, chegou a parecer que se andava afinal em direção produtiva. Mas parou ali, sem ampliar o conceito e a ideia. Lições desse tipo estariam em perfeita harmonia com as táticas que a ONU aceita e prestigia em populações sob ataque – desobediência civil em campo e oposição diplomática à potência ocupante.

Por tudo isso, por que essas aulas não existem no currículo das escolas palestinas? Parte da explicação está na oposição dos estados que doam fundos para manter as escolas, e nas medidas de punição violenta do governo israelense. Mas há muito de inércia, de preguiça, de raciocínio desviante, de falta de compreensão; e, afinal de contas, também há palestinos que lucram com o status quo.

O pior efeito da existência da Autoridade Palestina é que gerou uma regra básica, a única imperante nos últimos 20 anos: os palestinos têm de adaptar-se à atual situação.

Assim, precisamente, se criou uma contradição e o choque, entre a sintaxe interna da Autoridade Palestina e a sintaxe interna do povo palestino.

Nota dos tradutores

[1] Acampamentos fortificados, construções de campanha, que os terroristas sionistas construíam, no assalto à Palestina, entre 1936 e 1939. Há um museu dedicado a essas construções sionistas, em Haifa. Imagens em: “The Tower and Stockade Museum in Hanita”.

*Amira Hass é jornalista. Nasceu em Israel, trabalha e mora na Cisjordânia.

Traduzido pelo pessoal da Vila Vudu.

Fonte: http://redecastorphoto.blogspot.com.br/2013/05/a-sintaxe-interna-da-pedrada-como.html