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Manda tu adhesión: ¡Que Santiago a Mil sea un espacio libre de apartheid!

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Queridos/as amigos/as y simpatizantes de la causa palestina:

La campaña BDS-Chile está juntando firmas para que la nueva versión del festival Santiago a mil sea un espacio libre de Apartheid, para lo cual es necesario cancelar las presentaciones de la compañía israelí de danza Batsheva Dance Company en tanto se presenta en Santiago a mil como representante cultural del Estado de Israel, financiada por los Ministerios de Cultura y de Relaciones Exteriores de dicho Estado.

Esta campaña hace hincapié en la necesidad de boicotear la estrategia israelí de utilizar la cultura y los espectáculos como medios para invisibilizar y blanquear la limpieza étnica del pueblo palestino y normalizar una situación aberrante desde los puntos de vista jurídicos y humanos.

In extenso, las razones que justifican esta demanda pueden ser leídas enhttp://cboicotisrael.blogspot.com.br/…/que-santiago-mil-sea… ohttp://wp.me/p389px-u0

Envía tu adhesión a boicotchile@gmail.com y, por favor, divulga la campaña.

Solo con el esfuerzo de tod@s podremos lograr que nuestra demanda sea atendida.

FAVOR FIRMAR Y DIFUNDIR: Envía tu adhesión a boicotchile@gmail.com indicando nombre completo, nacionalidad, y si lo deseas tu profesión, oficio, militancia, etc.

 

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Santiago, diciembre de 2014

Señores/as

Fundación Internacional Teatro a Mil

Presentes

Ref.- Demanda cancelación de las presentaciones de la compañía de danza israelí Batsheva Dance Company, programadas para la próxima versión del Festival Santiago a mil, por las razones que exponemos.

De nuestra consideración;

Junto con saludarlos/as, nos presentamos. Somos ciudadanos/as chilenos/as que adherimos a la campaña palestina por el Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) a Israel. Esta campaña surgió en Palestina en el año 2005, inspirada en el boicot efectuado por la sociedad civil internacional que otrora lograra derribar al Apartheid sudafricano. Ante el evidente fracaso de la Organización de Naciones Unidas y de la diplomacia para exhortar al Estado de Israel a respetar el orden humanitario internacional, es que surge este llamado desde las entrañas de la sociedad civil palestina, el cual se replica día a día en todo el mundo.

Esta campaña hace hincapié en la  necesidad de boicotear la estrategia israelí de utilizar la cultura y los espectáculos como medios para invisibilizar la limpieza étnica del pueblo palestino y normalizar una situación aberrante desde los puntos de vista jurídicos y humanos. El gobierno israelí destina grandes sumas de dinero para enviar por todo el mundo a sus representantes culturales. El propósito es consolidar una imagen de “país normal”, de democracia de corte occidental, obviando el cruel sometimiento del pueblo palestino. Por esto es que nos enteramos con profunda preocupación de las presentaciones que la Batsheva Dance Company efectuará en la próxima versión del reconocido Festival Santiago a Mil.

Iniciada en 2005 ante el aumento global de las protestas en contra de Israel, “Marca Israel” es una política de relaciones públicas del Estado que usa a las producciones culturales para distraer la atención de las violaciones diarias a los derechos humanos que perpetra Israel. En 2009, Arye Mekel, funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, señaló: “Enviaremos a reconocidos novelistas y escritores, compañías de teatro, exhibiciones, a todo el mundo… De esta manera mostraremos la cara más bella de Israel, así el mundo no nos piensa solo en el contexto de la guerra.” Este Ministerio reconoce a Batsheva como “el más reconocido internacionalmente embajador cultural de Israel.” Mientras los esfuerzos para promover una imagen positiva de Israel persisten, el pueblo palestino sufre día a día las políticas israelíes. Algunas de las realidades de las cuales la Marca Israel quiere distraernos: la ocupación progresiva de territorios palestinos por parte de Israel es la más importante de la historia moderna. 223 asentamientos solo para judíos han sido construidos por Israel en tierra ocupada, en contravención del derecho internacional. Israel construye un Muro del Apartheid en Cisjordania que no solo roba tierra palestina, sino que además separa a los campesinos palestinos de su tierra. Las Fuerzas de Defensa de Israel han demolido más de 24.000 hogares palestinos desde 1967 y continúan haciéndolo. La invasión a Gaza en 2009 asesinó a 1400 personas y la Comisión de las Naciones Unidas, liderada por el juez Richard Goldstone, halló evidencia de crímenes de guerra. En 2014, Israel atacó Gaza nuevamente y asesinó a más de dos mil personas  y  nada hace prever que alguno de los responsables de estos crímenes de lesa humanidad (que a todas luces constituyen una violación del IV Convenio de Ginebra) vayan a responsabilizarse por ellos, siguiendo con la tradición de impunidad a la cual Israel nos tiene acostumbrados.  El propio director artístico de Batsheva, Ohad Naharin, señaló en una entrevista en 2005: “Continúo haciendo mi trabajo mientras a 20 kilómetros de aquí, la gente está participando en crímenes de guerra…”. Con todo, Batsheva continúa afirmando su relación con la Marca Israel desde que es co-financiada tanto por los Ministerios de Cultura como por el de Relaciones Exteriores de Israel para presentar sus espectáculos por el mundo. Batsheva es generalmente presentada como “la compañía de danza oficial de Israel”.

Queremos dejar en claro que no estamos boicoteando a ningún coreógrafo o compañía artística por sus creencias, nacionalidad o el contenido de su trabajo. Estamos boicoteando el uso del Estado de Israel de la danza contemporánea como un soft power para limpiar la imagen de Israel en los escenarios del mundo.

Si Ohad Naharin y la Batsheva Dance Company hubieran tenido el coraje de rechazar servir en el Ejército de ocupación israelí para el servicio militar obligatorio, si hubieran tenido el coraje de públicamente condenar la ocupación ilegal de Cisjordania y el progresivo robo de tierras palestinas, que efectúa el mismo gobierno que los financia a ellos para actuar por el mundo en nombre de Israel. Si hubieran tenido el coraje de públicamente declarar que no juzgan a la gente por su religión o etnia y por ende aceptan el retorno de los refugiados palestinos a sus hogares, dentro de lo que hoy es Israel, entonces se presentarían en enero en Chile como artistas de la danza, y no como títeres políticos. Cualquiera que vea el espectáculo de Batsheva debe saber que ellos tomaron conscientemente estas elecciones. 

Para Ohad Naharin, la danza es “una forma de ilusión, un momento único que permite un escape de la realidad.” Por otra parte, ha sostenido “es para mí (la danza) una forma de visualizar el mundo en que vivo.” Quizás esta inconsistencia no sea un accidente. Si Naharin se da cuenta del mundo en que vive, quizás le haga bien refugiarse en ilusiones. ¿Es posible callar en un lugar donde las violaciones de los derechos humanos, asesinatos y torturas incluidos, son continuas y masivas, y además en tu nombre y por tu seguridad? ¿Puede ser el arte algo puro? ¿Es posible actuar como si no pasara nada?

El llamado a boicotear a Batsheva se debe a su afiliación al Estado israelí y a su rol de propaganda en éste. Nadie llama a un boicot de los integrantes de Batsheva. De hecho, los bailarines pueden ser invitados en forma individual, a representar el mismo espectáculo, en lugar de venir como Batsheva, compañía financiada por el Estado de Israel, en una estrategia diseñada para distraer a la opinión pública de la ocupación y colonización de tierras palestinas, como antes explicamos.

Queremos aclarar que el BDS no es en lo absoluto un movimiento que pretenda boicotear al pueblo judío ni colectivamente ni a sus integrantes. Tampoco pretendemos boicotear a las/os ciudadanas/os israelíes, mucho menos atacar personalmente a Naharin ni a cualquier otro. El BDS es un movimiento de resistencia pacífica que llama a todas/os las/os ciudadanas/os conscientes del mundo a no normalizar la imagen de Israel; es decir, a no mantener relaciones normales con un Estado que viola en forma sistemática y grave los derechos humanos del pueblo palestino, con el objetivo de aislar internacionalmente a ese Estado y exhortarlo así a respetar el derecho internacional. Esto es: el fin de la ocupación de los territorios palestinos, la igualdad plena entre los ciudadanos árabes y judíos en Israel, y el derecho al retorno de los refugiados palestinos. Muchas/os judías/os de todas partes del mundo, incluso judías/os israelíes, engrosan las filas del BDS. Simbólicamente podríamos citar el caso del aclamado académico israelí Ilan Pappe, quien es el precursor de la iniciativa “Boicot desde dentro”, que pretende implementar el Boicot a Israel desde Israel mismo. En el mundo de la cultura y de los espectáculos, figuras de la envergadura de Roger Waters, Alice Walker, Elvis Costello, entre tantas otras, han manifestado públicamente su apoyo al BDS.  Pedimos boicot a la “marca  Israel”, a los productos culturales israelíes que el Estado de Israel utiliza para mantener su fachada democrática y como cortina de humo que oculte sus crímenes. La “marca Israel” contribuye decisivamente a normalizar a Israel, es decir, a que lo veamos y aceptemos como un país democrático y no como al Israel que viola diariamente los derechos humanos, se ríe de la legalidad internacional, boicotea el arte palestino, y acaba de cometer, una vez más, crímenes contra la humanidad en Gaza y mantiene el bloqueo ilegal y criminal de la franja. No es posible separar ambas caras de Israel. Como afirma el propio Ilan Pappe, “el enfoque de la cultura y la vida académica israelí, como entidades diferentes del ejército, la ocupación y la destrucción, proporciona inmunidad a una de las mayores atrocidades de nuestro tiempo”.

El BDS busca presionar al Estado de Israel para que cumpla con el derecho internacional humanitario y el derecho internacional de los derechos humanos en tanto potencia ocupante en Gaza y Cisjordania. Se busca boicotear a Israel como respuesta al régimen de Apartheid que representa. Israel es un Apartheid porque ha instalado en tierra palestina un régimen de segregación basado en etnia, lengua y religión. En primer lugar, su propia definición como Estado lo hace tal. Israel se proclama a sí mismo como el Estado judío, el Estado de todos los judíos del mundo, no el Estado de los habitantes de la tierra que ocupa. La ciudadanía es una sola, la israelí. Pero las nacionalidades son varias, porque el país pertenece a la nación judía, por lo tanto, los habitantes no judíos, viven bajo un régimen distinto que el de los judíos: “la situación especial de la nacionalidad judía ha sido una manera de socavar los derechos de ciudadanía de los no judíos en Israel, especialmente para el quinto de la población que es árabe. Alrededor de 30 leyes en Israel privilegian específicamente a los judíos, en especial en las áreas de los derechos de emigración, la naturalización, el acceso a la tierra y el empleo.”[1]

El BDS buscar presionar a Israel ante lo ineficaces que han sido las soluciones diplomáticas para ofrecer una salida al “conflicto” (aunque preferimos la denominación “dominación colonial”) respetuosa de la normativa internacional. Entre la normativa internacional violada manifiestamente por Israel, tanto en Israel como en Territorios Ocupados palestinos, podemos citar la Convención para la Eliminación de la Discriminación Racial; el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; la Convención de los Derechos del Niño; la Convención contra la Tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes; la Convención para la Eliminación de la Discriminación en contra de la Mujer; etc. Asimismo, Resoluciones de las Naciones Unidas, entre las cuales destacan la Resolución 194 (adoptada por la Asamblea General del organismo el 11 /12/1948), la cual establece que los refugiados tienen derecho a regresar a sus casas, ahora en territorio de Israel, o a recibir una compensación económica si no desean volver; la Resolución 242 (adoptada por el Consejo de Seguridad del organismo el 22/11/1967) que pide la retirada de Israel de los territorios ocupados en la Guerra de los Seis Días y «el reconocimiento de la soberanía, integridad territorial e independencia política de todos los estados de la región y su derecho a vivir en paz»; la Resolución 338 (adoptada por el Consejo de Seguridad el 22/10/1973) que  confirma la validez de la Resolución 242 y recomienda el alto al fuego y el inicio de las negociaciones en vista de “instaurar una paz justa y duradera en el Oriente Medio.”

El BDS es un movimiento que persigue sanciones a Israel dada la responsabilidad que le cabe como autor en la comisión de crímenes de lesa humanidad cometidos desde su creación, que dado el escenario internacional post Guerra Fría dominado por Estados Unidos, aliado incondicional de Israel, nunca han sido conocidos y juzgados por un tribunal institucional, pese a que, por ejemplo, el último ataque militar aéreo y terrestre israelí sobre Gaza, de 50 días de duración, resultó en: la muerte de 2.188 palestinos, al menos 1.658 de los cuales eran civiles; 11.231 civiles heridos; daños a 18.000 viviendas (13% del total de viviendas disponibles en Gaza fue destruida total o parcialmente); el desplazamiento interno de unas 110.000 personas civiles; la destrucción total de ocho centros médicos y daños a muchos otros, de tal manera que 17 de los 32 hospitales fueron dañados y seis cerraron como resultado; la destrucción masiva de las instalaciones de agua resultando en unos 450.000 civiles que no pueden acceder a los suministros de agua municipales; la destrucción de las instalaciones de la única planta eléctrica de Gaza dejando a toda la Franja sin electricidad por aproximadamente 20 horas por día, lo cual produce un impacto profundo en el tratamiento de aguas, suministro de alimentos y la capacidad de las instalaciones médicas para tratar a los heridos y desplazados; numerosos ataques y destrucción a infraestructura de la ONU, incluyendo tres escuelas de la UNRWA que estaban siendo utilizadas como centros temporales de refugio; la destrucción total de unos 128 negocios y aproximadamente 550 millones de dólares en daños causados a las tierras agrícolas y la ganadería; ataques a la propiedad cultural y religiosa; y, por último, 373.000 niños que necesitan apoyo psicosocial directo y especializado. El ataque fue generalizado y sistemático y constituye una violación flagrante del IV Convenio de Ginebra para la protección de civiles en tiempos de guerra. La Autoridad Palestina estima que se requieren US $ 7,8 mil millones para reparar los daños causados a la infraestructura civil y estatal. 

Solo esperamos que llegue pronto ese día en que aplaudir en las principales plataformas culturales del mundo a los representantes israelíes sea tan grave como lo sería hoy el haber aplaudido a los representantes culturales de la Alemania nazi. Solo esperamos que llegue pronto ese día en que acusar a Israel sea tan legítimo como acusar a la Francia colonizadora y torturadora de Argelia. Solo esperamos que llegue pronto ese día en que quedarse callado frente a la masacre en Palestina se condene tan fuertemente como se ha condenado el guardar silencio mientras se exterminaba a los pueblos originarios de América.

En vista de lo expuesto, demandamos a ustedes cancelar las presentaciones de Batsheva Dance Company, embajadora cultural de Israel, como respuesta al Apartheid y a la colonización del país que representan, mientras éste no cambie su política criminal hacia el pueblo palestino. Hasta entonces, solidarizamos con el pueblo palestino, y seguiremos llamando al boicot de los espectáculos culturales israelíes que pretenden silenciar con hermosas melodías los gritos de horror de los niños de Gaza. Como chilenas/os, hemos vivido en carne propia la violación de los derechos humanos, la sociedad civil internacional solidarizó con los perseguidos por Pinochet, y por lo mismo nos parece justo y consecuente levantar la voz cada vez que los derechos humanos se violen en cualquier lugar del mundo.

Quedamos atentas/os a sus comentarios, solicitudes y respuesta,

Campaña BDS-Chile

boicotchile@gmail.com

[1] Jonathan Cook. Por qué no hay israelíes en el Estado judío. Dissident Voice. Publicado en Rebelion.org el 14-04-2010.

Campanha nacional pelo fim do contrato da ISDS segurança israelense nos Jogos Olímpicos Rio 2016

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Fora ISDSComitê Olímpico RIO 2016: Contrata empresa sionista ISDS

Caros amigos, simpatizantes e  militantes internacionalistas

O Comitê de Solidariedade à Luta do Povo Palestino do Rio de Janeiro, em parceria com a ONG Stop the Wall,  recolhem assinaturas para o lançamento de uma Campanha conjunta pelo fim do contrato com a empresa israelense ISDS , contratada pelo Comitê Olímpico RIO 2016.

Abaixo segue o documento (abaixo assinado) para colher as assinaturas .

Envie a assinatura de sua entidade para

stopISDS@yahoo.com.br

O contrato com esta empresa, fundada pelos militares da Mossad nos envergonha e fere nossa dignidade!

O sionismo transformou a Palestina em um laboratório a céu aberto, onde testa seus instrumentos de guerra e tortura contra o povo palestino que luta contra a ocupação, o racismo e pela Palestina Livre.  Desta forma, assassina, prende e tortura crianças, jovens, homens e mulheres indiscriminadamente. Sendo esta uma vitrine dantesca e medonha para venda de seus produtos. Vende a morte, o sofrimento, a tortura para alegria dos carrascos dos povos que lutam.

Isso não é novidade, não é novo. Empresas de segurança israelenses já prestaram (e ainda prestam) enormes desserviços aos Direitos Humanos em todos os cantos do mundo, desde o Mundo Árabe, passando pela África até chegar aqui , em nossa América Latina.

Não podemos deixar a escolha de tal empresa no barato! Em nome de nossa dignidade, de nosso espírito de luta e do compromisso que temos com a solidariedade internacionalista com a Palestina, e com todos os povos que lutam, vamos dar início a esta Campanha com um abaixo assinado onde as Organizações políticas, sociais e sindicais manifestem seu repúdio ao Comitê Olimpico RIO 2014 pela empresa escolhida.

PELO FIM DO CONTRATO QUE NOS ENVERGONHA!

 OBS: SOLIDARIEDADE EM AÇÃO – TODOS JUNTOS –

Por favor, ajude a recolher as assinaturas das entidades representativas. Esse é um abaixo assinado para organizações. Esperamos poder juntar as assinaturas até o dia 10 de dezembro, quando iremos entrega-la. E viva a solidariedade internacionalista entre os povos!

Abaixo segue o documento (abaixo assinado) para colher as assinaturas

Abrimos um e-mail especial e específico para essa ação de solidariedade:

Envie a assinatura de sua entidade para

stopISDS@yahoo.com.br

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PELO FIM DO CONTRATO QUE NOS ENVERGONHA!

EMPRESA SIONISTA ISDS ASSUME SEGURANÇA DA RIO 2016 !

A israelense ISDS — ligada ao “terrorismo seletivo” na Palestina e em toda América Latina — vai coordenar a “segurança” da Rio2016.

A situação na Palestina está cada dia mais dramática. Os crimes israelenses de ocupação, limpeza étnica e apartheid continuam. Depois do massacre no qual Israel matou mais de 2200 palestinos, Gaza permanece completamente cercada.

No resto da Palestina, Israel intensifica a construção dos assentamentos, roubando mais terras, prendendo e torturando crianças e jovens e expulsando a população. O Muro do Apartheid encerra a população palestina da Cisjordânia em guetos cada vez mais herméticos. A política de genocídio e limpeza étnica conta com elevado apoio da sociedade civil israelense.

 A solidariedade com o povo palestino é mais urgente que nunca! Em 2005 a sociedade civil palestina iniciou o movimento global de boicote, desinvestimento e sanções (BDS) contra Israel, e pelo embargo militar em particular, como forma eficaz e concreta de apoio à causa Palestina e à causa dos direitos humanos.

 Com esse espírito, vimos a público denunciar a decisão do Comitê Organizador dos Jogos Olímpicos e Paralímpicos Rio 2016 de contratar a empresa militar israelense ISDS como empresa “integradora” responsável pela coordenação de toda a segurança (com um gasto total de 2,2 bilhões de dólares), pelo treinamento de policiais brasileiros e pelo fornecimento de equipamentos. Além disso, a ISDS vai receber espaço publicitário no valor de 20 milhões de reais.

 A ISDS é, ao mesmo tempo, um símbolo dos crimes contra o povo palestino e contra os povos latino-americanos.

A ISDS nasce das experiências desenvolvidas por Israel na repressão e no massacre do povo palestino, exportando essas técnicas, metodologias e tecnologias em particular para a América Latina. De acordo com documentação existente, a empresa esteve envolvida com as ditaduras e golpes em Honduras, Guatemala, El Salvador e com o treinamento dos “Contras” na Nicarágua. Na Guatemala, oferecereu abertamente aulas de “terror seletivo” na época do genocídio. Em Honduras, treinou os quadros da ditadura nos anos 80 e forneceu as armas que foram usadas no ataque à embaixada brasileira onde o presidente Zelaya estava refugiado.

 O contrato com a ISDS não é somente uma violação a Campanha Mundial do BDS em defesa da população Palestina. Contratar esta empresa, vinculada a violação dos Direitos Humanos na Palestina e na América Latina, é uma afronta às lutas desses povos pela soberania. Além disso, fortalece a política e a estratégia central dos EUA e de Israel de limitar a soberania dos povos afim de manter a dominação política, econômica e militar, de instaurar e apoiar ditaduras cruéis e de criar instabilidade. O único lugar que a ISDS pode ocupar na América Latina é no banco dos réus.

 Na defesa dos direitos do povo palestino, por uma Palestina livre e, em memória e em solidariedade às lutas populares de toda América Latina e em nome da nossa dignidade as organizações que assinam este documento fazem um apelo ao Comitê dos Jogos Olímpicos – RIO 2016 que cancele imediatamente o contrato com a empresa militar israelense ISDS.

PELO CANCELAMENTO IMEDIATO DO CONTRATO COM A ISRAELENSE ISDS !

1 – Comitê de Solidariedade à Luta do Povo Palestino do Rio de Janeiro.

Fonte: http://desacato.info/?p=99852

«Estado de Palestina»: Esto no es RECONOCIMIENTO

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free palestinePor Miko Peled.

Mientras sigue el reconocimiento de los países europeos del llamado «Estado de Palestina», es obvio que este acto no es nada más que un viejo truco colonial desempolvado y reutilizado. El hecho de que sionistas liberales hipócritas como los escritores israelíes Amos Oz y David Grossman anden por ahí lo dice todo. En las relaciones triangulares entre europeos, régimen colonial en Palestina –Israel– y palestinos, todo sigue igual. Como siempre, los europeos lucran;  a Israel se le permite continuar con su régimen colonial brutal sobre Palestina y los palestinos permanecen solos. El reconocimiento del «Estado de Palestina» no es nada más que que lo que Franz Fanon llama “la farsa de la independencia nacional” (Franz Fanon, Los condenados de la Tierra). Le proporciona a un selecto grupo de palestinos la ilusión de poder con títulos como “Presidente” “Ministro” “Embajador,” el eterno favorito  “Jefe de Seguridad” y absuelve a los europeos de su complicidad con Israel.

Ahora hay, según algunos países europeos, un estado palestino. Miren, debe haber un estado hasta para Gran Bretaña y Suecia y algunos otros también lo han reconocido. Incluso tienen un “¡Presidente!” .  No importa  el hecho de que nada haya cambiado. Gaza sigue sitiada sin un levantamiento del bloqueo a la vista, los presos palestinos se consumen en las cárceles de los colonizadores, turbas armadas israelíes y la organización terrorista conocida como IDF aterrorizan palestinos, en el parlamento israelí se aprueban leyes racistas y ningún refugiado tiene autorización para retornar. Todos deberíamos recordar que no es nuevo  el reconocimiento de un “Estado” que no existe con el objetivo de adormecer la resistencia a un régimen colonial racista. Ya ha sido usado por los europeos en África y excolonias en otras partes del mundo y esto siempre ha sido bienvenido por los colonialistas liberales.

A los israelíes que están libres y disfrutan del privilegio del régimen racista en Palestina les gusta recordar a personas como mi papá, el general retirado Matti Peled y a otros como él que, aun permaneciendo sionistas, clamaban por el derecho de los palestinos a la autodeterminación, pero solo en un área pequeña, obviamente definida por Israel, para que podamos mantener nuestro régimen sionista y al mismo tiempo sentirnos unos iluminados.

Funciona bien para aquellos que condenan a Israel y sus políticas, pero igual quieren ver al estado de Israel como parte de la solución. Dicen que los «Dos Estados» son el primer paso para una democracia única, unificada, una declaración que demuestra la ignorancia de aquellos que la expresan.

En Palestina ya no es suficiente con denunciar la injusticia. Como personas conscientes debemos actuar para que cese la injusticia y esta sea reemplazada con un sistema libre y democrático. Pero muchos se olvidan que para alcanzar esto debe haber una lucha. Una verdadera lucha y no una versión  intelectualizada sugerida a menudo por algunos liberales;  es la única forma de derrotar los regímenes coloniales racistas.

Los sionistas liberales,  y hasta algunos progresistas, buscan seguir con las conversaciones y el debate. Es por eso que les gustan organizaciones como la Autoridad Palestina y las diversas ONG que han brotado en Palestina. Ellos reducen la lucha a un debate político-filosófico sobre la cuestión de los derechos humanos y la autodeterminación. Permiten que las personas vivan con la ilusión de que el colonialismo puede ser resuelto alrededor de la mesa de negociaciones. Promueven el engaño de que si los niños y niñas palestinos se pudieran conocer y jugar con niños y niñas israelíes en un campamento de verano  entonces un día todo estará bien. Pero los jóvenes israelíes retornan y sirven en las brutales fuerzas armadas del régimen colonial y los jóvenes palestinos retornan a los campos de refugiados, los diferentes campos de concentración y cárceles al aire libre que Israel les ha creado. Retornan para ser residentes indeseados en su propia tierra.

Pero, como Franz Fanon escribe en Los condenados de la Tierra, “el colonialismo no es una máquina de pensar, no es un cuerpo dotado de razón. Es la violencia en estado de naturaleza y no puede inclinarse sino ante una violencia mayor”. Mi padre y los otros sionistas liberales estaban equivocados y hoy en día sus sucesores también lo están. Porque no hay cómo detener esta máquina colonial una vez que esta ha comenzado. No se puede contener su hambre insaciable, su deseo de poder y su fuerza brutal. Es por eso que un «campo sionista de la paz» es una farsa: es por eso que no hay posibilidad de paz con el régimen de apartheid conocido como Israel.

A los gobiernos europeos nunca les gustaron las personas que no fueran blancas y cristianas como ellos. Tienen una historia de colonialismo brutal, de robo de tierras y recursos y uno se pregunta si África y partes del Oriente Medio no serían democracias prósperas hoy en día si no hubiese sido por las políticas asesinas y codiciosas de los colonizadores del pasado. Aquellos a los que nos importa de verdad y luchamos por la justicia en Palestina haríamos bien en no caer en los viejos trucos coloniales y es mejor que exijamos el reconocimiento de que Israel es Palestina ocupada, que todas las ciudades y pueblos israelíes son asentamientos ilegales y que es hora de liberar Palestina y su pueblo del régimen colonial ilegítimo conocido como Israel.

Traducción: Tali Feld Gleiser.

Fuente: http://mikopeled.com/2014/12/12/yes-to-the-struggle-no-to-recognition-by-miko-peled/

La batalla contra los traumas de la ocupación en Cisjordania

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Ihab es un psicólogo y clown palestino que trabaja para recuperar a niños traumatizados por la guerra/ Rafa Gassó

Ihab es un psicólogo y clown palestino que trabaja para recuperar a niños traumatizados por la guerra/ Rafa Gassó

Por Rafa Gassó.

Cuando Occidente se apresura en señalar a terroristas palestinos, sorprende conocer a un activista del “alma” como Ihab Ghafri, un chico pegado a una bonita y contagiosa sonrisa que le cubre el rostro de oreja a oreja. Pocas veces se pone serio. Quizá sólo al mostrar los vídeos que él mismo graba sin que le tiemble el pulso ni la imagen, a escasos metros de los tanques que ocupan, destruyen y matan compañeros y amigos de infancia -día sí, día también y desde que tiene uso de razón-, en las calles de Nablus, la ciudad cisjordana declarada “capital del terrorismo” por el Estado de Israel.

A sus 25 años, Ihab no es sólo un arrojado fotógrafo y videoperiodista. También es psicólogo de formación, da clases de matemáticas y por encima de todo es un ‘clown’ que utiliza todas sus artes para tratar de recuperar a cientos de niños traumatizados por una guerra discontinua y brutal que ha minado el ánimo de varias generaciones y que este verano ha alcanzado un clímax de barbarie en la vecina franja de Gaza.

Observándole nadie diría que su ciudad permanece rodeada de cuatro acuartelamientos militares y nueve controles, preparada para ser bloqueada y aislada por el gobierno en un tiempo récord de cinco segundos. Ni que conociese al primero de sus dos hermanos, encarcelados, cuando cumplió los cuatro años de edad o tuviese que esperar un lustro más para ponerle cara al segundo.

Ni que con apenas 13 años, en 2002, durante la Segunda Intifada, se hiciese voluntario de la Media Luna Roja Palestina socorriendo a los heridos, portando a hombros a los “mártires” y suministrando alimentos y medicinas a las familias de la sitiada ciudad vieja. Ni tampoco, mucho menos, que con 20 la nómina de sus seres queridos fallecidos bajo el fuego israelí, algunos de ellos en sus propias manos cuando trataba de evacuarlos, fuese ya tan alta.

“La sonrisa es una herramienta mágica que uso siempre, incluso en tiempos difíciles. Me da la fuerza para seguir haciendo cosas imposibles. Cuando miras a tu alrededor, ves tu pasaporte y te das cuenta de que no puedes viajar con él, ni siquiera a los países árabes…”, reflexiona. “Cuando una persona está dispuesta a hacer cualquier cosa para ayudar a otro, te hace sonreír”.

Quizá por eso, inmediatamente después de aquella Segunda Intifada creó con unos amigos el grupo de ‘teatro-clown’, Katakeet -en el que aún hoy sigue trabajando pese a que dos de ellos fueran detenidos y un tercero asesinado “a balazos”-, antes de obtener su licenciatura en Psicología con la ayuda de la ONG Human Supporters Associaton (HSA), socia contraparte de ese Festiclown organizado por Pallasos en Rebeldía, que le ayudó con una beca para compaginar sus estudios con el teatro y así poder ayudar a otros niños en el futuro.

“Al terminar el colegio comprendí que los israelíes tratan de destruir la mente y el ánimo palestinos, y me di cuenta de que necesitaríamos psicólogos. La cantidad de ayuda que necesitan nuestros niños es algo que ya solía ver desde pequeño. Yo mismo fui uno de esos niños”.

“Un día, cuando tenía 7 años, vi un circo de payasos pasar cerca de casa y uno de ellos me sonrió. Es una imagen que todavía recuerdo. Me tocó de tal forma que empecé a trabajar con un grupo de amigos en ‘teatro-clown’ y más tarde a usar el análisis psicológico para intentar ayudar a los niños y a sus familias. Estoy convencido de que cuando sonreímos siempre podemos reflejar nuestro lado humano y encontrar soluciones”.

La educación, la base de todo
“El sufrimiento psicológico del pueblo palestino es muy difícil de tratar”, explica Ihab. “A veces la terapia funciona y a veces no, porque es imposible cambiar la fisiología de una persona. Al menos, mientras siga viviendo bajo el mismo ambiente, en un entorno desprotegido y vulnerable debido a la ocupación. No hay que olvidar que los ataques y asaltos dirigidos a niños y mujeres ocurren todos los días”, cuenta Ihab. Y lo ilustra con algunos casos en los que ha trabajado, como el de un chaval que vio cómo su mejor amigo caía abatido ante los soldados israelíes. “Sufrió mucho su pérdida y esta se convirtió en un punto de inflexión en su vida.

Empezó a ver a su amigo en sueños y después de un tiempo se involucró en los grupos de resistencia palestinos hasta que una noche él también cayó abatido. Podrían haberlo detenido, pero prefirieron matarlo. El trauma provoca que un hombre vea la muerte como una salida fácil”. O el de uno de sus compañeros de clase cuyo hermano fue asesinado delante de sus ojos. Cuando el padre fue a ayudarlo, recuerda, también le dispararon y prohibieron la entrada de la ambulancia. “Las historias son innumerables. Y esta situación hace que las personas se vuelvan como en The Walking Dead; sólo cuerpos. Sin alma. Sin embargo, aún consiguen sonreír y vivir sus vidas”, insiste.

“Educar a los niños es construir una nueva generación”, explica Ihab. Un objetivo que lleva a cabo a través de la ONG enseñándoles a rechazar “esa realidad sin alma” que, dice, están creando los israelíes, y animándolos a ser creativos y a trabajar en equipo.

Destaca tres aspectos fundamentales. El primero, formar a esas nuevas generaciones impulsando sus actividades académicas y culturales incidiendo en el uso de técnicas para proteger su salud psicológica. El segundo, desarrollar su carácter para que puedan convertirse en profesionales: profesores, bailarines o artistas. Y tercero, cuidando más, si cabe, a los niños con trastornos que han sido testigos de las masacres del Ejército israelí. “La educación palestina es nuestra manera de poder salir al mundo”, concluye.

Fuente: http://www.eldiario.es/desalambre/Sonrisas-ocupacion-Cisjordania_0_334216917.html

El derecho y el deber de los palestinos a resistir

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Un joven palestino durante enfrentamientos con la policía israelí en un suburbio de Jerusalén Este. 23 de octubre. Foto: AFP.

Un joven palestino durante enfrentamientos con la policía israelí en un suburbio de Jerusalén Este. 23 de octubre. Foto: AFP.

Por Gideon Levy.

Imagínense que ustedes son los palestinos. Tal vez residentes de Jerusalén Este. Cuarenta y siete difíciles años a sus espaldas; una enorme y deprimente oscuridad por delante. La tiranía israelí que sella su destino declara de forma arrogante que todo continuará como está para siempre. Su ciudad seguirá ocupada «eternamente». El ministro de defensa, segundo en importancia en el gobierno que los oprime, dice que nunca habrá un Estado palestino.

Imagínate que eres palestino o palestina y tus hijos corren peligro. Hace dos días, las fuerzas de ocupación mataron otro chico porque «prendió un cóctel molotov«. Las palabras «Muerte a los árabes» aparecen en una pintada cerca de tu casa. Adonde vayas, un soldado de la policía de fronteras te puede gritar. Tu casa puede ser invadida brutalmente todas las noches. Nunca serás tratado como ser humano. Ellos te humillarán, destruirán, intimidarán y quizás hasta te arrestarán, posiblemente sin juicio.

Hay cerca de 500 detenidos «administrativos», un número récord en los últimos años. Si algún ser querido tuyo es arrestado, tendrás dificultades para visitarlo. Si lo logras, ganarás una conversación de media hora a través de un vidrio. Si tu ser querido es un detenido «administrativo», nunca sabrás cuándo lo soltarán. Pero estas son trivialidades a las que te acostumbraste hace mucho.

Tal vez también te has acostumbrado al robo de tierras. En cualquier momento, un colono puede invadir tu tierra, quemar tu plantación o prenderles fuego a tus campos. Por esto no lo van a llevar a juicio; los soldados que se supone que te tienen que proteger se quedarán de brazos cruzados. En cualquier momento, puede aparecer una orden de demolición o una orden de desalojo arbitraria. No puedes hacer nada.

Imagínense que ustedes son los palestinos. No pueden abandonar Gaza y tampoco es fácil salir de Cisjordania. La playa, a menos de una hora en automóvil de su casa en Cisjordania, está más allá de las montañas de oscuridad. Los israelíes pueden ir a Tierra del Fuego con mucha más facilidad que ustedes a la playa en Ajami.

No hay sueños, no hay deseos. Sus hijos tienen una chance remota de ser algo en la vida, aun yendo a la universidad. Lo único que les espera es una vida de humillaciones y desempleo.

No hay chance de que esta situación cambie a corto plazo. Israel es fuerte, tiene a Estados Unidos en el bolsillo, sus líderes son débiles (la Autoridad Palestina) y están aislados (Hamás), y el mundo está perdiendo interés en su destino. ¿Ustedes qué hacen?

Hay dos posibilidades. La primera es conformarse, darse por vencidos, rendirse. La segunda es resistir. ¿Quiénes han sido más respetados a lo largo de la historia? ¿Aquellos que pasaron sus días bajo ocupación y colaboraron con ella o aquellos que lucharon por su libertad?

Imagínate que eres palestino o palestina. Tienes todo el derecho a resistir. De hecho, es tu obligación civil. No hay discusión posible. El derecho de un pueblo ocupado a resistir a la ocupación está asegurado por el derecho natural, por la moral de la historia y por el derecho internacional.

Las únicas restricciones tienen que ver con los medios de resistencia. Los palestinos han probado casi todos, para bien o para mal – negociaciones y terror, con una zanahoria y con un palo; con una piedra y con bombas; en manifestaciones y en ataques suicidas. Todo en vano. ¿Tienen que desesperarse y rendirse? En la historia, esto no ha sucedido casi nunca, así que continuarán resistiendo. A veces usarán medios legítimos, otras, medios viles. Es su derecho a resistir.

Ahora están  resistiendo en Jerusalén. No quieren el dominio israelí ni gente que quema niños vivos.  No quieren colonos armados que invaden sus apartamentos y los desalojan en el medio de la noche, con la protección de la ley israelí según su origen. Ellos también enloquecen cuando la casa de un terrorista judío no es demolida, mientras que sí lo es la casa de un palestino.

No quieren que Israel los siga oprimiendo, entonces resisten. Tiran piedras y bombas incendiarias. Esa es la apariencia de la resistencia. A veces actúan con instinto asesino, pero aun así no es tan terrible como la violencia interna del ocupante.

Es su derecho; es su obligación.

Traducción: Amlapav.

 Fuente: http://www.haaretz.com/opinion/.premium-1.622711

N. de la R.: Los años difíciles empezaron en 1948, hace 66 años.

Se sigue llamando Palestina

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Olivos. Camino de Hebrón a Beit Ummar. Foto: Tali Feld Gleiser.

Olivos. Camino de Hebrón a Beit Ummar. Foto: Tali Feld Gleiser.

Netanyahu nunca ha aceptado la solución de los dos Estados. Tampoco ahora.

Por Luz Gómez García.

La semana pasada Palestina vivió un momento esperanzador con la reunión, por primera vez desde 2007, de un Gobierno de unidad nacional y con su reconocimiento como Estado soberano por parte de Suecia, un país de peso en la ingeniería política internacional (distinta cosa, aunque también significativa, es la petición del Parlamento británico a su Gobierno para que reconozca a Palestina). Cohesión, trabajo en las instituciones internacionales y potenciación de la sociedad civil son los retos de la política palestina para los próximos tiempos.

Pero antes de poder escenificar su unidad, Palestina tuvo que sufrir en Gaza una ofensiva israelí cuyas causas no están del todo claras. Cuando a principios de julio el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, decidió lanzar el ataque, había varios factores que parecían empujarle a ello.

En primer lugar, el secuestro y asesinato del joven palestino Muhammad Abu Khdeir, quemado vivo a las afueras de Jerusalén a raíz del secuestro y asesinato de tres estudiantes de una yeshivacercana a Hebrón, había llegado a gozar de unos niveles de apoyo popular preocupantes. Tanto por la derecha como por la izquierda, a Netanyahu se le pidió que hiciera algo más que culpar a Hamás: o bien que vengara a los jóvenes asesinados, o bien que calmara los ánimos. Para el primer ministro israelí, la maniobra más segura era atacar Gaza.

En segundo lugar, uno de los asuntos que menos sale a la luz pública internacional es el estado de movilización y la tensión creciente en que vive la población palestina del Estado de Israel (en torno al 20%). En el último año se han aprobado una serie de leyes que discriminan aún más a los palestinos con ciudadanía israelí, como el Plan Prawer, que expropia a los beduinos del Néguev. Y lo más importante: se ha impulsado el proyecto para una Ley Fundamental que defina a Israel como un Estado judío. Entre junio y julio cerca de 600 palestinos, de ellos 180 menores, fueron detenidos en manifestaciones en demanda del fin de las políticas discriminatorias, lo cual supone la mayor campaña de arrestos masivos desde octubre de 2000, cuando comenzó la Segunda Intifada. Es este un escenario muy preocupante para el Gobierno israelí, pues uno de sus grandes temores es la concreción de una nueva Intifada, sobre todo si tiene a los palestinos israelíes como principales protagonistas.

Por último, el fracaso de las negociaciones de paz tampoco dejaba a Netanyahu en buen lugar: su consecuencia, la formación del Gobierno de unidad nacional palestino, ha contado con el beneplácito más o menos explícito de los aliados de Tel Aviv. Y ha venido a rebatir uno de los puntos fundamentales del argumentario israelí: que los palestinos no son un socio fiable para la paz porque no son capaces de ponerse de acuerdo entre ellos.

Uno de los asuntos que menos sale a la luz es la tensión creciente de los palestinos en Israel

Por todo ello atacar Gaza una vez más parecía una solución política: desviaba la atención, aunque solo fuera temporalmente, de esta acumulación de problemas. Pero el resultado fue el contrario del deseado. La popularidad de Netanyahu cayó del 82% a las dos semanas de comenzar la ofensiva al 38% un mes después.

Se pueden decir muchas cosas de Netanyahu, pero no que haya ocultado nunca sus intenciones sobre Palestina. Con más o menos tecnicismos, nunca ha aceptado la solución de los dos Estados. Tampoco ahora. En su discurso ante la Asamblea General de la ONU el 29 de septiembre no mencionó ni una vez al Estado palestino o las negociaciones y sí 15 veces al ISIS. El 11 de julio, tres días después de que comenzaran los bombardeos, negaba la posibilidad de un Estado palestino independiente. El conflicto de Gaza, dijo entonces, significa que “no puede haber una situación, bajo acuerdo alguno, en la cual nosotros renunciemos al control de la seguridad del territorio al oeste del río Jordán”, es decir, que Israel no renunciará a Cisjordania. Y aquí reside todo: si por Netanyahu fuera, el Estado palestino se reduciría a Gaza. Porque la anexión de Jerusalén oriental es un hecho, y la de Cisjordania, al ritmo actual de crecimiento de la colonización, es cuestión de unos años. Solo hay un problema: que con la tierra van los palestinos. Como ha dicho recientemente Hanan Ashrawi, diputada del Consejo Legislativo Palestino, “los palestinos creyeron un día en la solución de los dos Estados; hoy, de lo único que están seguros es de que no abandonarán su tierra”.

Si al primer ministro israelí la guerra de Gaza no le ha servido de mucho, y Hamás, en cierto modo, ya la había ganado por anticipado con la formación del Gobierno de unidad nacional, ¿les ha servido de algo a Israel o a Palestina? Responder a esta pregunta es entrar de lleno en el terreno de la otra guerra: la de narrativas.

Netanyahu, y con él buena parte de los israelíes, se resiste a encarar el futuro, y el Gobierno sigue aplicando recetas de otro tiempo:check-points, bloqueo, castigos colectivos, arrestos indiscriminados, confiscación de tierras. Los más sensatos llaman, como pedía el editorial del 1 de septiembre del diario Hareetz, a acabar con el bloqueo de Gaza por el bien general, pero son muy pocos quienes plantean un cambio de estrategia verdadero. Michel Warschawski, veterano activista, contaba hace unas semanas cómo el miedo a sus compatriotas empieza a cundir entre los pocos israelíes que se oponen a estas políticas y defienden un futuro conjunto palestino-israelí. En un mundo en que los equilibrios geoestratégicos se están recomponiendo, Israel necesita reinventarse, “desprovincializarse” que diría la filósofa norteamericana Judith Butler, si no quiere perder definitivamente la guerra de narrativas que viene librando con los palestinos desde los años setenta, cuando no desde la Nakba misma.

Para los israelíes, tras la fulgurante fundación del Estado en 1948 y su rápida consolidación, la guerra de 1967 supuso un cambio sustancial en la reivindicación de la continuidad histórica, cultural y racial del pueblo judío en que habían basado su derecho a construir un Estado en Palestina. Con la ocupación de Jerusalén Oriental, Cisjordania y Gaza, tanto o más importante que reivindicarse como nación comenzó a ser despojar a los palestinos de ese derecho, hasta el punto de acabar condicionando su relato al del pueblo cuya tierra habían arrebatado y cuya existencia habían negado. El historiador israelí Shlomo Sand denomina “ultraidentidad” a esta estrategia entregada a un pasado mítico para perpetuar un presente imposible, y la considera letal para la viabilidad democrática del Estado, incluso para el conjunto del judaísmo.

Israel necesita reinventarse si no quiere perder la guerra de narrativas

Tampoco los palestinos supieron librarse al principio de la trampa de someter la construcción de su relato a la lógica del ellos/nosotros, hasta el punto de casi perderse en el cruce de acusaciones sobre víctimas y verdugos. Arafat, en el célebre discurso de 1988 en Argel en que proclamó la independencia del Estado de Palestina en las fronteras de 1967, dio un vuelco inesperado a esa narrativa. Al mundo le sorprendió su reconocimiento de Israel y el proyecto político que enunció, pero mucho más revolucionario era el mensaje implícito sobre la identidad palestina. Se ha llegado a comentar si él mismo supo entenderlo, si no le superó la genialidad de los dos artífices de la Declaración de Independencia, el académico Edward Said y el poeta Mahmud Darwix. En cualquier caso, la fuerza de la dialéctica saidiana asentó un nuevo significado para el relato palestino: la identidad no es lo que se hereda, es lo que se lega, es tan cambiante como territorial y verbal. En un poema de 1986, Mahmud Darwix ya había reducido a lo esencial su punto de vista, en unas palabras tan sencillas que costará que haya paz si no se entienden: “Se llamaba Palestina. Se sigue llamando Palestina”.

Luz Gómez es profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2014/09/04/opinion/1409828481_473186.html

El sionismo y la guerra total contra los palestinos

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ISRAEL-Y-AHORA-QUEDel año 2003 pero aún actual.

Por Tikva Honig-Parnass.

Más de cincuenta y cinco años después de la creación del Estado de Israel y treinta y seis tras la ocupación del resto de la Palestina histórica, la naturaleza esencial del conflicto entre los nacionalismos árabe y palestino, de un lado, y el sionismo y el imperialismo, del otro, ha vuelto a plantearse. Durante todos estos años el conflicto sólo ha sido definido de manera ambigua o parcial como una disputa territorial, unas campañas militares o la ocupación y la opresión de los palestinos (aunque ni los palestinos que viven en Israel, ni los refugiados eran tenidos en cuenta en este discurso). El proyecto sionista ha continuado con su tradicional “pragmatismo” a la hora de definir sus objetivos, aprovechando las oportunidades políticas y los cambios en la correlación de fuerzas entre los palestinos, el mundo árabe y las grandes potencias. Sin embargo, el Estado judío sionista –comprendiendo que no puede acabar con la resistencia contra las distintas “soluciones” políticas que buscan liquidar el nacionalismo palestino– parece decidido a desatar una guerra total contra el pueblo palestino, aprovechando la nueva Pax Americana en Oriente Medio, tras la victoria de EE UU en Irak. La “izquierda” y el centro israelíes, junto con la burguesía palestina, continúan confundiendo a sus partidarios y a la comunidad internacional al afirmar que la causa del conflicto es la ocupación israelí desde 1967 de Cisjordania. Pero la Junta Militar israelí sabe perfectamente que la contradicción entre el nacionalismo árabe y el sionismo es fundamental y no ha cambiado desde la fundación del movimiento sionista en 1882. El conflicto se basa en que las aspiraciones sionistas a establecer una soberanía judía total o parcial sobre Palestina implican la destrucción del pueblo palestino. El amplio reconocimiento de las verdaderas causas del conflicto en los medios militares y en la derecha israelíes, así como las catastróficas consecuencias que se desprenden de ello, ha sido demostrado recientemente por la vuelta a la “ortodoxia” historiográfica sionista del conocido “nuevo historiador” Benny Morris. En un articulo publicado en el diario británico The Guardian en febrero del 2002, se retracta de sus anteriores contribuciones para desvelar la verdad del Nakba (“Desastre”) palestino (la expulsión de los palestinos en 1948 para crear el Estado de Israel). Su versión actual es que “el problema es consecuencia directa de la guerra iniciada por los palestinos y, tras ellos, por los Estados árabes vecinos”. En su libro El nacimiento del problema de los refugiados palestinos, 1947-1949, Benny Morris señala que ha “explicado que el surgimiento del problema fue ‘casi inevitable’, dado el objetivo sionista de crear un Estado judío en un territorio poblado en su mayoría por árabes y teniendo en cuenta la resistencia árabe al proyecto sionista”. Es más, sumándose a la derecha y a gran parte del centro político israelíes, Morris concluye que dado el rechazo palestino a la oferta israelí de un 22% del territorio de la Palestina histórica (aunque el nuevo “muro defensivo” israelí en Cisjordania reduce esta proporción a un 14%, la única solución definitiva del conflicto es la limpieza étnica. En un artículo publicado también en The Guardian en octubre de 2002, Morris lamenta que el actual conflicto se perpetúe porque el sionismo fracasó en 1948 a la hora de expulsar a todos los palestinos de sus tierras: “Me pregunto que pensaría de todo esto Ben Gurion si resucitara, él que fue quién hubiera podido diseñar un desplazamiento general y no sólo parcial en 1948 y se contuvo. Quizás ahora lamentase su decisión. Tal vez, si hubiera ido hasta el final, hoy Oriente Medio sería un lugar más sano, menos violento, con un Estado judío entre el río Jordán y el Mediterráneo y un Estado árabe-palestino en Transjordania”. La posición de Benny Morris subraya el hecho que el proyecto colonial sionista, y sus desastrosas consecuencias, se aproxima a la realización de sus objetivos finales, que fueron en principio concebidos y planificados en el periodo anterior a 1948. La nueva era que se abre en el marco establecido por la Doctrina Bush se caracterizará por un reforzamiento de las dimensiones políticas, militares, económicas e ideológicas del proyecto sionista, que después de 1993 quedó algo difuminado como consecuencia del “Proceso de Paz de Oslo”.

¿Cuáles son los objetivos y la ideología del sionismo?

I. El colonialismo sionista antes de 1948 1. Objetivos. El objetivo del movimiento sionista fue, desde sus comienzos, establecer una mayoría judía en Palestina y la condición para ello era la conquista de la tierra y la creación de un Estado exclusivamente judío en toda Palestina, pacífica o militarmente /1. Como subraya la declaración de independencia, no se estaba proclamando simplemente el “Estado de Israel”, sino “un Estado judío en la tierra de Israel que tendrá como nombre Estado de Israel” /2. El Estado judío, cuyo reconocimiento por parte de los palestinos y el mundo árabe exige Israel como una de las condiciones para aceptar la “Hoja de Ruta”, resume y codifica el núcleo de la ideología sionista: Palestina es la patria histórica de la nación judía. Tras su expulsión por los romanos, los judíos tienen el derecho a volver y reclamar toda Palestina. Y ello se ha utilizado como justificación para la imposición a la población palestina originaria de un “Estado nación” en el que los judíos serían mayoría y, de acuerdo con el primer presidente de Israel, David Ben Gurion, sería “gobernado por judíos para los judíos”. Un Estado construido para acoger a todos los judíos del mundo. El mensaje implícito es que Palestina sólo tiene un interés circunstancial para los palestinos, en tanto que residentes. Porque “Palestina como nación solo tiene significado para los judíos…y los palestinos sólo tienen derechos de residencia individuales”, como escribió Ben Gurion. 2. Nacionalismo sionista y socialismo a.Nacionalismo. El sionismo desarrolló la ideología de un Estado exclusivamente judío y del “lazo natural” de la nación judía con Palestina en el marco conceptual del nacionalismo orgánico de “la sangre y la tierra” en el que las dimensiones románticas, histórico-mitológicas e irracionales son elementos centrales. El “socialismo constructivo” defendido por el MAPAI (de donde surgió el Partido Laborista) y el conjunto del movimiento obrero sionista era una versión local más del nacional socialismo europeo. Esta interpretación del socialismo acepta la subordinación de los valores universales del socialismo a los valores particulares de la nación y la supremacía de esta última. Exige la alianza entre la burguesía y la clase obrera para su contribución conjunta al bienestar de la nación y el Estado. La relación con el individuo está determinada por su utilidad histórica para la nación. El concepto de individuo o ciudadano no tiene prácticamente significado en este marco conceptual. El Estado tiene todo el derecho de exigir su absoluta lealtad /3. b. Socialismo. Para el movimiento obrero sionista, el socialismo no es un medio de crear un orden social más justo, sino ante todo un instrumento del sionismo. La conquista de la tierra era el objetivo supremo compartido por el movimiento obrero y la burguesía sionistas en sus largos años de alianza. La burguesía comprendió perfectamente que el movimiento obrero no suponía un peligro real para su dominación, que no alentaba el conflicto social ni una transformación global de la sociedad. De hecho, se estableció una división del trabajo entre el Histadrut (la organización que ocupó el espacio de los sindicatos y proveía de servicios sociales a sus afiliados) y la burguesía. El Histadrut era el responsable de llevar a cabo la colonización colectiva a través de los kibbutz y tenía el monopolio del mercado de trabajo. Fue un poderoso instrumento para disciplinar a los trabajadores y alistarlos al “servicio” de la causa nacional. A cambio, el Estado burgués proveyó a la clase obrera de una amplia gama de servicios educativos y sanitarios. El Histadrut no sólo no obstaculizaba los intereses económicos de la burguesía, sino que se convirtió en el garante de la “responsabilidad” de la clase obrera en relación con la marcha del conjunto de la economía nacional. No sólo se concedió al Histadrut un puesto en el gobierno, sino la hegemonía cultural y sus mitos, símbolos y enorme prestigio social le hicieron el portador del proyecto de resurrección nacional y del “espíritu” sionista /4c. Consenso. Finalmente, se acabó estableciendo un consenso sobre la esencia misma del sionismo no sólo entre las clases sociales, sino también entre sus corrientes mayoritarias y su extrema derecha: entre el “socialismo sionista” de Ben Gurion y los revisionistas de Ze´ev Jabotinsky. Ambos estaban de acuerdo en que no podía haber ningún compromiso con el movimiento nacional palestino. Bajo la inspiración del “nacionalismo orgánico”, la razón de Estado y su lógica de poder fueron componentes esenciales del proyecto de construcción estatal judío en Palestina porque, en definitiva, éste sólo podía triunfar por la fuerza. Es más, la ideología radical y exclusivista del sionismo y su objetivo de alcanzar una mayoría de población judía llevaron pronto a la idea de un trasvase de población, presente desde el primer día en el pensamiento de los dirigentes sionistas como la solución óptima del conflicto /5. Ben Gurion, entonces dirigente del movimiento laborista, se refirió en el Congreso Sionista de 1937 al emergente Estado judío en Palestina, que “aumenta las posibilidades de llevar a cabo un gran trasvase de población”. Junto con Aarón Tzisling, de la “izquierda” sionista (MAPAM), no encontró ninguna objeción moral en la puesta en práctica de este trasvase e incluso defendió que “este método tiene un contenido humanista: transferir partes del pueblo a su propia tierra” /6.

3. Un proyecto colonial al servicio del imperialismo. El objetivo de crear un Estado puro o predominantemente judío en la Palestina árabe en el siglo XX sólo podía dar luz a un proyecto de naturaleza colonial y exclusivista. Al contrario de otros movimientos colonizadores, los colonos sionistas no pretendieron incorporar a la población colonizada como una clase trabajadora explotada, sino reemplazarla. El movimiento obrero sionista era el principal defensor de este programa de “judaización del trabajo” y de otras dos consignas racistas del movimiento sionista: “producción judía” y la “pureza de las tierras adquiridas judías”. Previendo la resistencia palestina, el proyecto colonizador comprendió desde un primer momento la necesidad de contar con el apoyo de los poderes imperialistas dominantes en Oriente Medio. Y ello implicaba la subordinación del proyecto sionista a los intereses estratégicos de las grandes potencias en la región. Sin el apoyo de Gran Bretaña y más tarde EE UU, la comunidad colonizadora judía no hubiera podido establecerse ni el Estado judío ser proclamado y defendido. El proyecto sionista se opone inherentemente no sólo al nacionalismo palestino, sino también a la lucha de las masas árabes contra el imperialismo británico y más tarde de EE UU (y contra los regímenes árabes corruptos), de los que el sionismo se convirtió en su perro guardián. El Estado sionista intentó inútilmente imponer su aceptación al mundo árabe como fuerza extranjera colonizadora y a la vez como condición de paz en la región. Pero todos los pasos, incluso los más pequeños, en el camino de la unidad árabe y de la transformación social del mundo árabe han puesto en peligro este objetivo, así como el objetivo imperialista de mantener la estabilidad en la región. 4. El Estado de Israel de 1948: una fase temporal.Como he señalado, las diferencias entre la izquierda y la derecha sionistas eran sólo pragmáticas o tácticas. Los desacuerdos entre los herederos del laborismo sionista de Ben Gurion o del revisionismo de derechas de Jabotinsky nunca fueron sobre la línea de demarcación de la frontera este del Estado sionista judío: todos estaban de acuerdo de que debía situarse en el río Jordán y en el Mar Muerto, aunque sólo fuera por razones de “seguridad”. Las diferencias eran sobre cómo resolver el problema demográfico en este marco, es decir, cómo preservar el “carácter judío” del Estado /7. El plan de partición de 1947 siempre fue considerado un plan provisional por el movimiento laborista sionista. Ben Gurion nunca ocultó que sólo había aceptado el plan como una maniobra táctica, de manera provisional, y que su verdadero objetivo era “toda Palestina”. Desde los años 40, su visión fue que la construcción del Estado sionista en una parte de Palestina era condición necesaria para acumular el poder militar suficiente que finalmente permitiría conquistar el resto del territorio /8. El Estado de Israel y su sociedad son el producto de la colonización sionista de Palestina. Este proceso llegó a su punto culminante en 1948 con la proclamación del Estado de Israel y la expulsión de casi un millón de palestinos de los territorios conquistados por Israel. Territorios que suponían un 50% más que la zona originariamente atribuida al Estado judío por la ONU, que ya suponían el 55% del total de la Palestina histórica. Tras finalizar la guerra de 1948, Israel ocupaba el 78% de la Palestina histórica. La tendencia a la colonización completa del territorio entre el río Jordán y el Mediterráneo es parte inherente de la ideología sionista, de su política y de las dinámicas (económicas y políticas) más profundas de la sociedad israelí. Cuando en 1967 surgió de nuevo la oportunidad de que Israel colonizara el conjunto de Palestina, completando el proceso iniciado en la guerra de 1948, no hubo la menor vacilación. La ocupación y usurpación de tierras palestinas por parte de Israel ha sido un proceso permanente desde 1948. La misma política de confiscación de tierras, separación de la población urbana palestina y su encerramiento a través de un cinturón de colonias judías tiene lugar también dentro de Israel.

II. Los Acuerdos de Oslo: los “bantustán” como solución

Tanto para los dirigentes de la izquierda como de la derecha sionistas, la ocupación en 1967 de Cisjordania formaba parte de la “liberación” del país que no había tenido lugar del todo en 1948. La naturaleza del dominio israelí en los Territorios Ocupados fue concebida poco después de la guerra con el objetivo de preservar el carácter exclusivista del Estado judío a medida que se expandía en las zonas pobladas por palestinos. El objetivo era colonizar y finalmente anexionar a Israel cuanta tierra “vacía” fuera posible, ejerciendo un dominio indirecto en las zonas densamente pobladas por palestinos, en una especie de sistema de bantustánsurafricano. El Plan Alon, diseñado por el general laborista Yigal Alon, el admirado comandante del Palmach (las fuerzas de “autodefensa”) en la guerra de 1948 y viceprimer ministro del Gobierno laborista en la guerra de 1967, fue la base de los Acuerdos de Oslo de 1993 /9. Todos los gobiernos israelíes, tanto los laboristas como los conservadores del Likud (a pesar de su oposición declarada a los Acuerdos de Oslo), han seguido el Plan Alon a la hora de determinar el lugar de los asentamientos y trazar el mapa de carreteras en los Territorios Ocupados. Es más, fueron los gobiernos laboristas de los años 70 los que establecieron los primeros asentamientos en los lugares considerados “críticos”, como por ejemplo los posibles pozos de agua (el 80% del agua que consume Israel viene de Cisjordania). El objetivo del mapa es garantizar el dominio permanente de Israel tanto sobre el creciente área de tierras confiscadas, que han sido declaradas “tierras estatales” (60% de Cisjordania), como sobre las comunidades palestinas, asediadas por los cinturones de asentamientos, campos militares de entrenamiento y carreteras judías. La clase capitalista israelí, representada por el primer ministro laborista Yitzhak Rabin, fue la principal partidaria de las negociaciones y acuerdos de Oslo propuestos por EE UU. Los capitalistas israelíes tienen sus propios intereses que no se limitan a los de EE UU de mantener la “estabilidad” en Oriente Medio y garantizar su aprovisionamiento de petróleo. Para ellos, Oslo y el fin del conflicto eran pasos esenciales para la apertura de Israel al mercado mundial, incluidos los mercados laboral y de consumo regionales de Oriente Medio. La solución bantustán israelí-norteamericana fue vista por los arquitectos de los Acuerdos de Oslo como la mejor solución posible para la cuestión nacional palestina, aunque se aplicase solo a los residentes de 1967. Los refugiados de 1948 que se hacinan en los campos de Oriente Medio o están en la diáspora, así como los ciudadanos israelíes de origen palestino, que en realidad son ciudadanos de segunda en un sistema de apartheid camuflado, fueron excluidos de la “solución” de Oslo. La refutación de Oslo. Las presunciones implícitas en el proceso de Oslo han demostrado ser falsas. En concreto, la expectativa de que el pueblo palestino abandonaría su lucha contra la colonización sionista a cambio de un minúsculo seudo-Estado. Los Acuerdos de Oslo, los intentos posteriores de alcanzar un acuerdo en junio del 2000 en Camp David y la actual “Hoja de Ruta” están condenados al fracaso porque la esencia del conflicto y sus causas siguen sin encontrar solución desde 1948 y seguirán así mientras se mantenga la hegemonía israelí-norteamericana. No solo ha demostrado ser falsa la presunción sobre los palestinos en los Territorios Ocupados, sino también que el proceso de “israelización” de los palestinos dentro de Israel desde 1948 había sido un éxito. La separación que se les ha impuesto del resto de su pueblo después del Nakba de 1948 no les ha hecho perder su identidad nacional palestina, ni la política israelí de marginarlos ha producido una comunidad atomizada y desintegrada dispuesta a aceptar una ciudadanía de segunda dentro de Israel. De hecho, junto a la profundización de la identidad nacional y de la solidaridad con sus compatriotas de Cisjordania y Gaza de los palestinos que son ciudadanos israelíes, hemos sido testigos de su creciente exigencia de derechos colectivos nacionales, en especial entre la generación más joven que ya no se conforma con la simple exigencia de “derechos ciudadanos individuales”. Por el contrario, lo que quieren ahora es el reconocimiento de que los palestinos israelíes son una minoría nacional dentro del Estado. Este cambio es percibido correctamente por la administración israelí como un desafío al Estado judío sionista, que no puede conceder estos derechos sin negar su propia existencia como un Estado exclusivamente judío. La preocupación que ha provocado en la sociedad judía, en todo su espectro político, ha sido seguida por una iniciativa legislativa del gobierno para deslegitimizar a los auténticos líderes nacionales de la sociedad palestina en Israel, destruyendo las organizaciones políticas y sociales de su comunidad y redefiniendo su ciudadanía para eliminar cualquier contenido político que aún tuviera. Algunos analistas respetados, como Uzi Benziman, así lo han reconocido, como cuando escribió el pasado 16 de agosto en el periódico Ha’aretz: “(Azmi) Bishara (dirigente de la Alianza Democrática Nacional) es un personaje elocuente e impresionante. Desde una perspectiva sionista es también un hombre peligroso. Es el dirigente más consistente y tenaz del sector árabe que niega la lógica sionista inherente en la creación del estado de Israel… Bishara aspira a transformar Israel en un ‘Estado de todos sus ciudadanos’, es decir, eliminar todos los elementos judíos y sionistas de la definición del Estado. Quiere reemplazarlos por otro conjunto de valores cívicos y no nacionalistas. Bishara es la vanguardia de una corriente cada vez más amplia que exige derechos colectivos iguales para todos, y no sólo individuales, para los ciudadanos árabes del Estado”. III. La guerra total La comprensión por parte del Gobierno israelí de que la resistencia del pueblo palestino no se extinguirá explica la declaración de guerra total del gobierno Likud-Laborista. Los objetivos de esta guerra son eliminar el movimiento nacional palestino y llevar a cabo un “sociocidio” (por hacer un paralelismo con el concepto de genocidio) contra los fundamentos mismos de la sociedad palestina: la destrucción de cualquier posibilidad de vida social organizada. Ariel Sharon sabe perfectamente que ni Abu Mazen ni ningún otro supuesto dirigente títere impuesto por EE UU e Israel pueden hacer aceptar el Estado judío al pueblo palestino, lo que supone asumir las premisas del sionismo. Israel tampoco puede confiar en que semejante cambio tenga lugar en la “calle árabe” en Oriente Medio. Por ello, detrás del falso escenario de la “Hoja de Ruta” está la convicción del alto mando militar y del gobierno Sharon de que la batalla será aún larga. Recientemente se ha citado a Sharon en el sentido de que “todo lo que se necesita es aguantar firmes 30 años y no devolver ningún activo en ese tiempo” porque para entonces, “la tecnología moderna nos proveerá con una alternativa energética barata que cortará las alas del mundo árabe y reducirá su capacidad de presión sobre Occidente” /10. En el marco de la doctrina de la guerra total, el actual objetivo de la Junta Militar israelí es transparente: sabotear cualquier intento de deslegitimación de la represión israelí en Cisjordania y Gaza o cualquier paso inicial hacia un “proceso de paz”. Mientras tanto, incrementa las medidas salvajes de represión hasta la completa eliminación de todo resto de organización social palestina que hayan sobrevivido a los Acuerdos de Oslo. Y, si las circunstancias políticas lo permiten, expulsar, de una u otra manera, al mayor número posible de palestinos. La transferencia en masa de palestinos, tanto de los Territorios Ocupados en 1967 como del propio Israel, es a ojos de la junta militar y de muchos sectores de la sociedad israelí –incluyendo a “nuevos historiadores” como Benny Morris– la mejor de las soluciones imaginables. Hasta que surja la oportunidad para esta expulsión masiva, el Estado sionista continuará empleando los medios sofisticados para la “transferencia interna” que ha desarrollado estos años. Uno de estos medios es la erección del sistema de muros de separación que buscan cercar Cisjordania desde el oeste y el este. El objetivo es fragmentar el territorio en un número de islotes desconectados de ciudades y aldeas, separando a la gente y a ésta de las tierras cultivables y los pozos de agua. Cientos de miles de personas, encerradas en los pueblos y aldeas, serán comprimidas en la zona que finalmente se asigne al Estado palestino o quede entre el muro occidental y la Línea Verde. Serán obligados a emigrar simplemente porque no tendrán manera de vivir. Esta expulsión en masa está ya en camino: miles de aldeanos de la región de Qalqilia han tenido que abandonar sus casas. La misma política se está aplicando a los ciudadanos israelíes de origen palestino. La “judaización” de la tierra en todo Israel, que ha supuesto que el 93% se defina como “tierras estatales” sólo disponibles para los judíos, continua. El 3% de la tierra que aún está en manos palestinas es usurpada gradualmente por el Estado para completar el aislamiento total de los palestinos en pequeños enclaves rodeados de asentamientos y colonias (un ejemplo de ello es el plan para desposeer a los beduinos del Negev de sus tierras ancestrales). IV. La naturaleza del Estado sionista y las alternativas

1. La lealtad al “Estado judío”. El núcleo central de la ideología israelí es la lealtad de todos los sectores de la sociedad al carácter exclusivamente judío del Estado. Ésta es la convicción más importante del sionismo. El contenido de esta “judeidad” sólo puede ser de carácter religioso y antidemocrático, incluso para los ciudadanos judíos. Desde la misma proclamación del Estado (e incluso antes, entre la comunidad judía de Palestina), la sociedad israelí ha interiorizado la presunción sionista de la equivalencia de nación y religión. Es decir, su propia identidad colectiva (nacional) se ha definido en buena medida en términos, valores, símbolos y memoria colectiva que en gran parte están anclados en la religión judía /11.Es más, la élite laica apoya activamente el mantenimiento y la recuperación de estos valores y símbolos religiosos para que estén al servicio de las políticas coloniales del Estado. Más significativo incluso es el hecho de que las fronteras que definen lo colectivo, en el sentido de establecer el derecho a la plena ciudadanía, están determinadas por la religión y la ley (Halacha) judías. Según la Halacha, judío es el hijo de madre judía o quién se ha convertido al judaísmo. Desde la fundación del Estado, Israel transfirió el poder estatal sobre los asuntos de registro civil y familiares al Consejo Supremo de Rabinos y nunca ha habido un intento para separar religión y Estado. En una sociedad en la que la identidad judía constituye una condición necesaria para pertenecer a la comunidad nacional –que es por definición un Estado judío, aunque el 20% de su población sea árabe– la minoría palestina está excluida de la plena ciudadanía. El Estado “creado por los judíos para los judíos” es defendido a través de toda una serie de leyes diseñadas para garantizar su carácter judío sionista. Tres de estas leyes fueron adoptadas en el primer año del Estado como “leyes básicas”. La Ley del Retorno establece que los judíos del exterior pueden convertirse en ciudadanos de Israel, mientras que los palestinos que están en la diáspora tras haber sido expulsados de sus tierras ancestrales no pueden. La Ley de Ciudadanía de 1952 confirma la ciudadanía de segunda de los palestinos (en julio del 2003 fue aprobada una ley que niega a los palestinos, pero no a otras nacionalidades, ciudadanía o residencia en Israel si contraen matrimonio con israelíes). La ley que da carácter de instituciones estatales a la Organización Sionista Mundial y a la Agencia Judía busca otorgar derechos especiales a los judíos con el pretexto de que son otorgados por “instituciones nacionales”. La Ley de Tierras israelí prohíbe la transferencia o venta de cualquier tipo de tierras estatales israelíes, que representan el 93% del total. Aunque el nacionalismo sionista tiene un carácter laico en algunos aspectos, depende de la identidad religiosa judía como criterio de pertenencia a la comunidad nacional y son sus más “genuinos” representantes (la corriente ultra-ortodoxa) quienes otorgan “legitimidad” última a su proyecto colonialista. (Esta es la principal razón por la que el monopolio sobre asuntos familiares o de registro civil fue otorgado a los representantes oficiales de la religión –el Consejo Supremo de Rabinos– que es una de las fuentes de opresión de las mujeres en Israel, además de la cultura machista y militarista laica). Es importante citar aquí a Baruch Kimmerling: “En la cultura política del orden mundial post-colonial, ésta es una sociedad sumida en el problema de la legitimidad existencial. Tiene que explicarse continuamente por qué escogió la ‘Tierra de Israel’ como objetivo de colonización… La esencia de la razón de ser y existir de esta sociedad y Estado está en sussímbolos, ideas y textos religiosos, incluso si se intentó reinterpretarlos desde una perspectiva y un contexto laicos. Esta sociedad…quedó prisionera desde el comienzo por su elección de un territorio para emigrar y construir en él una nación, porque a partir de entonces no puede construir con éxito ni una nación ni una cultura fuera de este contexto religioso, incluso cuando sus profetas, sacerdotes, constructores y guerreros se consideran completamente laicos” /12. La legitimidad religiosa del derecho exclusivo de los judíos a la tierra, más importante aún después de la guerra de 1967, ha tenido como consecuencia una alianza perversa entre militarismo y clericalismo. En este estadio del colonialismo sionista se ha destapado por fin la cultura política semi-fascista que durante mucho tiempo ha estado oculta, expresándose en un estatismo brutal (porque el Estado y su “seguridad” son los valores supremos). Y ello ha sustituido la visión del sionismo laborista del “socialismo constructivo” de antes de 1948. Las élites intelectuales y jurídicas laicas israelíes han acabado sacrificando los valores relacionados con la defensa de los derechos humanos al valor supremo de la “seguridad” del Estado. A la luz de ello, es inevitable que amplios sectores de la sociedad israelí apoyen una guerra total contra los palestinos, una guerra que es definida hipócritamente como una guerra contra el terrorismo. Es más, la “seguridad” del Estado ha sido acompañada cada vez con más frecuencia por un pánico público a la pérdida de la mayoría judía (el “peligro demográfico”), que es percibida como un elemento central de la “judeidad del Estado”. Sin embargo, el reconocimiento de la necesidad “existencial” de asegurar una mayoría judía en el conjunto del territorio histórico de Palestina ha comenzado a calar en el discurso público, manifestándose en la demonización creciente del conjunto del pueblo palestino, tanto en Israel como en los Territorios Ocupados en 1967. Por lo tanto, no tiene que sorprendernos que la “solución” de la limpieza étnica (“transferencia”) de palestinos tanto de los Territorios Ocupados en 1967 como de Israel haya adquirido en los debates públicos legitimidad, como demuestra que incluso un “nuevo historiador” como Benny Morris esté de acuerdo.

2. El “campo por la paz”. Durante mucho tiempo, el análisis de los socialistas antisionistas se ha concentrado en gran medida en la conciencia, principales consignas y valores confesos, así como la autoimagen del “campo por la paz” israelí como la razón principal para ver en ellos a auténticos aliados políticos en la lucha contra la ocupación de los territorios conquistados en 1967. Con demasiada frecuencia, nuestro análisis no suele incluir una perspectiva marxista básica: el “campo por la paz” suele estar compuesto por miembros de la clase media sionista Ashkenazi (judíos de origen europeo) y su lucha por el “fin de la ocupación” y la creación de un Estado palestino no suele formar parte de una visión antiimperialista global. El “campo por la paz”, además, no pone en cuestión el papel de Israel como un estado cliente de EE UU en la región, aunque EE UU es el principal apoyo de la ocupación israelí. Sus intereses de clase son mantener la hegemonía judía a través de una concepción de Israel como un Estado judío que exista con una especie de régimen de bantustán palestino al lado. Estos intereses y la ideología que los justifica son un factor importante a la hora de determinar los aliados que buscan entre los palestinos. Incluso los sectores más radicales del “campo por la paz” israelí, como Gush Shalom y la Coalición de Mujeres /13, han aceptado la dirección burocrática de la Autoridad Palestina (AP), traída por Arafat cuando volvió de Túnez, sin atreverse a criticarla. O se han aliado con las burguesías locales y se han distanciado de los sectores populares, en los pueblos y aldeas, de los estudiantes y los trabajadores que son la columna vertebral de la resistencia /14. La mayoría del “campo por la paz” israelí ha preferido no darse por enterada del surgimiento de una nueva generación de líderes locales fuera de Ramallah y Jerusalén, que representan el renacimiento del movimiento nacional palestino y que es portadora de la semilla de una posible regeneración política y social del corrompido régimen de la AP. El “campo por la paz” israelí apoyó el proceso de Oslo, a pesar de su bancarrota, y ahora apoya la “Hoja de Ruta” impulsada por EE UU, cuyo objetivo es eliminar la resistencia, mientras ignora la naturaleza de la solución que ofrece el plan de “paz”, que es la creación de un bantustán. Muchos activistas por la paz engañan así a la opinión pública israelí al ignorar la esencia del conflicto, explicándolo como si sólo tuviera sus orígenes en la ocupación de 1967. No toman en cuenta las reivindicaciones ni de los ciudadanos israelíes de origen palestino ni de los refugiados palestinos de 1948. Así, pueden continuar manteniendo ante sus seguidores la posibilidad “realista” de una reconciliación israelí con los sectores “más razonables” de la población palestina, sobre la base de una solución con dos Estados. Estas falsas promesas se sustentan en la visión de un “nuevo Oriente Medio” bajo hegemonía de EE UU. 3. Estructura de clase. Las diferencias tácticas entre la izquierda y la derecha del movimiento sionista antes de 1948 han sido sustituidas por un escenario político en el que los conceptos habituales de derecha e izquierda no tienen ningún significado. El Partido Laborista fue quien dirigió el proyecto de colonización sionista de los Territorios Ocupados en 1967 que he descrito y el que ha jugado el papel central en el desarrollo del capitalismo israelí. El sistema de clase étnico nacional que el MAPAI comenzó a construir poco después de 1948 se compone de una clase capitalista formada mayoritariamente por judíos ashkenazis, de una clase obrera judía, la mayoría judíos mizrahim (judíos de los países árabes) y los palestinos israelíes, que forman el escalón más bajo de la clase obrera. Los palestinos son la comunidad más pobre, con las tasas de paro más altas. El Partido Laborista fue también la principal fuerza dirigente en la transición a una economía neoliberal que comenzó a mediados de los 80 y que condujo a los Acuerdos de Oslo. Hoy no hay diferencias apreciables entre la política económica del Partido Laborista y del Likud, porque ambos defienden una política neoliberal. También están de acuerdo por principio en la necesidad de una guerra contra el terrorismo en los Territorios Ocupados, que ven como parte de la guerra global que dirige EE UU. Y que la solución al conflicto reside en algún tipo de Estado palestino bantustán. La adhesión al sionismo de los judíos mizrahim es el principal obstáculo para desarrollar su lucha contra su marginación cultural y racista por la dirección ashkenazi, tanto de derechas como de izquierdas, y contra su explotación como clase obrera. Como la mayoría de la sociedad israelí, aceptan la ideología dominante sionista e interpretan sus intereses ligados a la preservación de un estado exclusivista judío. La izquierda sionista los critica porque votan a la derecha. Pero ignora así el hecho de que la aceptación de los mizrahim por la élite israelí depende de que den pruebas constantes de su adhesión y lealtad al sionismo y a la seguridad de Israel –algo que también apoya la izquierda– y en nombre de lo cual la izquierda ha aplicado asimismo las políticas más racistas /15. La clase obrera israelí, que está dividida nacional y étnicamente, carece de cualquier tipo de organización independiente que exprese sus intereses económicos, sociales y culturales. Tampoco tiene una tradición de lucha, no sólo revolucionaria sino inclusive sindical. El poderoso en otros tiempos Histadrut no fue nunca en realidad un sindicato, sino uno de los pilares de la estructura de poder sionista y el segundo mayor contratista después del propio gobierno israelí. Perdió todas sus funciones y poderes cuando su patrimonio fue privatizado por el gobierno laborista. Hoy sirve los intereses de los “grandes comités”, que incluyen fundamentalmente a la élite ashkenazi de la clase obrera organizada. V. Repensar la estrategia en la era post-Irak En la era post-Irak, Israel es un socio activo en los planes de EE UU de consolidar su hegemonía sobre Oriente Medio extendiendo su campaña hasta someter a Siria, Irán y otras naciones de la región. La otra dimensión del sionismo, el papel de Israel como agente del imperialismo, ha sido expuesta en toda su crudeza tras la ocupación de Irak y las celebraciones de la clase dominante israelí tras la derrota de la “mayor amenaza en el Este”. Silvan Shalom, ministro de Asuntos Exteriores se felicitaba: “He aquí una nueva oportunidad para un nuevo Oriente Medio. Tras la guerra en Irak, las reglas del juego han cambiado. Quienes persistan en defender las viejas reglas quedarán fuera de juego. EE UU ha demostrado que está dispuesto a luchar contra el terror” /16. Nunca antes se ha sentido tan seguro el Estado sionista para llevar a cabo, con el apoyo del imperialismo occidental, su viejo proyecto de destruir el nacionalismo árabe y palestino y obligar al mundo árabe a aceptar el Estado sionista. La “Hoja de Ruta” exige de hecho no sólo la capitulación política, sino también ideológica ante el sionismo. Israel pide ahora que el mundo árabe acepte a Israel como un Estado de todo el pueblo judío mundial, reconociendo la legitimidad ideológica e histórica del proyecto de colonización sionista como un “retorno” a sus fuentes. Volvemos a los orígenes del conflicto entre el colonialismo sionista e imperialista de una parte y el pueblo palestino y las masas árabes de Oriente Medio por otra, como en el período anterior a 1948. Pero ahora la correlación de fuerzas es completamente favorable al sionismo. En los cincuenta y cinco años transcurridos desde la Nakba palestina, el Estado israelí no ha podido ejecutar su visión de acabar con los nacionalismos palestino y árabe. Ni ha conseguido con sus políticas opresivas separar a los palestinos que son ciudadanos israelíes del conjunto del pueblo palestino y sus aspiraciones nacionales. Es más, a pesar de que la OLP ha abandonado la causa del más de un millón de palestinos que viven en Israel, el Estado sionista los sigue considerando un objetivo en su guerra total contra el pueblo palestino. Toda Palestina, desde el Mediterraneo al río Jordán, está hoy bajo control israelí. Parte será controlada indirectamente en el futuro si y cuando, de acuerdo con la “Hoja de Ruta” de EE UU, surge un Estado bantustán palestino en el contexto más amplio del apartheid israelí. La posibilidad de un Estado palestino viable en la Palestina histórica ha sido en gran medida impedido físicamente por Israel. Seguir proponiendo, por lo tanto, una solución con dos Estados (es decir, un Estado palestino independiente) es un error. Sólo sirve para que el campo por la paz pueda parecer progresista y justo cuando exige “la división de Palestina en dos Estados iguales para los pueblos judío y palestino”. Se mantiene así la hipocresía que siempre ha caracterizado al movimiento obrero sionista al defender que no existe ninguna contradicción entre un “Estado judío” y la democracia. Un Estado democrático implica una definición laica, no étnica de la ciudadanía y unos valores universales e instituciones sociales de las que Israel carece /17. Ello no quiere decir que un Estado democrático laico sea más realista que la solución de dos Estados. Sin embargo, es una solución más justa, y la única que puede acabar con el conflicto. Y la precondición es un Oriente Medio unido y socialista. Reconocer que el Estado de Israel es un régimen de apartheid –que se está consolidando fisicamente en el territorio y que llegará a su apogeo en el marco de la “Hoja de Ruta”– debe guiar nuestra reflexión sobre la naturaleza de la lucha y las fuerzas políticas que pueden dirigirla. La lucha democrática contra el Estado sionista y el imperialismo de EE UU debe ser paralela a la resistencia contra la ocupación directa, una lucha cuyo objetivo debe ser acabar con el carácter exclusivamente judío del Estado de Israel. La sociedad judía en Israel carece de fuerzas políticas relevantes para dirigir esta lucha democrática. Son los ciudadanos palestinos de Israel los que llevan a cabo una campaña diaria que golpea al corazón mismo del Estado sionista. Han abierto un segundo frente contra Israel, que puede llegar a ser tan importante como la lucha de los palestinos en los Territorios Ocupados. Esta lucha por la democracia, iniciada por un sector cada vez más nacionalista de los ciudadanos israelíes de origen palestino, debe ser una de las prioridades de los judíos socialistas antisionistas en Israel y de los militantes solidarios en el exterior. Aunque esta lucha no se reviste de un contenido de clase ni de un programa socialista para el futuro de Palestina, este nacionalismo de los ciudadanos israelíes de origen palestino tiene que ser comprendido con el único criterio que el internacionalismo exige a toda causa para considerarla progresista: que se enfrente al imperialismo, lo que en Israel/Palestina equivale a luchar contra el proyecto sionista. La situación distinta de las dos partes del pueblo palestino a cada lado de la Línea Verde exige medidas y tareas diferentes en cada frente. Pero ha llegado el momento de que el movimiento nacional palestino acabe con uno de los aspectos centrales de la “interiorización de la derrota”, la separación entre las dos partes del pueblo palestino, dentro y fuera de Israel, que le impuso el sionismo. La importancia del frente democrático que se abrió con la lucha de 1948 contra la naturaleza del Estado judío debe reconocerse como parte integral de una nueva estrategia que tome en consideración la Palestina unificada y emergente bajo el control israelí y que contribuya a los objetivos a largo plazo de los palestinos e israelíes antiimperialistas, así como de las masas en todo Oriente Medio. Es una lucha larga y su victoria depende en buena medida de la transformación radical del mundo árabe y de la derrota de la hegemonía de EE UU y el sionismo en la región, que abra el camino a un Oriente Medio unificado y socialista. Pero ello no debe ser obstáculo para lanzar esta batalla, que es parte de la batalla global contra el colonialismo, el imperialismo y la globalización capitalista.

······································· INTERNATIONAL SOCIALIST REVIEW nº 31/ septiembre-octubre del 2003/ ChicagoTraducción: G. Buster ································· 1/ Anita Shapira, Land and Power: The Zionist Resort to Force 1881-1948 (Oxford: Oxford University Press, 1992); Yosef Gorny, Zionism and the Arabs 1882-1948 (Oxford: Clarendon Press, 1987). Muchas citas en Norman Finkelstein, Images and Realities of the Israel-Palestine Conflict (Londres:Verso 1995). 2/ Gilbert Achcar, “Zionism and Peace”, New Politics (Nueva York) vol. 5, nº 3 (New series), verano 1995, pp. 95-115. 3/ Zeev Sternhell, The Founding Myths of Israel (Princenton, NJ: Princenton University Press, 1994). 74/ Ibid5/ Nur Masalha, Expulsion of Palestinians, Washington 1992. 6/Citado en Finkelstein, op. Cit., p. 177. 5/ Nur Masalha, Expulsion of Palestinians, Washington 1992. 6/ Citado en Finkelstein, op. Cit., p. 177. 7/ Achcar, op.cit8/ Yosef Gorny, op.cit.; Simha Flapan, The Birth of Israel(Nueva York: Pantheon Books, 1987); Avi Shlaim, Collusion Across the Jordan (Nueva York: Columbia University Press, 1988) Simha Flapan, Zionism and the Palestinians (Nueva York: Barnes and Noble, 1979).10/ Akiva Elder, Ha’aretz, 18 de abril del 2003. 11/ Baruch Kimmerling, “Neither democratic nor Jewish”, Ha´aretz, 27 de diciembre de 1996. 12./ Ibid13/ Ver los múltiples artículos por el dirigente de Gush Shalom, Ury Avnery en su web (www.gushshalom.org/english) y los múltiples actos conjuntos entre la Coalición de Mujeres y las organizaciones semioficiales de mujeres palestinas. 14/ Con todo, si existen grupos muy pequeños como Taayush –que es una organización conjunta de palestinos y judios antisionistas– o el Comité contra la Demolición de Casas, cuyos principales contactos son con individuos y aldeas que han sufrido la usurpación de tierras, la demolición de casas, etc… Sus contactos, sin embargo, no se extienden a fuerzas políticas o sociales de la resistencia. 15/ Sami Shalom Chetrit, “Why are Shas and the Mizrahim supporters of the right?”, Between Lines, Vol III nº 20, febrero 2003. 16/ Yerushalmi Shalom, Yediot Ahronot, mayo 2003.17/ Ver Between Lines, 5 de diciembre 2003, (www.between-lines.org), asi como los debates entre socialistas británicos e israelíes en el número de agosto del 2002 y dos entrevistas con Ari Shhavit en el suplemento de fin de semana de Ha’aretz de 8 de julio del 2003.

La cuestión palestina y las Naciones Unidas, la ilegalidad de la existencia de Israel

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Ernesto Dihigo Lopez Trigo (de pie) como parte de la delegación cubana en la conferencia de San Francisco, el 25 de abril al 26 de junio de 1945

Con motivo del 69 Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la ONU.

Por Ernesto Gómez Abascal, Alahednews.

Hace 67 años, durante la II Asamblea General de la entonces recién nacida Organización de Naciones Unidas, el delegado de Cuba, Dr. Ernesto Dihigo, se opuso con argumentos contundentes e irrebatibles al Plan de Partición de Palestina, el cual tomaría cuerpo después con la aprobación de la Resolución 181 (II). Cuba estuvo entre los 13 países que votaron en contra y fue uno de los dos países no islámicos que mantuvieron esa posición.

Aquel hecho dio lugar a la primera guerra árabe-israelí y provocó la creación del conflicto del Medio Oriente que se mantiene hasta nuestros días. El Estado Palestino no se llegó a crear y aún hoy, su aceptación como miembro de plenos derechos en la Organización, todavía es rechazada por un pequeño grupo de países, especialmente por Estados Unidos y Gran Bretaña, causantes originales de un conflicto que ya dura más de medio siglo y que en estos momentos conoce una peligrosa expansión bélica terrorista, estimulada precisamente por estas potencias imperialistas, que persisten en su empeño de dominar toda la región, controlar sus enormes recursos energéticos y apoyar a la entidad sionista por ellos patrocinada, en su criminal política expansionista y genocida, tal como ocurrió recientemente en Gaza.

Por su importancia y completa actualidad, reproducimos los aspectos más importantes del discurso y los argumentos del delegado cubano:

“Señor Presidente y Señores Delegados:

“De modo muy breve deseamos exponer las razones por las cuales la Delegación de Cuba se ve obligada a votar en contra del plan de partición de Palestina por la Comisión Ad Hoc.

“Hemos seguido con interés los debates, analizando los argumentos de unos y otros, a fin de llegar a la conclusión que nos pareciera más justa. Cuba ha demostrado su simpatía hacia los hebreos y el aprecio por sus cualidades, pues ha admitido en su territorio a miles de ellos, que hoy viven entre nosotros libres y tranquilamente, sin discriminaciones ni prejuicios, pero no podemos aquí votar conforme a sus deseos, porque consideramos que la partición de Palestina es contraria al derecho y a la justicia. En primer término, la base inicial de toda reclamación es la Declaración Balfour, causante de todo el problema que hoy tenemos ante nosotros; y la Declaración Balfour, a juicio nuestro, carece por completo de valor legal, pues el gobierno británico ofreció en ella una cosa de la cual no tenía derecho a disponer, porque no era suya. Mas, aceptando su validez, lo que ahora quiere hacerse va mucho más allá de sus términos, pues ella prometió a los hebreos un “Hogar Nacional” en Palestina, dejando a salvo los derechos civiles de la población árabe, pero no ofreció un Estado Libre, cuya creación forzosamente afectará esos derechos que se trató de salvaguardar.

“Es también contraria a derecho la partición si nos atenemos al mandato conferido por la Liga de las Naciones. Cabría preguntar si la Liga de las Naciones podía, en justicia, hacer lo que hizo, o sea, ordenar el establecimiento de un Hogar Nacional Judío, con las graves consecuencias demográficas y políticas que han tenido, en una tierra ajena sin el consentimiento de sus habitantes.

“Pero aun admitiendo lo hecho, la partición que estudiamos va contra los términos de ese mandato, que su art. 6to, ordenó que no fueran afectados los derechos y la posición de la población no hebrea de Palestina, y mal puede sostenerse que esos derechos no resultan perjudicados cuando va a arrebatarse a los nativos más de la mitad de su territorio y varios cientos de miles de árabes quedarán sometidos al gobierno hebreo y colocados en una situación subordinada allí donde antes eran dueños.

“En tercer lugar, el proyecto es también contrario a derecho, a nuestro juicio, porque va contra la libre determinación de los pueblos, que era principio esencial del Pacto de la Liga, aquí se está disponiendo de la suerte de una nación, privándola de su suelo nacional, del suelo que ha tenido durante muchos siglos, sin que se haya consultado para conocer su opinión. Y si del Pacto de la Liga pasamos a la Carta de las Naciones Unidas, encontraremos que va a cometerse idéntica violación, porque el principio de la libre determinación de los pueblos se encuentra reconocido en el párrafo 2do. del Art. 1ro. con carácter general, y reiterado en el párrafo (b) del Art. 76 para los pueblos no autónomos al decir que la administración fiduciaria (equivalente al mandato de la Liga) deberá tener en cuenta “Los deseos libremente expresados de los pueblos interesados”.

“No nos convence el argumento, dicho por alguno, de que Palestina no es un Estado y, por tanto, no tiene el carácter de sujeto de Derecho Internacional, pues, en todo caso, esos preceptos no hablan de Estados, sino de pueblos, y no cabe duda de que el palestino lo es.

“Hemos proclamado solemnemente el principio de la libre determinación de los pueblos, pero con gran alarma vemos que cuando ha llegado el momento de aplicarlo, nos olvidamos de él.

“Tal sistema nos parece funesto. La Delegación de Cuba está firmemente convencida de que la paz verdadera y el mundo de justicia de que tanto hablaron los líderes de la Segunda Guerra Mundial, no depende de que ciertos principios fundamentales se inscriban en las convenciones y tratados y allí queden como letra muerta, sino de que llegado el instante oportuno, se cumplan por todos y para todos, grandes y pequeños, débiles o fuertes.

“¿Por qué no se ha procedido de modo democrático en este caso consultando la voluntad de todo el pueblo de Palestina?¿Es que se ha temido que el resultado de la consulta fuera contrario a lo que de todas maneras de quería hacer? Y si esto es así ¿Dónde están los principios y donde la democracia que continuamente invocamos? No terminan ahí nuestras dudas legales. En el curso del debate, se han impugnado las facultades de la Asamblea para acordar la partición. Se ha contestado que, conforme a los Arts. 10 y 11 de la Carta, la Asamblea puede hacer recomendaciones sobre todo problema que esté dentro de los límites de ese documento o que se relacione con el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional. Sin discutir ahora si el problema de Palestina está dentro de esos límites o si constituye una amenaza para la paz internacional, no podemos dejar de advertir que una cosa es hacer una recomendación y otra muy diversa es adoptar un plan que afecta la integridad territorial de un pueblo que su posición jurídica y política, y encomendar la ejecución del proyecto a una Comisión de la propia Asamblea.

“Tampoco nos parece que pueda sostenerse que ese proyecto es una mera recomendación, pues toda recomendación lleva implícita la posibilidad de que no sea aceptada y el plan aprobado tiene, sin duda alguna, carácter coactivo, como lo prueba el hecho de que, por una de sus disposiciones, será considerada como amenaza o violación de la paz o acto de agresión, conforme al Art. 39 de la Carta, “cualquier tentativa de alterar por la fuerza el arreglo contemplado en la resolución”. Se trata pues, de algo que se impone por la fuerza, no de una mera recomendación y como este, a juicio nuestro, infringe la Carta, no podemos votar a favor del proyecto.

“Porque teníamos todas esas dudas legales, fue que votamos en la Comisión a favor de que previamente se consultara a la Corte Internacional de Justicia, para que pudiéramos avanzar sobre terreno firme. La consulta fue rechazada por la mayoría, lo que consideramos un error no justificado por la demora que ella hubiera causado, pues más valía haber esperado unos meses que lanzarnos a una acción que tantas dudas ofrece, aparte de que la negativa de acudir a la Corte pudiera dar la impresión de que la Asamblea rehusó buscar soluciones conforme al derecho. Por otro lado, consideramos que el proyecto es, además, injusto.

“El pueblo árabe ha tenido ininterrumpidamente durante muchos siglos, el territorio de Palestina, y por los datos oficiales que se nos han presentado, al terminar la Primera Guerra Mundial, constituía casi el 90% de toda la población del país. Por medio del Reino Unido, como potencia mandataria, y el cumplimiento de lo resuelto por la Liga, abrió sus puertas a una inmigración extranjera, ofreciéndole un lugar en que pudiera vivir y desenvolver su existencia conforme a sus deseos, con libertad religiosa y sin discriminaciones humillantes, y ahora esos individuos pagan la generosa hospitalidad de quienes les acogieron, quitándoles por la fuerza la mitad de su suelo natal.

“Hemos dicho inmigración extranjera de modo consistente, pues con todo respeto hacia la opinión de los hebreos, ellos son, a juicio nuestro, extranjeros en la tierra de Palestina. En efecto, durante los debates de la Comisión se adujeron datos para probar que los antepasados de un gran número de los hebreos que ya han ido o que aun quieren ir a Palestina, jamás estuvieron en esa región; pero aun en el caso de que los remotos antecesores de todos ellos hubieran nacido allí, es indudable que abandonaron dicha tierra hace tanto tiempo, para establecerse en otros países, que sus descendientes han dejado de pertenecer a Palestina, del mismo modo que nosotros, hombres de América, nacidos de emigrantes que vinieron de todos los rincones de la Tierra, no podemos considerarnos con ningún derecho a la patria de nuestros padres en el viejo continente.

“El íntimo y ferviente anhelo de los hebreos de volver a Palestina, tal vez por tradición, tal vez por razones místicas u obsesión religiosa, es algo que puede tener toda nuestra consideración y simpatía sentimental, pero no constituye, en nuestra opinión, un título para que se les entregue lo que no les pertenece, muchos menos si para ello hay que despojar por la fuerza a otro con más derecho.

“Asimismo consideramos injusto el proyecto, porque es la imposición del criterio de una minoría sobre una mayoría enorme, en contra de un principio cardinal de la democracia. En el caso actual, esa minoría, no queriendo someterse al criterio de los más, pretende poner casa aparte, pero llevándose una porción del territorio del pueblo que lo admitió en su seno.

(….)

“No se nos diga que a veces hay que aceptar una solución política aunque sea injusta, pues sobre la injusticia nunca podrá asentarse la paz y la cordialidad entre los pueblos.

“Respecto a los refugiados, judíos o no judíos, que hoy se encuentran en campos de concentración, problema sobre el cual se ha insistido por los partidarios del proyecto, Cuba expresó que debía resolverse con un criterio de buena voluntad por parte de todas la Naciones Unidas, aceptándolas proporcionalmente, según las condiciones peculiares de cada país; pero entiende que no puede imponerse a Palestina que ella lo resuelva sola, sobre todo si se tiene en cuenta que es ajena por completo a las causas que han determinado el desplazamiento de todas esas personas.

“Por esas razones, tendremos que votar en contra del plan de partición, como ya lo hicimos en la Comisión, y una vez formado nuestro criterio, nos consideramos en el deber de manifestarlo por medio del voto, manteniéndolo con firmeza, a pesar de las gestiones y presiones que se han hecho en torno nuestro”.

Fuente: Rebelión

Entrevista a Leila Khaled: No vamos a liberar Palestina con rosas

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Leila-Khaled-e1411489040651-200x300Texto y fotografía: Yasna Mussa.

Su imagen se difundió en todo el mundo luego de convertirse en la primera mujer en secuestrar un avión en 1969. Con más de 50 años de vida política activa, esta palestina sigue creyendo en la revolución y luchando por volver a su hogar en Haifa.

El pasado 26 de agosto Israel detuvo los bombardeos contra la franja de Gaza. Luego de 51 días de masacre, el gobierno de Netanyahu pactó con la resistencia palestina una tregua temporal patrocinada por Egipto. Los casi dos meses de ataques indiscriminados contra los palestinos apagaron 2.160 vidas, destruyeron miles de hogares, dejaron a más de 11 mil personas heridas y acabaron con la poca infraestructura que quedaba en un pequeño territorio sometido a bloqueo por más de 7 años.

Al otro lado de la frontera, en Amán, capital de Jordania, está Leila Khaled. La mujer de 70 años observa, escribe, lee y trabaja sin parar. Su vitalidad desafía los prejuicios sobre la edad y confirma el carácter que posee una exguerrillera, más allá del mito.

Esta mujer —la sexta de 12 hermanos, de padres libaneses, nacida en Haifa, militante del Frente para la Liberación de Palestina (FPLP)— fue la encargada de secuestrar un avión en 1969. La operación política buscaba llamar la atención mundial, recordarles que había un pueblo que vivía bajo ocupación o repartido en distintas latitudes siendo parte de una diáspora que atesoraba las llaves de sus casas esperando volver.

En 1970 la operación se repitió, pero esta vez Leila Khaled y su compañero de misión, el nicaragüense Patrick Argüello, no lograron su objetivo. En el avión se encontraban 4 agentes secretos israelíes, quienes frustraron el secuestro, asesinaron a Argüello y detuvieron a Leila Khaled, a quien entregaron a las autoridades inglesas.

Es la misma Leila Khaled que aparece en fotos, póster y esténciles ataviada con un hatta palestino y cargando un rifle AK 47, quien me recibe en las oficinas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Amán, Jordania. La misma que se sometió a 6 cirugías plásticas de nariz y mentón, para cambiar su apariencia y pasar desapercibida, luego de que esa imagen se convirtiera en ícono, llenara portadas y apareciera en noticieros que se repetían la misma pregunta: ¿Quién es la misteriosa mujer palestina que secuestró un avión?

44 años después, intentamos responder la misma pregunta.

Usted es una víctima directa de la Nakba. Tuvo que dejar su hogar en 1948, apenas se creó el Estado de Israel. ¿Cómo fue esa infancia en Palestina y luego en el Líbano, donde tuvo que refugiarse?

Primero que todo, debo aclarar que mi familia es libanesa. Mis padres se instalaron en Palestina por el trabajo de mi papá y tanto yo, como todos mis hermanos, nacimos ahí. Cuando fue la Nakba (catástrofe) en 1948, fuimos con mi madre al Líbano. Para nosotros era lo más normal visitar el Líbano, porque cada año íbamos a visitar a la familia. Sin embargo, ese año fue distinto. Era la primera vez que íbamos en abril y no en verano, como acostumbrábamos.

Éramos 8 hermanos en ese entonces y yo era la número 6. Mi hermano mayor estudiaba en el Líbano, pero todos los otros estábamos en Haifa cuando sucedió la masacre de Deir Yassin, el mismo día de mi cumpleaños, el 9 de abril). El horror que causó en todos los palestinos, hizo que mi madre tomara la decisión de partir, mientras que mi padre se quedó luchando por Palestina.

Mi madre tenía miedo, como todas las madres. En el camino a Tyr (en el sur del Líbano) y vimos a la gente caminando. Mi madre iba llorando. El chofer le dijo que parara de llorar, porque los niños lloraban también pero todo el tiempo mi madre estuvo llorando.

Cuando nosotros crecimos le preguntamos sobre este incidente y ella dijo: nosotros somos privilegiados porque vinimos en auto cuando el resto de la gente iba caminando con todos sus hijos y las pocas cosas que pudieron sacar.

Recuerdo un hecho en especial que me marcó: Cuando estábamos en la casa de mi tío, vimos que los árboles que la rodeaban estaban llenos de naranjas. Entonces nosotros, como hacen los niños, fuimos y tomamos algunas. Mi madre estaba muy molesta. Ella nos dijo “esto no es de ustedes. No tienen derecho a sacarlas. Las suyas están en Palestina” —cuenta Khaled con la mirada perdida en sus recuerdos—. Esa fue la primera lección que recibimos y que nos dijo que debíamos volver a Palestina. Desde el primer minuto, supimos que eso no era nuestro, así que desde ese momento odié las naranjas.

Aunque teníamos dónde vivir, íbamos a la escuelas que la UNRWA había instalado para los refugiados. Mi niñez fue como la todo palestino refugiado, en la que la primera escuela fue en una gran carpa abierta, donde habían 10 clases. Y en invierno era realmente duro.. Recuerdo que nunca tuve un uniforme o ropa nueva. Siempre eran cosas usadas que la UNRWA nos entregaba. Tampoco celebramos un cumpleaños o el Eid (celebración musulmana). Mi madre siempre dijo que lo haríamos cuando volviéramos a Palestina, entonces yo crecí esperando volver. Todo el tiempo yo sentí que nada era nuestro. Que nuestras cosas, lo que amábamos, estaba en Palestinas así que teníamos que hacer algo.

Aunque ahora usted vive en Jordania, viaja regularmente a Líbano ¿Cómo observa la situación actual de los refugiados palestinos allí?

La situación en los campos de refugiados sigue igual de precaria que en esa época. Los palestinos necesitan un permiso especial para trabajar y los libaneses no se los otorgan. Hay cerca de 70 profesiones que están prohibidas y que no pueden ser utilizadas. Médicos, profesiones, ingenieros, periodistas y otros oficios, sólo pueden trabajar en la UNRWA y en los campos de refugiados, que son como ghettos. A veces la UNRWA no tiene plazas de trabajo o las que hay no corresponden a las demandas de los palestinos.

Al mismo tiempo, muchos de estos campos fueron destruidos totalmente. Ellos intentaron destruir Sabra y Shatila en 1982, pero no pudieron, la gente no los dejó. Los palestinos no tienen derecho de construir una casa o una habitación en los campos de refugiados. El año 2007 destruyeron completamente el campo Nahr el bared y la gente tuvo que huir para comenzar todo de nuevo, sin nada.

Después de 1982, la misión principal de los palestinos en el Líbano ha sido conquistar sus derechos civiles y sociales, que se ven privados. Cuando logren esto podrán participar en la lucha por el derecho al retorno. Este derecho no es sólo un concepto, sino también una cultura.

Considerando el contexto social y cultural del Mundo Árabe ¿cómo fue para usted, como mujer, involucrarse en política en los años 60s?

Para mi fue natural. Mi familia es una familia política. Mi hermano mayor estudiaba en la Universidad Americana de Beirut y entró a participar en el Movimiento Nacional que integraban George Habash y Wadi Haddad, entre otros. Una de las misiones de este movimiento fue organizar a las familias. Así que él influenció a mis hermanas mayores y ellas a mí.

En nuestra escuela, todos los profesores eran palestinos, refugiados como nosotros, así que muchos de ellos entraron en el Movimiento Nacional y algunos de ellos a otros partidos. Este movimiento llamaba a la liberación de Palestina y estaba por el derecho al retorno. La primera vez que quise entrar, no me lo permitieron porque sólo tenía 14 años.

La gente imagina que acá la mujer no tiene participación, pero es ignorar la realidad y la historia palestina. Desde siempre la mujer ha participado masivamente en los partidos políticos y en la resistencia. Somos un pueblo sumamente político y la mujer palestina es protagonista en distintos frentes. Yo decidí participar en un campo de entrenamiento y en operaciones políticas, y mis compañeros siempre me respetaron y respaldaron.

Resistir para existir

Usted participó y respalda hasta hoy la lucha armada ¿cuál es la diferencia entre resistencia y terrorismo?

Lo que hace Israel es terrorismo. En esta invasión, Israel se mostró como el Estado fascista y de apartheid que es. Por esta razón nosotros comenzamos nuestras acciones de secuestros, porque nosotros no éramos tratados como seres humanos con derechos. Es por eso que tuvimos que llamar la atención del mundo, porque ellos no reconocían nuestros derechos a tener ropa, a tener una casa, a poder vivir en nuestra patria y sustituyeron esto por el derecho de Israel a existir, a estar allí. Esto es injusto y lo tenemos que cambiar.

Israel ha exigido que se negocie. Hemos aceptado y la OLP ha negociado durante 20 años y qué ha pasado después de eso. Durante 21 años de negociaciones han aumentado los asentamientos, con más colonos y los colonos son en sí otro ejército; demuelen las casas, construyen un muro de apartheid, han metido en prisión a miles de activistas a quienes tratan como criminales. Israel ha violado todo tipo de leyes y se considera así mismo dentro del derecho internacional. Hasta ahora, Israel no ha sido condenado por todos sus crímenes, ahora es tiempo de que pague, así que no podemos permitir que siga avanzando en nuestra patria, tenemos que pelear.

No vamos a liberar Palestina con rosas o con negociaciones. Esto es un asunto político, no sólo humano. Si Naciones Unidas me hace elegir entre comida o volver a mi casa, yo prefiero volver a mi casa. Yo no quiero estar en un campamento de refugiados todo el tiempo, que de seguro será destruido también por Israel o por sus colaboradores. No es suficiente que la comunidad internacional llore después que Israel comete sus crímenes. El mundo debe prevenir esos crímenes, sin embargo, ellos solo reconstruyen después que Israel destruye.

Lo que hacemos nosotros es resistencia, para defendernos del ocupante. Y la resistencia está respaldada por la ley internacional: gente bajo ocupación o represión tiene el derecho a resistir, por todos los medios, incluyendo la lucha armada. Así que nosotros estamos luchando de manera legal. No es mi problema si alguien de Polonia vive en mi casa. Se tiene que ir de mi casa y si se quiere quedar, está bien, pero primero, nosotros tenemos que volver. Y una vez que resolvamos este problema de los refugiados podemos vivir todos en un Estado democrático donde la gente tenga sus derechos garantizados. Es nuestro derecho y no vamos a renunciar.

Si hay gente que viene de distintos lados y quiere quedarse ahí, no hay problema. Nosotros le ofreceremos soluciones humanas.
Entonces ¿Cuál es el rol activo y concreto que debe tener la comunidad internacional?

Necesitamos que las personas de cada país presionen a sus Estados para poder aislar a Israel.

Cuando la revolución comenzó, en mi partido decidimos cuál sería nuestro objetivo: Liberar nuestro país e implementar el derecho al retorno. Darle a los refugiados el derecho de volver a sus hogares, a su país, y esto está garantizado por el derecho internacional. Israel es aceptado en las Naciones Unidas con la condición de permitirles a los palestinos volver, pero hasta ahora nosotros somos refugiados. Y esta es la resolución 194. Nosotros ahora estamos preguntando : por qué las Naciones Unidas y la comunidad internacional no implementen sus resoluciones. Por qué no.

Y la resistencia está respaldada por la ley internacional: gente bajo ocupación o represión tiene el derecho a resistir, por todos los medios, incluyendo la lucha armada. Así que nosotros estamos luchando de manera legal. Así que no es mi problema si alguien de Polonia vive en mi casa. Se tiene que ir de mi casa y si se quiere quedar, está bien, pero primero, nosotros tenemos que volver. Y una vez que resolvamos este problema de los refugiados podemos vivir todos en un estado democrático donde la gente tenga sus derechos garantizados. Es nuestro derecho. Si hay gente que viene de distintos lados y quiere quedarse ahí, no hay problema. Nosotros le ofreceremos soluciones humanas. No como la solución de Israel: un genocidio contra nosotros. La comunidad internacional apoyó el boicot contra el Apartheid en Sudáfrica. Ahora es tiempo de que la comunidad internacional repita la experiencia para aislar a este estado de apartheid que se llama Israel.

Eso significa que aunque usted respalda la resistencia armada ¿También respalda otras formas de lucha como la campaña de Boicot, Sanciones y Desinversión (BDS, en sus siglas en inglés), que se define como una iniciativa no violenta de la sociedad civil?

Claro, apoyo esa campaña como también apoyo la campaña para que se liberen los prisioneros palestinos, incluyendo los diputados y los ministros. Creo que debemos usar tantos medios de resistencia como podamos: El político, el diplomático, el no violento. Durante más de 10 años los palestinos se manifiestan cada viernes en Bil’in, o cada semana en Nabi Saleh , en contra de la colonización, del muro, de la anexión de tierras y de las napas de agua. Todas estas manifestaciones son no violentas, pero Israel siempre responde con violencia, utilizando gases lacrimógenos, bombas, munición real.Por eso creo que todos los medios de resistencia son necesario.

Pero no hay que confundir. No podemos creer que sólo lo conseguiremos por medio de la resistencia no-violenta . Estamos frente a un Estado de apartheid, que además cuenta con el apoyo de Estados Unidos, y en general, de todo Occidente. Hasta que no logremos equilibrar las fuerzas, no podemos pensar solo en ir a una mesa de negociaciones.

Menos aún cuando vemos cómo Ban Ki Moon se da la mano con Netanyahu, pregunta por el soldado israelí que está desaparecido, pero no pregunta por todos los niños palestinos que han sido asesinados. Las Naciones Unidas están controladas por Estados Unidos.

Por otro lado, el Consejo de Seguridad no dice nada por Gaza, pero sí critican el avión derribado por las milicias en Ucrania. El Consejo de Seguridad no respalda a las víctimas, sólo se preocupa de condenar a Rusia, pero no condena a Israel por derrumbar casas con niños en el interior, destruyéndolas sobre sus cabezas.

Las negociaciones patrocinadas por Estados Unidos promueven la creación de dos Estados. ¿Qué opina de esta solución considerando su histórica defensa al derecho al retorno?

No estoy de acuerdo con dos Estados. Por qué. Por qué construir dos. Dónde. ¿En la luna? La mayoría de la tierra fue confiscada y ahora hay 600 mil colonos en Cisjordania y ahora mismo nos están asesinando en Gaza. Ellos no lo permitirán. Incluso cuando se solicitó un corredor humanitario en El Cairo para evacuar a los heridos ellos no lo permitieron. Dónde construiríamos este Estado. Nosotros queremos un Estado democrático en Palestina, donde seamos iguales, en deberes y derechos. Esta es nuestra tierra, en la Palestina histórica, un Estado multicultural como existe en muchos países del mundo.

La comunidad internacional parece sorprendida y espantada ante esta nueva masacre que Israel denominó “Operación Margen Protector”. Sin embargo, los palestinos saben que estas masacres se repiten cada cierto tiempo, convirtiéndose en una limpieza étnica ¿Qué le parece que esta nueva masacre ocurra justo después del acuerdo de unidad entre las fracciones palestinas?

No me parece una coincidencia. Israel quería elecciones y no le gustó el resultado de esas elecciones y boicoteó la voluntad del pueblo palestino que fue elegir a Hamas. Ahora todas las facciones palestinas, no sólo Hamas y Al Fatah, sino también la Jehad, el FPLP, el FDLP, etc, hemos creado un comité bajo el paraguas de la OLP para poder dialogar y tener elecciones del Consejo Nacional Palestino para Gaza y Cisjordania. Esa es la unidad que buscamos, una unidad inclusiva donde estén representados todos los palestinos, pero Israel no lo quiere permitir y utilizará cualquier excusa para atacar.

La solidaridad de los pueblos

Leila Khaled siente un profundo lazo con América Latina. Para ella, se trata de un continente hermano con el que siente más cercanía y solidaridad que con muchos países árabes. En tiempos de la guerrilla latinoamerica, en que los pueblos de Nicaragua, Cuba, Chile y Argentina, entre otros, luchaban contra dictaduras locales o intervenciones extranjeras. Leila Khaled conoció a muchos de estos militantes e incluso combatió con ellos, como fue el caso de Patrick Argüello, su compañero en el secuestro frustrado del vuelo 219 de Ámsterdam a Nueva York.

En esa ocasión, portaba un pasaporte hondureño falso con una identidad ajena. María Luna fue el nombre que utilizó y que hoy recuerda con picardía: -Me gustaba el nombre, pero no hablaba nada de español. Sólo sabía decir “Sí, señor”. No sabía nada de español y todavía no sé nada de español.- comenta con gracia, mientras bebe sorbos de café.

¿Cuál es su opinión sobre los gobiernos y estados latinoamericanos que han manifestado su respaldo a Palestina y condenado a Israel en las últimos acontecimientos?

Esto ha sido un gran apoyo a los palestinos y ellos han hecho más que cualquier otro país. Depende, por supuesto, de los gobiernos cambiar la actitud y la política, y eso, en todas partes, lo aprecian. En Gaza la gente dice: “No son los árabes nuestros hermanos, son los latinoamericanos”.

Desde el comienzo Venezuela y Bolivia han cortado lazos con Israel. Ahora en Bolivia han cancelados los acuerdos de visa con Israel. En Chile, en Argentina, Perú y Brasil han llamado a consulta a sus embajadores. Bolivia catalogó a Israel como un Estado terrorista. Esa es una excelente actitud y es lo que necesitamos.

Fuente: http://www.oicpalestina.org/?p=18983

Norman Finkelstein: «A Israel no se le puede vencer mediante la lucha armada»

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Por Leila Nachawati.

En el apartado profesional de su perfil en redes sociales, el profesor judío estadounidense Norman Finkelstein aparece como “desempleado”. Este activista y politólogo que perdió a la mayor parte de su familia en campos de concentración, ha pagado un precio muy alto por su posicionamiento contrario a la ocupación israelí y sus investigaciones en torno a las políticas del holocausto. Recibe acusaciones de antisemitismo por parte de los sectores más favorables a las políticas de Israel, lo que lo ha condenado al ostracismo profesional en EEUU.

También se le critica desde movimientos como el de Boicot, Desinversiones y Sanciones y de otros promotores de la solución de un solo Estado para palestinos e israelíes. Esta solución se basa en la noción de ciudadanía y no en el carácter étnico o religioso, frente a la defensa de intelectuales como Finkelstein de la solución de dos estados distintos.

Desde que nos conocimos en Líbano hace cinco años, ha habido muchos cambios en Oriente Medio y el Norte de África. ¿Cómo definiría el punto en que se encuentra la región hoy?

Todo parece ir siempre a peor. Diría que todo ha ido a peor en el mundo en general, con excepción de algunas partes de América Latina. Después de décadas de desgobierno, de desigualdades, de injusticia institucionalizada a manos de regímenes corruptos, no se puede decir que sea sorprendente lo que sucede hoy. En 2011 la ciudadanía de Oriente Medio y Norte de África intentó el cambio por medios pacíficos y fue brutalmente reprimida, así que a nadie le puede sorprender que los deseos de cambio tomen una deriva violenta o irracional en muchos casos.

Tras los últimos ataques israelíes a Gaza, ¿cuál es el balance para israelíes y palestinos?

La parte israelí no ha logrado ninguno de sus objetivos, pero los palestinos tampoco. Se puede decir que la situación está estancada. La diferencia es que Israel puede seguir viviendo en esa situación de estancamiento, mientras que los palestinos no. Israel puede vivir con una Gaza controlada por Hamás, pero ¿pueden los palestinos vivir con una Gaza reducida a escombros, miles de asesinados, bajo un asedio que se mantiene, una ocupación que continúa? El statu quo era insoportable para los palestinos y lo sigue siendo. Ninguna de las dos partes ha ganado, y aún así los palestinos pierden. La voluntad indomable de los gazatíes es admirable, pero su victoria no lo es si no se traduce en una mejora de sus condiciones de vida, que empeora tras cada operación israelí.

¿Puede haber una solución justa para los palestinos en el contexto de injusticia y convulsión del resto de la región?

Creo que sí. Los palestinos tienen mucho a favor para acabar con la ocupación. La resistencia civil no violenta, en coordinación con el movimiento de solidaridad internacional, que incluye un apoyo valiente, casi heroico por parte de algunos países de Latinoamérica, tiene un potencial enorme. Por desgracia, ni la Autoridad Palestina ni Hamás hacen uso de toda esa opinión pública favorable, de esa solidaridad internacional, de la población palestina como fuerza. Hamás sigue empantanado en un discurso mitológico de lucha armada, del mismo modo que Israel se mantiene en el discurso mitológico del proceso de paz.

Se refiere usted en su libro Knowing Too Much: Why the American Jewish Romance is Coming to an End al cambio en la opinión pública estadounidense con respecto a Israel. ¿A qué se debe ese cambio?

Principalmente a la labor de organizaciones israelíes como B’Tselem y grupos de derechos humanos como Human Rights Watch y Amnistía Internacional, que han hecho que los argumentos de apoyo a la ocupación se perciban cada vez más como tendenciosos e indefendibles. Este cambio es importante, después de décadas de aceptación de políticas que promueven el sufrimiento y la injusticia en la región.

No menciona usted la labor de referentes palestinos como Edward Said o la organización palestina Al-Haq en ese cambio de percepción, punto por el que ha sido criticado su análisis.

El trabajo de organizaciones palestinas como Al-Haq es muy valioso y ha tenido impacto en otros ámbitos, pero por desgracia su influencia en la opinión pública judía estadounidense ha sido mínima.

También recibe numerosas críticas por defender la solución de dos estados, frente a la de un solo Estado de coexistencia que promueven intelectuales como Azmi Bichara o Omar Barghouti. ¿No es más justo plantear una, digamos, república democrática israelo-palestina?

La creación de un Estado palestino me parece la única solución viable. La solución de un solo Estado para ambos pueblos requeriría que Israel renunciase a su carácter judío. Si no logramos que Israel devuelva el territorio robado a los palestinos, ¿podemos pensar que va a renunciar a la esencia misma de su existencia? Lo veo una fantasía.

Hay especialistas en la región que defienden lo contrario. Afirman que es la solución de dos estados, uno israelí y otro palestino, la que se ha convertido en una fantasía que en la práctica sólo reforzaría el Estado de apartheid.

El retorno a las fronteras del 67 y la división en dos estados es algo que prácticamente todo el mundo acepta, incluido el derecho internacional. La solución de un solo Estado es un bello sueño, pero si queremos mejorar la vida de la gente aquí y ahora, no podemos agarrarnos a sueños, necesitamos soluciones realistas. Y un Estado palestino lo es.

En su último libro, que será publicado en los próximos días, hace un repaso de las agresiones israelíes a Gaza, y plantea la imposibilidad de vencer a Israel mediante la lucha armada.

Los palestinos no tienen la obligación, ni moral ni legal, de desistir de usar la fuerza armada contra Israel. Sin embargo, como desarrollo en el libro, tanto en Gaza como de cara a quienes los apoyan desde el exterior la resistencia no violenta masiva ofrece la mejor alternativa para acabar con el asedio y la ocupación ilegal. La resistencia armada se ha intentado una y otra vez y a pesar de la nobleza, de lo heroico de esta resistencia, Israel permanece inamovible. Si la fuerza de la resistencia palestina se canaliza a través de una campaña masiva de resistencia civil, y quienes la apoyan en todo el mundo movilizan a la opinión pública para un cambio de políticas, Israel se verá obligado a poner fin a la ocupación, y se perderán muchas menos vidas que en la resistencia armada.

Fuente: ElDiario.es