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Hebrón: 20 años de la Masacre Goldstein

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Por Breaking the Silence.*

A las 5:00 de la mañana del 25 de febrero de 1994, en la mitad del mes del Ramadán, un colono judío de Kiriat Arba llamado Baruj Goldstein entró a la Tumba de los Patriarcas ubicada en el centro de la ciudad palestina de Hebrón. Armado con una Galil, abrió fuego en todas las direcciones… En pocos segundos 29 personas fueron asesinadas y 125, heridas. Todos eran palestinos.

Esta masacre dio comienzo a un nuevo capítulo para la ciudad.

El Estado de Israel y las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) respondieron de inmediato imponiendo restricciones sobre la libertad de movimiento de los palestinos, por miedo a retaliaciones que la masacre podría inspirar. Cerraron tiendas y sellaron sus puertas, clausuraron carreteras al acceso de vehículos palestinos y decretaron un toque de queda que duró dos meses. Nadie salía, nadie entraba.

Desde entonces, la situación en Hebrón solo ha ido cuesta abajo: las restricciones de movimiento que empezaron en el 94 han aumentado y se han sofisticado a lo largo de los años, mientras que la Segunda Intifada ayudó a transformar el lugar en una ciudad fantasma. Cerraron 1829 tiendas en el centro de la ciudad, el cual ha sido abandonado por las restricciones de movimiento; el 80% de los palestinos que viven en esta zona se encuentran bajo la línea de pobreza; hay 18 puestos de control del ejército israelí desparramado por la ciudad; 650 soldados de las FDI pasan noche y día cuidando a los menos de 1000 colonos judíos que viven en el corazón de la ciudad palestina.

No hay duda de que en Hebrón, el terrorismo sionista ha vencido.

Como generaciones de soldados antes de nosotros, también nos mandaron a proteger a cientos de colonos que eligieron vivir en el centro de la ciudad palestina más grande de Cisjordania. Durante veinte años, nosotros –soldados de las FDI– hemos preservado la realidad de la clausura de calles y el cierre de negocios que oprime a los residentes palestinos.

Igual que generaciones anteriores de soldados, también creímos que el servicio en las FDI tenía sentido. Pero antes de llegar a Hebrón, nadie nos dijo que teníamos que perseguir niños e impedir que fueran a la escuela porque habían impuesto un toque de queda; que teníamos que parar la violencia de los colonos judíos con nuestros propios cuerpos para que al día siguiente ellos mismos nos dieran órdenes; nadie nos dijo que tendríamos que seguir órdenes pensadas para instaurar la sensación de que estábamos siendo perseguidos por los palestinos. No es lo que nos habían dicho y esto no es lo que dicen hoy en día.

Si Goldstein se levantara de su tumba, ubicada en un parque público de Kiriat Arba, no habría nadie más feliz que él con la realidad de Hebrón. Veinte años después de la Masacre cometida por Goldstein, Hebrón sirve como prueba de que hemos dejado de hacernos cuestionamientos morales. No podemos permitir que el terrorismo triunfe.

 * Breaking the Silence (Rompiendo el Silencio) es una organización de veteranos israelíes que sirvieron en las FDI desde el año 2000 y tienen como objetivo crear consciencia en la opinión pública sobre la realidad de cada día en los Territorios Ocupados por Israel.

Traducción: América Latina Palabra Viva.

breaking the silence 2

Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, hoy 29 de noviembre

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29 noviembre Veamos un poco de la actualidad en la Palestina ocupada.

ONU declara a 2014 Año Internacional de Solidaridad con Palestina

La mayoría de los palestinos consideran que las conversaciones de paz son un error

ONU suspende proyectos constructivos en Gaza por bloqueo israelí

Jornada de luto en Hebrón por tres palestinos asesinados en operación de Israel

La hipocresía sigue: Presidente de Israel aseguró que la paz con Palestina es ‘urgente’ y también ‘posible’

ONU denuncia que 1.7 millones de habitantes en Gaza sufren falta de energía Fortaleciendo la sostenibilidad del olivar en los Territorios Ocupados Palestinos

Imponen textos escolares israelíes a niños palestinos cambiando mapas e historia palestina

 

Israel: antisemita y colonialista

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judaismArtículo censurado de Joseph Massada.

Los judíos que se opusieron históricamente al sionismo entendían que este movimiento, desde sus primeras etapas, compartía los preceptos del antisemitismo en el diagnóstico de lo que los gentiles europeos llamaban la “Cuestión Judía”. Sin embargo, lo que más irritaba a los judíos antisionistas era que el sionismo compartía también la “solución” a la Cuestión Judía que los antisemitas habían propugnado siempre, a saber, la expulsión de los judíos de Europa.

Fue la Reforma protestante, con su recuperación de la Biblia hebrea, la que vincularía a los judíos modernos de Europa con los antiguos hebreos de Palestina, un vínculo que los filólogos del siglo XVIII consolidarían a través de su hallazgo de la familia de lenguas “semíticas”, incluyendo el hebreo y el árabe. Mientras que los protestantes milenaristas insistían en que los judíos, como descendientes de los antiguos hebreos, debían abandonar Europa hacia Palestina para acelerar la segunda venida de Cristo, los descubrimientos filológicos llevaron a denominar “semitas” a los judíos contemporáneos. En consecuencia, el salto que darían las ciencias biológicas de la raza y la herencia en el siglo XIX al considerar a los judíos europeos contemporáneos descendientes raciales de los antiguos hebreos no fue gran cosa.

Basándose en las conexiones hechas por los protestantes milenaristas antijudíos, en el siglo XIX abundaron las personalidades laicas europeas que vieron el potencial político de “devolver” a los judíos a Palestina. Menos interesados en acelerar la segunda venida de Cristo que los milenaristas, esos políticos laicos, desde Napoleón Bonaparte al secretario británico de asuntos exteriores Lord Palmerston (1785-1865) hasta Ernest Laharanne, el secretario privado de Napoléon III en los años de la década de 1860, trataron de expulsar hacia Palestina a los judíos de Europa a fin de colocarlos como agentes del imperialismo europeo en Asia. Su llamamiento sería apoyado por muchos “antisemitas”, una nueva etiqueta decidida por los racistas europeos antijudíos una vez que fue inventada en 1879 por un periodista menor vienés de nombre Wilhelm Marr, que publicó un programa político titulado “The Victory of Judaism over Germanism”. Marr tuvo buen cuidado en separar el antisemitismo de la historia del odio cristiano a los judíos sobre la base de la religión, subrayando, de acuerdo con la filología semítica y las teorías raciales del siglo XIX, que la distinción que debía hacerse entre judíos y arios era estrictamente racial.

Asimilando a los judíos en la cultura europea

El antisemitismo científico insistía en que los judíos eran diferentes de los europeos cristianos. En concreto, que los judíos no eran en absoluto europeos y que su misma presencia en Europa es lo que producía el antisemitismo. La razón por la que los judíos causaban tantos problemas a los cristianos europeos tenía que ver con su supuesta falta de raíces, con que carecían de país y, por tanto, de lealtad hacia un país. En la edad romántica de los nacionalismos europeos, los antisemitas sostuvieron que los judíos no encajaban en las nuevas configuraciones nacionales y que perturbaban la pureza racial y nacional que eran esenciales en la mayor parte de los nacionalismos europeos. Por esta razón, si los judíos permanecían en Europa, sostenían los antisemitas, sólo iban a provocar hostilidades entre los europeos cristianos. La única solución que había era que se fueran de Europa y tuvieran su propio país. Ni que decir tiene que los judíos laicos y religiosos se opusieron a esta horrenda línea de pensamiento antisemita. Los judíos de la reforma y los ortodoxos, los judíos socialistas y comunistas, los judíos de cultura yiddishkeit [de la judeidad] y cosmopolita, todos coincidían en que se trataba de una peligrosa ideología de la hostilidad que buscaba expulsar a los judíos de sus patrias europeas.

La Haskalah judía, o Ilustración, que surgió también en el siglo XIX, trató de asimilar a los judíos en la cultura gentil laica europea y hacer que perdieran su cultura judía. Fue la Haskalah la que trató de romper la hegemonía de los rabinos judíos ortodoxos sobre los “ostjuden” de los shtetl [poblados] judíos de Europa del Este y de abandonar lo que se percibía como cultura “medieval” judía a favor de la cultura moderna laica de los cristianos europeos. El judaísmo de la Reforma, al igual que la variante cristiana y protestante del judaísmo, surgiría del corazón de la Haskalah. No obstante, este programa asimilacionista trató de integrar a los judíos en la modernidad europea, no de expulsarles de la geografía europea.

Cuando se inició el sionismo, década y media después de que se publicara el programa antisemita de Marr, abrazaría todas estas ideas antijudías, incluyendo como válido el antisemitismo científico. Para el sionismo, los judíos eran “semitas”, descendientes de los antiguos hebreos. En su panfleto fundacional Der Judenstaat, Herzl explicó que eran los judíos, no sus enemigos cristianos, quienes “provocaban” el antisemitismo y que “donde no existía [el antisemitismo], eran los mismos judíos quienes lo llevaban en el curso de sus migraciones”, que “los desgraciados judíos están ahora llevando a Inglaterra las semillas del antisemitismo; que lo han introducido ya en EEUU”; que los judíos eran una “nación” que debería abandonar Europa para restaurar su “nacionalidad” en Palestina o Argentina; que los judíos debían emular culturalmente a los cristianos europeos y abandonar las lenguas y tradiciones de donde viven a favor de las lenguas modernas europeas o de una lengua nacional antigua restaurada. Herzl prefería que todos los judíos adoptaran el alemán, mientras que los sionistas de la Europa del Este querían el hebreo. Los sionistas que llegaron después de Herzl aceptaron incluso y afirmaron que los judíos estaban separados racialmente de los arios. En cuanto al yiddish, la lengua viva de la mayoría de los judíos europeos, todos los sionistas estuvieron de acuerdo en que había que abandonarla.

La mayoría de los judíos continuaron resistiéndose al sionismo y entendían sus preceptos como los propios del antisemitismo y como una continuación de la búsqueda de la cultura gentil Haskalah para abandonar la cultura judía y asimilar a los judíos a la cultura gentil laica europea, excepto que el sionismo buscaba esto último no en el interior de Europa sino en un lugar geográfico distante tras la expulsión de los judíos de Europa. El Bund, o Unión General de Trabajadores Judíos en Lituania, Polonia y Rusia, que se había fundado en Vilna a primeros de octubre de 1897, pocas semanas después de celebrarse el I Congreso Sionista en Basilea a finales de agosto de 1897, se convertiría en el enemigo más feroz del sionismo. El Bund se unió a la Coalición Judía Antisionista existente de rabinos ortodoxos y de la reforma que habían unido sus fuerzas pocos meses antes para impedir que Herzl celebrase el primer Congreso Sionista en Munich, lo que le obligó a trasladarse a Basilea. El antisionismo judío en Europa y EEUU contaba con el apoyo de la mayoría de los judíos, que continuaron considerando el sionismo como movimiento antijudío hasta bien entrada la década de 1940.

Cadena antisemita de entusiastas pro-sionistas

Al darse cuenta de que su plan para el futuro de los judíos europeos encajaba con el de los antisemitas, Herzl preparó pronto una estrategia para aliarse con estos últimos. Declaró en su Der Judenstaat que:

“Los gobiernos de todos los países azotados por el antisemitismo tendrán mucho interés en ayudarnos a conseguir la soberanía que queremos”.

Añadió que “no sólo los judíos pobres” contribuirían a un fondo de inmigración para los judíos europeos, “sino también los cristianos que querían librarse de ellos”. Herzl confió en sus Diarios sin remordimiento alguno que:

“Los antisemitas se convertirán en nuestros más firmes amigos, los países antisemitas en nuestros aliados.”

Así pues, cuando Herzl empezó a reunirse en 1903 con infames antisemitas como el ministro ruso del interior Vyacheslav von Plehve, encargado de supervisar los pogromos antijudíos en Rusia, buscaba deliberadamente una alianza. Que fuera el antisemita Lord Balfour quien, como primer ministro de Gran Bretaña, supervisó en 1905 el Acta de Extranjería de su gobierno que impedía que los judíos del Este de Europa que huían de los pogromos rusos entraran en Gran Bretaña, según señaló, para salvar al país de los “indudables males” de “una inmigración mayoritariamente judía”, fue algo totalmente fortuito. La infame Declaración Balfour de 1917 para crear en Palestina un “hogar nacional” para el “pueblo judío”, se concibió, entre otras cosas, para frenar el apoyo judío a la Revolución Rusa e impedir la oleada de nuevos inmigrantes judíos no deseados hacia Gran Bretaña.

Los nazis no serían una excepción en esta cadena antisemita de entusiastas pro-sionistas. De hecho, los sionistas llegarían a un acuerdo con los nazis en las primeras etapas de su historia. Fue en 1933 cuando se firmó el infame Acuerdo de Traslado (Ha’avara) entre los sionistas y el gobierno nazi para facilitar el traslado de los judíos alemanes y sus propiedades a Palestina, rompiendo el boicot judío internacional a la Alemania nazi que lanzaron los judíos estadounidenses. Fue con ese espíritu con el que los representantes nazis fueron enviados a Palestina para que informaran sobre los éxitos de la colonización judía del país. Adolf Eichmann volvió de su viaje a Palestina en 1937 lleno de fantásticas historias sobre los logros de los kibbutz ashkenazis, racialmente separatistas, uno de los cuales visitó en el Monte Carmelo como huésped de los sionistas.

A pesar de la abrumadora oposición de la mayoría de los judíos alemanes, fue la Federación Sionista de Alemania el único grupo judío que apoyó las Leyes de Nuremberg de 1935, mientras acordaban con los nazis que judíos y arios eran razas separadas y separables. Esto no fue un apoyo táctico sino un apoyo basado en la similitud ideológica. La Solución Final de los nazis significó inicialmente la expulsión de los judíos de Alemania hacia Madagascar. Fue este compartido objetivo de expulsar a los judíos de Europa como raza separada inasimilable el que estuvo todo el tiempo creando la afinidad entre nazis y sionistas.

Aunque la mayoría de los judíos continuó resistiendo frente a la base antisemita del sionismo y a sus alianzas con los antisemitas, el genocidio nazi no sólo mató al 90% de los judíos europeos, sino que en el proceso mató también a la mayoría de los judíos que eran enemigos del sionismo, que murieron precisamente porque se negaron a atender el llamamiento sionista a abandonar sus países y hogares.

Tras la guerra, el horror del holocausto judío no detuvo a los países europeos a la hora de apoyar el programa antisemita del sionismo. Bien al contrario, esos países compartieron con los nazis una predilección por el sionismo. Sólo se opusieron al programa genocida del nazismo. Los países europeos, junto con EEUU, se negaron a recibir a cientos de miles de supervivientes judíos del holocausto. De hecho, esos países votaron contra la Resolución de las Naciones Unidas presentada por los países árabes en 1947 pidiéndoles que aceptaran a los supervivientes judíos; sin embargo, esos mismos países serían los que apoyarían el Plan de Partición de la ONU de noviembre de 1947 para crear un Estado judío en Palestina al que expulsar a esos refugiados judíos no deseados.

Las políticas pro-sionistas de los nazis

Los EEUU y los países europeos, incluida Alemania, proseguirían con las políticas pro-sionistas de los nazis. Los gobiernos de la Alemania Occidental posteriores a la guerra, que se presentaron a sí mismos como abriendo una nueva página en su relación con los judíos, en realidad no hicieron tal cosa. Desde la creación del país tras la II Guerra Mundial, cada gobierno de la Alemania Occidental (y cada gobierno alemán desde la reunificación en 1990) ha continuado sin cesar con las políticas nazis pro-sionistas. Nunca ha habido una ruptura con el pro-sionismo nazi. La única brecha fue respecto al odio racial y genocida hacia los judíos que el nazismo consagró, pero no respecto al deseo de ver a los judíos asentarse en un país de Asia, lejos de Europa. En efecto, los alemanes explicarían que gran parte del dinero que enviaban a Israel era para compensar los costes de reasentamiento de los refugiados judíos europeos en el país.

Tras la II Guerra Mundial, en EEUU y en Europa apareció un nuevo consenso para que los judíos se integraran, con carácter póstumo, en la europeidad blanca, y que el horror del holocausto judío fuera en esencia un horror ante el asesinato de europeos blancos. Desde la década de 1960, las películas de Hollywood sobre el holocausto empezaron a describir a las víctimas judías del nazismo como un pueblo blanco, de aspecto cristiano, de clase media, educado y con talento, no muy diferente de los cristianos estadounidenses y europeos contemporáneos que deberían identificarse con ellos. Es de suponer que si las películas se hubieran referido a los judíos religiosos pobres de Europa Oriental (y la mayoría de los judíos europeos del Este asesinados por los nazis eran pobres y muchos eran religiosos), los cristianos blancos contemporáneos no encontrarían cosas comunes con ellos. De ahí que el horror cristiano europeo post-holocausto por el genocidio de judíos europeos no se basara en el horror de masacrar personas a millones que eran diferentes de los cristianos europeos, sino más bien en el horror por el asesinato de millones de seres que eran iguales que los cristianos europeos. Esto explica por qué en un país como EEUU, que no tuvo nada que ver con el asesinato de los judíos europeos, hay más de 40 memoriales al holocausto y un museo importante para los judíos asesinados de Europa, pero no hay ninguno por el holocausto de los americanos nativos o los americanos africanos de cuya muerte es EEUU responsable.

Aimé Césaire comprendía muy bien todo este proceso. En su famoso discurso sobre el colonialismo, afirmó que la visión retrospectiva de los cristianos europeos sobre el nazismo es que

“… fue una barbarie, pero la barbarie suprema, que resume todas las barbaries diarias; es el nazismo, sí, pero antes de que los europeos fueran sus víctimas, fueron sus cómplices; y toleraron el nazismo antes de que les afectara a ellos, que le absolvieron, que cerraron los ojos ante él, que le legitimaron, porque hasta entonces se había aplicado sólo a pueblos no europeos; que cultivaron ese nazismo, que se responsabilizaron de él y que antes de anegar todo Occidente, a la civilización cristiana con sus enrojecidas aguas, rezuma, se filtra y chorrea por todas sus grietas.”

No cabe duda que para Césaire las guerras nazis y el holocausto fueron consecuencia del ensimismamiento del colonialismo europeo. Pero a partir de la rehabilitación de las víctimas del nazismo como pueblo blanco, Europa y su cómplice estadounidense continuarían con su política nazi inflingiendo horrores a los pueblos no blancos de todo el planeta: Corea, Vietnam, Indochina, Argelia, Indonesia, América Central y del Sur, África Central y del Sur, Palestina, Irán e Iraq y Afganistán.

La rehabilitación de los judíos europeos tras la II Guerra Mundial fue una parte fundamental de la propaganda de la Guerra Fría de EEUU. Mientras los científicos sociales e ideólogos estadounidenses desarrollaban la teoría del “totalitarismo”, que planteaba que el comunismo soviético y el nazismo eran en esencia el mismo tipo de régimen, los judíos europeos, como víctimas de un régimen totalitario, se convirtieron en parte de la exhibición de la atrocidad que la propaganda estadounidense y europea occidental afirmaba que era igual que las atrocidades que el régimen soviético estaba supuestamente cometiendo en los períodos anteriores y posteriores a la Guerra. Que Israel se subiera al carro acusando a los soviéticos de antisemitismo por negarse a permitir que los ciudadanos judíos soviéticos se autoexpulsaran y se fueran a Israel fue parte de esa propaganda.

Compromiso con la supremacía blanca

Fue así como el compromiso estadounidense y europeo con la supremacía blanca se preservó, excepto que ahora se incluía a los judíos como parte de la gente “blanca” y de lo que llegó a llamarse civilización “judeocristiana”. Las políticas estadounidenses y europeas posteriores a la II Guerra Mundial, que siguieron estando inspiradas y dictadas por el racismo contra los nativos americanos, africanos, asiáticos, árabes y musulmanes, y continuaron apoyando el programa antisemita del sionismo de asimilar judíos a la blancura en un estado de asentamientos coloniales fuera de Europa, eran una continuación directa de las políticas antisemitas que predominaban antes de la Guerra. Precisamente una gran parte de esa ponzoña racista antisemita se dirigiría ahora contra árabes y musulmanes (tanto contra los que son inmigrantes y ciudadanos en Europa y EEUU como los que viven en Asia y África), mientras que el antiguo apoyo antisemita al sionismo proseguiría su marcha libre de obstáculos.

La alianza de la Alemania Occidental con el sionismo y con Israel tras la II Guerra Mundial, suministrando a Israel una inmensa ayuda económica en la década de 1950 y ayuda económica y militar a partir de los primeros años de la década de 1960, incluidos los tanques que se utilizaron para matar palestinos y otros árabes, es una continuación de la alianza que el gobierno nazi concluyó con los sionistas en la década de 1930. En los años sesenta, Alemania Occidental facilitó a Israel incluso entrenamiento militar para sus soldados, y desde los años setenta le ha suministrado submarinos nucleares fabricados en Alemania, con los que Israel confía en matar más árabes y musulmanes. Israel ha armado en años recientes a los submarinos suministrados por Alemania con misiles nucleares de tipo crucero, un hecho que es bien conocido por el actual gobierno alemán. El ministro de defensa israelí Ehud Barak dijo a Der Spiegel en 2012 que los alemanes se “sentirían orgullosos” de haber asegurado la existencia de Israel “durante muchos años”. Berlín financió la tercera parte del coste de esos submarinos, alrededor de 135 millones de euros por submarino, y ha permitido que Israel difiera el pago hasta 2015. Que esto convierta a Alemania en cómplice de la desposesión de los palestinos le importa tan poco al actual gobierno alemán como en los años sesenta le importaba al canciller de la Alemania Occidental Konrad Adenauer, quien afirmó que “la República Federal no tiene derecho ni responsabilidad alguna que asumir respecto a los refugiados palestinos”.

Esto se añade a los masivos miles de millones que Alemania ha pagado al gobierno israelí como compensación por el holocausto, como si Israel y el sionismo fueran las víctimas del nazismo, cuando en realidad a quienes mataron los nazis eran sobre todo judíos antisionistas. Al actual gobierno alemán no le preocupa el hecho de que incluso los judíos alemanes que huyeron de los nazis y terminaron en Palestina odiaran el sionismo y su proyecto, y eran a su vez odiados por los colonialistas sionistas en Palestina. Como los refugiados alemanes en Palestina en las décadas de 1930 y 1940 se negaron a aprender hebreo y publicaron media docena de periódicos en alemán en el país, fueron atacados por la prensa hebrea, incluido Haaretz, que pidió el cierre de sus periódicos en 1939 y de nuevo en 1941. Los colonialistas sionistas atacaron un café de propiedad alemana en Tel Aviv porque sus propietarios judíos se negaban a hablar hebreo, y el ayuntamiento de Tel Aviv amenazó en junio de 1944 a algunos de sus vecinos judíos alemanes por celebrar en su casa en la calle Allenby 21 “fiestas y bailes enteramente en lengua alemana, incluyendo programas que resultan extraños para el espíritu de nuestra ciudad” y esto “no iba a tolerarse en Tel Aviv”. Los judíos alemanes, o yekkes, como se les conocía en el Yishuv, llegarían incluso a organizar una celebración con motivo del cumpleaños del Kaiser en 1941 (para estos y más detalles sobre los refugiados judíos alemanes en Palestina, puede leerse el libro de Tom Segev “The Seven Million”).

Añadan a todo eso el apoyo de Alemania a las políticas israelíes contra los palestinos en las Naciones Unidas y habrán completado el cuadro. Incluso el nuevo memorial al holocausto construido en Berlín que se abrió en 2005 mantiene el apartheid racial nazi, porque ese “Memorial para los Judíos Asesinados de Europa” es sólo para las víctimas judías de los nazis, que todavía hoy se diferencian, como Hitler ordenó, de los otros millones de no judíos que también cayeron masacrados víctimas del nazismo. Que una filial de la compañía alemana Degussa, que colaboró con los nazis y que produjo el gas Zyklon B, que se utilizó para matar a la gente en las cámaras de gas, fuera contratada para construir el memorial no resulta en absoluto sorprendente; mientras, se confirma que quienes mataron a los judíos en Alemania en los años finales de la década de 1930 y en la de 1940 lamentan ahora lo que hicieron porque entienden que los judíos eran europeos blancos a quienes debe conmemorarse y que no deberían haber sido asesinados teniendo en cuenta ante todo su blancura. Sin embargo, la política alemana de instigar la matanza de árabes por parte de Israel apenas se relaciona con ese compromiso con el antisemitismo, que continúa estando en vigor a través del predominante racismo contemporáneo contra los inmigrantes musulmanes.

Tradición antijudía euro-estadounidense

El holocausto judío acabó con la mayoría de los judíos que lucharon y combatieron el antisemitismo europeo, incluido el sionismo. Con su muerte, los únicos “semitas” que quedan que están luchando contra el sionismo y su antisemitismo son hoy el pueblo palestino. Mientras Israel insiste en que los judíos europeos no pertenecen a Europa y deben irse a Palestina, los palestinos han insistido siempre en que las patrias de los judíos europeos eran sus países europeos y no Palestina, y que el colonialismo sionista brota de su propio antisemitismo. Mientras que el sionismo insiste en que los judíos son una raza distinta de los cristianos europeos, los palestinos insisten en que los judíos europeos no son sino europeos y no tienen nada que ver con Palestina, ni con su gente ni con su cultura. Lo que Israel y sus aliados europeos y estadounidenses han intentado hacer en las últimas seis décadas y media es convencer a los palestinos para que se conviertan también en antisemitas y crean, como los nazis, Israel y sus aliados occidentales antisemitas, que los judíos son una raza que es diferente de las razas europeas, que Palestina es su país y que Israel habla en nombre de todos los judíos. Que los dos grandes bloques de votantes estadounidenses son en la actualidad protestantes milenaristas y que los imperialistas laicos continúan la misma tradición euro-estadounidense y antijudía que se remonta a la Reforma protestante y al imperialismo del siglo XIX. Pero los palestinos siguen mostrándose escépticos y firmes en su resistencia frente al antisemitismo.

Israel y sus aliados antisemitas afirman que Israel es el “pueblo judío”, que sus políticas son políticas “judías”, que sus logros son logros “judíos”, que sus crímenes son crímenes “judíos” y que, por tanto, cualquiera que se atreva a criticar a Israel está criticando a los judíos y tiene que ser antisemita. El pueblo palestino ha emprendido una gran lucha contra esta provocación antisemita. Siguen en cambio afirmando que el gobierno israelí no habla para todos los judíos, que no representa a todos los judíos y que sus crímenes coloniales contra el pueblo palestino son sus propios crímenes y no los crímenes del “pueblo judío” y que, por lo tanto, es a ese gobierno a quien hay que criticar, condenar y procesar por sus incesantes crímenes de guerra contra el pueblo palestino. Esta posición palestina no es nueva, se adoptó al comienzo del siglo XX y continuó a través de toda la lucha palestina contra el sionismo anterior a la II Guerra Mundial. El discurso de Yaser Arafat en las Naciones Unidas en 1974 reafirmaba con vehemencia todos esos aspectos:

“Así como el colonialismo utilizó sin remordimiento alguno a los miserables, a los pobres, a los explotados como mera materia inerte con la que construir y desarrollar un colonialismo de asentamientos de colonos, también utilizó, en nombre del imperialismo mundial y del liderazgo sionista, a los destituidos y oprimidos judíos europeos. Transformaron a los judíos europeos en instrumentos de agresión; los convirtieron en elementos del colonialismo de asentamiento colonial que va intimadamente ligado a la discriminación racial… se utilizó la teología sionista contra nuestro pueblo palestino: el objetivo no era sólo el establecimiento de un colonialismo de asentamientos de estilo occidental sino también el desarraigo de los judíos de sus diversas patrias y, por consiguiente, el alejamiento de sus naciones. El sionismo… va unido al antisemitismo en sus retrógrados principios y es, al fin y al cabo, la otra cara de la misma moneda. Porque cuando lo que se propone es que los seguidores de la fe judía, con independencia de su residencia nacional, no le deban lealtad alguna a tal residencia nacional ni vivan en igualdad de condiciones con los otros, los ciudadanos no judíos, cuando es eso lo que se propone, se está propugnando el antisemitismo. Cuando se propone que la única solución al problema judío es que los judíos se alienen a sí mismos de las comunidades o naciones de las que han sido parte histórica, cuando lo que se propone es que los judíos solucionen el problema judío mediante la inmigración y el asentamiento forzoso en la tierra de otro pueblo, cuando eso ocurre, se está fomentando exactamente lo mismo que defienden los antisemitas contra los judíos.

La proclama de Israel de que sus críticos son antisemitas presupone que sus críticos se creen sus proclamas de que representa al “pueblo judío”. Pero esas afirmaciones de Israel de que representa y habla en nombre de todos los judíos son las afirmaciones más antisemitas de todas.

En la actualidad, Israel y las potencias occidentales quieren elevar el antisemitismo a principio internacional alrededor del cual buscan establecer un consenso total. Insisten en que para que haya paz en Oriente Medio, los palestinos, árabes y musulmanes deben convertirse, al igual que Occidente, en antisemitas, apoyando el sionismo y reconociendo las afirmaciones antisemitas de Israel. Excepto para los regímenes dictatoriales árabes y para la Autoridad Palestina y sus compinches, en este 65 aniversario de la conquista antisemita de Palestina por los sionistas, conocida por los palestinos como la Nakba, el pueblo palestino y los pocos judíos antisionistas supervivientes continúan negándose a aceptar este llamamiento internacional e incitación al antisemitismo. Afirman que son, como los últimos semitas, los herederos de las luchas palestinas y judías anteriores a la II Guerra Mundial contra el antisemitismo y su manifestación colonial sionista. Es su resistencia la que pervive en medio de la completa victoria del antisemitismo europeo en Oriente Medio y en el mundo entero.

Joseph Massad nació en Jordania de origen palestino. Es Profesor de Historia Intelectual y Política Árabe Moderna en la Universidad de Columbia, Nueva York. Es autor de varios libros, entre ellos, “Colonial Effects: the Making of Colonial Identity in Jordan” (2001) y “The Persistence of the Palestinian Question: Essays on Zionism and the Palestinians” (2006).

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Fuente original: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2013/05/2013521184814703958.html

Fuente en español: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=168918

Israel: Aprueban ley para alistamiento de ultraortodoxos

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Una comisión política formada por seis ministros dio hoy luz verde a un histórico proyecto de ley en Israel para el alistamiento de los jóvenes ultraortodoxos y ha enviado su propuesta al Gobierno de Benjamín Netanyahu para que sea legislada en el Parlamento.

El proyecto de ley establece por primera vez como obligatorio el servicio militar de los estudiantes de seminarios rabínicos judíos, que desde 1948 disfrutan de una exención automática.

Aprobada por secciones individuales debido a la complejidad del asunto, la última y más polémica -la de aplicar sanciones legales a los ultraortodoxos que no se presenten al servicio- fue aprobada por 4 votos a favor, 1 abstención y 1 en contra.

“Ninguno de nosotros quiere imponeros una vida secular o nuestra forma de ver la identidad israelí”, dijo hoy en una rueda de prensa el ministro de Finanzas, Yair Lapid, abanderado de la nueva ley.

Ayer, tras ver los debates bloqueados por la oposición del titular de Defensa, Moshé Yaalón, Lapid amenazó al primer ministro Netanyahu con desarmar el gobierno.

En un llamamiento a sus “hermanos ultraortodoxos”, Lapid afirmó que “este Estado fue creado para que todos podamos vivir sin miedo como judíos, pero lo que ocurre es que no podemos continuar más así”, en alusión a una comunidad marginada de las obligaciones pero que disfruta de generosas prestaciones sociales.

La necesidad de repartir de forma más equitativa las obligaciones de seguridad formó parte de las campañas de los partidos Israel Beitenu (que se presentó con el Likud), Yesh Atid y Habayit Hayehudí en las últimas elecciones, aunque hasta esta mañana sus dirigentes no lograron ponerse de acuerdo.

El ultraderechista Israel Beitenu consiguió introducir en el último momento un compromiso de que en un plazo de cinco años el Gobierno regulará un servicio civil voluntario para la minoría árabe, la otra comunidad exenta.

Los jóvenes en Israel prestan un servicio militar obligatorio de 36 meses (24 las mujeres) y la exención de los estudiantes rabínicos había provocado en los últimos años numerosas protestas sociales.

La gota que colmó el vaso fue un fallo en 2012 del Tribunal Supremo que calificó como “discriminatoria” la ley de exenciones de 2002.

Según el nuevo proyecto, que en los próximos días recibirá el Gobierno israelí, un 65 por ciento del padrón de jóvenes ultraotodoxos en edad militar deberá prestar servicio militar (unos 3.200) o civil (unos 2.000).

En principio, y con la única excepción de 1.800 “prodigios de la Torá” que seguirán estudiando el texto sagrado para el judaísmo, y de aquellos que no puedan hacerlo por razones médicas (alrededor de 1.000), el resto será reclutado a partir de 2017 o recaerá sobre este grupo las consecuencias legales de ser declarado “desertor”.

A cambio de aceptar las universalidad de las sanciones, Yaalón obtuvo de Lapid un año extra (de 3 a 4) en los plazos de la ley.

Otros artículos que contempla el proyecto es el de la aplicación del código penal a los directores de seminarios rabínicos que mientan sobre las estadísticas de sus estudiantes y con ello tiren abajo la cuota de 5.200 anuales.

La inclusión de los ortodoxos en las filas del Ejército va acompañada de un recorte de cuatro meses en el servicio regular de los varones (de 36 a 32) y un alargamiento en el de las mujeres (de 24 a 28).

Asimismo, los jóvenes del judaísmo nacional religioso -que tiene su propio acuerdo con el Ejército para combinar estudios rabínicos y servicio militar-, aportarán otro mes de servicio, menos de lo que la mayoría de los miembros de la comisión hubiese querido.

Fuente: EFE / OICP

Video: Resumen de la sesión del Tribunal Ético a Israel

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Se realizó en Argentina el Tribunal Ético a la Ocupación y Colonización por Israel en Palestina el 21 de mayo de 2013. Testigos_as, peritas_os, dieron sus testimonios acusadores. El jurado dictaminó culpabilidad, la fiscalía pidió la condena y por último se leyó el veredicto que condenó a Israel y pidió el boicot a Israel, entre otras cosas.

Sentencia completa aquí.

Excelente resumen del Tribunal Ético hecho por “Resumen Latinoamericano”.

Como é ser um palestino invisível?: 65º aniversário da Nakba

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Faysal Mikdadi

Faysal Mikdadi

Por Faysal Mikdadi.*

“Alguém devia ter caluniado a Josef K., pois sem que ele tivesse feito qualquer mal foi detido certa manhã.”

Assim começa um dos romances ícone do século vinte. Kafka captura de forma maravilhosa o ambiente de seu tempo numa narrativa agônica.

O presidente de Israel e Nobel da Paz Shimon Peres é igualmente brilhante quando cria uma ficção que captura a atmosfera dos últimos sessenta e cinco anos. Numa entrevista recente, falando sobre o aniversário número 65 de Israel, ele falou o seguinte:

“Lembro de como tudo começou. O Estado de Israel inteiro é só um milímetro de todo Oriente Médio. Um erro estatístico, terra estéril e decepcionante, pântanos no norte, deserto no sul, duas lagoas, uma morta e a outra, um rio superestimado. Não havia recursos naturais, além da malária. Não havia nada. E agora temos a melhor agricultura do mundo. Isto é um milagre: uma terra construída por gente”.  (Maariv, 14 de abril de 2013).

Eu, também celebrando meu aniversário sessenta e cinco, fiquei muito surpreso quando descobri que, junto com uns doze milhões de palestinos, nunca tinha existido.

Estou contente por ter ouvido que Palestina era “uma terra sem povo que foi dada a um povo sem terra”.

Estou contente porque tudo o que deu errado na minha vida agora pode ser apagado num ato de mágica, porque cada um dos palestinos que conheci foi, presumivelmente, uma invenção da minha imaginação. O que eu não sabia era que sendo eu palestino também não existo.

É maravilhoso ser invisível. Quando minha esposa casou comigo, se casou com uma imagem. Quando meus filhos nasceram, se relacionaram com um personagem de ficção. Minha educação espantosa e horrível em Beirute tornou-se agradável de repente porque nunca estive ali como para me sentir tão aflito.

Essa época da minha adolescência, quando criticava fortemente o coitado do meu pai por nunca entender meu ponto de vista, devo tê-la imaginado porque nunca existiu.

Em 1967, quando chorei pela morte de amigos palestinos, derramei lágrimas sem sentido porque estes amigos, segundo o senhor, Mr. Presidente, nunca existiram – a não ser que fossem parte da única vida existente na Palestina: parasitas protozoários de malária.

Tantos e tantos rostos que passam por mim enquanto evoco os sessenta e cinco anos foram um grande invento da minha não existente e criativa mente palestina. Minha primeira namorada palestina foi um belo fantasma com uma grande capacidade de amar.

Todas essas histórias de criança, que parecem vagamente familiares, devem ter acontecido em Chicago ou Argentina, já que Nablus, Tulkarem, Jerusalém, Haifa, Yafa, Belém, Nazaré, Netânia e outros lugares, ficção pura, habitados por não pessoas, aparte, obviamente de uns poucos doentes de malária que  por ali passavam – não palestinos – mas protozoários.

Me lembro de ter lido poesia palestina –ou estou imaginando essas melífluas linhas que nunca existiram?

Lógico que minhas perguntas não fazem sentido e são uma perda de tempo, porque por  ter vindo de um país vazio, fica claro que não estou escrevendo este texto.

Teve que ser um judeu de cultura germânica, que morava numa cidade tcheca, quem escrevesse o romance agônico do século passado.

Teve que ser um judeu polonês – nascido em Wolozyn, Polônia  (agora Valozhyn, Bielorrúsia) que mora na Palestina, quem nos dissesse que ele se lembra da sua chegada a uma terra vazia transformada num paraíso através do trabalho árduo. Bela história! Nem sequer Shimon Peres existia de verdade quando nasceu porque o bebê polonês era Shimon Perski.

Não é raro que os assentamentos judeus possam seguir sendo construídos em terras palestinas.  Qual é o problema? Não tem ninguém além de umas poucas pedras, algumas plantas selvagens e lembranças fabricadas.

E, Mr. Presidente, precisa-se de um escritor palestino educado numa cidade que seu exército quase arrasou e que agora mora numa cidade britânica, para mostrar as suas desculpas esfarrapadas por ter se apoderado de terras palestinas de palestinos não existentes.

E seu governo nos diz, Mr. Presidente, que o senhor quer fazer a paz conosco palestinos. Como?  Nós não existimos… O senhor até disse que estaria disposto a trocar terra por paz. Que pedaço? O pântano?  A lagoa morta?  A área infectada pela malária? O deserto?

Tenhamos uma conversa invisível sobre a paz. Estou disposto a conviver com o senhor. Juntos podemos transformar o pântano agoniado pela malária palestina no paraíso bíblico que nunca foi.

Feliz aniversário, Mr. Presidente.

Caminhada pela praia, do não existente palestino Faysal Mikdadi.

Caminhada pela praia, do não existente palestino Faysal Mikdadi.

 Tradução: América Latina Palavra Viva

*Faysal Mikdadi é escritor.