Archivo del Autor: losotrosjudios

Israel y Egipto, una alianza forjada en Washington

Estándar

Por Olga Rodríguez.

EEUU entrega anualmente 3.000 millones de dólares al Ejército de Israel y 1.300 millones al Ejército egipcio. Son la primera y segunda mayor ayuda que Washington da a unas fuerzas armadas en el mundo. Se trata de la recompensa tras la firma de los acuerdos de paz de Camp David entre Israel y Egipto en 1979, en los que EEUU actuó como mediador.

Estos acuerdos supusieron el fin de la unidad del mundo árabe. Egipto recuperó el Sinaí que Israel había ocupado ilegalmente años antes, e Israel se comprometió a detener la ocupación de Gaza y Cisjordania, algo que no cumplió y que sigue incumplimendo de forma sistemática a día de hoy. El Cairo reconoció el Estado de Israel, a pesar de que Tel Aviv seguía ocupando los Altos del Golán sirios y Jerusalén Este.

Los países árabes sintieron que el presidente egipcio, Anuar el Sadat, había negociado al margen de los intereses del mundo árabe y solo en función de los suyos propios. Egipto fue expulsado temporalmente de la Liga Árabe, que trasladó su sede de El Cairo a Túnez (hasta que en 1989 volvió a ser readmitido) y Anuar el Sadat fue asesinado poco después en un atentado mientras presenciaba un desfile militar.

Tras la firma de los acuerdos de Camp David el Ejército de Egipto se convirtió en garante del cumplimiento de los mismos por el lado egipcio, y Tel Aviv y El Cairo iniciaron una relación cordial.

Israel se vio libre de su mayor enemigo regional hasta entonces -las Fuerzas Armadas egipcias son el décimo ejército más numeroso del mundo- y tuvo vía libre para impulsar la ocupación ilegal de más territorios palestinos, a pesar de la letra escrita en los acuerdos. La discriminación y opresión que Israel ejerce contra la población palestina no ha impedido que los generales egipcios se mantegan leales a Camp David.

El efecto de los 1.300 millones, en Wikileaks

La importancia de la ayuda económica estadounidense al Ejército egipcio fue mencionada por la embajada de EEUU en El Cairo en 2009, en cables publicados posteriormente por Wikileaks:

“El presidente Mubarak y los líderes militares ven nuestro programa de asistencia militar como la piedra angular de nuestra relación y consideran los 1.300 millones de dólares en ayuda anual una “compensación intocable” por la creación y mantenimiento de la paz con Israel. Los beneficios tangibles de nuestra relación son claros: Egipto sigue en paz con Israel y los militares de EEUU gozan de acceso prioritario al Canal de Suez y al espacio aéreo egipcio”. 

Por eso estos días se está abordando en la prensa estadounidense el debate sobre el mantenimiento de la ayuda económica al Ejército egipcio por parte de Washington.

Estados Unidos ha evitado llamar golpe de Estado a lo ocurrido en Egipto, precisamente para poder continuar con la financiación a las Fuerzas Armadas egipcias a pesar de que la ley estadounidense prohíbe entregar ayuda económica a un país en el que se haya producido un golpe. El objetivo de Washington es mantener Egipto bajo su órbita de influencia, y los generales son para ello su principal baza.

Algunos humoristas de la televisión estadounidense no han podido evitar mofarse de los equilibrismos lingüísticos de la Casa Blanca:

“Creemos que podemos esquivar nuestra propia regla sobre golpes de Estado si simplemente conseguimos no usar la palabra golpe de Estado. Esto es como un concurso. Tu reto es describir la actual situación en Egipto pero si usas la expresión golpe de Estado, perderás todo”, decía entre risas esta semana el humorista John Oliver en el Daily Show de John Stewart.

Según el diario Haaretz, propio gobierno de Israel ha pedido a Estados Unidos que no retire esta ayuda que garantiza de algún modo el compromiso de los generales egipcios con Israel.

Y es que entre los intereses israelíes está la “estabilidad” de la península egipcia del Sinaí, que comparte frontera con Gaza e Israel. Para ello Tel Aviv necesita la colaboración del Ejército egipcio y de un gobierno en El Cairo dispuesto a incluir esta tarea en su lista de prioridades. No es casualidad que precisamente tras la caída de Morsi se hayan registrado varios ataques de grupos armados contra objetivos militares egipcios en el norte del Sinaí.

De momento, y a pesar de los últimos acontecimientos, Washington ha seguido adelante con la entrega a Egipto de cuatro aviones militares F16. Y mientras tanto, tras el derrocamiento de Morsi, Estados Unidos ha decidido impulsar el reinicio de las conversaciones de ‘paz’ entre israelíes y palestinos, que llevaban tres años congeladas.

Soldados egipcios en el Sinaí (Archivo EFE)

Soldados egipcios en el Sinaí (Archivo EFE)

La cuestión del Sinaí

La agencia AP, citando fuentes de defensa, seguridad e inteligencia, menciona el papel clave que ha jugado la cuestión del Sinaí. “El nivel de discrepancia entre Mohamed Morsi y el jefe del Ejército, el general El Sisi [ejecutor del golpe militar] sugiere que los militares habían estado planeando durante meses tomar más control del reinado político en Egipto”, ha relatado AP.

Uno de los más profundos desacuerdos entre el jefe del Ejército y Morsi, según estas fuentes citadas por AP, giraba en torno a la península egipcia del Sinaí, fronteriza con Israel y Gaza. Poco después de que Morsi asumiera la presidencia en 2012, un grupo armado mató a 16 soldados egipcios.

Israel se apresuró a condenar a grupos palestinos de Gaza y Hamás negó su implicación en reiteradas ocasiones. Morsi prometió actuar contra los responsables de estos ataques, pero también habló públicamente de la necesidad de templanza y diálogo.

Según las fuentes citadas por AP, en noviembre de 2012 Morsi ordenó a los militares que detuvieran una ofensiva en el Sinaí que estaban a punto de iniciar. Los generales protestaron, y volvieron a hacerlo cuando Morsi se opuso a otra operación militar en marcha.

En medio de aquellas tensiones surgió el movimiento Tamarrod, que comenzó a recoger firmas pidiendo la marcha de Morsi. Sobre ello, AP indica:

“Parece que aquello fue una oportunidad de oro para El Sisi para deshacerse del presidente. Los militares ayudaron a Tamarrod desde muy pronto, comunicándose con la organización a través de terceras personas, según los oficiales [consultados]”.

La agencia también señala que “cuando Tamarrod dijo que había recogido dos millones de firmas por la caída de Morsi, los militares se interesaron y trabajaron a través de terceros que conectaron al grupo con liberales y empresarios vinculados a la oposición que lo financiarían [al movimiento], según dos altos oficiales del ministerio del Interior”.

«La importancia de la cooperación Israel-Egipto»

La importancia de la cuestión del Sinaí también ha sido mencionada por un brigadier general egipcio retirado. En una entrevista con la BBC, este militar, Ayman Salama, afirmó que Morsi “amenazó los intereses más elevados en materia de seguridad nacional y militar por colaborar con Hamás en contra de los intereses del Ejército, especialmente en el Sinaí”.

Salama también reiteró “la importancia de la cooperación mutua entre los Ejércitos de Israel y Egipto en materia de seguridad e inteligencia”.

En el ideario colectivo de la sociedad egipcia siempre ha existido gran solidaridad con los palestinos y repulsa a la ocupación israelí. De hecho los movimientos que impulsaron las revueltas egipcias de 2011 nacieron en muchos casos al calor de la solidaridad con la Segunda Intifada palestina a principios de este siglo. Un Egipto realmente libre y democrático, fuera de un marco neocolonial como el actual, podría dar la espalda a Israel mientras éste siguiera violando las leyes internacionales.

Pero de momento la campaña que ciertos sectores egipcios están impulsando contra los palestinos y el aumento de las restricciones impuestas a los palestinos para entrar a Gaza por territorio egipcio, contribuyen a situar lejos de la realidad aquél dicho que sostiene que “el camino hacia una Palestina libre pasa por El Cairo”.

Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/cuestion-palestina-Egipto-Israel-neocolonial_6_156144385.html

Los medios no muestran: Rabinos se manifiestan contra el régimen israelí

Estándar

othodox-jews-2

Centenares de rabinos se han congregado este jueves ante la sede de la Unión Europea (UE) en Bruselas, capital de Bélgica, para denunciar que el régimen de Israel reprime a los judíos antisionistas.

A pesar de que este acto se considera la más grande y sin precedentes concentración de rabinos en los países europeos, la presión de los lobbies sionistas hizo que los medios de comunicación mantuvieran el silencio y ninguno de ellos cubriera la reunión de más de un millar de líderes judíos europeos.

Los rabinos criticaron que el régimen israelí, aprovechándose del Judaísmo, pretende promover sus objetivos expansionistas en Palestina y otros puntos de la región.

Agregaron que, para ellos, el enfoque del régimen de Israel es el mismo del nazismo, de manera que utiliza a la religión para obligar a todos los jóvenes a unirse al ejército.

Los rabinos, en esta protesta, tras rechazar cualquier política del régimen israelí basada en la fuerza y la ocupación de la tierra palestina, declararon su inocencia ante las políticas del régimen de Tel Aviv hacia Palestina, Irán, Siria y la Resistencia.

De acuerdo con ellos, el sionismo es un movimiento político construido sobre la distorsión de la Torá y la religión judía.

Fuente: argenpress/OICP

Foto: http://www.worldbulletin.net/?aType=haber&ArticleID=112269

Emocionante canción de paz palestino-israelí

Estándar

Ilan Pappé: La solución de un solo Estado, la unidad palestina y el bloqueado “proceso de paz”

Estándar

ilanEntrevista de Nigel O’Connor.

El trabajo del profesor Ilan Pappé, propugnador de un boicot internacional contra Israel y del establecimiento de un solo Estado para israelíes y palestinos, ha recibido elogios así como duras críticas en círculos académicos y políticos.

Las críticas no son sorprendentes, en vista de que el trabajo de Pappé ha tratado de cuestionar las verdades aceptadas de un país dividido. Finalmente lo llevaron a verse obligado a renunciar a su puesto en la Universidad de Haifa en 2007.

El destacado académico israelí, que ahora enseña en la Universidad de Exeter en el Reino Unido, presenta la historia del Estado de Israel de una manera que engloba la narrativa del pueblo palestino, una ambición audaz en una sociedad en la cual militarismo, nacionalismo y religión son potentes fuerzas unificadoras.

Los últimos meses hemos visto un período intenso de actividad diplomática dirigida por EE.UU. entre Washington, Jerusalén y Ramala, mientras el presidente Obama trata de reiniciar negociaciones directas entre lod dirigentes de Israel y Palestina. No obstante, las perspectivas de paz siguen siendo tan poco alentadoras como desde el inicio de la Segunda Intifada hace más de una década.

Al Jazeera y el profesor Pappé hablaron del paralizado “proceso de paz”, de la unidad palestina y de los éxitos del impulso por una solución de un solo Estado.

¿Cómo evalúa los recientes esfuerzos del Secretario de Estado de EE.UU. John Kerry para reiniciar las negociaciones entre israelíes y palestinos?

Hay muy pocos motivos para suponer que esto abra un nuevo capítulo en la historia del proceso de paz en Palestina. Las razones básicas de la falta de avance desde 1993 no han cambiado. Israel, bajo cualquier gobierno sionista, cuando habla de “paz” quiere decir una partición de Cisjordania en un área judía y otra palestina, e incluso la más cooperadora, o sumisa, dirigencia palestina no podría estar de acuerdo con algo semejante. Y para colmo, las demandas israelíes significarían renunciar, más o menos, al derecho de retorno. Todos los gobiernos de EE.UU. han buscado maneras de persuadir a los palestinos para que acepten este dictado; Kerry no es diferente.

¿Piensa que EE.UU. cree realmente en la probabilidad de la solución de dos Estados?

No, pienso que EE.UU. no tiene ninguna estrategia con respecto a Israel y Palestina, solo tácticas. La estrategia, si lo fuera, se formuló alrededor de 1968, durante el gobierno Johnson, y fue una política de ignorancia intencional de las acciones unilaterales de Israel, en particular en Cisjordania. El discurso estadounidense e israelí sobre dos Estados se hizo uno: permitir a los palestinos, dependiendo de su “buena conducta”, un régimen propio en las áreas palestinas densamente pobladas. Buena conducta significaba renunciar a cualquier demanda futura.

¿Cómo ve la posibilidad de que los palestinos logren sus ambiciones nacionales y cuáles son las opciones que tienen?

En vista del actual equilibrio de fuerzas local, regional y global, hay muy pocas esperanzas de que los palestinos realicen sus esperanzas nacionales en un futuro cercano. Sin embargo, los grandes cambios que están ocurriendo en la región, el drástico vuelco de la opinión pública mundial en su apoyo, las crisis económicas globales y los posibles cambios del equilibrio de las fuerzas internacionales abren todos opciones de una actitud global distinta respecto a Israel, tal vez… de una manera parecida a la Sudáfrica del apartheid. Con el fin de aprovechar semejantes posibilidades, las cuestiones de la representación y la unidad palestina se debería resolver rápidamente, de otra forma se perderían esas futuras oportunidades. Sobra decir que, por el momento, es la determinación palestina, a veces a un nivel muy individual, lo que impide que se desarrolle una catástrofe total.

El arte de la resistencia palestina

¿Cómo evalúa la posibilidad de que ocurra otra Intifada palestina, en vista de la situación política y militar actual en los territorios ocupados?

Como bastante grande. La desesperación puede conducir, por cierto, a una especie de parálisis o a la falta de un impulso para rebelarse. Pero ahora, cuando una tercera generación ha nacido en la megaprisión que Israel construyó en los territorios y la política de las colonias israelíes y sus colonos es más extremista, brutal e inhumana de lo que era antes, siempre existe el escenario para una explosión a pesar de todas las adversidades.

¿Cómo caracteriza la naturaleza de la Autoridad Palestina y su papel en el conflicto?

Existen dos aspectos en la AP. Por una parte, es la reguladora de la vida en Cisjordania (como Hamás en Gaza), y como tal se ocupa de una especie de normalidad dentro de la megaprisión que Israel construyó en Cisjordania. Por otra parte, es un instrumento en manos de Israel para asegurar la tranquilidad y la complacencia en dicha megaprisión. La AP se presenta, y la presentan, como el único socio posible de las negociaciones, pero pienso que ese papel ya está erosionado. La historia juzgará cómo semejante autoridad puede navegar entre las dos funciones que Israel y la ‘comunidad internacional’ esperan que cumpla.

¿Cómo ve el futuro de la Autoridad Palestina? ¿Puede seguir existiendo si quebrara con EE.UU. e Israel, y sería posible considerando sus arreglos de financiamiento?

No puede existir fuera del marco de la Pax Israelí y la Pax Americana. Por cierto, ambas no tienen nada que ver con la paz, sino más bien con una relativa conformidad de la población local con su encarcelamiento en Cisjordania. Si se desmantela unilateralmente, pasarían dos cosas: un período de un vacío caótico y una presión sobre todos los afectados para encontrar un marco diferente para una solución.

¿Existen divisiones entre las principales facciones políticas de Palestina de tal dimensión que no pueden presentar un frente coherente, en mayor detrimento de su causa nacional?

Por supuesto el faccionalismo ayuda a los israelíes a implementar constantemente sus políticas. El tema de la representación de los palestinos es algo que el pueblo palestino tendrá que resolver más vale pronto que tarde. Es lo más urgente en la lucha general por la paz y la justicia en Palestina.

¿Se considera partidario de la solución de un Estado?

Sí, lo soy. Creo que un solo Estado es la única solución justa y funcional del conflicto. Creo que cualquiera que esté más de cinco minutos en el terreno en Cisjordania se da cuenta de que no hay sitio para un Estado palestino independiente. Y además, cualquiera que reflexione un poco más profundamente sobre las razones del conflicto comprende que solo un órgano político semejante podría responder a todos los aspectos de dicho conflicto: el desposeimiento de los palestinos en 1948, la discriminación de los palestinos en Israel y la ocupación de Cisjordania y de la Franja de Gaza.

¿Cómo evalúa el éxito de la campaña por la solución de un Estado?

El principal éxito de la campaña fue ofrecer una nueva conversación sobre una alternativa. Sus aspectos más fuertes son que se relaciona mucho mejor con la realidad que se desarrolló en Palestina desde finales del siglo XIX, donde ahora tenemos una tercera generación de colonos que no lograron vaciar el país que invadieron, y ambos lados tienen que replantear su relación sobre esta base mutua: no es posible librarse de los colonos ni de la población nativa.

Su segunda ventaja es el fracaso total, después de más de 65 años, del intento de dividir Palestina en varias formas y disyuntivas como la mejor solución. Ahora sabemos que no va a funcionar y que hay que encontrar una alternativa.

Su desventaja es que todavía no es un movimiento popular y no ha logrado avances y estructuras de poder en las instancias políticas de ambos lados. Además, ‘la comunidad internacional’ y el mundo árabe no apoyan esta idea, aunque pienso que la opinión pública en el mundo y en la región la apoyan de todo corazón.

¿Cómo se puede realizar un objetivo semejante si en gran parte está limitado a círculos intelectuales, mientras parece contar con poco apoyo entre los palestinos o israelíes comunes y corrientes?

El poder de esas ideas reside en dos proyectos: uno de trabajo intensivo que ha comenzado a diseminar la idea entre los que ya forman parte de organismos representativos, especialmente entre los palestinos y entidades externas. El segundo: que existe la necesidad de mostrar, aunque sea teóricamente en este momento, cómo sería la vida en todos sus aspectos dentro de un organismo político.

¿Cómo caracteriza la actitud del establishment político israelí en el logro de sus objetivos en los territorios palestinos, y qué piensa que constituyen estos últimos?

Los objetivos actuales no son diferentes de los establecidos por el movimiento sionista desde muy temprano, cuando apareció en Palestina: tener tanto de Palestina como fuera posible con tan pocos palestinos como fuera posible. Las tácticas cambian continuamente. En 1948 se logró por medio de la limpieza étnica; hasta 1967 imponiendo el régimen militar a la minoría palestina en Israel; después de 1967 encarcelando a los palestinos en Cisjordania y la Franja de Gaza en una inmensa prisión, mientras se anexaba la mitad de Cisjordania a Israel y de “desarabizaba” y se “judaizaban” Galilea y el Néguev.

Estos objetivos no se han completado gracias a la determinación y la lucha de los palestinos, y por lo tanto seguirán siendo las tácticas del siglo XXI.

¿Ha visto un cambio en la naturaleza de la sociedad israelí durante su vida?, y si fuera así, ¿diría que esos cambios presentan un obstáculo para el logro de una solución justa del conflicto o que la facilitan?

Hay dos aspectos que siempre me interesaron respecto a la sociedad israelí: uno es su relación con los palestinos –y por extensión con el mundo árabe- y el otro la dinámica interna en la sociedad judía.

Respecto al primer punto, he visto muy pocos cambios en la actitud básica. A los palestinos se les veía, y se les sigue viendo, como usurpadores extranjeros de la antigua patria y como un obstáculo para una vida activa y pacífica. El deseo era no formar parte del mundo árabe, esto incluía por desgracia a los judíos árabes, y produjo una mentalidad de fortaleza occidental sitiada en medio de una región “hostil”. El resultado de esa mentalidad fue una sociedad intolerante, tensa y paranoica que cree que solo puede basarse en el poder militar para sobrevivir.

En cuanto al otro aspecto, crecí en una sociedad relativamente modesta que por lo menos se preocupaba del otro en la sociedad judía, más igualitaria y secular. Se ha vuelto más polarizada en los enclaves americanizados y hedonistas como Tel-Aviv y en espacios de ardiente teocracia como Jerusalén y las colonias.

¿Puede darme una idea de cómo ve alguna solución política entre las dirigencias de israelíes y palestinos? ¿Considera que la Primavera Árabe altera la situación del conflicto palestino-israelí?

Si no hay cambios en el equilibrio de fuerzas locales, regionales o internacionales, la relación no cambiará en el futuro. Es decir, los israelíes asesinarán a los dirigentes que se resistan a su dictado y esperarán que los demás por lo menos mantengan silencio al respecto, incluso aunque no expresen su apoyo en público. Por lo tanto se pueden condenar las colonias israelíes en E-1 en el Gran Jerusalén, pero no se puede apoyar un intento palestino de defenderlo.

Sí, no obstante, la opinión pública del mundo sigue viendo a Israel como la nueva Sudáfrica del apartheid, como lo hace, esto puede llevar a largo plazo a un cambio en la actitud de las elites políticas, como la Primavera Árabe puede conducir a que haya un día una cantidad de nuevos gobiernos mucho más comprometidos con la causa palestina que en la actualidad. Entonces la relación podría ser entre los dirigentes israelíes en representación de una sociedad de comunidad de colonos que busca la reconciliación con la dirigencia de la población nativa. Podría ser un nuevo paradigma mucho más esperanzador.

Autor: Nigel O’Connor para Al Jazeera / Traducido para Rebelión por Germán Leyens

Twitter: @nigel_oconnor

Fuente: http://www.oicpalestina.org/?p=10798

Difamación/Difamação – La Industria del Antisemitismo

Vídeo

defamationSubtítulos en español

Legendas em português

Assim como Norman Finkelstein, um professor estadunidense (e judeu) escreveu um livro no qual expõe como funciona o que ele chama de «A indústria do holocausto», Yoav Shamir, um cineasta israelense (e judeu), realizou o filme documentário Defamation (Difamação) que revela o que poderíamos chamar de «A indústria do antissemitismo». Trata-se de um filme imprescindível para entender os interesses que movimentam essa «indústria». A verdade, como podemos depreender deste documentário, é que o antissemitismo passou a ser a fonte de riqueza e poder para muitos grupos oriundos das comunidades judaicas estadunidenses que, aliados aos interesses da extrema direita israelense, não desejam seu fim, nem seu abrandamento. Muito pelo contrário, para desfrutar de seus privilégios (e para justificar suas políticas anti-palestinas, no caso de Israel), esses grupos procuram fazer de tudo para que o antissemitismo nunca deixe de estar em pauta. Se não houver mais o perigo real (como o documentário nos dá a entender que é o que ocorre na prática), é preciso recriá-lo através de todos os mecanismos emocionais possíveis. O documentário também deixa claro que há muitos judeus, religiosos ou não, que não concordam com a manipulação do sofrimento de seus antepassados para o benefício espúrio de grupos de poder da atualidade.

Texto: Jair de Souza.

Bill Clinton gana 500.000 dólares para decir…

Estándar

clinton peres

El ex presidente estadounidense Bill Clinton indicó este lunes que no veía «una alternativa a la creación de un Estado palestino», en un discurso pronunciado cerca de Tel Aviv con motivo del 90 aniversario del presidente israelí, Shimon Peres.

«Estoy con Shimon en esto, no creo que en todos estos años una alternativa creíble a la creación de un Estado palestino se haya presentado», dijo.

La solución de los dos Estados es la única «que preservará el carácter esencial del Estado de Israel, un Estado judío y democrático donde las minorías pueden votar», indicó, hablando en el Centro Académico Peres, en Rehovot, cerca de Tel Aviv.

«Sea cual sea el número de colonos en Cisjordania, los palestinos tendrán siempre más hijos», dijo Clinton, cuyo primer mandato fue marcado por la firma de los acuerdos israelo-palestino de Camp David, en 1993.

«De una u otra forma, ustedes deberán compartir su futuro con sus vecinos», agregó, ante una sala llena, en la que había numerosos ministros y diputados israelíes.

Varios miembros del gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu, han expresado recientemente su rechazo de una solución con dos Estados.

El ministro de Economía, Naftali Bennett, jefe del partido nacionalista religioso Hogar Judío, declaró el lunes que una tal solución había «llegado a un callejón sin salida.»

En su discurso, Clinton estimó que Shimon Peres era «uno de los grandes visionarios del mundo.»

También recordó su amistad con el ex primer ministro Yitzhak Rabin, quien fue asesinado en 1995 por un extremista judío.

«El día más oscuro de mi presidencia fue el día en que el primer ministro Rabin fue asesinado. No pasa una semana sin que yo piensen en él», dijo.

El anuncio de la llegada de Clinton provocó una cierta polémica en Israel, donde gobierno trata de adoptar un presupuesto de austeridad, cuando los medios de comunicación revelaron que el ex presidente estadounidense recibiría 500.000 dólares por su actuación.

La totalidad de la suma, sin embargo, será vertida al Centro Académico Peres y usada para financiar becas, dijo Clinton, según los medios de comunicación.

Las festividades por el 90 aniversario de Shimon Peres se iniciarán oficialmente el martes con el inicio de la conferencia presidencial a la que asistirán numerosos dignatarios extranjeros.

Fuente: AFP / OICP

«La existencia de Israel se basa en una continua limpieza étnica de la población palestina»

Estándar
Victoria Buch

Victoria Buch

Por Victoria Buch.*

Historia y «moral» de la limpieza étnica

Llegué a Israel hace 40 años. Me llevó muchos años comprender que la existencia de mi país en su forma actual se basa en una continua limpieza étnica de la población palestina. El proyecto se inició hace muchos años. Sus semillas se remontan a la falacia fundacional del movimiento sionista, que se propuso establecer un Estado nacional judío en un lugar habitado por otra nación. En estas condiciones a uno le asiste, a lo sumo, el derecho moral de luchar por un Estado binacional. El establecimiento de un Estado nacional implica más o menos por definición la depuración étnica de los anteriores habitantes.

Albert Einstein se percató de esta falacia hace mucho tiempo.

Poco después de la Primera Guerra Mundial, «Einstein se quejó de que los sionistas no estaban haciendo lo suficiente para llegar a un acuerdo con los árabes palestinos … Él era partidario de una solución binacional en Palestina y previno a Chaim Weizmann contra el nacionalismo de “estilo prusiano»». [1]

Pero el movimiento sionista hizo oídos sordos a esas advertencias. Así que aquí estamos, casi un siglo después, con un Estado nacional judío dominado por nacionalistas militaristas y por militantes entregados con celo a la tarea de colonizar y “judeizar” el territorio bajo control israelí a ambos lados de la Línea Verde (la frontera de 1967). El proyecto ha sido llevado adelante ininterrumpidamente y sin descanso por parte de todos los diversos gobiernos israelíes, recientemente al amparo de unas «negociaciones» de pacotilla con el Presidente Abbas.

La mayoría de las instituciones israelíes participan en dicho proyecto. Generación tras generación, los jóvenes israelíes ingresan en el ejército para ofrecerle la cobertura militar necesaria. La muchachada israelí ha sido sometida a un lavado de cerebro para que pueda creer honestamente que el ejército lucha “por la existencia de Israel”. Sin embargo, en opinión de la autora de este artículo y de muchas otras personas parece evidente que la supervivencia de la comunidad judía en este país depende de establecer mecanismos viables de convivencia con los palestinos. De modo que bajo el lema de «lucha por la existencia» el Estado de Israel está llevando a cabo un proyecto de naturaleza esencialmente suicida.

Esta perspectiva de larga data que permea la visión de las clases gobernantes israelíes quedó resumida sucintamente en un libro recientemente publicado por un académico estadounidense llamado Saree Makdisi: Palestina Inside Out. El libro «sugiere que la ocupación no es más que otro rasgo más de la vigente política israelí de expulsar lentamente de sus tierras a la población nativa palestina. Esta política es anterior a la fundación del Estado y todas las prácticas que desarrollan los ocupantes (asentamientos ilegales, confiscación de tierras, demolición de viviendas, etc.) sirven a ese objetivo final”. [2]

Si usted descree de la afirmación anterior deténgase a considerar una serie de declaraciones realizadas por el propio David Ben Gurion en una época anterior incluso a la creación del Estado de Israel (Ben Gurion fue líder del movimiento sionista antes de 1948 y el primer Primer Ministro de Israel a partir de 1948):

«La transferencia forzosa de los árabes [palestinos] de los valles del Estado judío propuesto [por el plan de partición de la ONU] podría darnos algo que nunca tuvimos, ni siquiera cuando vivíamos en nuestra propia tierra en la época del primer y segundo Templos… Nos están dando una oportunidad con la que jamás nos atrevimos a soñar ni en nuestras más descabelladas fantasías. Esto es más que un Estado, gobierno y soberanía: esto es la consolidación nacional en una patria libre». [3]

«Gracias a la transferencia forzosa [de la población nativa palestina, dispondríamos de] un vasto territorio [para establecer asentamientos]… Yo apoyo la transferencia forzosa. No veo nada inmoral en ella». [3]

Durante la guerra de 1948 cerca de dos tercios de los palestinos que acabarían convirtiéndose en refugiados fueron expulsados de sus hogares por el incipiente ejército israelí y un tercio se convirtieron en refugiados para escapar de los peligros de la guerra. A toda esta gente (entre 750.000 y 1.000.000 de personas) se les impidió regresar a Israel tras el acuerdo de armisticio. Sus casas y bienes fueron arrasados o apropiados por el Estado israelí.

Entre los habituales mantras que recitan los israelíes para justificar lo anterior figura éste: «Israel aceptó el plan de partición de la ONU y los árabes no, por lo que todo lo que ocurrió después es culpa los árabes». Lo que taimadamente se omite al decir eso es que los árabes palestinos constituían entre un tercio y la mitad de la población del territorio asignado al hogar nacional judío (según diversos informes de las Naciones Unidas). ¿Por qué deberían estas personas, cuyos antepasados vivieron allí durante generaciones, aceptar vivir en una patria ajena? Imagínese, por ejemplo, la reacción de los franceses belgas si la ONU designara a su país como «hogar nacional flamenco».

Pero el principal mantra con el que se aporrea la conciencia de cada ciudadano israelí desde el jardín de infancia es el argumento de que en 1948 se trataba de «o ellos o nosotros», «los árabes nos habrían arrojado en el mar si no hubiéramos establecido un Estado de mayoría judía y no hubiéramos creado un ejército poderoso», etc. Tengo mis dudas sobre ese sonsonete, pero supongamos que por un momento que las cosas hubieran sido efectivamente así. Entonces llegó el año 1967 y la Guerra de los Seis Días.

Otro capítulo en la «lucha por la existencia» de Israel en contra de árabes recalcitrantes que seguían intentando arrojarnos al mar. En un primer momento eso es lo que parecía. Yo, al igual que la mayoría de mis compatriotas, me creí durante muchos años que 1967 fue de hecho un momento de peligro existencial para Israel. Hasta que me tropecé con algunas elocuentes palabras pronunciadas por nuestros propios líderes [4]:

«(a) The New York Times citó el discurso que el Primer Ministro Menachem Begin (1977-83) pronunció en agosto de 1982 y en el que dijo: «En junio de 1967 tuvimos una elección. Las concentraciones del ejército egipcio en el Sinaí no constituían una prueba de que (el Presidente Gamal Abdel) Nasser (1956-70) estuviera realmente a punto de atacarnos. Debemos ser honestos con nosotros mismos. Decidimos atacarlo nosotros».

(b) En febrero de 1968 Yitzhak Rabin, dos veces Primer Ministro de Israel (1974-77 y 1992-95), confesó lo siguiente al diario francés Le Monde: «No creo que Nasser quisiera la guerra. Las dos divisiones que envió al Sinaí el 14 de mayo no habrían sido suficientes para iniciar una ofensiva contra Israel. Él lo sabía y nosotros lo sabíamos».

(c) El general Mordejai Hod, Comandante de la Fuerza Aérea israelí durante la Guerra de los Seis Días, dijo en 1978: «Aquellos ochenta minutos iniciales [de la guerra de los Seis Días] fueron el resultado de 16 años de planificación. Vivíamos con el plan, dormíamos con el plan, comíamos el plan. Lo íbamos perfeccionando constantemente».

(d) El general Haim Barlev, jefe del ejército israelí, dijo a Ma ariv en abril de 1972: «En vísperas de la Guerra de los Seis Días no nos amenazaba ningún genocidio y jamás barajamos esa posibilidad».

Así pues, en lugar de «frustrar un peligro existencial» en 1967 el Estado de Israel llevó a cabo una operación militar efectiva para apoderarse de más territorio. No hay nada nuevo en esa propaganda sobre el supuesto «peligro existencial». Antes que los israelíes muchos otros conquistadores y ocupantes a lo largo de la Historia Antigua y Moderna maquillaron la adquisición de territorio por medio de la conquista embelleciéndola con eufemismos agradables tales como «destino manifiesto», «carga del hombre blanco», «difundir la verdadera religión / la cultura / la democracia», o lo que fuere.

Al lector tal vez le interese saber que la conquista de territorios realizada en 1967 por el Estado de Israel había sido vaticinada veinte años antes por Ben-Gurion en la época del plan de partición (supuestamente aceptado por los dirigentes sionistas). Véanse las siguientes citas de Ben-Gurion, recopiladas en el libro de un historiador israelí [5]:

«Así como no veo en el Estado judío propuesto una solución definitiva a los problemas del pueblo judío, igualmente no veo la partición como la solución definitiva de la cuestión de Palestina. Los que rechazan la partición tienen razón al afirmar que este país no puede ser dividido porque constituye una unidad, no sólo desde un punto de vista histórico sino también desde el punto de vista físico y económico».

«Una vez establecido el Estado [judío] crearemos un gran ejército, aboliremos la partición y nos expandiremos a toda Palestina».

Me pregunto si en algún momento de la historia ha habido alguna asociación de personas que se haya apropiado de bienes ajenos por la fuerza bruta y que se hayan juzgado a sí mismos con tanta indulgencia. Una y otra vez los conquistadores se han considerado a sí mismos como víctimas involuntarias de las circunstancias y de los bárbaros (¡sus propias víctimas!) contra los que lamentablemente tienen que proteger sus derechos. Considérense las siguientes manifestaciones de Benny Morris, un historiador que documentó la limpieza étnica de 1948. En una entrevista a Morris del año 2004 publicada en Haaretz se puede leer lo siguiente [6]:

“Q: El título del libro que ahora está publicando usted en hebreo es «Víctimas». Así pues, finalmente su argumento es que de las dos víctimas de este conflicto, nosotros [los israelíes] somos las mayores.

Morris: Sí. Exactamente. Somos las mayores víctimas a lo largo de la historia y también las mayores víctimas potenciales. Aunque estamos oprimiendo a los palestinos somos la parte más débil aquí. Somos una pequeña minoría en medio de un océano de árabes hostiles que nos quieren eliminar”.

Esta opinión es representativa de la corriente de pensamiento mayoritaria en Israel. Con el paso de los años ha sido elevada a la categoría de axioma y probablemente ninguna oferta razonable de paz (por ejemplo la última oferta saudí) será capaz de hacer mella en ella. Los israelíes están usando este eslogan para eximirse a sí mismos de la obligación humana de comportarse decentemente con los palestinos. La mayoría de judíos de Israel se han autoconvencido de que tienen un derecho moral a expropiar y expulsar a los palestinos porque los palestinos son tan bárbaros que no respondieron a las «generosas ofertas de paz» de Israel y «sólo querían arrojarnos al mar». Porque somos una nación de supervivientes del Holocausto. Mis compatriotas se veían a sí mismos como protagonistas de una versión moderna de «El Señor de los Anillos» de Tolkien, protagonizándola, por supuesto, como hermosos elfos forzados por su adverso destino a combatir a los feos íncubos palestinos (íncubos = «terroristas»). La piedad humana no se aplica a los «terroristas». Nadie hace concesiones territoriales o acuerdos de paz con «terroristas».

Lo anterior explica la masiva participación de los, por lo demás, normales y más o menos decentes israelíes en los programas de limpieza étnica actualmente en marcha. ¿Cómo si no se puede explicar que un anciano moribundo y su esposa sean sacados por la fuerza de su apartamento en Jerusalén oriental para hacer sitio a los colonos judíos? ¿Cómo comprender que el «Museo de la Tolerancia» se construya en Jerusalén sobre el solar de un antiguo cementerio musulmán? ¿O la ofensiva israelí en Cisjordania contra los orfanatos mantenidos por organismos de beneficencia islámicos? ¿O los progromos que perpetran en Hebrón y en otras partes de los territorios ocupados gángsters-colonos judíos financiados por el Estado de Israel? ¿O el sadismo generalizado con el que los soldados israelíes tratan a los detenidos palestinos? ¿O los asaltos a los hogares palestinos durante incursiones militares nocturnas en ciudades y aldeas palestinas? ¿O las demoliciones de hogares palestinos en Cisjordania y Jerusalén oriental con el obsceno pretexto de ser «construcciones ilegales»? ¿O el sistemático latrocinio de tierras palestinas para beneficio de los colonos judíos? Y así muchas cosas más [7].

La Franja de Gaza es el lugar donde el sadismo israelí con ínfulas de superioridad moral ha alcanzado nuevas cotas. La Franja está densamente poblada, en su mayor parte por descendientes de los palestinos expulsados en 1948. Mucho antes de la Segunda Intifada los israelíes confiscaron lo más selecto del territorio de Gaza a lo largo de la playa (cerca de ¼ de la superficie de la Franja) para asentar allí a unos pocos miles de colonos judíos. Así y todo, un millón y medio de palestinos de Gaza llevaban un tipo de vida normal (bajo ocupación israelí) cultivando frutas y verduras, fabricando materiales de construcción y otros productos para el mercado israelí y trabajando como jornaleros en el interior de la Línea Verde. Antes de la segunda Intifada a Israel llegaba muy poco terror procedente de Gaza.

Sin embargo, desde el comienzo de la Intifada (año y medio antes de que los palestinos lanzaran el primer cohete contra territorio israelí) el ejército israelí inició la destrucción sistemática de la Franja. Los israelíes llevaron a cabo incursiones cada pocas semanas y destruyeron fábricas y talleres, carreteras, labranzas, casas, y todo lo que se les ocurriera. Los israelíes cerraron el acceso de los gazatíes a la economía israelí. Finalmente, los desesperados palestinos recurrieron a disparar cohetes Kassam que rara vez causaban víctimas o daños reales pero que servían como excelentes pretextos para la “acción” militar israelí».

Y entonces Sharon ejecutó su brillante movimiento de propaganda: la «desconexión” de Gaza. Toda la operación se vendió como una prueba de la buena voluntad israelí. Los asentamientos israelíes de Gaza fueron efectivamente eliminados, pero el ejército se desplegó alrededor de la Franja y la convirtió en una gigantesca prisión. El estrangulamiento económico de Gaza se intensificó hasta niveles draconianos, especialmente después de que el gobierno de Hamas abortara el putsch de Fatah que habían auspiciado al alimón Israel y USA. (No soy fan de Hamás, pero su gobierno fue elegido democráticamente por los palestinos). Hamas propuso en varias ocasiones iniciar negociaciones con Israel sobre la base de las fronteras de 1967, pero los israelíes limitaron al máximo la difusión de esas propuestas de Hamas e hicieron caso omiso de ellas. Con toda seguridad esas negociaciones habrían conseguido detener el lanzamiento de Kassams, pero los dirigentes israelíes parecían interesados en que la violencia continuara. Los Kassam crearon una gran oportunidad para degustar otra ración de la propaganda del «pobres de nosotros» y fueron una gran excusa para evitar satisfacer las legítimas exigencias internacionales reclamando el fin de la masiva colonización de Cisjordania.

Por último, se negoció una tregua con Hamas. Desde el comienzo de la tregua el ministro de Defensa israelí Barak inició los preparativos para un ataque masivo contra Gaza [8]. El 14 de noviembre la tregua con Hamas fue rota deliberadamente por orden de Barak cuando los israelíes mataron a varios combatientes de Hamas. A esas muertes siguió una respuesta palestina totalmente previsible: la cancelación de la tregua y una salva de cohetes. El bombardeo fue utilizado por Barak como pretexto para justificar una operación a gran escala que incluía la masacre de cientos de gazatíes con misiles lanzados desde aviones. Esta exhibición de fuerza forma evidentemente parte de la próxima campaña electoral de Barak y Livni, al precio de centenares de bajas palestinas y de algunas israelíes (pues en el ínterin los palestinos han mejorado su puntería). En una próxima operación terrestre los soldados israelíes también son susceptibles de pagar con sus vidas esta modalidad de campaña electoral.

¿Saben cómo interpreta todo lo anterior el israelí de a pie? Así: «Nosotros, los israelíes, en un acto de auto-sacrificio, expulsamos a pobres colonos judíos de sus «hogares» en la Franja de Gaza y les dimos a los palestinos una oportunidad de vivir una existencia libre y feliz. Pero los palestinos rechazaron nuestros esfuerzos de paz y prefirieron seguir alimentando su adicción a «arrojar judíos al mar». Gaza podía haberse convertido en una nueva Singapur, pero en lugar de eso los gazatíes prefirieron disparar cohetes contra los israelíes».

La retirada israelí de Gaza fue así un movimiento brillante por parte de ese genio del mal llamado Sharon. Proporcionó al israelí medio una absolución moral general. Los palestinos les habían «decepcionado». Ahora los dirigentes israelíes pueden hacer con los palestinos lo que les plazca. No esperen ni la más mínima protesta pública por parte del público judío israelí, a excepción de una pequeña minoría de «judíos auto-odiadores» como la persona que suscribe.

Créanme, estos judíos israelíes que se inscriben en la corriente de pensamiento mayoritario no son monstruos congénitos. Simplemente, no conocen nada mejor. Desgraciadamente yo solía ser una de ellos. Entonces un día me tropecé en Cisjordania, más o menos por casualidad, con un grupo de activistas. Hice algunos amigos palestinos y finalmente llegué a comprender el carácter criminal del trato que inflinge mi país a los palestinos. Y he aprendido a hacer caso omiso de la dosis diaria de propaganda absurda que los medio de comunicación suministran a mis compatriotas en lugar de noticias. Pero, ¿cómo convencer a mis compatriotas de que no escuchen esa propaganda? No lo sé.

Por otra parte, no tiene por qué ser así. Además de los cuatro o más millones de palestinos apátridas que viven en los territorios ocupados hay cerca de un millón de palestinos que viven dentro de la Línea Verde y que tienen ciudadanía israelí. A pesar del considerable racismo interior, muchos de esos ciudadanos palestinos están profundamente implicados en la sociedad israelí. Hay médicos y enfermeras árabes en los hospitales israelíes, estudiantes árabes en las universidades israelíes, etc. Existe un notable grado de coexistencia y cooperación entre judíos y árabes allí. Pero un colega judío de la corriente mayoritaria que podría tratar a su compañero de trabajo árabe de forma perfectamente decente seguiría estando orgulloso de un hijo soldado que se encontrara “sirviendo al país” en los Territorios Ocupados. Él o ella seguiría repitiendo la propaganda racista sobre el «peligro demográfico» representado para el Estado de Israel por sus ciudadanos árabes, se creería los sanguinarios discursos televisivos de los generales y ex-generales, y votaría por cualquiera de los tres principales partidos sionistas, el Likud, Kadima y el Laborista, cuyos dirigentes llevan años entregados a tareas de limpieza étnica.

Por el bien de las dos naciones que viven en este país esta ignominia debe cesar. Debe ser detenida por la presión externa, porque dentro de Israel en la actualidad no existen fuerzas políticas significativas capaces de plantarle cara. Por favor, amigos míos, hagan algo, y háganlo urgentemente. Y, por favor, hagan caso omiso de las eternas “negociaciones” entre nuestro gobierno y la impotente Autoridad Palestina: no son más que una tapadera para avanzar aún más en la pieza étnica. Si no me creen, vengan a ver la masiva construcción de asentamientos en Jerusalén oriental y Cisjordania y los muros de los guetos palestinos.

Victoria Buch es académica israelí y activista del movimiento contra la Ocupación.

[1] La Piedad de Todo, libro de Amos Elon sobre los judíos alemanes.

[2] De una reseña sobre el libro de Makdisi: Inside Out Palestina, Lena Tuffaha Khalaf, IMEU 2008.

[3] Las víctimas justas, de Benny Morris

[4] Recopilados por Stephen Lendman. Véase: http://www.zmag.org/znet/viewArticl…)

[5] El nacimiento de Israel: Mitos y realidades, de Simha Flapan

[6] El texto completo de la entrevista se encuentra en el sitio web de Counterpunch

[7] *Se puede encontrar información, por ejemplo en la revista Ocupación, sitio web del movimiento activista israelí contra la Ocupación.

[8] Desinformación, secretismo y mentiras: cómo se urdió la ofensiva contra Gaza, de Barak Ravid, Haaretz

http://www.haaretz.com/hasen/spages…

Fuente: http://www.counterpunch.org/buch010…

Artículo del año 2009.

* Victoria Buch (Polonia, 1954-Israel 2009). Su familia permaneció en Polonia, aun después del Holocausto. Su abuela y tía fueron asesinadas en el campo de la muerte conocido como Treblinka. En 1968, emigró a Israel después de una ola de antisemitismo tras la Guerra de los Seis Días que les costó a sus padres sus puestos universitarios.

Estudió química y obtuvo su doctorado a los 30 años con 16 artículos publicados.

Ella y su hermana se involucraron activamente contra la Ocupación Israelí. Victoria fundó la revista The Occupation y participó con Jeff Halper y Meir Margalit contra la demolición de casas palestinas.

Obs: Gracias a Luis Feld por enviarnos la nota.

Entrevista a Lucas Koerner, un judío pro Palestina

Estándar

Se convirtió de la noche a la mañana en una figura pública en Internet, las imágenes de su detención en Israel han sido vistas por más 300 mil personas y aunque le da pudor tanto reconocimiento, considera que la viralización del video “derrumba el mito de la “democracia” en Israel, democracia sólo para judíos”.

Koerner, estudiante de sociología de la Universidad de Tufts en Boston, se encuentra en Chilecomo parte de un programa de intercambio estudiantil con la Universidad de Chile, cuenta que el movimiento estudiantil chileno ha sido una gran fuente de inspiración. “Representa un ejemplo para nosotros en cómo construir poder popular y realizar cambios radicales estructurales en nuestras sociedades”.

Su pinta de niño y sus ojos azules son engañadores, porque cuando Lucas Koerner (21) comienza a hablar, pasa de ser un niño tímido de mirada dulce, a ser un apasionado activista judío-norteamericano de una fuerza imparable. Lo demostró en junio del 2011 cuando en solidaridad hacia el pueblo palestino y con una kufiyya al cuello, una pequeña bandera palestina, una kipá en su cabeza y megáfono en mano se enfrentó a un grupo de manifestante israelíes que marchaban en Jerusalén Este.

El grupo, en su mayoría colonos, celebraba su fiesta anual por la “unificación” de la ciudad en el llamado “Día de Jerusalén”. “Mi gobierno es responsable y estoy aquí para decir no, no en mi nombre y no, en nombre de los ciudadanos de EE.UU.”, vociferaba temerario. Y fue así como fue arrestado agresivamente por la policía local, permaneciendo dos días retenido, deportado y probablemente imposibilitado de entrar a Israel por 10 años. Muchas personas grabaron la violenta detención de más de cuatro minutos, por lo que Koerner perdió enseguida el anonimato y se convirtió en una reconocida figura en Internet[1]. Evidentemente incómodo con este súbito golpe de fama, cuenta que jamás pensó que podía ser apresado de esa manera. “Voy a ser honesto, fui más ingenuo que valiente. Pensé que mi pasaporte estadounidense y mi identidad judía me protegerían”. A partir de esta experiencia, dice que alcanzó un nivel más alto de madurez en términos políticos. Si bien lamenta no poder volver por mucho tiempo a Palestina cree que puede aportar mucho más a la causa desde EE.UU. a través del movimiento de BDS (boicot, desinversión y sanciones). “Mi verdadero trabajo está ahí”.

Difusión viral

Lucas Koerner nació en Filadelfia y estudia Sociología y Lengua y Literatura hispánica en la Universidad de Tufts en Boston. Hace un año que se encuentra en Chile como parte de un programa de intercambio estudiantil con la Universidad de Chile. Koerner cuenta que su bisabuela maternal era judía-rusa que huyó a Estados Unidos de la persecución antisemítica (pogromos). Su abuelo paterno fue un inmigrante alemán que llegó a su país después de la Segunda Guerra Mundial. Criado en un ambiente familiar sin influencias religiosas, desde muy temprana edad manifestó un fuerte interés por la política. A los 15 años ya había asistido a varias manifestaciones contra la guerra en Iraq. “Sin embargo, sólo después del ataque israelí contra la Franja de Gaza me convertí en un verdadero activista. En aquel momento, tomé la iniciativa para formar un grupo de solidaridad palestino dentro de mi colegio”. Con unos compañeros organizaron en los pasillos de su secundaria una exposición que mostraba los crímenes israelíes en Gaza, sin embargo, esta exhibición fue censurada por la administración.

¿Cual ha sido tu aporte al movimiento por la causa Palestina?

Yo diría que mis aportes han sido dos. Primero, jugué un rol crucial en fundar en mi Universidad una organización llamada Estudiantes por Justicia en Palestina (SJP). Inspirado por el espíritu de los indignados del 2011, le di una estructura más democrática, más horizontal. También difundí una orientación teórica y práctica hacia la acción directa: un movimiento social necesita enfrentarse con el sistema desde abajo para realizar los cambio estructurales deseados. Nos reunimos anualmente en el evento internacional de la Semana del Apartheid Israelí (IAW) y emprendemos proyectos asociados con la campaña por Boicot, Desinversión, y Sanciones (BDS) contra Israel. Estos dos principios de organizacionales de democracia radical y acción directa se han constituido como las bases fundamentales para el movimiento de solidaridad palestina, que ha ido creciendo rápidamente en los campus universitarios a lo largo de EE.UU. y Canadá. Segundo, yo diría que mi otro aporte al movimiento es mi importancia como activista internacional atribuible a la difusión viral del video de mi detención en Jerusalén. Aunque rechazo elevarme como caso excepcional, hay miles de activistas palestinos y judíos que se han enfrentado a mucho peor sin nada de publicidad, reconozco el aporte político del video que se ha visto probablemente por más de 300.000 personas. El video derrumba el mito de la “democracia” en Israel, democracia sólo para judíos y revela potentemente que el sionismo no es igual a judaísmo, una distinción que el movimiento sionista históricamente ha intentado eliminar, asegura.

Después de Plomo Fundido

¿Quien te inspiró para convertirte en un activista internacional?

Mi padre siempre ha sido una gran fuente de inspiración para mí. Él ha jugado el rol de guía en mi camino hacia la consciencia política desde que tenía10 años. Él me enseñó la necesidad de siempre cuestionar las meta-narrativas de la historia presentadas por mis profesores. Desde los mitos cómodos y mentiras vulgares que tratan de la buena voluntad de EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial, a la omisión de la historia de crímenes que EE.UU. ha perpetrado en países, como el Congo, Vietnam e Iraq. Además, mi papá era activista internacional durante su juventud. Comenzó como miembro del Movimiento de Solidaridad Centroamericana. Estuvo en Nicaragua durante los ochentas. Fue parte del Comité en Solidaridad con el Pueblo Salvadoreño (CISPES), que se movilizaba contra las guerras de Reagan en Nicaragua. Y trabajó directamente con las organizaciones colectivas campesinas en el cultivo del café.

¿Qué te motivó con el tema palestino?

Lo que me llevó a ser un activista por Palestina fue el ataque israelí contra Gaza en 2008-2009, “Operación Plomo Fundido”. Al mirar en la televisión la salvaje brutalidad del terrorismo del Estado israelí que se perpetró contra una población mayoritariamente compuesta de jóvenes menores de 18 años que viven en la cárcel al aire libre más grande del mundo, hizo que ya no pudiera quedarme pasivo y en silencio. Desde entonces, Palestina se convirtió en mi preocupación número uno. Empecé a verla como una metáfora de todas la injusticia que se reproducen en el mundo.

La masacre en Gaza fue un verdadero shock a nivel ético. Nunca la violencia del imperialismo se había manifestado tan atroz y abiertamente ante mi consciencia. Me identifiqué profundamente con el pueblo de Gaza.

¿Como vinculas esta preocupación por Palestina con tu origen judío?

La cuestión palestina tuvo un importante valor simbólico en el plano personal, porque se me presentó la oportunidad de reivindicar mi identidad judía. Debido a la diversidad religiosa y carácter secular de mi familia, siempre me sentí alejado de la comunidad judía oficial. Eso también tenía que ver con mi incipiente anti-sionismo, que es rechazado como herejía en las comunidades judías del “mainstream”. Mi compromiso con Palestina me enseñó que había múltiples maneras de ser judío y no sólo una orientación religiosa-cultural sionista. Me di cuenta que podía ser parte de una tradición antigua de justicia social dentro del judaísmo que había luchado contra la opresión en todas sus formas, desde los movimientos revolucionarios de Europa, al movimiento por derechos civiles en EE.UU. Es imposible ser fiel a esa tradición, sin solidarizar con el pueblo palestino.

¿Ahora tu vinculación cambió?

Hoy en día, Palestina permanece una preocupación central de mi vida, pero por diferentes razones. La reivindicación de mi identidad judía, llegando a su punto culmine con mi protesta y detención en Jerusalén en el 2011, creo que ha sido superada en alguna medida. Mi identidad judía sigue siendo importante, en el sentido de que creo que es imposible triunfar en la lucha contra el antisemitismo, sin derrotar al sionismo como una ideología y una estructura de opresión racista. No obstante, mi identificación judía es ahora menos central en cuanto a la cuestión palestina. Al conocer a tanta gente que no tiene ninguna asociación étnico-religiosa con el tema, me di cuenta de que la importancia que está alcanzando la causa de solidaridad con Palestina, como el movimiento más poderoso y dinámico entre jóvenes estadounidenses de edad universitaria, se debe no a una política de identidad, la cual es anticuada, sino a la potencia simbólica implícita en la metáfora universal que es Palestina.

El sistema de dominación israelí abre un espacio de articulación simbólica y práctica entre diversos movimientos. Se van forjando lazos en base al poder simbólico y explicativo de esta metáfora con otros movimientos como los feministas, ecológicos, inmigrantes, anti-cárceles etc.

¿A tu juicio se configuraría un fenómeno de apartheid en Palestina?

Sí, según las Naciones Unidas, el apartheid se define por actos inhumanos cometidos con el fin de instituir y mantener la dominación de un grupo racial de personas sobre cualquier otro grupo de personas y oprimirlos sistemáticamente. Esta dominación suele manifestarse en diferentes sistemas que se aplica a distintas poblaciones étnicas dentro de un territorio. En los territorios ocupados por Israel después de la Guerra de 1967, Cisjordania y la Franja de Gaza, se aplica una ley militar a los habitantes, mientras que los colonos judíos en Cisjordania y Jerusalén Este, viven como ciudadanos normales de Israel, como si sus colonias fueran suburbios estadounidenses, conectados a sus trabajos en Israel por autopistas segregadas, sólo para uso de judíos. Israel controla directamente más del 60 por ciento del territorio de la Cisjordania (área C) y indirectamente más del 80 por ciento (áreas C y B), mientras que la mayoría de los palestinos están concentrados en menos del 20 por ciento de su territorio (área A) que se fragmenta en bantustanes separados por muros, colonias judías y puntos de control.

Gaza, es la cárcel más grande del mundo como lo manifiestan diversas organizaciones de derechos humanos, incluso el primer ministro británico David Cameron. Además, la lógica del apartheid y del colonialismo está escrita en el nacimiento del Estado israelí dentro de sus fronteras supuestamente legítimas. El 15 de Mayo fue el aniversario de los 65 años del Nakba, es decir, del despojamiento del pueblo palestino de sus tierras durante la campaña sionista de limpieza étnica durante la fundación de Israel entre 1947-1949.

¿Qué opinas del Derecho al Retorno de los palestinos?

El derecho internacionalmente reconocido de los refugiados y sus descendientes a regresar a sus tierras o recibir compensación se ha negado a partir del nacimiento de Israel como Estado exclusivo para judíos. En cambio, cualquier judío en el mundo, incluso yo, puede reclamar su “derecho” a volver y recibir ciudadanía israelí bajo la Ley de Retorno. Finalmente, los palestinos que no fueron expulsados en 1948 y luego recibieron ciudadanía israelí (“48ers”) se enfrentan con una segregación institucionalizada en casi todas las esferas de la sociedad israelí, en vivienda, en salud y educación. Al final de cuentas, ¿cómo es posible que una minoría no judía sea igual en un Estado judío?

Movimiento estudiantil inspirador

¿Por qué elegiste nuestro país y cómo te has sentido?

Decidí estudiar en Chile porque América Latina es mi otra área de interés aparte del Medio Oriente y el movimiento estudiantil es una gran fuente de inspiración para mí. El movimiento representa un ejemplo para nosotros de cómo construir poder popular, especialmente poder estudiantil y realizar cambios radicales estructurales en nuestras sociedades. El pueblo chileno es muy acogedor y es un país espectacular, así que estoy muy contento con mi decisión.

¿Somos solidarios con la causa palestina?

Indudablemente, la sociedad civil chilena es muy solidaria con la causa palestina. No obstante, opino que se debe concretizar más este espíritu solidario en actos directos para terminar con la complicidad de la ocupación por medio del BDS (boicot, desinversión y sanciones). Por ejemplo, hay que organizarse para emprender boicots de empresas como Caterpillar que tienen vínculos estrechos con la ocupación israelí. Desinvertir los fondos de pensiones de estas empresas, hacer que las universidades terminen su cooperación institucional con las universidades israelitas y presionar a artistas y músicos chilenos a seguir el boicot cultural y cancelar sus conciertos en Israel.

¿Cómo ves a nuestro país política y socialmente?

Actualmente, Chile está en plena crisis en varios niveles. Se pone de relieve más y más la crisis de eficacia del modelo neoliberal, especialmente en la esfera educativa, que a su vez conduce a una aguda crisis de representatividad, en la que se evidencia un agotamiento de toda confianza en la clase política. Estas dos crisis han servido para desenmascarar una crisis más profunda, es decir, la de la legitimidad. El modelo actual de democracia liberal protegida, de baja intensidad, institucionalizada por la Constitución de 1980 que representa nada más que la voluntad de la fuerza ilegitima de la pasada dictadura militar. La única solución a estas crisis es una profunda transformación social, económica y política a partir de la voluntad popular expresada en una asamblea constituyente.

¿Qué planes tienes a corto y largo plazo?

A corto plazo, volveré a EE.UU. en julio para terminar el último año de mi carrera. Después de graduarme, quiero viajar a Europa y latinoamérica. Quiero enseñar inglés, y aprender de los múltiples movimientos sociales que van surgiendo en estas regiones. A largo plazo, pienso estudiar un postgrado para sacar un magíster y un doctorado en sociología. Espero encontrar una línea de trabajo que me deje canalizar concretamente mi activismo en la vida diaria.

Por Pamela Rillón.

El Ciudadano

Gracias a Camilo Brodsky por sugerirnos la nota.

Israel: antisemita y colonialista

Estándar

judaismArtículo censurado de Joseph Massada.

Los judíos que se opusieron históricamente al sionismo entendían que este movimiento, desde sus primeras etapas, compartía los preceptos del antisemitismo en el diagnóstico de lo que los gentiles europeos llamaban la “Cuestión Judía”. Sin embargo, lo que más irritaba a los judíos antisionistas era que el sionismo compartía también la “solución” a la Cuestión Judía que los antisemitas habían propugnado siempre, a saber, la expulsión de los judíos de Europa.

Fue la Reforma protestante, con su recuperación de la Biblia hebrea, la que vincularía a los judíos modernos de Europa con los antiguos hebreos de Palestina, un vínculo que los filólogos del siglo XVIII consolidarían a través de su hallazgo de la familia de lenguas “semíticas”, incluyendo el hebreo y el árabe. Mientras que los protestantes milenaristas insistían en que los judíos, como descendientes de los antiguos hebreos, debían abandonar Europa hacia Palestina para acelerar la segunda venida de Cristo, los descubrimientos filológicos llevaron a denominar “semitas” a los judíos contemporáneos. En consecuencia, el salto que darían las ciencias biológicas de la raza y la herencia en el siglo XIX al considerar a los judíos europeos contemporáneos descendientes raciales de los antiguos hebreos no fue gran cosa.

Basándose en las conexiones hechas por los protestantes milenaristas antijudíos, en el siglo XIX abundaron las personalidades laicas europeas que vieron el potencial político de “devolver” a los judíos a Palestina. Menos interesados en acelerar la segunda venida de Cristo que los milenaristas, esos políticos laicos, desde Napoleón Bonaparte al secretario británico de asuntos exteriores Lord Palmerston (1785-1865) hasta Ernest Laharanne, el secretario privado de Napoléon III en los años de la década de 1860, trataron de expulsar hacia Palestina a los judíos de Europa a fin de colocarlos como agentes del imperialismo europeo en Asia. Su llamamiento sería apoyado por muchos “antisemitas”, una nueva etiqueta decidida por los racistas europeos antijudíos una vez que fue inventada en 1879 por un periodista menor vienés de nombre Wilhelm Marr, que publicó un programa político titulado “The Victory of Judaism over Germanism”. Marr tuvo buen cuidado en separar el antisemitismo de la historia del odio cristiano a los judíos sobre la base de la religión, subrayando, de acuerdo con la filología semítica y las teorías raciales del siglo XIX, que la distinción que debía hacerse entre judíos y arios era estrictamente racial.

Asimilando a los judíos en la cultura europea

El antisemitismo científico insistía en que los judíos eran diferentes de los europeos cristianos. En concreto, que los judíos no eran en absoluto europeos y que su misma presencia en Europa es lo que producía el antisemitismo. La razón por la que los judíos causaban tantos problemas a los cristianos europeos tenía que ver con su supuesta falta de raíces, con que carecían de país y, por tanto, de lealtad hacia un país. En la edad romántica de los nacionalismos europeos, los antisemitas sostuvieron que los judíos no encajaban en las nuevas configuraciones nacionales y que perturbaban la pureza racial y nacional que eran esenciales en la mayor parte de los nacionalismos europeos. Por esta razón, si los judíos permanecían en Europa, sostenían los antisemitas, sólo iban a provocar hostilidades entre los europeos cristianos. La única solución que había era que se fueran de Europa y tuvieran su propio país. Ni que decir tiene que los judíos laicos y religiosos se opusieron a esta horrenda línea de pensamiento antisemita. Los judíos de la reforma y los ortodoxos, los judíos socialistas y comunistas, los judíos de cultura yiddishkeit [de la judeidad] y cosmopolita, todos coincidían en que se trataba de una peligrosa ideología de la hostilidad que buscaba expulsar a los judíos de sus patrias europeas.

La Haskalah judía, o Ilustración, que surgió también en el siglo XIX, trató de asimilar a los judíos en la cultura gentil laica europea y hacer que perdieran su cultura judía. Fue la Haskalah la que trató de romper la hegemonía de los rabinos judíos ortodoxos sobre los “ostjuden” de los shtetl [poblados] judíos de Europa del Este y de abandonar lo que se percibía como cultura “medieval” judía a favor de la cultura moderna laica de los cristianos europeos. El judaísmo de la Reforma, al igual que la variante cristiana y protestante del judaísmo, surgiría del corazón de la Haskalah. No obstante, este programa asimilacionista trató de integrar a los judíos en la modernidad europea, no de expulsarles de la geografía europea.

Cuando se inició el sionismo, década y media después de que se publicara el programa antisemita de Marr, abrazaría todas estas ideas antijudías, incluyendo como válido el antisemitismo científico. Para el sionismo, los judíos eran “semitas”, descendientes de los antiguos hebreos. En su panfleto fundacional Der Judenstaat, Herzl explicó que eran los judíos, no sus enemigos cristianos, quienes “provocaban” el antisemitismo y que “donde no existía [el antisemitismo], eran los mismos judíos quienes lo llevaban en el curso de sus migraciones”, que “los desgraciados judíos están ahora llevando a Inglaterra las semillas del antisemitismo; que lo han introducido ya en EEUU”; que los judíos eran una “nación” que debería abandonar Europa para restaurar su “nacionalidad” en Palestina o Argentina; que los judíos debían emular culturalmente a los cristianos europeos y abandonar las lenguas y tradiciones de donde viven a favor de las lenguas modernas europeas o de una lengua nacional antigua restaurada. Herzl prefería que todos los judíos adoptaran el alemán, mientras que los sionistas de la Europa del Este querían el hebreo. Los sionistas que llegaron después de Herzl aceptaron incluso y afirmaron que los judíos estaban separados racialmente de los arios. En cuanto al yiddish, la lengua viva de la mayoría de los judíos europeos, todos los sionistas estuvieron de acuerdo en que había que abandonarla.

La mayoría de los judíos continuaron resistiéndose al sionismo y entendían sus preceptos como los propios del antisemitismo y como una continuación de la búsqueda de la cultura gentil Haskalah para abandonar la cultura judía y asimilar a los judíos a la cultura gentil laica europea, excepto que el sionismo buscaba esto último no en el interior de Europa sino en un lugar geográfico distante tras la expulsión de los judíos de Europa. El Bund, o Unión General de Trabajadores Judíos en Lituania, Polonia y Rusia, que se había fundado en Vilna a primeros de octubre de 1897, pocas semanas después de celebrarse el I Congreso Sionista en Basilea a finales de agosto de 1897, se convertiría en el enemigo más feroz del sionismo. El Bund se unió a la Coalición Judía Antisionista existente de rabinos ortodoxos y de la reforma que habían unido sus fuerzas pocos meses antes para impedir que Herzl celebrase el primer Congreso Sionista en Munich, lo que le obligó a trasladarse a Basilea. El antisionismo judío en Europa y EEUU contaba con el apoyo de la mayoría de los judíos, que continuaron considerando el sionismo como movimiento antijudío hasta bien entrada la década de 1940.

Cadena antisemita de entusiastas pro-sionistas

Al darse cuenta de que su plan para el futuro de los judíos europeos encajaba con el de los antisemitas, Herzl preparó pronto una estrategia para aliarse con estos últimos. Declaró en su Der Judenstaat que:

“Los gobiernos de todos los países azotados por el antisemitismo tendrán mucho interés en ayudarnos a conseguir la soberanía que queremos”.

Añadió que “no sólo los judíos pobres” contribuirían a un fondo de inmigración para los judíos europeos, “sino también los cristianos que querían librarse de ellos”. Herzl confió en sus Diarios sin remordimiento alguno que:

“Los antisemitas se convertirán en nuestros más firmes amigos, los países antisemitas en nuestros aliados.”

Así pues, cuando Herzl empezó a reunirse en 1903 con infames antisemitas como el ministro ruso del interior Vyacheslav von Plehve, encargado de supervisar los pogromos antijudíos en Rusia, buscaba deliberadamente una alianza. Que fuera el antisemita Lord Balfour quien, como primer ministro de Gran Bretaña, supervisó en 1905 el Acta de Extranjería de su gobierno que impedía que los judíos del Este de Europa que huían de los pogromos rusos entraran en Gran Bretaña, según señaló, para salvar al país de los “indudables males” de “una inmigración mayoritariamente judía”, fue algo totalmente fortuito. La infame Declaración Balfour de 1917 para crear en Palestina un “hogar nacional” para el “pueblo judío”, se concibió, entre otras cosas, para frenar el apoyo judío a la Revolución Rusa e impedir la oleada de nuevos inmigrantes judíos no deseados hacia Gran Bretaña.

Los nazis no serían una excepción en esta cadena antisemita de entusiastas pro-sionistas. De hecho, los sionistas llegarían a un acuerdo con los nazis en las primeras etapas de su historia. Fue en 1933 cuando se firmó el infame Acuerdo de Traslado (Ha’avara) entre los sionistas y el gobierno nazi para facilitar el traslado de los judíos alemanes y sus propiedades a Palestina, rompiendo el boicot judío internacional a la Alemania nazi que lanzaron los judíos estadounidenses. Fue con ese espíritu con el que los representantes nazis fueron enviados a Palestina para que informaran sobre los éxitos de la colonización judía del país. Adolf Eichmann volvió de su viaje a Palestina en 1937 lleno de fantásticas historias sobre los logros de los kibbutz ashkenazis, racialmente separatistas, uno de los cuales visitó en el Monte Carmelo como huésped de los sionistas.

A pesar de la abrumadora oposición de la mayoría de los judíos alemanes, fue la Federación Sionista de Alemania el único grupo judío que apoyó las Leyes de Nuremberg de 1935, mientras acordaban con los nazis que judíos y arios eran razas separadas y separables. Esto no fue un apoyo táctico sino un apoyo basado en la similitud ideológica. La Solución Final de los nazis significó inicialmente la expulsión de los judíos de Alemania hacia Madagascar. Fue este compartido objetivo de expulsar a los judíos de Europa como raza separada inasimilable el que estuvo todo el tiempo creando la afinidad entre nazis y sionistas.

Aunque la mayoría de los judíos continuó resistiendo frente a la base antisemita del sionismo y a sus alianzas con los antisemitas, el genocidio nazi no sólo mató al 90% de los judíos europeos, sino que en el proceso mató también a la mayoría de los judíos que eran enemigos del sionismo, que murieron precisamente porque se negaron a atender el llamamiento sionista a abandonar sus países y hogares.

Tras la guerra, el horror del holocausto judío no detuvo a los países europeos a la hora de apoyar el programa antisemita del sionismo. Bien al contrario, esos países compartieron con los nazis una predilección por el sionismo. Sólo se opusieron al programa genocida del nazismo. Los países europeos, junto con EEUU, se negaron a recibir a cientos de miles de supervivientes judíos del holocausto. De hecho, esos países votaron contra la Resolución de las Naciones Unidas presentada por los países árabes en 1947 pidiéndoles que aceptaran a los supervivientes judíos; sin embargo, esos mismos países serían los que apoyarían el Plan de Partición de la ONU de noviembre de 1947 para crear un Estado judío en Palestina al que expulsar a esos refugiados judíos no deseados.

Las políticas pro-sionistas de los nazis

Los EEUU y los países europeos, incluida Alemania, proseguirían con las políticas pro-sionistas de los nazis. Los gobiernos de la Alemania Occidental posteriores a la guerra, que se presentaron a sí mismos como abriendo una nueva página en su relación con los judíos, en realidad no hicieron tal cosa. Desde la creación del país tras la II Guerra Mundial, cada gobierno de la Alemania Occidental (y cada gobierno alemán desde la reunificación en 1990) ha continuado sin cesar con las políticas nazis pro-sionistas. Nunca ha habido una ruptura con el pro-sionismo nazi. La única brecha fue respecto al odio racial y genocida hacia los judíos que el nazismo consagró, pero no respecto al deseo de ver a los judíos asentarse en un país de Asia, lejos de Europa. En efecto, los alemanes explicarían que gran parte del dinero que enviaban a Israel era para compensar los costes de reasentamiento de los refugiados judíos europeos en el país.

Tras la II Guerra Mundial, en EEUU y en Europa apareció un nuevo consenso para que los judíos se integraran, con carácter póstumo, en la europeidad blanca, y que el horror del holocausto judío fuera en esencia un horror ante el asesinato de europeos blancos. Desde la década de 1960, las películas de Hollywood sobre el holocausto empezaron a describir a las víctimas judías del nazismo como un pueblo blanco, de aspecto cristiano, de clase media, educado y con talento, no muy diferente de los cristianos estadounidenses y europeos contemporáneos que deberían identificarse con ellos. Es de suponer que si las películas se hubieran referido a los judíos religiosos pobres de Europa Oriental (y la mayoría de los judíos europeos del Este asesinados por los nazis eran pobres y muchos eran religiosos), los cristianos blancos contemporáneos no encontrarían cosas comunes con ellos. De ahí que el horror cristiano europeo post-holocausto por el genocidio de judíos europeos no se basara en el horror de masacrar personas a millones que eran diferentes de los cristianos europeos, sino más bien en el horror por el asesinato de millones de seres que eran iguales que los cristianos europeos. Esto explica por qué en un país como EEUU, que no tuvo nada que ver con el asesinato de los judíos europeos, hay más de 40 memoriales al holocausto y un museo importante para los judíos asesinados de Europa, pero no hay ninguno por el holocausto de los americanos nativos o los americanos africanos de cuya muerte es EEUU responsable.

Aimé Césaire comprendía muy bien todo este proceso. En su famoso discurso sobre el colonialismo, afirmó que la visión retrospectiva de los cristianos europeos sobre el nazismo es que

“… fue una barbarie, pero la barbarie suprema, que resume todas las barbaries diarias; es el nazismo, sí, pero antes de que los europeos fueran sus víctimas, fueron sus cómplices; y toleraron el nazismo antes de que les afectara a ellos, que le absolvieron, que cerraron los ojos ante él, que le legitimaron, porque hasta entonces se había aplicado sólo a pueblos no europeos; que cultivaron ese nazismo, que se responsabilizaron de él y que antes de anegar todo Occidente, a la civilización cristiana con sus enrojecidas aguas, rezuma, se filtra y chorrea por todas sus grietas.”

No cabe duda que para Césaire las guerras nazis y el holocausto fueron consecuencia del ensimismamiento del colonialismo europeo. Pero a partir de la rehabilitación de las víctimas del nazismo como pueblo blanco, Europa y su cómplice estadounidense continuarían con su política nazi inflingiendo horrores a los pueblos no blancos de todo el planeta: Corea, Vietnam, Indochina, Argelia, Indonesia, América Central y del Sur, África Central y del Sur, Palestina, Irán e Iraq y Afganistán.

La rehabilitación de los judíos europeos tras la II Guerra Mundial fue una parte fundamental de la propaganda de la Guerra Fría de EEUU. Mientras los científicos sociales e ideólogos estadounidenses desarrollaban la teoría del “totalitarismo”, que planteaba que el comunismo soviético y el nazismo eran en esencia el mismo tipo de régimen, los judíos europeos, como víctimas de un régimen totalitario, se convirtieron en parte de la exhibición de la atrocidad que la propaganda estadounidense y europea occidental afirmaba que era igual que las atrocidades que el régimen soviético estaba supuestamente cometiendo en los períodos anteriores y posteriores a la Guerra. Que Israel se subiera al carro acusando a los soviéticos de antisemitismo por negarse a permitir que los ciudadanos judíos soviéticos se autoexpulsaran y se fueran a Israel fue parte de esa propaganda.

Compromiso con la supremacía blanca

Fue así como el compromiso estadounidense y europeo con la supremacía blanca se preservó, excepto que ahora se incluía a los judíos como parte de la gente “blanca” y de lo que llegó a llamarse civilización “judeocristiana”. Las políticas estadounidenses y europeas posteriores a la II Guerra Mundial, que siguieron estando inspiradas y dictadas por el racismo contra los nativos americanos, africanos, asiáticos, árabes y musulmanes, y continuaron apoyando el programa antisemita del sionismo de asimilar judíos a la blancura en un estado de asentamientos coloniales fuera de Europa, eran una continuación directa de las políticas antisemitas que predominaban antes de la Guerra. Precisamente una gran parte de esa ponzoña racista antisemita se dirigiría ahora contra árabes y musulmanes (tanto contra los que son inmigrantes y ciudadanos en Europa y EEUU como los que viven en Asia y África), mientras que el antiguo apoyo antisemita al sionismo proseguiría su marcha libre de obstáculos.

La alianza de la Alemania Occidental con el sionismo y con Israel tras la II Guerra Mundial, suministrando a Israel una inmensa ayuda económica en la década de 1950 y ayuda económica y militar a partir de los primeros años de la década de 1960, incluidos los tanques que se utilizaron para matar palestinos y otros árabes, es una continuación de la alianza que el gobierno nazi concluyó con los sionistas en la década de 1930. En los años sesenta, Alemania Occidental facilitó a Israel incluso entrenamiento militar para sus soldados, y desde los años setenta le ha suministrado submarinos nucleares fabricados en Alemania, con los que Israel confía en matar más árabes y musulmanes. Israel ha armado en años recientes a los submarinos suministrados por Alemania con misiles nucleares de tipo crucero, un hecho que es bien conocido por el actual gobierno alemán. El ministro de defensa israelí Ehud Barak dijo a Der Spiegel en 2012 que los alemanes se “sentirían orgullosos” de haber asegurado la existencia de Israel “durante muchos años”. Berlín financió la tercera parte del coste de esos submarinos, alrededor de 135 millones de euros por submarino, y ha permitido que Israel difiera el pago hasta 2015. Que esto convierta a Alemania en cómplice de la desposesión de los palestinos le importa tan poco al actual gobierno alemán como en los años sesenta le importaba al canciller de la Alemania Occidental Konrad Adenauer, quien afirmó que “la República Federal no tiene derecho ni responsabilidad alguna que asumir respecto a los refugiados palestinos”.

Esto se añade a los masivos miles de millones que Alemania ha pagado al gobierno israelí como compensación por el holocausto, como si Israel y el sionismo fueran las víctimas del nazismo, cuando en realidad a quienes mataron los nazis eran sobre todo judíos antisionistas. Al actual gobierno alemán no le preocupa el hecho de que incluso los judíos alemanes que huyeron de los nazis y terminaron en Palestina odiaran el sionismo y su proyecto, y eran a su vez odiados por los colonialistas sionistas en Palestina. Como los refugiados alemanes en Palestina en las décadas de 1930 y 1940 se negaron a aprender hebreo y publicaron media docena de periódicos en alemán en el país, fueron atacados por la prensa hebrea, incluido Haaretz, que pidió el cierre de sus periódicos en 1939 y de nuevo en 1941. Los colonialistas sionistas atacaron un café de propiedad alemana en Tel Aviv porque sus propietarios judíos se negaban a hablar hebreo, y el ayuntamiento de Tel Aviv amenazó en junio de 1944 a algunos de sus vecinos judíos alemanes por celebrar en su casa en la calle Allenby 21 “fiestas y bailes enteramente en lengua alemana, incluyendo programas que resultan extraños para el espíritu de nuestra ciudad” y esto “no iba a tolerarse en Tel Aviv”. Los judíos alemanes, o yekkes, como se les conocía en el Yishuv, llegarían incluso a organizar una celebración con motivo del cumpleaños del Kaiser en 1941 (para estos y más detalles sobre los refugiados judíos alemanes en Palestina, puede leerse el libro de Tom Segev “The Seven Million”).

Añadan a todo eso el apoyo de Alemania a las políticas israelíes contra los palestinos en las Naciones Unidas y habrán completado el cuadro. Incluso el nuevo memorial al holocausto construido en Berlín que se abrió en 2005 mantiene el apartheid racial nazi, porque ese “Memorial para los Judíos Asesinados de Europa” es sólo para las víctimas judías de los nazis, que todavía hoy se diferencian, como Hitler ordenó, de los otros millones de no judíos que también cayeron masacrados víctimas del nazismo. Que una filial de la compañía alemana Degussa, que colaboró con los nazis y que produjo el gas Zyklon B, que se utilizó para matar a la gente en las cámaras de gas, fuera contratada para construir el memorial no resulta en absoluto sorprendente; mientras, se confirma que quienes mataron a los judíos en Alemania en los años finales de la década de 1930 y en la de 1940 lamentan ahora lo que hicieron porque entienden que los judíos eran europeos blancos a quienes debe conmemorarse y que no deberían haber sido asesinados teniendo en cuenta ante todo su blancura. Sin embargo, la política alemana de instigar la matanza de árabes por parte de Israel apenas se relaciona con ese compromiso con el antisemitismo, que continúa estando en vigor a través del predominante racismo contemporáneo contra los inmigrantes musulmanes.

Tradición antijudía euro-estadounidense

El holocausto judío acabó con la mayoría de los judíos que lucharon y combatieron el antisemitismo europeo, incluido el sionismo. Con su muerte, los únicos “semitas” que quedan que están luchando contra el sionismo y su antisemitismo son hoy el pueblo palestino. Mientras Israel insiste en que los judíos europeos no pertenecen a Europa y deben irse a Palestina, los palestinos han insistido siempre en que las patrias de los judíos europeos eran sus países europeos y no Palestina, y que el colonialismo sionista brota de su propio antisemitismo. Mientras que el sionismo insiste en que los judíos son una raza distinta de los cristianos europeos, los palestinos insisten en que los judíos europeos no son sino europeos y no tienen nada que ver con Palestina, ni con su gente ni con su cultura. Lo que Israel y sus aliados europeos y estadounidenses han intentado hacer en las últimas seis décadas y media es convencer a los palestinos para que se conviertan también en antisemitas y crean, como los nazis, Israel y sus aliados occidentales antisemitas, que los judíos son una raza que es diferente de las razas europeas, que Palestina es su país y que Israel habla en nombre de todos los judíos. Que los dos grandes bloques de votantes estadounidenses son en la actualidad protestantes milenaristas y que los imperialistas laicos continúan la misma tradición euro-estadounidense y antijudía que se remonta a la Reforma protestante y al imperialismo del siglo XIX. Pero los palestinos siguen mostrándose escépticos y firmes en su resistencia frente al antisemitismo.

Israel y sus aliados antisemitas afirman que Israel es el “pueblo judío”, que sus políticas son políticas “judías”, que sus logros son logros “judíos”, que sus crímenes son crímenes “judíos” y que, por tanto, cualquiera que se atreva a criticar a Israel está criticando a los judíos y tiene que ser antisemita. El pueblo palestino ha emprendido una gran lucha contra esta provocación antisemita. Siguen en cambio afirmando que el gobierno israelí no habla para todos los judíos, que no representa a todos los judíos y que sus crímenes coloniales contra el pueblo palestino son sus propios crímenes y no los crímenes del “pueblo judío” y que, por lo tanto, es a ese gobierno a quien hay que criticar, condenar y procesar por sus incesantes crímenes de guerra contra el pueblo palestino. Esta posición palestina no es nueva, se adoptó al comienzo del siglo XX y continuó a través de toda la lucha palestina contra el sionismo anterior a la II Guerra Mundial. El discurso de Yaser Arafat en las Naciones Unidas en 1974 reafirmaba con vehemencia todos esos aspectos:

“Así como el colonialismo utilizó sin remordimiento alguno a los miserables, a los pobres, a los explotados como mera materia inerte con la que construir y desarrollar un colonialismo de asentamientos de colonos, también utilizó, en nombre del imperialismo mundial y del liderazgo sionista, a los destituidos y oprimidos judíos europeos. Transformaron a los judíos europeos en instrumentos de agresión; los convirtieron en elementos del colonialismo de asentamiento colonial que va intimadamente ligado a la discriminación racial… se utilizó la teología sionista contra nuestro pueblo palestino: el objetivo no era sólo el establecimiento de un colonialismo de asentamientos de estilo occidental sino también el desarraigo de los judíos de sus diversas patrias y, por consiguiente, el alejamiento de sus naciones. El sionismo… va unido al antisemitismo en sus retrógrados principios y es, al fin y al cabo, la otra cara de la misma moneda. Porque cuando lo que se propone es que los seguidores de la fe judía, con independencia de su residencia nacional, no le deban lealtad alguna a tal residencia nacional ni vivan en igualdad de condiciones con los otros, los ciudadanos no judíos, cuando es eso lo que se propone, se está propugnando el antisemitismo. Cuando se propone que la única solución al problema judío es que los judíos se alienen a sí mismos de las comunidades o naciones de las que han sido parte histórica, cuando lo que se propone es que los judíos solucionen el problema judío mediante la inmigración y el asentamiento forzoso en la tierra de otro pueblo, cuando eso ocurre, se está fomentando exactamente lo mismo que defienden los antisemitas contra los judíos.

La proclama de Israel de que sus críticos son antisemitas presupone que sus críticos se creen sus proclamas de que representa al “pueblo judío”. Pero esas afirmaciones de Israel de que representa y habla en nombre de todos los judíos son las afirmaciones más antisemitas de todas.

En la actualidad, Israel y las potencias occidentales quieren elevar el antisemitismo a principio internacional alrededor del cual buscan establecer un consenso total. Insisten en que para que haya paz en Oriente Medio, los palestinos, árabes y musulmanes deben convertirse, al igual que Occidente, en antisemitas, apoyando el sionismo y reconociendo las afirmaciones antisemitas de Israel. Excepto para los regímenes dictatoriales árabes y para la Autoridad Palestina y sus compinches, en este 65 aniversario de la conquista antisemita de Palestina por los sionistas, conocida por los palestinos como la Nakba, el pueblo palestino y los pocos judíos antisionistas supervivientes continúan negándose a aceptar este llamamiento internacional e incitación al antisemitismo. Afirman que son, como los últimos semitas, los herederos de las luchas palestinas y judías anteriores a la II Guerra Mundial contra el antisemitismo y su manifestación colonial sionista. Es su resistencia la que pervive en medio de la completa victoria del antisemitismo europeo en Oriente Medio y en el mundo entero.

Joseph Massad nació en Jordania de origen palestino. Es Profesor de Historia Intelectual y Política Árabe Moderna en la Universidad de Columbia, Nueva York. Es autor de varios libros, entre ellos, “Colonial Effects: the Making of Colonial Identity in Jordan” (2001) y “The Persistence of the Palestinian Question: Essays on Zionism and the Palestinians” (2006).

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Fuente original: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2013/05/2013521184814703958.html

Fuente en español: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=168918

Israel: Aprueban ley para alistamiento de ultraortodoxos

Estándar

Una comisión política formada por seis ministros dio hoy luz verde a un histórico proyecto de ley en Israel para el alistamiento de los jóvenes ultraortodoxos y ha enviado su propuesta al Gobierno de Benjamín Netanyahu para que sea legislada en el Parlamento.

El proyecto de ley establece por primera vez como obligatorio el servicio militar de los estudiantes de seminarios rabínicos judíos, que desde 1948 disfrutan de una exención automática.

Aprobada por secciones individuales debido a la complejidad del asunto, la última y más polémica -la de aplicar sanciones legales a los ultraortodoxos que no se presenten al servicio- fue aprobada por 4 votos a favor, 1 abstención y 1 en contra.

“Ninguno de nosotros quiere imponeros una vida secular o nuestra forma de ver la identidad israelí”, dijo hoy en una rueda de prensa el ministro de Finanzas, Yair Lapid, abanderado de la nueva ley.

Ayer, tras ver los debates bloqueados por la oposición del titular de Defensa, Moshé Yaalón, Lapid amenazó al primer ministro Netanyahu con desarmar el gobierno.

En un llamamiento a sus “hermanos ultraortodoxos”, Lapid afirmó que “este Estado fue creado para que todos podamos vivir sin miedo como judíos, pero lo que ocurre es que no podemos continuar más así”, en alusión a una comunidad marginada de las obligaciones pero que disfruta de generosas prestaciones sociales.

La necesidad de repartir de forma más equitativa las obligaciones de seguridad formó parte de las campañas de los partidos Israel Beitenu (que se presentó con el Likud), Yesh Atid y Habayit Hayehudí en las últimas elecciones, aunque hasta esta mañana sus dirigentes no lograron ponerse de acuerdo.

El ultraderechista Israel Beitenu consiguió introducir en el último momento un compromiso de que en un plazo de cinco años el Gobierno regulará un servicio civil voluntario para la minoría árabe, la otra comunidad exenta.

Los jóvenes en Israel prestan un servicio militar obligatorio de 36 meses (24 las mujeres) y la exención de los estudiantes rabínicos había provocado en los últimos años numerosas protestas sociales.

La gota que colmó el vaso fue un fallo en 2012 del Tribunal Supremo que calificó como “discriminatoria” la ley de exenciones de 2002.

Según el nuevo proyecto, que en los próximos días recibirá el Gobierno israelí, un 65 por ciento del padrón de jóvenes ultraotodoxos en edad militar deberá prestar servicio militar (unos 3.200) o civil (unos 2.000).

En principio, y con la única excepción de 1.800 “prodigios de la Torá” que seguirán estudiando el texto sagrado para el judaísmo, y de aquellos que no puedan hacerlo por razones médicas (alrededor de 1.000), el resto será reclutado a partir de 2017 o recaerá sobre este grupo las consecuencias legales de ser declarado “desertor”.

A cambio de aceptar las universalidad de las sanciones, Yaalón obtuvo de Lapid un año extra (de 3 a 4) en los plazos de la ley.

Otros artículos que contempla el proyecto es el de la aplicación del código penal a los directores de seminarios rabínicos que mientan sobre las estadísticas de sus estudiantes y con ello tiren abajo la cuota de 5.200 anuales.

La inclusión de los ortodoxos en las filas del Ejército va acompañada de un recorte de cuatro meses en el servicio regular de los varones (de 36 a 32) y un alargamiento en el de las mujeres (de 24 a 28).

Asimismo, los jóvenes del judaísmo nacional religioso -que tiene su propio acuerdo con el Ejército para combinar estudios rabínicos y servicio militar-, aportarán otro mes de servicio, menos de lo que la mayoría de los miembros de la comisión hubiese querido.

Fuente: EFE / OICP