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“La existencia de Israel se basa en una continua limpieza étnica de la población palestina”

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Victoria Buch

Victoria Buch

Por Victoria Buch.*

Historia y “moral” de la limpieza étnica

Llegué a Israel hace 40 años. Me llevó muchos años comprender que la existencia de mi país en su forma actual se basa en una continua limpieza étnica de la población palestina. El proyecto se inició hace muchos años. Sus semillas se remontan a la falacia fundacional del movimiento sionista, que se propuso establecer un Estado nacional judío en un lugar habitado por otra nación. En estas condiciones a uno le asiste, a lo sumo, el derecho moral de luchar por un Estado binacional. El establecimiento de un Estado nacional implica más o menos por definición la depuración étnica de los anteriores habitantes.

Albert Einstein se percató de esta falacia hace mucho tiempo.

Poco después de la Primera Guerra Mundial, “Einstein se quejó de que los sionistas no estaban haciendo lo suficiente para llegar a un acuerdo con los árabes palestinos … Él era partidario de una solución binacional en Palestina y previno a Chaim Weizmann contra el nacionalismo de “estilo prusiano»”. [1]

Pero el movimiento sionista hizo oídos sordos a esas advertencias. Así que aquí estamos, casi un siglo después, con un Estado nacional judío dominado por nacionalistas militaristas y por militantes entregados con celo a la tarea de colonizar y “judeizar” el territorio bajo control israelí a ambos lados de la Línea Verde (la frontera de 1967). El proyecto ha sido llevado adelante ininterrumpidamente y sin descanso por parte de todos los diversos gobiernos israelíes, recientemente al amparo de unas “negociaciones” de pacotilla con el Presidente Abbas.

La mayoría de las instituciones israelíes participan en dicho proyecto. Generación tras generación, los jóvenes israelíes ingresan en el ejército para ofrecerle la cobertura militar necesaria. La muchachada israelí ha sido sometida a un lavado de cerebro para que pueda creer honestamente que el ejército lucha “por la existencia de Israel”. Sin embargo, en opinión de la autora de este artículo y de muchas otras personas parece evidente que la supervivencia de la comunidad judía en este país depende de establecer mecanismos viables de convivencia con los palestinos. De modo que bajo el lema de “lucha por la existencia” el Estado de Israel está llevando a cabo un proyecto de naturaleza esencialmente suicida.

Esta perspectiva de larga data que permea la visión de las clases gobernantes israelíes quedó resumida sucintamente en un libro recientemente publicado por un académico estadounidense llamado Saree Makdisi: Palestina Inside Out. El libro “sugiere que la ocupación no es más que otro rasgo más de la vigente política israelí de expulsar lentamente de sus tierras a la población nativa palestina. Esta política es anterior a la fundación del Estado y todas las prácticas que desarrollan los ocupantes (asentamientos ilegales, confiscación de tierras, demolición de viviendas, etc.) sirven a ese objetivo final”. [2]

Si usted descree de la afirmación anterior deténgase a considerar una serie de declaraciones realizadas por el propio David Ben Gurion en una época anterior incluso a la creación del Estado de Israel (Ben Gurion fue líder del movimiento sionista antes de 1948 y el primer Primer Ministro de Israel a partir de 1948):

“La transferencia forzosa de los árabes [palestinos] de los valles del Estado judío propuesto [por el plan de partición de la ONU] podría darnos algo que nunca tuvimos, ni siquiera cuando vivíamos en nuestra propia tierra en la época del primer y segundo Templos… Nos están dando una oportunidad con la que jamás nos atrevimos a soñar ni en nuestras más descabelladas fantasías. Esto es más que un Estado, gobierno y soberanía: esto es la consolidación nacional en una patria libre”. [3]

“Gracias a la transferencia forzosa [de la población nativa palestina, dispondríamos de] un vasto territorio [para establecer asentamientos]… Yo apoyo la transferencia forzosa. No veo nada inmoral en ella”. [3]

Durante la guerra de 1948 cerca de dos tercios de los palestinos que acabarían convirtiéndose en refugiados fueron expulsados de sus hogares por el incipiente ejército israelí y un tercio se convirtieron en refugiados para escapar de los peligros de la guerra. A toda esta gente (entre 750.000 y 1.000.000 de personas) se les impidió regresar a Israel tras el acuerdo de armisticio. Sus casas y bienes fueron arrasados o apropiados por el Estado israelí.

Entre los habituales mantras que recitan los israelíes para justificar lo anterior figura éste: “Israel aceptó el plan de partición de la ONU y los árabes no, por lo que todo lo que ocurrió después es culpa los árabes”. Lo que taimadamente se omite al decir eso es que los árabes palestinos constituían entre un tercio y la mitad de la población del territorio asignado al hogar nacional judío (según diversos informes de las Naciones Unidas). ¿Por qué deberían estas personas, cuyos antepasados vivieron allí durante generaciones, aceptar vivir en una patria ajena? Imagínese, por ejemplo, la reacción de los franceses belgas si la ONU designara a su país como “hogar nacional flamenco”.

Pero el principal mantra con el que se aporrea la conciencia de cada ciudadano israelí desde el jardín de infancia es el argumento de que en 1948 se trataba de “o ellos o nosotros”, “los árabes nos habrían arrojado en el mar si no hubiéramos establecido un Estado de mayoría judía y no hubiéramos creado un ejército poderoso”, etc. Tengo mis dudas sobre ese sonsonete, pero supongamos que por un momento que las cosas hubieran sido efectivamente así. Entonces llegó el año 1967 y la Guerra de los Seis Días.

Otro capítulo en la “lucha por la existencia” de Israel en contra de árabes recalcitrantes que seguían intentando arrojarnos al mar. En un primer momento eso es lo que parecía. Yo, al igual que la mayoría de mis compatriotas, me creí durante muchos años que 1967 fue de hecho un momento de peligro existencial para Israel. Hasta que me tropecé con algunas elocuentes palabras pronunciadas por nuestros propios líderes [4]:

“(a) The New York Times citó el discurso que el Primer Ministro Menachem Begin (1977-83) pronunció en agosto de 1982 y en el que dijo: «En junio de 1967 tuvimos una elección. Las concentraciones del ejército egipcio en el Sinaí no constituían una prueba de que (el Presidente Gamal Abdel) Nasser (1956-70) estuviera realmente a punto de atacarnos. Debemos ser honestos con nosotros mismos. Decidimos atacarlo nosotros».

(b) En febrero de 1968 Yitzhak Rabin, dos veces Primer Ministro de Israel (1974-77 y 1992-95), confesó lo siguiente al diario francés Le Monde: «No creo que Nasser quisiera la guerra. Las dos divisiones que envió al Sinaí el 14 de mayo no habrían sido suficientes para iniciar una ofensiva contra Israel. Él lo sabía y nosotros lo sabíamos».

(c) El general Mordejai Hod, Comandante de la Fuerza Aérea israelí durante la Guerra de los Seis Días, dijo en 1978: “Aquellos ochenta minutos iniciales [de la guerra de los Seis Días] fueron el resultado de 16 años de planificación. Vivíamos con el plan, dormíamos con el plan, comíamos el plan. Lo íbamos perfeccionando constantemente».

(d) El general Haim Barlev, jefe del ejército israelí, dijo a Ma ariv en abril de 1972: «En vísperas de la Guerra de los Seis Días no nos amenazaba ningún genocidio y jamás barajamos esa posibilidad”.

Así pues, en lugar de “frustrar un peligro existencial” en 1967 el Estado de Israel llevó a cabo una operación militar efectiva para apoderarse de más territorio. No hay nada nuevo en esa propaganda sobre el supuesto “peligro existencial”. Antes que los israelíes muchos otros conquistadores y ocupantes a lo largo de la Historia Antigua y Moderna maquillaron la adquisición de territorio por medio de la conquista embelleciéndola con eufemismos agradables tales como “destino manifiesto”, “carga del hombre blanco”, “difundir la verdadera religión / la cultura / la democracia”, o lo que fuere.

Al lector tal vez le interese saber que la conquista de territorios realizada en 1967 por el Estado de Israel había sido vaticinada veinte años antes por Ben-Gurion en la época del plan de partición (supuestamente aceptado por los dirigentes sionistas). Véanse las siguientes citas de Ben-Gurion, recopiladas en el libro de un historiador israelí [5]:

“Así como no veo en el Estado judío propuesto una solución definitiva a los problemas del pueblo judío, igualmente no veo la partición como la solución definitiva de la cuestión de Palestina. Los que rechazan la partición tienen razón al afirmar que este país no puede ser dividido porque constituye una unidad, no sólo desde un punto de vista histórico sino también desde el punto de vista físico y económico”.

“Una vez establecido el Estado [judío] crearemos un gran ejército, aboliremos la partición y nos expandiremos a toda Palestina”.

Me pregunto si en algún momento de la historia ha habido alguna asociación de personas que se haya apropiado de bienes ajenos por la fuerza bruta y que se hayan juzgado a sí mismos con tanta indulgencia. Una y otra vez los conquistadores se han considerado a sí mismos como víctimas involuntarias de las circunstancias y de los bárbaros (¡sus propias víctimas!) contra los que lamentablemente tienen que proteger sus derechos. Considérense las siguientes manifestaciones de Benny Morris, un historiador que documentó la limpieza étnica de 1948. En una entrevista a Morris del año 2004 publicada en Haaretz se puede leer lo siguiente [6]:

“Q: El título del libro que ahora está publicando usted en hebreo es “Víctimas”. Así pues, finalmente su argumento es que de las dos víctimas de este conflicto, nosotros [los israelíes] somos las mayores.

Morris: Sí. Exactamente. Somos las mayores víctimas a lo largo de la historia y también las mayores víctimas potenciales. Aunque estamos oprimiendo a los palestinos somos la parte más débil aquí. Somos una pequeña minoría en medio de un océano de árabes hostiles que nos quieren eliminar”.

Esta opinión es representativa de la corriente de pensamiento mayoritaria en Israel. Con el paso de los años ha sido elevada a la categoría de axioma y probablemente ninguna oferta razonable de paz (por ejemplo la última oferta saudí) será capaz de hacer mella en ella. Los israelíes están usando este eslogan para eximirse a sí mismos de la obligación humana de comportarse decentemente con los palestinos. La mayoría de judíos de Israel se han autoconvencido de que tienen un derecho moral a expropiar y expulsar a los palestinos porque los palestinos son tan bárbaros que no respondieron a las “generosas ofertas de paz” de Israel y “sólo querían arrojarnos al mar”. Porque somos una nación de supervivientes del Holocausto. Mis compatriotas se veían a sí mismos como protagonistas de una versión moderna de “El Señor de los Anillos” de Tolkien, protagonizándola, por supuesto, como hermosos elfos forzados por su adverso destino a combatir a los feos íncubos palestinos (íncubos = “terroristas”). La piedad humana no se aplica a los “terroristas”. Nadie hace concesiones territoriales o acuerdos de paz con “terroristas”.

Lo anterior explica la masiva participación de los, por lo demás, normales y más o menos decentes israelíes en los programas de limpieza étnica actualmente en marcha. ¿Cómo si no se puede explicar que un anciano moribundo y su esposa sean sacados por la fuerza de su apartamento en Jerusalén oriental para hacer sitio a los colonos judíos? ¿Cómo comprender que el “Museo de la Tolerancia” se construya en Jerusalén sobre el solar de un antiguo cementerio musulmán? ¿O la ofensiva israelí en Cisjordania contra los orfanatos mantenidos por organismos de beneficencia islámicos? ¿O los progromos que perpetran en Hebrón y en otras partes de los territorios ocupados gángsters-colonos judíos financiados por el Estado de Israel? ¿O el sadismo generalizado con el que los soldados israelíes tratan a los detenidos palestinos? ¿O los asaltos a los hogares palestinos durante incursiones militares nocturnas en ciudades y aldeas palestinas? ¿O las demoliciones de hogares palestinos en Cisjordania y Jerusalén oriental con el obsceno pretexto de ser “construcciones ilegales”? ¿O el sistemático latrocinio de tierras palestinas para beneficio de los colonos judíos? Y así muchas cosas más [7].

La Franja de Gaza es el lugar donde el sadismo israelí con ínfulas de superioridad moral ha alcanzado nuevas cotas. La Franja está densamente poblada, en su mayor parte por descendientes de los palestinos expulsados en 1948. Mucho antes de la Segunda Intifada los israelíes confiscaron lo más selecto del territorio de Gaza a lo largo de la playa (cerca de ¼ de la superficie de la Franja) para asentar allí a unos pocos miles de colonos judíos. Así y todo, un millón y medio de palestinos de Gaza llevaban un tipo de vida normal (bajo ocupación israelí) cultivando frutas y verduras, fabricando materiales de construcción y otros productos para el mercado israelí y trabajando como jornaleros en el interior de la Línea Verde. Antes de la segunda Intifada a Israel llegaba muy poco terror procedente de Gaza.

Sin embargo, desde el comienzo de la Intifada (año y medio antes de que los palestinos lanzaran el primer cohete contra territorio israelí) el ejército israelí inició la destrucción sistemática de la Franja. Los israelíes llevaron a cabo incursiones cada pocas semanas y destruyeron fábricas y talleres, carreteras, labranzas, casas, y todo lo que se les ocurriera. Los israelíes cerraron el acceso de los gazatíes a la economía israelí. Finalmente, los desesperados palestinos recurrieron a disparar cohetes Kassam que rara vez causaban víctimas o daños reales pero que servían como excelentes pretextos para la “acción” militar israelí”.

Y entonces Sharon ejecutó su brillante movimiento de propaganda: la “desconexión” de Gaza. Toda la operación se vendió como una prueba de la buena voluntad israelí. Los asentamientos israelíes de Gaza fueron efectivamente eliminados, pero el ejército se desplegó alrededor de la Franja y la convirtió en una gigantesca prisión. El estrangulamiento económico de Gaza se intensificó hasta niveles draconianos, especialmente después de que el gobierno de Hamas abortara el putsch de Fatah que habían auspiciado al alimón Israel y USA. (No soy fan de Hamás, pero su gobierno fue elegido democráticamente por los palestinos). Hamas propuso en varias ocasiones iniciar negociaciones con Israel sobre la base de las fronteras de 1967, pero los israelíes limitaron al máximo la difusión de esas propuestas de Hamas e hicieron caso omiso de ellas. Con toda seguridad esas negociaciones habrían conseguido detener el lanzamiento de Kassams, pero los dirigentes israelíes parecían interesados en que la violencia continuara. Los Kassam crearon una gran oportunidad para degustar otra ración de la propaganda del “pobres de nosotros” y fueron una gran excusa para evitar satisfacer las legítimas exigencias internacionales reclamando el fin de la masiva colonización de Cisjordania.

Por último, se negoció una tregua con Hamas. Desde el comienzo de la tregua el ministro de Defensa israelí Barak inició los preparativos para un ataque masivo contra Gaza [8]. El 14 de noviembre la tregua con Hamas fue rota deliberadamente por orden de Barak cuando los israelíes mataron a varios combatientes de Hamas. A esas muertes siguió una respuesta palestina totalmente previsible: la cancelación de la tregua y una salva de cohetes. El bombardeo fue utilizado por Barak como pretexto para justificar una operación a gran escala que incluía la masacre de cientos de gazatíes con misiles lanzados desde aviones. Esta exhibición de fuerza forma evidentemente parte de la próxima campaña electoral de Barak y Livni, al precio de centenares de bajas palestinas y de algunas israelíes (pues en el ínterin los palestinos han mejorado su puntería). En una próxima operación terrestre los soldados israelíes también son susceptibles de pagar con sus vidas esta modalidad de campaña electoral.

¿Saben cómo interpreta todo lo anterior el israelí de a pie? Así: «Nosotros, los israelíes, en un acto de auto-sacrificio, expulsamos a pobres colonos judíos de sus “hogares” en la Franja de Gaza y les dimos a los palestinos una oportunidad de vivir una existencia libre y feliz. Pero los palestinos rechazaron nuestros esfuerzos de paz y prefirieron seguir alimentando su adicción a “arrojar judíos al mar”. Gaza podía haberse convertido en una nueva Singapur, pero en lugar de eso los gazatíes prefirieron disparar cohetes contra los israelíes”.

La retirada israelí de Gaza fue así un movimiento brillante por parte de ese genio del mal llamado Sharon. Proporcionó al israelí medio una absolución moral general. Los palestinos les habían “decepcionado”. Ahora los dirigentes israelíes pueden hacer con los palestinos lo que les plazca. No esperen ni la más mínima protesta pública por parte del público judío israelí, a excepción de una pequeña minoría de “judíos auto-odiadores” como la persona que suscribe.

Créanme, estos judíos israelíes que se inscriben en la corriente de pensamiento mayoritario no son monstruos congénitos. Simplemente, no conocen nada mejor. Desgraciadamente yo solía ser una de ellos. Entonces un día me tropecé en Cisjordania, más o menos por casualidad, con un grupo de activistas. Hice algunos amigos palestinos y finalmente llegué a comprender el carácter criminal del trato que inflinge mi país a los palestinos. Y he aprendido a hacer caso omiso de la dosis diaria de propaganda absurda que los medio de comunicación suministran a mis compatriotas en lugar de noticias. Pero, ¿cómo convencer a mis compatriotas de que no escuchen esa propaganda? No lo sé.

Por otra parte, no tiene por qué ser así. Además de los cuatro o más millones de palestinos apátridas que viven en los territorios ocupados hay cerca de un millón de palestinos que viven dentro de la Línea Verde y que tienen ciudadanía israelí. A pesar del considerable racismo interior, muchos de esos ciudadanos palestinos están profundamente implicados en la sociedad israelí. Hay médicos y enfermeras árabes en los hospitales israelíes, estudiantes árabes en las universidades israelíes, etc. Existe un notable grado de coexistencia y cooperación entre judíos y árabes allí. Pero un colega judío de la corriente mayoritaria que podría tratar a su compañero de trabajo árabe de forma perfectamente decente seguiría estando orgulloso de un hijo soldado que se encontrara “sirviendo al país” en los Territorios Ocupados. Él o ella seguiría repitiendo la propaganda racista sobre el “peligro demográfico” representado para el Estado de Israel por sus ciudadanos árabes, se creería los sanguinarios discursos televisivos de los generales y ex-generales, y votaría por cualquiera de los tres principales partidos sionistas, el Likud, Kadima y el Laborista, cuyos dirigentes llevan años entregados a tareas de limpieza étnica.

Por el bien de las dos naciones que viven en este país esta ignominia debe cesar. Debe ser detenida por la presión externa, porque dentro de Israel en la actualidad no existen fuerzas políticas significativas capaces de plantarle cara. Por favor, amigos míos, hagan algo, y háganlo urgentemente. Y, por favor, hagan caso omiso de las eternas “negociaciones” entre nuestro gobierno y la impotente Autoridad Palestina: no son más que una tapadera para avanzar aún más en la pieza étnica. Si no me creen, vengan a ver la masiva construcción de asentamientos en Jerusalén oriental y Cisjordania y los muros de los guetos palestinos.

Victoria Buch es académica israelí y activista del movimiento contra la Ocupación.

[1] La Piedad de Todo, libro de Amos Elon sobre los judíos alemanes.

[2] De una reseña sobre el libro de Makdisi: Inside Out Palestina, Lena Tuffaha Khalaf, IMEU 2008.

[3] Las víctimas justas, de Benny Morris

[4] Recopilados por Stephen Lendman. Véase: http://www.zmag.org/znet/viewArticl…)

[5] El nacimiento de Israel: Mitos y realidades, de Simha Flapan

[6] El texto completo de la entrevista se encuentra en el sitio web de Counterpunch

[7] *Se puede encontrar información, por ejemplo en la revista Ocupación, sitio web del movimiento activista israelí contra la Ocupación.

[8] Desinformación, secretismo y mentiras: cómo se urdió la ofensiva contra Gaza, de Barak Ravid, Haaretz

http://www.haaretz.com/hasen/spages…

Fuente: http://www.counterpunch.org/buch010…

Artículo del año 2009.

* Victoria Buch (Polonia, 1954-Israel 2009). Su familia permaneció en Polonia, aun después del Holocausto. Su abuela y tía fueron asesinadas en el campo de la muerte conocido como Treblinka. En 1968, emigró a Israel después de una ola de antisemitismo tras la Guerra de los Seis Días que les costó a sus padres sus puestos universitarios.

Estudió química y obtuvo su doctorado a los 30 años con 16 artículos publicados.

Ella y su hermana se involucraron activamente contra la Ocupación Israelí. Victoria fundó la revista The Occupation y participó con Jeff Halper y Meir Margalit contra la demolición de casas palestinas.

Obs: Gracias a Luis Feld por enviarnos la nota.

Entrevista a Lucas Koerner, un judío pro Palestina

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Se convirtió de la noche a la mañana en una figura pública en Internet, las imágenes de su detención en Israel han sido vistas por más 300 mil personas y aunque le da pudor tanto reconocimiento, considera que la viralización del video “derrumba el mito de la “democracia” en Israel, democracia sólo para judíos”.

Koerner, estudiante de sociología de la Universidad de Tufts en Boston, se encuentra en Chilecomo parte de un programa de intercambio estudiantil con la Universidad de Chile, cuenta que el movimiento estudiantil chileno ha sido una gran fuente de inspiración. “Representa un ejemplo para nosotros en cómo construir poder popular y realizar cambios radicales estructurales en nuestras sociedades”.

Su pinta de niño y sus ojos azules son engañadores, porque cuando Lucas Koerner (21) comienza a hablar, pasa de ser un niño tímido de mirada dulce, a ser un apasionado activista judío-norteamericano de una fuerza imparable. Lo demostró en junio del 2011 cuando en solidaridad hacia el pueblo palestino y con una kufiyya al cuello, una pequeña bandera palestina, una kipá en su cabeza y megáfono en mano se enfrentó a un grupo de manifestante israelíes que marchaban en Jerusalén Este.

El grupo, en su mayoría colonos, celebraba su fiesta anual por la “unificación” de la ciudad en el llamado “Día de Jerusalén”. “Mi gobierno es responsable y estoy aquí para decir no, no en mi nombre y no, en nombre de los ciudadanos de EE.UU.”, vociferaba temerario. Y fue así como fue arrestado agresivamente por la policía local, permaneciendo dos días retenido, deportado y probablemente imposibilitado de entrar a Israel por 10 años. Muchas personas grabaron la violenta detención de más de cuatro minutos, por lo que Koerner perdió enseguida el anonimato y se convirtió en una reconocida figura en Internet[1]. Evidentemente incómodo con este súbito golpe de fama, cuenta que jamás pensó que podía ser apresado de esa manera. “Voy a ser honesto, fui más ingenuo que valiente. Pensé que mi pasaporte estadounidense y mi identidad judía me protegerían”. A partir de esta experiencia, dice que alcanzó un nivel más alto de madurez en términos políticos. Si bien lamenta no poder volver por mucho tiempo a Palestina cree que puede aportar mucho más a la causa desde EE.UU. a través del movimiento de BDS (boicot, desinversión y sanciones). “Mi verdadero trabajo está ahí”.

Difusión viral

Lucas Koerner nació en Filadelfia y estudia Sociología y Lengua y Literatura hispánica en la Universidad de Tufts en Boston. Hace un año que se encuentra en Chile como parte de un programa de intercambio estudiantil con la Universidad de Chile. Koerner cuenta que su bisabuela maternal era judía-rusa que huyó a Estados Unidos de la persecución antisemítica (pogromos). Su abuelo paterno fue un inmigrante alemán que llegó a su país después de la Segunda Guerra Mundial. Criado en un ambiente familiar sin influencias religiosas, desde muy temprana edad manifestó un fuerte interés por la política. A los 15 años ya había asistido a varias manifestaciones contra la guerra en Iraq. “Sin embargo, sólo después del ataque israelí contra la Franja de Gaza me convertí en un verdadero activista. En aquel momento, tomé la iniciativa para formar un grupo de solidaridad palestino dentro de mi colegio”. Con unos compañeros organizaron en los pasillos de su secundaria una exposición que mostraba los crímenes israelíes en Gaza, sin embargo, esta exhibición fue censurada por la administración.

¿Cual ha sido tu aporte al movimiento por la causa Palestina?

Yo diría que mis aportes han sido dos. Primero, jugué un rol crucial en fundar en mi Universidad una organización llamada Estudiantes por Justicia en Palestina (SJP). Inspirado por el espíritu de los indignados del 2011, le di una estructura más democrática, más horizontal. También difundí una orientación teórica y práctica hacia la acción directa: un movimiento social necesita enfrentarse con el sistema desde abajo para realizar los cambio estructurales deseados. Nos reunimos anualmente en el evento internacional de la Semana del Apartheid Israelí (IAW) y emprendemos proyectos asociados con la campaña por Boicot, Desinversión, y Sanciones (BDS) contra Israel. Estos dos principios de organizacionales de democracia radical y acción directa se han constituido como las bases fundamentales para el movimiento de solidaridad palestina, que ha ido creciendo rápidamente en los campus universitarios a lo largo de EE.UU. y Canadá. Segundo, yo diría que mi otro aporte al movimiento es mi importancia como activista internacional atribuible a la difusión viral del video de mi detención en Jerusalén. Aunque rechazo elevarme como caso excepcional, hay miles de activistas palestinos y judíos que se han enfrentado a mucho peor sin nada de publicidad, reconozco el aporte político del video que se ha visto probablemente por más de 300.000 personas. El video derrumba el mito de la “democracia” en Israel, democracia sólo para judíos y revela potentemente que el sionismo no es igual a judaísmo, una distinción que el movimiento sionista históricamente ha intentado eliminar, asegura.

Después de Plomo Fundido

¿Quien te inspiró para convertirte en un activista internacional?

Mi padre siempre ha sido una gran fuente de inspiración para mí. Él ha jugado el rol de guía en mi camino hacia la consciencia política desde que tenía10 años. Él me enseñó la necesidad de siempre cuestionar las meta-narrativas de la historia presentadas por mis profesores. Desde los mitos cómodos y mentiras vulgares que tratan de la buena voluntad de EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial, a la omisión de la historia de crímenes que EE.UU. ha perpetrado en países, como el Congo, Vietnam e Iraq. Además, mi papá era activista internacional durante su juventud. Comenzó como miembro del Movimiento de Solidaridad Centroamericana. Estuvo en Nicaragua durante los ochentas. Fue parte del Comité en Solidaridad con el Pueblo Salvadoreño (CISPES), que se movilizaba contra las guerras de Reagan en Nicaragua. Y trabajó directamente con las organizaciones colectivas campesinas en el cultivo del café.

¿Qué te motivó con el tema palestino?

Lo que me llevó a ser un activista por Palestina fue el ataque israelí contra Gaza en 2008-2009, “Operación Plomo Fundido”. Al mirar en la televisión la salvaje brutalidad del terrorismo del Estado israelí que se perpetró contra una población mayoritariamente compuesta de jóvenes menores de 18 años que viven en la cárcel al aire libre más grande del mundo, hizo que ya no pudiera quedarme pasivo y en silencio. Desde entonces, Palestina se convirtió en mi preocupación número uno. Empecé a verla como una metáfora de todas la injusticia que se reproducen en el mundo.

La masacre en Gaza fue un verdadero shock a nivel ético. Nunca la violencia del imperialismo se había manifestado tan atroz y abiertamente ante mi consciencia. Me identifiqué profundamente con el pueblo de Gaza.

¿Como vinculas esta preocupación por Palestina con tu origen judío?

La cuestión palestina tuvo un importante valor simbólico en el plano personal, porque se me presentó la oportunidad de reivindicar mi identidad judía. Debido a la diversidad religiosa y carácter secular de mi familia, siempre me sentí alejado de la comunidad judía oficial. Eso también tenía que ver con mi incipiente anti-sionismo, que es rechazado como herejía en las comunidades judías del “mainstream”. Mi compromiso con Palestina me enseñó que había múltiples maneras de ser judío y no sólo una orientación religiosa-cultural sionista. Me di cuenta que podía ser parte de una tradición antigua de justicia social dentro del judaísmo que había luchado contra la opresión en todas sus formas, desde los movimientos revolucionarios de Europa, al movimiento por derechos civiles en EE.UU. Es imposible ser fiel a esa tradición, sin solidarizar con el pueblo palestino.

¿Ahora tu vinculación cambió?

Hoy en día, Palestina permanece una preocupación central de mi vida, pero por diferentes razones. La reivindicación de mi identidad judía, llegando a su punto culmine con mi protesta y detención en Jerusalén en el 2011, creo que ha sido superada en alguna medida. Mi identidad judía sigue siendo importante, en el sentido de que creo que es imposible triunfar en la lucha contra el antisemitismo, sin derrotar al sionismo como una ideología y una estructura de opresión racista. No obstante, mi identificación judía es ahora menos central en cuanto a la cuestión palestina. Al conocer a tanta gente que no tiene ninguna asociación étnico-religiosa con el tema, me di cuenta de que la importancia que está alcanzando la causa de solidaridad con Palestina, como el movimiento más poderoso y dinámico entre jóvenes estadounidenses de edad universitaria, se debe no a una política de identidad, la cual es anticuada, sino a la potencia simbólica implícita en la metáfora universal que es Palestina.

El sistema de dominación israelí abre un espacio de articulación simbólica y práctica entre diversos movimientos. Se van forjando lazos en base al poder simbólico y explicativo de esta metáfora con otros movimientos como los feministas, ecológicos, inmigrantes, anti-cárceles etc.

¿A tu juicio se configuraría un fenómeno de apartheid en Palestina?

Sí, según las Naciones Unidas, el apartheid se define por actos inhumanos cometidos con el fin de instituir y mantener la dominación de un grupo racial de personas sobre cualquier otro grupo de personas y oprimirlos sistemáticamente. Esta dominación suele manifestarse en diferentes sistemas que se aplica a distintas poblaciones étnicas dentro de un territorio. En los territorios ocupados por Israel después de la Guerra de 1967, Cisjordania y la Franja de Gaza, se aplica una ley militar a los habitantes, mientras que los colonos judíos en Cisjordania y Jerusalén Este, viven como ciudadanos normales de Israel, como si sus colonias fueran suburbios estadounidenses, conectados a sus trabajos en Israel por autopistas segregadas, sólo para uso de judíos. Israel controla directamente más del 60 por ciento del territorio de la Cisjordania (área C) y indirectamente más del 80 por ciento (áreas C y B), mientras que la mayoría de los palestinos están concentrados en menos del 20 por ciento de su territorio (área A) que se fragmenta en bantustanes separados por muros, colonias judías y puntos de control.

Gaza, es la cárcel más grande del mundo como lo manifiestan diversas organizaciones de derechos humanos, incluso el primer ministro británico David Cameron. Además, la lógica del apartheid y del colonialismo está escrita en el nacimiento del Estado israelí dentro de sus fronteras supuestamente legítimas. El 15 de Mayo fue el aniversario de los 65 años del Nakba, es decir, del despojamiento del pueblo palestino de sus tierras durante la campaña sionista de limpieza étnica durante la fundación de Israel entre 1947-1949.

¿Qué opinas del Derecho al Retorno de los palestinos?

El derecho internacionalmente reconocido de los refugiados y sus descendientes a regresar a sus tierras o recibir compensación se ha negado a partir del nacimiento de Israel como Estado exclusivo para judíos. En cambio, cualquier judío en el mundo, incluso yo, puede reclamar su “derecho” a volver y recibir ciudadanía israelí bajo la Ley de Retorno. Finalmente, los palestinos que no fueron expulsados en 1948 y luego recibieron ciudadanía israelí (“48ers”) se enfrentan con una segregación institucionalizada en casi todas las esferas de la sociedad israelí, en vivienda, en salud y educación. Al final de cuentas, ¿cómo es posible que una minoría no judía sea igual en un Estado judío?

Movimiento estudiantil inspirador

¿Por qué elegiste nuestro país y cómo te has sentido?

Decidí estudiar en Chile porque América Latina es mi otra área de interés aparte del Medio Oriente y el movimiento estudiantil es una gran fuente de inspiración para mí. El movimiento representa un ejemplo para nosotros de cómo construir poder popular, especialmente poder estudiantil y realizar cambios radicales estructurales en nuestras sociedades. El pueblo chileno es muy acogedor y es un país espectacular, así que estoy muy contento con mi decisión.

¿Somos solidarios con la causa palestina?

Indudablemente, la sociedad civil chilena es muy solidaria con la causa palestina. No obstante, opino que se debe concretizar más este espíritu solidario en actos directos para terminar con la complicidad de la ocupación por medio del BDS (boicot, desinversión y sanciones). Por ejemplo, hay que organizarse para emprender boicots de empresas como Caterpillar que tienen vínculos estrechos con la ocupación israelí. Desinvertir los fondos de pensiones de estas empresas, hacer que las universidades terminen su cooperación institucional con las universidades israelitas y presionar a artistas y músicos chilenos a seguir el boicot cultural y cancelar sus conciertos en Israel.

¿Cómo ves a nuestro país política y socialmente?

Actualmente, Chile está en plena crisis en varios niveles. Se pone de relieve más y más la crisis de eficacia del modelo neoliberal, especialmente en la esfera educativa, que a su vez conduce a una aguda crisis de representatividad, en la que se evidencia un agotamiento de toda confianza en la clase política. Estas dos crisis han servido para desenmascarar una crisis más profunda, es decir, la de la legitimidad. El modelo actual de democracia liberal protegida, de baja intensidad, institucionalizada por la Constitución de 1980 que representa nada más que la voluntad de la fuerza ilegitima de la pasada dictadura militar. La única solución a estas crisis es una profunda transformación social, económica y política a partir de la voluntad popular expresada en una asamblea constituyente.

¿Qué planes tienes a corto y largo plazo?

A corto plazo, volveré a EE.UU. en julio para terminar el último año de mi carrera. Después de graduarme, quiero viajar a Europa y latinoamérica. Quiero enseñar inglés, y aprender de los múltiples movimientos sociales que van surgiendo en estas regiones. A largo plazo, pienso estudiar un postgrado para sacar un magíster y un doctorado en sociología. Espero encontrar una línea de trabajo que me deje canalizar concretamente mi activismo en la vida diaria.

Por Pamela Rillón.

El Ciudadano

Gracias a Camilo Brodsky por sugerirnos la nota.

Jornalista israelense: atirar pedras é o direito de qualquer um submetido à dominação estrangeira

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Por Amira Hass.*

Faria perfeito sentido se as escolas palestinas dessem aulas de Resistência: como construir vilas tipo “torre e ataque” (orig. “tower and stockage” [1]) na Área C; como agir quando soldados armados invadem sua casa; como identificar soldados, quando jogam você de barriga no fundo do jipe, mãos algemadas às costas, para acusá-lo de qualquer coisa.

Atirar pedras é direito, por nascimento e por dever, de qualquer ser humano submetido a governo ocupante. Atirar pedras é ação, tanto quanto é também metáfora, da Resistência. Perseguir atiradores de pedras de oito anos de idade é parte constitutiva – embora ninguém diga – da violência que se deve esperar de potência ocupante, tanto quanto o assassinato, a tortura, o roubo de terras, restrições ao ir e vir e distribuição desigual das fontes de água.

A violência de soldados de 19 anos, de seus comandantes de 45, dos burocratas, juízes e advogados de Israel é ditada pela realidade. O trabalho deles é proteger os frutos da violência que chega com a própria ocupação de terra alheia: seus recursos, lucros, poder e privilégios.

Handala por Naji Al Ali.

Handala por Naji Al Ali.

O Fincar-pé (Sumud) e a Resistência contra a violência física e ainda mais contra a violência sistêmica, institucionalizada, é a palavra-de-ordem núcleo na sintaxe interna dos palestinos em sua terra.

Vê-se no dia a dia, a toda hora, a cada momento, sem pausa. Infelizmente, é verdade não só na Cisjordânia (incluindo Jerusalém Leste) e em Gaza, mas também dentro das “fronteiras” fantasiadas de Israel, embora a violência e a resistência contra a violência manifestem-se sob formas diferentes. Mas dos dois lados da Linha Verde, os níveis de desespero, sufocação, amargura, ansiedade e ira só fazem subir, como também sobe a certeza de que é infinita a cegueira dos israelenses que creem que a própria violência permaneceria para sempre sob controle e sem revide.

Não raras vezes, jogam-se pedras por tédio, por excesso de hormônios juvenis, para imitar outros, para “aparecer”, para competir. Mas na sintaxe interna do relacionamento entre ocupante e ocupado, jogar-pedras é adjetivo que sempre acompanha o sujeito de “Basta! Basta de vocês, ocupantes de terra roubada”.

Afinal, adolescentes sempre poderiam encontrar outros meios para dar vazão ao calor dos próprios hormônios, sem arriscarem-se a ser presos, multados, mutilados e mortos.

Ainda que seja direito e dever, várias modalidades de fincar-pé e resistir contra estado ocupante, além das regras e limitações dessa luta, bem poderiam ser ensinadas em escolas e aprimoradas.

Dentre as limitações, ensinar a distinguir ocupantes armados e civis desarmados; distinguir entre crianças e soldados. E também se deveria ensinar que nunca, em nenhum caso, se deve empunhar armas contra outros seres humanos. Mas pedras, sim, em circunstâncias desesperadas de ocupação.

Estudar comparativamente diferentes lutas em diferentes países contra o colonialismo; como usar uma câmera de vídeo para documentar a violência do estado ocupante e de seus representantes; métodos para cansar o sistema militar e seus representantes; um dia de trabalho nas terras além do muro da vergonha; treinamento para observar e não esquecer detalhes que permitam identificar os soldados que jogam você de barriga no fundo do jipe, mãos algemadas às costas; conhecer os direitos dos prisioneiros e saber que é indispensável agarrar-se a eles e repeti-los sem parar em tempo real; treinamento para não se intimidar ante o interrogador; e aulas de organização de massa para fazer-ser o direito de andar por onde cada um deseje andar na própria terra. De fato, também os palestinos adultos teriam a ganhar com aulas desse tipo, que substituiriam com vantagem as manifestações; em vez de convocar protestos, aulas para aprender a fazer correr e dispersar soldados. E muito treinamento em análise e identificação de postados no Facebook.

Quando, há dois anos, alunos de ginásio na Palestina passaram a receber treinamento para promover a campanha de boicote aos produtos das colônias, chegou a parecer que se andava afinal em direção produtiva. Mas parou ali, sem ampliar o conceito e a ideia. Lições desse tipo estariam em perfeita harmonia com as táticas que a ONU aceita e prestigia em populações sob ataque – desobediência civil em campo e oposição diplomática à potência ocupante.

Por tudo isso, por que essas aulas não existem no currículo das escolas palestinas? Parte da explicação está na oposição dos estados que doam fundos para manter as escolas, e nas medidas de punição violenta do governo israelense. Mas há muito de inércia, de preguiça, de raciocínio desviante, de falta de compreensão; e, afinal de contas, também há palestinos que lucram com o status quo.

O pior efeito da existência da Autoridade Palestina é que gerou uma regra básica, a única imperante nos últimos 20 anos: os palestinos têm de adaptar-se à atual situação.

Assim, precisamente, se criou uma contradição e o choque, entre a sintaxe interna da Autoridade Palestina e a sintaxe interna do povo palestino.

Nota dos tradutores

[1] Acampamentos fortificados, construções de campanha, que os terroristas sionistas construíam, no assalto à Palestina, entre 1936 e 1939. Há um museu dedicado a essas construções sionistas, em Haifa. Imagens em: “The Tower and Stockade Museum in Hanita”.

*Amira Hass é jornalista. Nasceu em Israel, trabalha e mora na Cisjordânia.

Traduzido pelo pessoal da Vila Vudu.

Fonte: http://redecastorphoto.blogspot.com.br/2013/05/a-sintaxe-interna-da-pedrada-como.html

Periodista israelí: lanzar piedras es el derecho de cualquiera sometido a una dominación extranjera

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piedrasPor Amira Hass.*

El lanzamiento de piedras es el derecho básico y el deber de cualquier persona sometida por un régimen extranjero. El lanzamiento de piedras es una metáfora de resistencia. La persecución de lanzadores de piedras, incluidos niños de 8 años, es una parte inseparable –aunque no siempre se dice claramente– de los requisitos laborales del régimen extranjero, no menos que los disparos, la tortura, el robo de tierras, las restricciones de movimientos y la distribución desigual de los recursos acuáticos.

La violencia de soldados de 19 años, de sus comandantes de 45 años y de los burócratas, juristas y abogados es dictada por la realidad. Su tarea es proteger los frutos de la violencia representados por la ocupación extranjera, recursos, beneficios, poder y privilegios.

Firmeza (sumud) y resistencia contra la violencia física, y aún más la sistémica, institucionalizada, es la expresión central de la sintaxis interior de los palestinos en este país. Esto se refleja cada día, cada hora, cada momento, sin pausa. Por desgracia, esto vale no solo en Cisjordania (incluido Jerusalén Este) y Gaza, sino también dentro de las fronteras reconocidas de Israel, aunque la violencia y la resistencia contra el ocupante se expresan de formas diferentes. Pero a ambos lados de la Línea Verde, los niveles de angustia, asfixia, amargura, ansiedad e ira aumentan continuamente, como la sorpresa ante la ceguera de los israelíes al creer que su violencia puede mantener su control para siempre.

A menudo el lanzamiento de piedras resulta del aburrimiento, hormonas excesivas, imitación, bravatas y competencia. Pero en la sintaxis interior de la relación entre el ocupante y los ocupados, el lanzamiento de piedras es el adjetivo agregado al sujeto de “Ya estamos hartos de ustedes, ocupantes”.

Después de todo, los adolescentes podrían encontrar otras formas de dar rienda suelta a sus hormonas sin arriesgar arrestos, multas, heridas y muerte.

Aunque sea un derecho y un deber, las diversas formas de firmeza y de resistencia contra el régimen extranjero, así como sus reglas y limitaciones, deberían enseñarse y desarrollarse. Las limitaciones podrían incluir la distinción entre civiles y los que portan armas, entre niños y uniformados, así como las fallas y estrechez de miras del uso de las armas.

Tendría sentido que las escuelas palestinas introdujeran clases básicas de resistencia: cómo construir múltiples aldeas de “torres y recintos cerrados” en el Área C; cómo comportarse cuando las tropas del ejército entran en las casas; comparación de diferentes luchas contra el colonialismo en diferentes países; cómo utilizar una cámara de vídeo para documentar la violencia de los representantes del régimen; métodos para agotar el sistema militar y a sus representantes; un día de trabajo semanal en las tierras más allá de la barrera de separación; cómo recordar detalles identificadores de soldados que te lanzan esposado al piso del jeep, a fin de presentar una queja; los derechos de los detenidos y cómo insistir en ellos en tiempo real; cómo superar el temor a los interrogadores; y esfuerzos de masas para ejercer el derecho de movimiento. Pensándolo bien, los adultos palestinos también podrían aprovechar esas lecciones, tal vez en lugar de sus ejercicios, entrenamiento en la dispersión de manifestaciones y prácticas de espionaje de publicaciones en Facebook.

Cuando hace dos años alistaron a estudiantes de secundaria para la campaña de boicot de productos de las colonias, parecía una acción en la dirección correcta. Pero se detuvo allí, sin ir más lejos, sin ampliar el contexto. Semejantes lecciones habrían estado perfectamente ajustadas a las tácticas de apelar a las Naciones Unidas, desobediencia civil en el terreno y desafío al poder en la diplomacia.

¿Por qué entonces no existen clases semejantes en el currículo palestino? Parte de la explicación tiene que ver con la oposición de los Estados donantes y las medidas punitivas de Israel. Pero también se debe a inercia, pereza, razonamiento deficiente, malentendidos y ventajas personales para algunas partes de la sociedad. De hecho, la justificación de la existencia de la Autoridad Palestina engendró una regla básica en las últimas dos décadas, adaptación a la situación existente. Por lo tanto se han creado una contradicción y un choque entre la sintaxis interior de la Autoridad Palestina y la del pueblo palestino.

* Amira Hass, periodista, es israelí, vive y trabaja en Cisjordania hace varios años. Ya residió en Gaza y ha sido detenida varias veces por la policía israelí.

Traducción: Germán Leyens.

Publicación original: http://www.haaretz.com/opinion/the-inner-syntax-of-palestinian-stone-throwing.premium-1.513131

Os palestinos nos livros escolares de Israel (Como se faz a desumanização de um povo)

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Neste documentário, Nurit Peled-Elhanan fala de sua pesquisa relacionada com o conteúdo dos livros didáticos de Israel. Ela expõe em detalhes como estes livros são elaborados com o objetivo de desumanizar o povo palestino e fomentar nos jovens estudantes israelenses a base de preconceitos que lhes permitirá atuar de forma cruel e insensível com o mesmo durante o serviço militar.

Conforme explica Nurit Peled-Elhanan, as construções de mundo feitas a partir dos livros didáticos, por serem as primeiras a se sedimentarem na mente das crianças, são muito difíceis de serem erradicadas. Daí a importância que o establishment israelense dedica à ideologia a ser transmitida nos livros didáticos. Neles, os palestinos nunca são apresentados como seres humanos comuns. Nunca aparecem em condições que possam ser consideradas normais. Segundo Nurit Peled-Elhanan, não há nesses livros nem sequer uma fotografia de um palestino que mostre seu rosto. Eles são sempre apresentados como constituindo uma ameaça para os judeus.

Texto de apresentação e legendas: Jair de Souza.

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Nurit Peled-Elhanan (1949) é uma militante pacifista israelense, professora de Literatura Comparada da Universidade Hebraica de Jerusalém e uma das fundadoras da associação Bereaved Families for Peace.

É filha de Mattityahu Peled, general do Exército de Israel, que, após atuar na Guerra dos Seis Dias, tornou-se um respeitado acadêmico, chefe do Departamento de Língua e Literatura Árabe da Universidade de Tel Aviv. Como membro do Knesset, foi também um duro crítico da colonização israelense dos territórios palestinos, radicalmente pacifista e um dos principais defensores do diálogo entre Israel e a OLP, bem como da devolução dos Territórios Ocupados, em cuja conquista ele pessoalmente estivera envolvido.

Após a morte de sua filha de 13 anos, em 1997, em um atentado suicida palestino, Nurit Peled passou a criticar publicamente a ocupação da Cisjordânia e da Faixa de Gaza por Israel. Segundo Peled-Elhanan, o país adota uma política míope que recusa o reconhecimento dos direitos do outro e fomenta o ódio e os conflitos.

É irmão do taambém ativista Miko Peled. Ver http://wp.me/p389px-6J.

Informação de Wikipedia.

Gilad Atzmon: O judeu errante em Buenos Aires

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Gilad Atzmon, ex-israelense, saxofonista e compositor, escreveu dois romances e diversos artigos. Sempre polêmico, ele dedica a sua vida a defender a causa palestina e a sua música. Obrigada a Dagoberto Bordin, de Florianópolis, Brasil, que está passando um tempo em Buenos Aires e escreveu este artigo especialmente para nós, mesmo sem ser especialista no assunto.

Gilad Atzmon

Por Dagoberto Bordin.

“Os nazistas me fizeram ter medo de ser judeu, enquanto os israelenses me dão vergonha de ser judeu”. Com esta epígrafe de Israel Shahak, sobrevivente dos campos de concentração na Polônia, Gilad Atzmon dá a tônica do seu novo livro, La identidad errante (editorial Canaán), e mostra por que tanto ele quanto Shahak podem ser considerados antissemitas. Bem-humorado, Atzmon divertiu a plateia quando admitiu, ontem, na Biblioteca do Congresso Nacional, em Buenos Aires, que sente uma excitação quase libidinosa em confrontar os sionistas desde que se define como “judeu que odeia o judaísmo”.

Em La identidad errante, ele busca responder o que significa ser judeu, como se define a identidade política de um judeu, um indivíduo que se sente superior aos demais, afinal pertence ao povo escolhido, e, ao mesmo tempo, um indivíduo que gostaria de ser tratado como os demais. Para ele, o sionismo é um conceito que pertence mais à diáspora judia porque os israelenses, de maneira geral, não são sionistas. “O judaísmo secular é que se encarrega da limpeza étnica e não o judaísmo religioso. Os judeus ultraortodoxos da Torá são contra o sionismo e a favor dos palestinos” (N. da R. Se refere a grupos como Neturei Karta).

Para falar do judaísmo nesta acepção ideológica, ele usa o termo judeidade. “Não falo sobre judaísmo ou sobre judeus como etnia, raça ou religião”. Judeidade seria algo como uma qualidade primordial, transnacional, operada por uma rede que não tem um centro geográfico porque, segundo ele, não existem judeus ingleses, franceses, alemães ou estadunidenses e sim judeus que vivem na Inglaterra, França, Alemanha ou Estados Unidos. “O judeu é sempre um estrangeiro”.

Atzmon compara Israel com a Alemanha nazista. “Eles transformaram Deus em agente imobiliário e a aspiração de Israel não é a da terra prometida senão a de planeta prometido”. Isso faz com que os sionistas se sintam autorizados por Deus a destruir seus inimigos. “Como isso pode estar acontecendo em nossos dias sem o conhecimento do mundo?”, pergunta. E ele mesmo responde, explicando que os meios políticos e midiáticos estão subordinados aos interesses israelenses. A mídia de maneira geral, os bancos e a indústria do cinema, Hollywood, são controlados por judeus tanto nos Estados Unidos quanto na Inglaterra. “Eles conseguem fazer isso porque controlam a oposição”, explicou: “George Soros apoia as causas das minorias, ajuda e eleger Obama, ajuda os oprimidos, os gays. Toda a oposição a Israel também é financiada por Israel. Assim, você determina e limita a oposição”. Segundo ele, os “bons judeus”, esses que falam em nome dos palestinos, por exemplo, podem ser ainda mais perigosos que os “maus judeus”.

Com relação à representação política, ele cita o exemplo da Inglaterra. No Parlamento, se os judeus tivessem uma representação proporcional à de 0,46% da população (são 280 mil habitantes naquele país), eles teriam direito a três assentos. Em vez disso, ocupam 24 posições, oito vezes mais. Se a representação dos muçulmanos fosse nesta mesma proporção, eles teriam que ocupar no mínimo 200 dos 650 assentos da Câmara dos Comuns. “A história dos judeus é um mito, está distante da realidade, é uma invenção, e eles conseguem convencer os outros de que é verdade porque ninguém tem permissão para falar disso, já que os judeus se apropriaram do discurso sobre o racismo”.

Gilad Atzmon, que nasceu em Jerusalém e abdicou da cidadania israelense, critica, de dentro, o etnocentrismo judeu. “Tenho a percepção de que o meu povo vive numa terra roubada”. É uma sensação que ele traz da juventude, de sua experiência no exército, de quando atuou como paramédico, em 1982, durante a Guerra do Líbano, quando viu seu povo destruindo outras pessoas. Foi um trauma que deixou uma enorme cicatriz e o levou à decisão de que ele tinha sido enganado sobre o sionismo. “A oposição binária judeu-nazista é, em si mesma, consequência de um doutrinamento judeucêntrico”. Concluiu então que fazia parte de um estado colonial cujo objetivo era a pilhagem e a limpeza étnica. “Nós fomos doutrinados para a negação da causa palestina e não estávamos conscientes disso”.

Seu editor na Argentina, Saad Chedid, lembrou que a presidenta Cristina Kirchner se solidariza com o povo palestino porque compara a situação das Ilhas Malvinas com a dos territórios ocupados por Israel. “Trata-se do mesmo tipo de colonização”. A apresentação do autor foi feita pela jornalista Telma Luzzani, especialista em política internacional e autora de Territorios vigilados (Random House), em que mostra como operam as bases militares norte-americanas na América do Sul. Telma Luzzani elogiou a forma como o autor costura referências tão ecléticas como Freud, Lacan, os irmãos Cohen e Milton Friedman na sua tentativa de desvendar a identidade judaica. “Há uma rigorosa ignorância do genocídio que ocorre em Gaza e Atzmon, além de escrever, usa a música – o autor é renomado saxofonista – como instrumento para divulgação deste drama”.

O autor apresenta um filme biográfico nesta quinta-feira, Gilad, e, na segunda, 8 de abril, conversa com professores e estudantes no Centro Cultural Borges. Finalmente, na quarta-feira (10 de abril), faz uma palestra na Faculdade de Filosofia e Letras da Universidade de Buenos Aires.

Fotos de Dagoberto Bordin.

Gilad Atzmon: El judío errante en Buenos Aires

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Gilad Atzmon, ex israelí, saxofonista y compositor, ha escrito dos novelas y variados artículos. Siempre polémico, ha dedicado su vida a defender la causa palestina y a su música. Agradecemos a Dagoberto Bordin, de Florianópolis, Brasil, que está pasando un tiempo en Buenos Aires y escribió este artículo especialmente para nosotros, aun sin ser especialista en el tema.

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Por Dagoberto Bordin.

“Los nazis me hicieron tener miedo de ser judío, mientras que los israelíes me dan vergüenza de ser judío”. Con este epígrafe de Israel Shahak, sobreviviente de los campos de concentración en Polonia, Gilad Atzmon da la tónica de su nuevo libro La identidad errante (editorial Canaán), y muestra por qué él y Shahak pueden ser considerados antisemitas (N. de la T. por otros judíos). De buen humor, Atzmon divirtió a la platea cuando admitió, ayer, en la Biblioteca del Congreso Nacional, en Buenos Aires, que siente una excitación casi libidinosa por confrontar a los sionistas porque se define como “judío que odia el judaísmo”.

En  La identidad errante, busca responder lo que significa ser judío, cómo se define la identidad política de un judío, un individuo que se siente superior a los demás, al fin y al cabo pertenece al pueblo elegido y, al mismo tiempo, es un individuo que quisiera ser tratado como los demás. Para él, el sionismo es un concepto que pertenece más a la diáspora judía porque los israelíes, de forma general, no son sionistas. “Es el judaísmo secular el que se encarga de la limpieza étnica y no el judaísmo religioso. Los judíos ultraortodoxos de la Torá están en contra del sionismo y a favor de los palestinos” (N de la T: Se refiere a grupos como Neturei Karta).

Para hablar del judaísmo en esta acepción ideológica, él usa el término judeidad. “No hablo sobre judaísmo o sobre los judíos como etnia, raza o religión”. Judeidad sería algo como una cualidad primordial, transnacional, operada por una red que no tiene un centro geográfico porque, según él, no existen judíos ingleses, franceses, alemanes o estadounidenses y sí judíos que viven en Inglaterra, Francia, Alemania o Estados Unidos. “El judío es siempre un extranjero”.

Atzmon compara Israel con la Alemania nazi. “Ellos transformaron a Dios en agente inmobiliario y la aspiración de Israel no es la de la tierra prometida sino la del planeta prometido”. Eso hace que los sionistas se sientan autorizados por Dios a destruir a sus enemigos. “¿Cómo puede pasar eso en nuestros días sin que el mundo lo sepa?”, pregunta. Y él mismo responde, explicando que los medios políticos y mediáticos están subordinados a los intereses israelíes. Los medios en general, los bancos y la industria del cine, Hollywood, están controlados por judíos tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra. “Ellos pueden hacer eso porque controlan la oposición”, explicó: “George Soros apoya las causas de las minorías, ayuda a elegir a Obama, ayuda a los oprimidos, los gais. Toda la oposición a Israel también es financiada por Israel. Así, se determina y limita la oposición”. Para él, los “buenos judíos”, esos que hablan en nombre de los palestinos, por ejemplo, pueden ser aún más peligrosos que los “malos judíos”.

En relación con la representación política, él cita el ejemplo de Inglaterra. En el Parlamento, si los judíos tuvieran una representación proporcional a la de 0,46% de la población (son 280 mil en ese país), ellos tendrían derecho a tres asientos En vez de eso, ocupan 24 posiciones, ocho veces más. Si la representación de los musulmanes tuviera la misma proporción, tendrían que ocupar por lo menos 200 de los 650 asientos de la Cámara de los Comunes. “La historia de los judíos es un mito, está lejos de la realidad, es una invención y ellos logran convencer a los otros de que es verdad porque nadie tiene permiso para hablar sobre eso, ya que los judíos se apropiaron del discurso sobre el  racismo”.

Gilad Atzmon, que nació en Jerusalén y abdicó de la ciudadanía israelí, critica, desde dentro, el etnocentrismo judío. “Tengo la percepción de que mi pueblo vive en una tierra robada”. Es una sensación que él carga desde la juventud, de su experiencia en el ejército, de cuando trabajó como paramédico, en 1982, durante la Guerra del Líbano, cuando vio a su pueblo destruyendo otras personas. Fue un trauma que dejó una enorme cicatriz y lo llevó a la conclusión de que había sido engañado sobre el sionismo. “La oposición binaria judío-nazi es, en sí misma, consecuencia de un adoctrinamiento judeocéntrico”. Concluyó entonces que formaba parte de un Estado colonial cuyo objetivo era el saqueo y la limpieza étnica. “Fuimos adoctrinados para la negación de la causa palestina y no éramos conscientes de eso”.

Su editor en Argentina, Saad Chedid, recordo que la presidenta Cristina Kirchner se solidariza con el pueblo palestino porque compara la situación de las Islas Malvinas con la de los territorios ocupados por Israel. “Se trata del mismo tipo de colonización”. La presentación del autor fue hecha por la periodista Telma Luzzani, especialista en política internacional y autora de Territorios vigilados (Random House), en que muestra cómo operan las bases militares norteamericanas en América del Sur. Telma Luzzani elogio la forma cómo el autor relaciona referencias tan eclécticas como Freud, Lacan, los hermanos Cohen y Milton Friedman en su tentativa de desvendar la identidad judía. “Existe una rigurosa ignorancia del genocidio que ocurre en Gaza y Atzmon, además de escribir, usa la música – el autor es un saxofonista famoso – como instrumento para la divulgación de este drama”.

El autor presenta una película autobiográfica este jueves, Gilad, y el lunes 8 de abril conversa con profesores y estudiantes en el Centro Cultural Borges. Finalmente, el miércoles (10 de abril) da una conferencia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Traducción: América Latina Palabra Viva.

Fotos: Dagoberto Bordin.