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El eterno dilema del sionismo progresista

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 Por Ran Greenstein.

972mag   

Durante más de un siglo, los sionistas progresistas han intentado conciliar el humanismo universal con el nacionalismo sionista. Una revisión de dos pensadores prominentes que fracasaron.

1.- El eterno dilema del sionismo progresista

Una y otra vez ha surgido en los últimos meses la perspectiva de la muerte inminente del sionismo progresista, desde la inocua apología de Ari Shavit a las discusiones más sofisticadas de Jonathan Freedland en el New York Review of Books y Roger Cohen en el New York Times, culminando con el enfoque muy crítico de Antony Lerman , también en el Times .

Mientras que la guerra en Gaza cumplió un papel de sacudida, no es de ninguna manera un fenómeno nuevo. De hecho, ha sido una característica de los debates en el movimiento sionista desde su creación, lo que obligó a partidarios progresistas a elegir, en los momentos de crisis, entre sus valores universales y lealtades a las políticas étnicas. Históricamente, dejar caer el componente progresista ha sido la respuesta más común a tal dilema, con sólo unos pocos disidentes que optan por abandonar el sionismo.

Los argumentos principales utilizados en este tipo de debates poco han cambiado en los últimos años. Sería instructivo mirar un solo movimiento, como ejemplo del sionismo progresista en su tiempo. Brit Shalom, que funcionó entre 1925 y 1933 y fue conocido por su defensa del binacionalismo, experimentó tensiones entre sus amplios principios progresistas y las estrechas demandas del proyecto sionista. Estas se recapitularon en particular en la obra de su fundador, Arthur Ruppin, conocido como “el padre de los asentamientos judíos”. Se debatía entre sus aliados sionistas laboristas, que conceptualizaron a Brit Shalom como “delirante” y sus colegas radicales que pedían un gobierno representativo en Palestina, en línea con los valores democráticos universales pero en contra de los deseos de la dirección sionista.

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Arthur Ruppin

 

Las preocupaciones de Ruppin, expresadas en sus diarios de finales de 1920 y principios de 1930, derivaban de los intereses contradictorios de los árabes y los judíos. Era imposible conciliar “la libre inmigración y el desarrollo libre económico y cultural para los judíos” -las condiciones esenciales para el sionismo– con los intereses de los residentes árabes de Palestina: “en cualquier lugar donde compramos tierra y la gente se asienta en ella, necesariamente requiere que los actuales agricultores queden excluidos del lugar, ya sean propietarios o inquilinos”. Más aún, el principio del trabajo hebreo era “en concordancia con nuestros intereses nacionales”, que “priva a los habitantes árabes de los salarios que solían percibir”. Por lo tanto, se hizo imposible “convencer racionalmente a los árabes de que nuestros intereses son compatibles”. Dada la situación, los árabes, como una mayoría en el país “se aprovecharía de los derechos que les reconoce la Constitución para impedir cualquier avance económico de la minoría judía”, por lo tanto “acabarían con el movimiento sionista”.

El dilema de Ruppin se intensificó en los momentos de conflicto agudo, a continuación de los disturbios de 1929. Violentos enfrentamientos entre visiones nacionalistas excluyentes lo llevaron a distanciarse de Brit Shalom y su binacionalismo. Su conclusión fue sombría: “hay que reconocer que en toda nuestra historia de las relaciones con los árabes no hemos hecho un esfuerzo por encontrar una fórmula que satisfaga no sólo a los intereses esenciales de los judíos, sino también a los intereses esenciales de los árabes”. Paradójicamente, esto significaba: “Lo que podemos conseguir (de los árabes)- nosotros no necesitamos, y lo que necesitamos – no podemos conseguirlo. A lo sumo, lo que los árabes están dispuestos a darnos son los derechos de una minoría nacional judía en un Estado árabe, similar a los derechos de las [minorías] nacionales de Europa del Este”.

El problema de eso, continuó, era que no se podían garantizar los derechos de las minorías:

“El destino de la minoría judía en Palestina dependerá para siempre de la buena voluntad de la mayoría árabe que sustenta el poder. Tal acuerdo definitivamente no va a satisfacer a los judíos de Europa del Este que son la mayoría de los sionistas; por el contrario, esto disminuiría su entusiasmo por el sionismo y por Palestina. Un sionismo dispuesto a llegar a un acuerdo de este tipo con los árabes [quedando los judíos en minoría permanente en el país] perderá el apoyo de los judíos de Europa del Este y pronto se convertiría en sionismo sin sionistas.

¿Qué se podría hacer entonces? En opinión de Ruppin, utilizando un lenguaje que se hace eco de todo el camino hasta el presente:

En la actualidad ninguna negociación con los árabe permitirá avances, ya que los árabes todavía esperan ser capaces de deshacerse de nosotros… no es negociación, pero el desarrollo de Palestina para aumentar nuestro cupo de población, y para fortalecer nuestro poder económico, podría conducir a la reducción de las tensiones. Llegado el momento y cuando los árabes se den cuenta de que no están en condiciones de concedernos lo que necesitamos, deberán reconocer la realidad tal como es, el peso de los hechos sobre el terreno dará lugar a la reducción de las tensiones… Puede ser una verdad amarga, pero es la verdad.

Las palabras de Ruppin de 1936 ilustran la lógica de imponer “hechos sobre el terreno” y la construcción de un “Muro de hierro” (en palabras infames de Jabotinsky) para disuadir a la oposición árabe, una lógica que continúa dando forma a la política de Israel en la actualidad. Pero, es importante tener en cuenta que no todos los activistas progresistas se movieron en la misma dirección. Un ejemplo contrario es el de Hans Kohn, quien rompió con el movimiento sionista y eventualmente dejó Brit Shalom tras el levantamiento de 1929.

Kohn identificaba el sionismo como un “movimiento moral y espiritual” compatible con su posición pacifista y antiimperialista. Se le hizo cada vez más difícil mantener este enfoque junto a la línea sionista oficial. Los árabes llevaron a cabo los levantamientos de 1929, según contó en su correspondencia privada, que “perpetraron todos los actos de barbarie característicos de una revuelta colonial”. Pero fueron motivados por una causa profunda:

 “Hemos estado en Palestina durante 12 años [desde la Declaración de Balfour de 1917] sin hacer siquiera una vez un intento serio de la búsqueda del consentimiento a través de negociaciones con los pueblos originarios. Hemos confiado exclusivamente en la fuerza militar de Gran Bretaña. Nos hemos fijado metas que, por su propia naturaleza, tenían que llevar a un conflicto con los árabes. Deberíamos haber reconocido que estos objetivos serían la causa, la causa justa, de un levantamiento nacional contra nosotros.

Esta actitud significó que: “durante 12 años hemos fingido que los árabes no existían y nos alegrábamos cuando no recordábamos su existencia. Sin el consentimiento de los árabes locales, la existencia judía en Palestina podría llegar a ser posible sólo “en primer lugar con la ayuda británica y después con la ayuda de nuestras bayonetas… Pero para ese momento no vamos a ser capaces de ser sin las bayonetas. Los medios han determinado los objetivos. La Palestina judía ya no tendrá nada del Sión al que me uní”.

La principal preocupación de Kohn fue el desarrollo del sionismo en “el ala militante-reaccionaria del judaísmo”. Kohn sentía que sus colegas no estaban dispuestos a dar un decisivo paso congruente con sus valores que los llevarían lejos de las prácticas sionistas, como la “inconmensurable barbarie” de desalojar a los inquilinos de sus tierras, dirigido por gente como Ruppin. En su lugar, Brit Shalom había formulado propuestas de paz nobles desconectadas de la realidad concreta y omitía los verdaderos problemas. Esto “envuelto en sí mismo en una nube de ingenuidad” sin impacto público. Bajo estas circunstancias, Kohn no vio ninguna razón para continuar su pertenencia al movimiento.

Ruppin y Kohn ofrecen soluciones opuestas al mismo dilema: la dificultad de conciliar el humanismo universal con el nacionalismo sionista. Cuando estalló la crisis, Ruppin eligió el nacionalismo mientras Kohn eligió el universalismo. Otros activistas progresistas seguían creyendo que no había contradicción inherente entre los dos conjuntos de principios, pero su impacto disminuyó. A pesar de que formularon una alternativa conceptual sólida orientada a ser incorporada a la corriente principal del sionismo, no pudieron ir más allá de limitados círculos intelectuales judíos y no ganaron apoyo árabe alguno. ¿Por qué? Se pueden sugerir algunas razones:

Antes de 1948, los sionistas progresistas trabajaron en el segmento del pueblo judío menos dispuesto a apoyar la integración. Los judíos felices de convivir con los no judíos como iguales o desinteresados de la soberanía política se quedaron en sus países de origen o se trasladaron a otros destinos que les permitieron larga y próspera vida sin preocuparse de la política y el nacionalismo, como los EE.UU. o Argentina. Por razones prácticas, el enfoque sionista progresista en Palestina fue socavado aún más por la ausencia de una fuerza equivalente en la población árabe. Muchos judíos consideraron que era como ofrecer concesiones unilaterales que no fueron correspondidas y por lo tanto inútiles.

Entonces, ¿por qué no se correspondió? El liderazgo árabe palestino rechazó los compromisos ofrecidos por los sionistas progresistas ya que temía que cualquier concesión a la legitimidad de la presencia política judía en el país socavaría su propia posición de negociación sin poner freno al avance expansivo del proyecto de asentamientos judíos. Esto era una realidad, ya que los progresistas eran una minoría en la comunidad judía. Los posibles acuerdos con ellos no eran vinculantes para las fuerzas dominantes en el movimiento sionista, que continuó con su propia agenda.

Además, no era más mortífero para la iniciativa de los judíos que hacer concesiones que el sentido de la hostilidad árabe continuaría sin disminuir, independientemente de los compromisos políticos. En particular, los ataques armados contra comunidades integradas locales, como ocurrió en 1929 en Hebrón y Safed, reforzaron la solidaridad judía interna, socavó la disidencia, y creó un ambiente militante y militarista que hizo que la perspectiva de diálogos políticos fructíferos fueran cada vez más remotas.

Tal vez y lo más crucial, en retrospectiva, fue que las respuestas de un lado moldearon las respuestas de la otra parte. Los nacionalistas pudieron embarcarse unilateralmente en su propio curso de acción, pero los progresistas no pudieron. Los potenciales socios árabes respondieron no sólo a los que los progresistas sionistas dijeron o hicieron, sino que también – tal vez sobre todo – a lo que las fuerzas principales en el lado judío dijeron e hicieron. Esto reforzó la desventaja estructural de los progresistas: colaboraron las tendencias dominantes en ambos campos nacionalistas, por así decirlo, en la polarización creciente de los partícipes del conflicto. Esto benefició a los que, en cada parte, instaban a la acción unilateral y debilitó a los que abogaban por la consideración mutua.

 2.- Las numerosas negaciones del sionismo progresista

Desde sus orígenes hasta hoy, el sionismo progresista ha sido incapaz de integrar las políticas israelíes de despojo y control militar con la imagen de un Estado democrático. ¿Es sólo una cuestión de semántica o es inherente a la ideología? La segunda parte del análisis de Ran Greenstein.

Como se discutió en la primera parte de este artículo, los sionistas progresistas como Arthur Ruppin y Hans Kohn respondieron de maneras divergentes al reto de conciliar los valores universales amplios con los estrechos objetivos sionistas. Lo que ellos comparten con otros activistas e intelectuales, sin embargo, fue la realización plena de los costos involucrados en sus elecciones. Este no es el caso para la mayoría de los actuales progresistas israelíes, que toman el periodo posterior a 1948 y el Nakba como realidades en el terreno, como el punto de partida para mirar el conflicto palestino-israelí.

Una forma de ver los dilemas que enfrenta el sionismo progresista hoy es a través de la noción de la negación, o la negativa a reconocer el contexto histórico, que continúa dando forma a nuestra escena política. Este contexto refleja procesos a largo plazo y puede ser degradado por las fechas clave con la que se asocian estos procesos. En cada caso se construyó sobre las tendencias existentes para poner en marcha una nueva ronda de la evolución que dio forma al período posterior. Veamos cada uno de ellos y discutimos sus implicaciones.

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Un grupo de israelíes participa en una protesta pidiendo negociaciones de paz entre Israel y Palestina, Tel Aviv, el 16 de agosto de 2014. Miles de manifestantes se reunieron el sábado en una manifestación a favor de la paz bajo el lema “Cambio de dirección: hacia la paz, lejos de la guerra” (Foto: Activestills)

La negación de 1917

Este fue el año de la Declaración Balfour, que aseguró el apoyo británico a la búsqueda del movimiento sionista para establecer “un hogar nacional para el pueblo judío” en Palestina, basado en el entendimiento de que “no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y derechos religiosos de las comunidades no judías existentes” en el país. Se puso en marcha un proceso de inmigración masiva de judíos al país y la reconstrucción de la comunidad judía como una entidad política independiente, en su camino hacia la condición de Estado independiente. También dio lugar a la formación de un movimiento nacional palestino-árabe, que se opuso a la inmigración y la adquisición de tierras por parte de judíos y exigió un gobierno democrático basado en el control de la mayoría. El creciente conflicto entre estas fuerzas mutuamente excluyentes condujo a la guerra de 1947 a 1948, la Nakba y la creación del Estado de Israel.

Los sionistas progresistas niegan que la Declaración Balfour fuera ilegítima desde la perspectiva de los residentes árabes del país, hasta entonces la mayoría indiscutida de la población. Los británicos subordinaron su perspectiva de la independencia a la de un nuevo grupo de inmigrantes y facilitaron la creación de una zona de exclusión social y económica en constante crecimiento, que estaba prohibida para todos los palestinos (como los derechos inherentes de los residentes, empleados y arrendatarios). Su respuesta natural fue de resistencia. Es difícil pensar en un único grupo de indígenas en la historia que reaccionaran de manera diferente a una situación similar. Sin embargo, a la visión sionista progresista le resulta imposible contemplar esta realidad básica, ya que plantearía preguntas acerca de los asentamientos, la colonización y el despojo, y los derechos de los originarios, que no pueden ser respondidas fácilmente dentro de su paradigma.

La negación de 1947

La resolución de las Naciones Unidas de la partición de Palestina en estados, árabe y judío, fue apoyada por el movimiento sionista y la mayoría de los judíos y rechazada por la mayoría de los árabes (en Palestina y en otros lugares). Una de las creencias fundamentales del sionismo progresista es que estas actitudes reflejan la lógica del compromiso, que fue adoptado por el sionismo históricamente, pero fue abandonada después de 1967 y en la actualidad necesita restaurarse. Por el contrario, los árabes adoptaron una posición de rechazo que minó sus posibilidades de obtener la independencia entonces y desde entonces.

¿De qué manera esta forma de ver las cosas en 1947 equivale a una denegación? Vista desde la perspectiva del tiempo, la resolución de partición era desigual. Se concedió un territorio a la comunidad judía que no poseía y se tomó el territorio de la comunidad árabe que poseía. Se esperaba que 10.000 judíos –el 1,6% del total de los judíos- vivieran como una minoría en la zona asignada al Estado árabe mientras que en la parte judía habitaban 400.000 árabes, o sea el 33% del total de la población. A los judíos se les asignó el 56% del territorio mientras a los árabes, dos tercios de la población, se les asignó sólo el 44%.

Más allá de los detalles específicos de la resolución, que dio un sello de aprobación a un proceso que había visto a los palestinos perder su dominación demográfica y territorial de forma abrumadora, incapaces de bloquear el rápido crecimiento de la comunidad judía organizada y marginados en su propia patria. Rechazar la partición no condujo a un resultado positivo para ellos, pero no pudieron ponerse de acuerdo rescatar grandes porciones de su país, entregado a un grupo de personas a quienes consideraban como invitados no deseados, la mayoría de los cuales habían estado allí por menos de una generación. Que el principal líder de la comunidad judía en el momento había construido su carrera en la oposición a compartir la tierra, el empleo y la residencia con los árabes locales, no ayuda a construir la confianza en un futuro bajo la dominación judía o al lado de un estado judío en expansión.

 Ruins of Palestinian village depopulated in the Nakba, Lifta, Is

 Un judío ultraortodoxo camina en la aldea palestina despoblada de Lifta, situada a las afueras de Jerusalén Occidental, Israel, el 4 de marzo de 2014. Durante la Nakba, los residentes de Lifta huyeron de los ataques de las milicias sionistas a partir de diciembre de 1947, que tuvo como resultado la evacuación completa de la aldea en febrero de 1948 (Foto: Ryan Rodrick Beiler / Activestills.org)

La Nakba que siguió a la resolución de partición era, en cierto sentido, una profecía autocumplida. La limpieza étnica fue tanto un resultado de las acciones de las fuerzas sionistas que pusieron en marcha los planes para la creación de un territorio judío defendible contiguo, como a las reacciones de los palestinos, a veces anticipatorias, a la violenta expulsión huyendo de las fuerzas militares que avanzaban. El punto crucial es que independientemente de las circunstancias de su salida o su participación en los eventos (como militantes o residentes pacíficos que fueron expulsados de forma pasiva o activamente huyeron de sus hogares), a todos los que se convirtieron en refugiados en 1947/48 se les negó el reingreso en el nuevo Estado de Israel. El resultado fue más que el desplazamiento de gran número de personas, también la destrucción de toda una sociedad.

El paradigma sionista progresista puede digerir estos eventos sólo como el resultado trágico y, en última instancia, de la búsqueda de la autodeterminación nacional judía. Sin embargo, que esa búsqueda haya transformado el conflicto en una lucha por la liberación de un pueblo y sus derechos, por siempre marcado por el imperativo de corregir el “pecado original” de la desposesión, no lo pueden considerar. Más bien, no insistiremos en vivir en el pasado, sigamos adelante con nuestras vidas y esperemos el “síndrome del salmón”, usando terrible frase de Ehud Barak, para defenestrarlos.

La negación de 1967

Es sólo con la guerra de 1967 y sus secuelas que el sionismo progresista realmente entró en su propia contradicción. Merece el crédito de haberse opuesto a la ocupación, los asentamientos y la anexión que se vienen dando desde hace décadas. ¿Es justo entonces cargar con la negación? La respuesta es sí y veamos por qué.

La postura progresista contra la ocupación sufre de su negativa de considerar el contexto histórico de 1967, al ver la guerra como una aberración, una fuerza disruptiva que cambió la democracia poco igualitaria de Israel en un Estado opresivo de derechas dominado por los colonos mesiánicos. De este cuadro desaparece la realidad de que antes de 1967 Israel era un Estado opresor que excluía a quienes estaban al margen de la corriente principal: los refugiados palestinos cuya presencia física y política fue negada; los ciudadanos palestinos que estaban presentes físicamente, estaban ausentes de la ciudadanía de pleno derecho; estaban bajo régimen militar y de la expropiación masiva de sus tierras; también desaparecen los judíos orientales que recibieron los derechos políticos pero se los mantuvo social y culturalmente marginados.

 occupationEl ministro de Defensa israelí Moshe Dayan, el jefe del Estado Mayor Yitzhak Rabin, el general Rehavam Zeevi (derecha) y el general Uzi Narkis caminan por la Ciudad Vieja de Jerusalén el 7 de junio de 1967, durante la Guerra de los Seis Días. (Foto por GPO / Ilan Bruner)

Las prácticas de exclusión desarrolladas en el período previo a la guerra de 1967 (en algunos casos los métodos secretos de la adquisición de tierras y el despojo, aún en el período pre-48), se extendieron a los territorios ocupados con algunas modificaciones importantes. La limpieza étnica y la destrucción masiva de aldeas en 1948 no se repitieron en la misma escala en 1967 (aunque unas 300.000 personas huyeron o fueron expulsadas ​​de los territorios recién ocupados a los países vecinos, muchas de ellas ya refugiadas de 1948). A los residentes de los territorios se les permitía trabajar en Israel, pero se les negaron los derechos civiles y políticos. La tierra fue confiscada (y se sigue confiscando) pero a una escala más pequeña que las expropiaciones a los ciudadanos palestinos en la era post-48 de Israel.

El sistema de control resultante es único. Sin embargo, muestra muchas semejanzas familiares a otras prácticas israelíes opresivas que se aplicaron -en diversos grados- a diferentes grupos de palestinos. Es el rechazo del sionismo progresista a ver la continuidad de esas prácticas, así como los vínculos que se forman dentro de la lógica común de la exclusión, lo que constituye la negación. Una lucha contra la ocupación, que la considera una mera disputa territorial, y se niega a considerar sus fundamentos ideológicos e históricos -lo que Meron Benvenisti refiere como el “código genético” de la colonización sionista- está condenada al fracaso.

La negación de 1987

Y sin embargo hubo un período de tiempo en el que el sionismo progresista parecía estar ganando. Con la Primera Intifada de 1987 y los procesos que facilitó y que culminó con los acuerdos de Oslo de 1993, el conocimiento de la ocupación y el apoyo a su terminación se encontraban en su punto más alto. Era sólo una cuestión de tiempo para que se completara el proceso de retirada de Israel, algo en lo que creyeron muchos progresistas y que llegaría la genuina solución de dos Estados.

BTS Soldados israelíes registran a un palestino en un puesto de control del ejército israelí. (Foto: Rompiendo el silencio)

Como aprendimos en los años siguientes, esta expectativa generalizada no se materializó. En lugar de llegar a su fin, la ocupación fue tomando cuerpo directa o indirectamente en el Gobierno, transfiriendo la responsabilidad al bienestar de sus súbditos y excluyendo aún más a los palestinos de toda participación en los derechos y los recursos asociados a la ciudadanía. Mientras Israel afianzaba su control sobre el territorio y los recursos materiales (terrenos agrícolas y residenciales, el agua y así sucesivamente), la Palestina ocupada se enfrentó más que nunca a restricciones más graves a su movimiento, a su organización política y a su capacidad de manejar sus vidas.

Lo que fue presentado hasta entonces como un Gobierno militar temporal por razones de seguridad, se ha endurecido en un modo de gobierno que combina la incorporación permanente de la tierra y los recursos para uso de las autoridades militares y civiles, provisiones exclusivamente para los colonos judíos, con la exclusión permanente de los residentes indígenas como ciudadanos portadores de derechos. En otras palabras, un sistema análogo al apartheid que consagra radicalmente diferentes niveles de acceso a los derechos y recursos basados ​​en distinciones étnicas y religiosas.

Como era de esperar, la respuesta de los sionistas progresistas se ha caracterizado, una vez más, por la negación. En lugar de entender las nuevas realidades y desarrollar estrategias adecuadas que tengan en cuenta los cambios en los modos de gobierno, los patrones de asentamiento y las condiciones demográficas continúan recitandor en vano el mantra de la separación de los judíos y árabes en sus propios estados.

settlementwallUna activista pone una bandera palestina en el muro de separación frente al asentamiento de Modi’in Illit (Foto: Anne Paq / Activestills.org)

El hecho de que el conflicto ya no pueda verse con un mero carácter territorial (si es que alguna vez fue así) no hace ninguna diferencia notable. Todos los cambios se difieren eternamente a un futuro indeterminado, cuando los judíos se conviertan en una minoría (como si el dominio del 51% de la población sobre el otro 49% fuera más legítimo que al revés), cuando Israel tenga que elegir entre su aspecto “democrático” el “judío” (como si gobernar durante medio siglo sobre millones de personas a quienes se niegan los derechos políticos no hubieran decidido el asunto ya), cuando la perspectiva de una solución de dos Estados ya no es viable (como si los 20 años de diplomacia fútil, durante los cuales se consolidó la ocupación no fueran suficientes), cuando la oportunidad de una solución negociada está cerrada (como si fuera que aún está disponible).

¿Cuál es la esencia, entonces, de la negación del sionismo progresista? Es el rechazo a reconocer cualquier cosa que diferencie el conflicto palestino-israelí de los conflictos territoriales “normales”: los orígenes coloniales del asentamiento inicial, el despojo de 1948, la lógica histórica de la exclusión, el carácter permanente de la ocupación “temporal”. Mientras nuestros publicitados sionistas progresistas continúen ignorando estos cimientos del conflicto, sus fingidas llamadas angustiadas a un cambio de política en el terreno moral permanecerán poco más que retórica vacía.

Ran Greenstein es profesor asociado en la Universidad de Witwatersrand, Johannesburgo. Su libro Zionism and its Discontents: A Century of Radical Dissent in Israel/Palestine será publicado por Pluto Press, Reino Unido, en octubre de 2014.

Fuente Primera parte: http://972mag.com/the-perennial-dilemma-of-progresista-zionism/97076/  

Segunda parte: http://972mag.com/the-many-denials-of-progresista-zionism/97393/

Traducido del inglés para Rebelión por J. M. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=190818

1991: La ONU anula la resolución que condenaba el sionismo como una forma de racismo

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La Asamblea General de las Naciones Unidas revocó anoche por abrumadora mayoría la resolución que desde 1975 declaraba el sionismo como una forma de racismo. Promovida por Estados Unidos y apoyada por 85 países, la decisión constituye un triunfo para Israel. Anoche se esperaba un gesto de gratitud israelí -en forma de flexibilidad diplomática- para extraer del estancamiento las negociaciones entre árabes e israelíes que se celebran en Washington, la segunda fase del histórico proceso de Madrid.

Con una escueta resolución que mereció 111 votos a favor, 25 en contra y 13 abstenciones, la Asamblea General de la ONU eliminó de un plumazo la controvertida resolución 3379 del 10 de noviembre de 1975.La primera voz de alarma por la decisión de la ONU fue la del representante libanés Jalíl Makkaui, quién deploró lo que interpretó como una maniobra que va en detrimento de la. causa árabe en general y de la palestina en particular.

“La aprobación de la nueva resolución que elimina la 3379”, dijo, “no sólo aumentará el apetito de los extremistas israelíes, empeñados en aplicar su política de anexión, sino que inflamará las pasiones de aquellos árabes que ven el actual proceso de paz corno un mero ejercicio de futilidad”.

Entre ellos ayer había que incluir sobre todo a los palestinos. Horas antes de la votación, la profesora Hanán Ashraui había denunciado que la táctica israelí era la de colmar la paciencia de los árabes.

Irritada pero sin abandonar totalmente el tono conciliatorio, Ashraul emplazó a los israelíes a demostrar que realmente quieren hablar de paz. La portavoz de la delegación palestina dijo que reinaba la desazón.

Sus palabras reflejaron fielmente un amplio sentimiento árabe de impaciencia y frustración por la forma en que Israel ha ido maniobrando en la última semana. Su negativa a reunirse a solas con los palestinos, su reiterado rechazo a considerar el principio de “paz a cambio de territorios”, inspirado en las resoluciones 242 y 338, y la más reciente ocupación de casas árabes por colonos judíos en el barrio de Siluán, en Jerusalén, han ido ensombreciendo el panorama de las negociaciones en Washington.

Benjamín Netanyahu, el portavoz de la delegación israelí, hurgó aún más la herida al pedir a los árabes que demostraran su voluntad de paz sumándose a la condena de la difunta resolución 3379.

Siria, por su parte, comenzó a dar señales de fatiga y frustración por la intransigencia israelí. Muafak Al Alaf, el jefe de la delegación enviada por Damasco, reconoció que las veinte horas de conversaciones con los israelíes no han producido el más mínimo progreso.

Con mayor estridencia, los gobiernos árabes están acusando a Israel de eludir las cuestiones de fondo para aferrarse a asuntos de procedimiento a Fin de dilatar las discusiones durante el mayor tiempo posible.

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El texto de la resolución 46/86 de la Asamblea General de la ONU fue simple y conciso, sin ninguna cláusula preambulatoria: “La Asamblea General decide revocar la determinación que figura en su resolución 3379, de 10 de noviembre de 1975“.

Resultado de la votación

Patrocinada por: (87 Estados) Albania, Alemania, Antigua y Barbuda, Argentina, Australia, Austria, Bahamas,Barbados, Bélgica, Belice, Bielorrusia, Bolivia, Brasil, Bulgaria, Burundi, Canadá, Checoslovaquia, Chile,Chipre, Colombia, Costa Rica, Dinamarca, Dominica, Ecuador, El Salvador, España, Estados Federados de Micronesia, Estados Unidos de América, Estonia, Finlandia, Francia, Gambia, Granada, Grecia, Guatemala,Guyana, Honduras, Hungría, Irlanda, Islandia, Islas Marshall, Islas Salomón, Israel, Italia, Jamaica, Japón,Liberia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Madagascar, Malaui, Malta, México, Mongolia, Mozambique,Nicaragua, Noruega, Nueva Zelanda, Panamá, Países Bajos, Papúa Nueva Guinea, Paraguay, Perú, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Centroafricana, República de Corea, República Dominicana, Ruanda,Rumania, Samoa, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Sierra Leona, Singapur,Suecia, Surinam, Suazilandia, Ucrania, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Uruguay, Venezuela,Yugoslavia, Zaire y Zambia.

A favor: (111, 23 más los 87 patrocinantes): Benín, Botsuana, Bután, Cabo Verde, Camboya, Camerún, Congo, Costa de Marfil, Fiyi, Filipinas, Gabón, Haití, India, Kenia, Lesoto,Madagascar, Namibia, Nepal, Nigeria, Santo Tomé y Príncipe, Seychelles, Tailandia y Togo.

En contra: (25) Afganistán, Arabia Saudita, Argelia, Bangladés, Brunéi, Catar, Cuba, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia, Irán, Irak, Jordania, Líbano, Libia, Malasia, Malí,Mauritania, Pakistán, República Popular Democrática de Corea, Siria, Somalia, Sri Lanka, Sudán, Vietnam y Yemen.

Abstención: (13) Angola, Burkina Faso, Etiopía, Ghana, Laos, Maldivas, Mauricio, Birmania, Trinidad y Tobago, Tanzania, Turquía, Uganda y Zimbabue.

Ausentes: (15) Baréin, Chad, Comoras, Egipto, Guinea, Guinea-Bisáu, Kuwait, Marruecos, Níger, Omán, República Popular China, Senegal, Túnez, Vanuatu y Yibuti.

Bush 1991

Fuente: http://elpais.com/diario/1991/12/17/internacional/692924415_850215.html y Wikipedia

Entrevista a Leila Khaled: No vamos a liberar Palestina con rosas

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Leila-Khaled-e1411489040651-200x300Texto y fotografía: Yasna Mussa.

Su imagen se difundió en todo el mundo luego de convertirse en la primera mujer en secuestrar un avión en 1969. Con más de 50 años de vida política activa, esta palestina sigue creyendo en la revolución y luchando por volver a su hogar en Haifa.

El pasado 26 de agosto Israel detuvo los bombardeos contra la franja de Gaza. Luego de 51 días de masacre, el gobierno de Netanyahu pactó con la resistencia palestina una tregua temporal patrocinada por Egipto. Los casi dos meses de ataques indiscriminados contra los palestinos apagaron 2.160 vidas, destruyeron miles de hogares, dejaron a más de 11 mil personas heridas y acabaron con la poca infraestructura que quedaba en un pequeño territorio sometido a bloqueo por más de 7 años.

Al otro lado de la frontera, en Amán, capital de Jordania, está Leila Khaled. La mujer de 70 años observa, escribe, lee y trabaja sin parar. Su vitalidad desafía los prejuicios sobre la edad y confirma el carácter que posee una exguerrillera, más allá del mito.

Esta mujer —la sexta de 12 hermanos, de padres libaneses, nacida en Haifa, militante del Frente para la Liberación de Palestina (FPLP)— fue la encargada de secuestrar un avión en 1969. La operación política buscaba llamar la atención mundial, recordarles que había un pueblo que vivía bajo ocupación o repartido en distintas latitudes siendo parte de una diáspora que atesoraba las llaves de sus casas esperando volver.

En 1970 la operación se repitió, pero esta vez Leila Khaled y su compañero de misión, el nicaragüense Patrick Argüello, no lograron su objetivo. En el avión se encontraban 4 agentes secretos israelíes, quienes frustraron el secuestro, asesinaron a Argüello y detuvieron a Leila Khaled, a quien entregaron a las autoridades inglesas.

Es la misma Leila Khaled que aparece en fotos, póster y esténciles ataviada con un hatta palestino y cargando un rifle AK 47, quien me recibe en las oficinas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Amán, Jordania. La misma que se sometió a 6 cirugías plásticas de nariz y mentón, para cambiar su apariencia y pasar desapercibida, luego de que esa imagen se convirtiera en ícono, llenara portadas y apareciera en noticieros que se repetían la misma pregunta: ¿Quién es la misteriosa mujer palestina que secuestró un avión?

44 años después, intentamos responder la misma pregunta.

Usted es una víctima directa de la Nakba. Tuvo que dejar su hogar en 1948, apenas se creó el Estado de Israel. ¿Cómo fue esa infancia en Palestina y luego en el Líbano, donde tuvo que refugiarse?

Primero que todo, debo aclarar que mi familia es libanesa. Mis padres se instalaron en Palestina por el trabajo de mi papá y tanto yo, como todos mis hermanos, nacimos ahí. Cuando fue la Nakba (catástrofe) en 1948, fuimos con mi madre al Líbano. Para nosotros era lo más normal visitar el Líbano, porque cada año íbamos a visitar a la familia. Sin embargo, ese año fue distinto. Era la primera vez que íbamos en abril y no en verano, como acostumbrábamos.

Éramos 8 hermanos en ese entonces y yo era la número 6. Mi hermano mayor estudiaba en el Líbano, pero todos los otros estábamos en Haifa cuando sucedió la masacre de Deir Yassin, el mismo día de mi cumpleaños, el 9 de abril). El horror que causó en todos los palestinos, hizo que mi madre tomara la decisión de partir, mientras que mi padre se quedó luchando por Palestina.

Mi madre tenía miedo, como todas las madres. En el camino a Tyr (en el sur del Líbano) y vimos a la gente caminando. Mi madre iba llorando. El chofer le dijo que parara de llorar, porque los niños lloraban también pero todo el tiempo mi madre estuvo llorando.

Cuando nosotros crecimos le preguntamos sobre este incidente y ella dijo: nosotros somos privilegiados porque vinimos en auto cuando el resto de la gente iba caminando con todos sus hijos y las pocas cosas que pudieron sacar.

Recuerdo un hecho en especial que me marcó: Cuando estábamos en la casa de mi tío, vimos que los árboles que la rodeaban estaban llenos de naranjas. Entonces nosotros, como hacen los niños, fuimos y tomamos algunas. Mi madre estaba muy molesta. Ella nos dijo “esto no es de ustedes. No tienen derecho a sacarlas. Las suyas están en Palestina” —cuenta Khaled con la mirada perdida en sus recuerdos—. Esa fue la primera lección que recibimos y que nos dijo que debíamos volver a Palestina. Desde el primer minuto, supimos que eso no era nuestro, así que desde ese momento odié las naranjas.

Aunque teníamos dónde vivir, íbamos a la escuelas que la UNRWA había instalado para los refugiados. Mi niñez fue como la todo palestino refugiado, en la que la primera escuela fue en una gran carpa abierta, donde habían 10 clases. Y en invierno era realmente duro.. Recuerdo que nunca tuve un uniforme o ropa nueva. Siempre eran cosas usadas que la UNRWA nos entregaba. Tampoco celebramos un cumpleaños o el Eid (celebración musulmana). Mi madre siempre dijo que lo haríamos cuando volviéramos a Palestina, entonces yo crecí esperando volver. Todo el tiempo yo sentí que nada era nuestro. Que nuestras cosas, lo que amábamos, estaba en Palestinas así que teníamos que hacer algo.

Aunque ahora usted vive en Jordania, viaja regularmente a Líbano ¿Cómo observa la situación actual de los refugiados palestinos allí?

La situación en los campos de refugiados sigue igual de precaria que en esa época. Los palestinos necesitan un permiso especial para trabajar y los libaneses no se los otorgan. Hay cerca de 70 profesiones que están prohibidas y que no pueden ser utilizadas. Médicos, profesiones, ingenieros, periodistas y otros oficios, sólo pueden trabajar en la UNRWA y en los campos de refugiados, que son como ghettos. A veces la UNRWA no tiene plazas de trabajo o las que hay no corresponden a las demandas de los palestinos.

Al mismo tiempo, muchos de estos campos fueron destruidos totalmente. Ellos intentaron destruir Sabra y Shatila en 1982, pero no pudieron, la gente no los dejó. Los palestinos no tienen derecho de construir una casa o una habitación en los campos de refugiados. El año 2007 destruyeron completamente el campo Nahr el bared y la gente tuvo que huir para comenzar todo de nuevo, sin nada.

Después de 1982, la misión principal de los palestinos en el Líbano ha sido conquistar sus derechos civiles y sociales, que se ven privados. Cuando logren esto podrán participar en la lucha por el derecho al retorno. Este derecho no es sólo un concepto, sino también una cultura.

Considerando el contexto social y cultural del Mundo Árabe ¿cómo fue para usted, como mujer, involucrarse en política en los años 60s?

Para mi fue natural. Mi familia es una familia política. Mi hermano mayor estudiaba en la Universidad Americana de Beirut y entró a participar en el Movimiento Nacional que integraban George Habash y Wadi Haddad, entre otros. Una de las misiones de este movimiento fue organizar a las familias. Así que él influenció a mis hermanas mayores y ellas a mí.

En nuestra escuela, todos los profesores eran palestinos, refugiados como nosotros, así que muchos de ellos entraron en el Movimiento Nacional y algunos de ellos a otros partidos. Este movimiento llamaba a la liberación de Palestina y estaba por el derecho al retorno. La primera vez que quise entrar, no me lo permitieron porque sólo tenía 14 años.

La gente imagina que acá la mujer no tiene participación, pero es ignorar la realidad y la historia palestina. Desde siempre la mujer ha participado masivamente en los partidos políticos y en la resistencia. Somos un pueblo sumamente político y la mujer palestina es protagonista en distintos frentes. Yo decidí participar en un campo de entrenamiento y en operaciones políticas, y mis compañeros siempre me respetaron y respaldaron.

Resistir para existir

Usted participó y respalda hasta hoy la lucha armada ¿cuál es la diferencia entre resistencia y terrorismo?

Lo que hace Israel es terrorismo. En esta invasión, Israel se mostró como el Estado fascista y de apartheid que es. Por esta razón nosotros comenzamos nuestras acciones de secuestros, porque nosotros no éramos tratados como seres humanos con derechos. Es por eso que tuvimos que llamar la atención del mundo, porque ellos no reconocían nuestros derechos a tener ropa, a tener una casa, a poder vivir en nuestra patria y sustituyeron esto por el derecho de Israel a existir, a estar allí. Esto es injusto y lo tenemos que cambiar.

Israel ha exigido que se negocie. Hemos aceptado y la OLP ha negociado durante 20 años y qué ha pasado después de eso. Durante 21 años de negociaciones han aumentado los asentamientos, con más colonos y los colonos son en sí otro ejército; demuelen las casas, construyen un muro de apartheid, han metido en prisión a miles de activistas a quienes tratan como criminales. Israel ha violado todo tipo de leyes y se considera así mismo dentro del derecho internacional. Hasta ahora, Israel no ha sido condenado por todos sus crímenes, ahora es tiempo de que pague, así que no podemos permitir que siga avanzando en nuestra patria, tenemos que pelear.

No vamos a liberar Palestina con rosas o con negociaciones. Esto es un asunto político, no sólo humano. Si Naciones Unidas me hace elegir entre comida o volver a mi casa, yo prefiero volver a mi casa. Yo no quiero estar en un campamento de refugiados todo el tiempo, que de seguro será destruido también por Israel o por sus colaboradores. No es suficiente que la comunidad internacional llore después que Israel comete sus crímenes. El mundo debe prevenir esos crímenes, sin embargo, ellos solo reconstruyen después que Israel destruye.

Lo que hacemos nosotros es resistencia, para defendernos del ocupante. Y la resistencia está respaldada por la ley internacional: gente bajo ocupación o represión tiene el derecho a resistir, por todos los medios, incluyendo la lucha armada. Así que nosotros estamos luchando de manera legal. No es mi problema si alguien de Polonia vive en mi casa. Se tiene que ir de mi casa y si se quiere quedar, está bien, pero primero, nosotros tenemos que volver. Y una vez que resolvamos este problema de los refugiados podemos vivir todos en un Estado democrático donde la gente tenga sus derechos garantizados. Es nuestro derecho y no vamos a renunciar.

Si hay gente que viene de distintos lados y quiere quedarse ahí, no hay problema. Nosotros le ofreceremos soluciones humanas.
Entonces ¿Cuál es el rol activo y concreto que debe tener la comunidad internacional?

Necesitamos que las personas de cada país presionen a sus Estados para poder aislar a Israel.

Cuando la revolución comenzó, en mi partido decidimos cuál sería nuestro objetivo: Liberar nuestro país e implementar el derecho al retorno. Darle a los refugiados el derecho de volver a sus hogares, a su país, y esto está garantizado por el derecho internacional. Israel es aceptado en las Naciones Unidas con la condición de permitirles a los palestinos volver, pero hasta ahora nosotros somos refugiados. Y esta es la resolución 194. Nosotros ahora estamos preguntando : por qué las Naciones Unidas y la comunidad internacional no implementen sus resoluciones. Por qué no.

Y la resistencia está respaldada por la ley internacional: gente bajo ocupación o represión tiene el derecho a resistir, por todos los medios, incluyendo la lucha armada. Así que nosotros estamos luchando de manera legal. Así que no es mi problema si alguien de Polonia vive en mi casa. Se tiene que ir de mi casa y si se quiere quedar, está bien, pero primero, nosotros tenemos que volver. Y una vez que resolvamos este problema de los refugiados podemos vivir todos en un estado democrático donde la gente tenga sus derechos garantizados. Es nuestro derecho. Si hay gente que viene de distintos lados y quiere quedarse ahí, no hay problema. Nosotros le ofreceremos soluciones humanas. No como la solución de Israel: un genocidio contra nosotros. La comunidad internacional apoyó el boicot contra el Apartheid en Sudáfrica. Ahora es tiempo de que la comunidad internacional repita la experiencia para aislar a este estado de apartheid que se llama Israel.

Eso significa que aunque usted respalda la resistencia armada ¿También respalda otras formas de lucha como la campaña de Boicot, Sanciones y Desinversión (BDS, en sus siglas en inglés), que se define como una iniciativa no violenta de la sociedad civil?

Claro, apoyo esa campaña como también apoyo la campaña para que se liberen los prisioneros palestinos, incluyendo los diputados y los ministros. Creo que debemos usar tantos medios de resistencia como podamos: El político, el diplomático, el no violento. Durante más de 10 años los palestinos se manifiestan cada viernes en Bil’in, o cada semana en Nabi Saleh , en contra de la colonización, del muro, de la anexión de tierras y de las napas de agua. Todas estas manifestaciones son no violentas, pero Israel siempre responde con violencia, utilizando gases lacrimógenos, bombas, munición real.Por eso creo que todos los medios de resistencia son necesario.

Pero no hay que confundir. No podemos creer que sólo lo conseguiremos por medio de la resistencia no-violenta . Estamos frente a un Estado de apartheid, que además cuenta con el apoyo de Estados Unidos, y en general, de todo Occidente. Hasta que no logremos equilibrar las fuerzas, no podemos pensar solo en ir a una mesa de negociaciones.

Menos aún cuando vemos cómo Ban Ki Moon se da la mano con Netanyahu, pregunta por el soldado israelí que está desaparecido, pero no pregunta por todos los niños palestinos que han sido asesinados. Las Naciones Unidas están controladas por Estados Unidos.

Por otro lado, el Consejo de Seguridad no dice nada por Gaza, pero sí critican el avión derribado por las milicias en Ucrania. El Consejo de Seguridad no respalda a las víctimas, sólo se preocupa de condenar a Rusia, pero no condena a Israel por derrumbar casas con niños en el interior, destruyéndolas sobre sus cabezas.

Las negociaciones patrocinadas por Estados Unidos promueven la creación de dos Estados. ¿Qué opina de esta solución considerando su histórica defensa al derecho al retorno?

No estoy de acuerdo con dos Estados. Por qué. Por qué construir dos. Dónde. ¿En la luna? La mayoría de la tierra fue confiscada y ahora hay 600 mil colonos en Cisjordania y ahora mismo nos están asesinando en Gaza. Ellos no lo permitirán. Incluso cuando se solicitó un corredor humanitario en El Cairo para evacuar a los heridos ellos no lo permitieron. Dónde construiríamos este Estado. Nosotros queremos un Estado democrático en Palestina, donde seamos iguales, en deberes y derechos. Esta es nuestra tierra, en la Palestina histórica, un Estado multicultural como existe en muchos países del mundo.

La comunidad internacional parece sorprendida y espantada ante esta nueva masacre que Israel denominó “Operación Margen Protector”. Sin embargo, los palestinos saben que estas masacres se repiten cada cierto tiempo, convirtiéndose en una limpieza étnica ¿Qué le parece que esta nueva masacre ocurra justo después del acuerdo de unidad entre las fracciones palestinas?

No me parece una coincidencia. Israel quería elecciones y no le gustó el resultado de esas elecciones y boicoteó la voluntad del pueblo palestino que fue elegir a Hamas. Ahora todas las facciones palestinas, no sólo Hamas y Al Fatah, sino también la Jehad, el FPLP, el FDLP, etc, hemos creado un comité bajo el paraguas de la OLP para poder dialogar y tener elecciones del Consejo Nacional Palestino para Gaza y Cisjordania. Esa es la unidad que buscamos, una unidad inclusiva donde estén representados todos los palestinos, pero Israel no lo quiere permitir y utilizará cualquier excusa para atacar.

La solidaridad de los pueblos

Leila Khaled siente un profundo lazo con América Latina. Para ella, se trata de un continente hermano con el que siente más cercanía y solidaridad que con muchos países árabes. En tiempos de la guerrilla latinoamerica, en que los pueblos de Nicaragua, Cuba, Chile y Argentina, entre otros, luchaban contra dictaduras locales o intervenciones extranjeras. Leila Khaled conoció a muchos de estos militantes e incluso combatió con ellos, como fue el caso de Patrick Argüello, su compañero en el secuestro frustrado del vuelo 219 de Ámsterdam a Nueva York.

En esa ocasión, portaba un pasaporte hondureño falso con una identidad ajena. María Luna fue el nombre que utilizó y que hoy recuerda con picardía: -Me gustaba el nombre, pero no hablaba nada de español. Sólo sabía decir “Sí, señor”. No sabía nada de español y todavía no sé nada de español.- comenta con gracia, mientras bebe sorbos de café.

¿Cuál es su opinión sobre los gobiernos y estados latinoamericanos que han manifestado su respaldo a Palestina y condenado a Israel en las últimos acontecimientos?

Esto ha sido un gran apoyo a los palestinos y ellos han hecho más que cualquier otro país. Depende, por supuesto, de los gobiernos cambiar la actitud y la política, y eso, en todas partes, lo aprecian. En Gaza la gente dice: “No son los árabes nuestros hermanos, son los latinoamericanos”.

Desde el comienzo Venezuela y Bolivia han cortado lazos con Israel. Ahora en Bolivia han cancelados los acuerdos de visa con Israel. En Chile, en Argentina, Perú y Brasil han llamado a consulta a sus embajadores. Bolivia catalogó a Israel como un Estado terrorista. Esa es una excelente actitud y es lo que necesitamos.

Fuente: http://www.oicpalestina.org/?p=18983

Saca a Israel la Tarjeta Roja: Israel no puede albergar la Eurocopa de fútbol 2020 #RedCardIsrael

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Solidaridad con Palestina y carteles de boicot a Israel en Bilbao en un partido contra el Hapoel.

Solidaridad con Palestina y carteles de boicot a Israel en Bilbao en un partido contra el Hapoel.

ACTÚA: Dile a la UEFA que muestre la Tarjeta Roja a Israel

Israel ha lanzado una guerra contra el fútbol en Palestina: los futbolistas han sido asesinados, estadios bombardeados y se ha negado el permiso a los jugadores para viajar a los partidos.

Entre los muertos en la reciente masacre de Israel están Ahmad Muhammad al-Qatar y Uday Caber, dos jugadores de fútbol de 19 años de edad en el inicio de sus carreras.

Israel espera ser anfitrión de la UEFA 2020 en Jerusalén. Sin embargo, Israel continúa ocupando brutalmente Jerusalén Este, que es reconocido internacionalmente como territorio palestino. El gobierno israelí anunció recientemente 2.220 asentamientos en Jerusalén Este como parte de su continua limpieza étnica de palestinos en la ciudad.

Como ha explicado una carta escrita por equipos deportivos palestinos y organizaciones de la sociedad civil y enviada al presidente de la UEFA Michel Platini: “Con la concesión a la Asociación de Fútbol de Israel del privilegio de acoger en Jerusalén los juegos de 2020, la UEFA estaría enviando un mensaje moralmente preocupante de aprobación —o incluso de recompensa— por las graves violaciones de Israel de los derechos humanos en Gaza, Jerusalén Este y en otros lugares”.

Dile a Platini que la UEFA debe excluir a Israel de la licitación cuando se reúna para decidir quien será el anfitrión de los juegos de la UEFA 2020 el 19 de septiembre.

#RedCardIsrael
Firmar la petición en http://www.bdsmovement.net/redcardisrael.

Fuente: http://boicotisrael.net/bds/tarjeta-roja-israel-eurocopa-2020-redcardisrael/

“Nos matan, nos arrestan, nos quitan tierras, no se olviden de Cisjordania”

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Checkpoint israelí en la ciudad ocupada de Hebrón, Cisjordania, escenario de ataques y arrestos en las últimas semanas / Olga Rodríguez

Checkpoint israelí en la ciudad ocupada de Hebrón, Cisjordania, escenario de ataques y arrestos en las últimas semanas / Olga Rodríguez.

 

  • En dos meses Israel ha matado a 33 palestinos en Cisjordania, herido a más de mil y arrestado a más de 500, entre ellos 35 parlamentarios.
  • Además, ha realizado la mayor confiscación de tierras de los últimos 30 años.
  • En un hecho inédito, soldados israelíes han intentado deportar a la diputada Khalida Jarrar, ahora refugiada en el Parlamento de Ramala

 

Olga Rodríguez – Cisjordania

No hay mejor manera de entender los efectos de la ocupación israelí que viajar por Cisjordania. En este territorio palestino ocupado, trufado de vallas, muros, checkpoints y carreteras de uso exclusivo para israelíes, los palestinos viven atrapados, aislados por imposición.

Cisjordania es como un queso gruyer: un conjunto de cantones palestinos desconectados y separados por los asentamientos judíos y las carreteras, en las que las señalizaciones solo indican los nombres de las colonias e ignoran la existencia de las localidades palestinas.

Desde la aplicación de los Acuerdos de Oslo, ciudades cisjordanas como Ramala, Belén, Nablús o Hebrón se encuentran sin continuidad territorial, como islas aisladas en un mar dominado por Israel. El Estado israelí ha construido kilómetros de carreteras israelíes que unen las colonias judías entre sí y con Jerusalén y que actúan a modo de fronteras para los palestinos, ya que a buena parte de ellos se les prohíbe cruzarlas.

Desde junio la escalada de violencia israelí ha aumentado en este área palestina. Al menos 33 palestinos han muerto por ataques del Ejército de Israel. A esta cifra se suman otros dos muertos en las últimas horas, ambos por disparos israelíes: uno en Hebrón y otro en Ramala. 1.397 palestinos han resultado heridos por soldados o colonos israelíes. Y más de 500 han sido arrestados bajo la figura de la detención administrativa, que permite mantener en secreto los cargos y por tanto condena a los presos a no disponer de un juicio. Entre estos detenidos hay 35 parlamentarios.

Desde el inicio de septiembre han sido arrestados otros 127 palestinos. Además, tras la masacre en Gaza y el alto el fuego, ha llevado a cabo la mayor confiscación de terreno palestino en Cisjordania de los últimos 30 años.

Orden de deportación contra una parlamentaria

Dentro de la campaña de persecución israelí a los parlamentarios palestinos se ha producido un hecho inédito hasta la fecha: el intento de secuestro y deportación de uno de los miembros del Consejo legislativo, la parlamentaria Khalida Jarrar. El pasado 20 de agosto, en plena madrugada, decenas de soldados israelíes irrumpieron en su casa con una orden de detención administrativa.

“Yo estaba sola con mi hija, entraron en casa diciéndome que tenían que llevarme a Jericó. Es decir, me secuestraban por considerarme una amenaza a la seguridad israelí. Rechacé firmar la orden. Les dije: sois un poder ocupante, matáis a mi gente, derribáis nuestras casas, arrestáis y venís en mitad de la noche a secuestrarme. Sois vosotros los que debéis abandonar esta tierra, porque la estáis ocupando ”, cuenta Jarrar en conversación con eldiario.es, en una pequeña habitación del Consejo Legislativo palestino en Ramala, donde vive refugiada desde entonces. “Bienvenidos a mi nueva casa de Ramala”, nos dice, con un tono de amargura.

Khalida-Ardenson-Izquierda-Unitaria-Palestina_EDIIMA20140909_0784_4La parlamentaria palestina Khalida Jarrar, con Martina Ardenson, eurodiputada integrante de la delegación de la Izquierda Unitaria que ha viajado a Palestina

Desde su intento de secuestro por parte de las fuerzas israelíes, Jarrar recibe a diario decenas de visitas de palestinos y de activistas internacionales. Esta semana se han reunido con ella en Ramala europarlamentarios de la Izquierda Unitaria Europea, entre ellos integrantes de Podemos, IU y Bildu, quienes se han interesado por su situación y han mostrado su solidaridad tanto con ella como con los parlamentarios palestinos arrestados este verano.

“Con la ocupación, con reglas de apartheid, con la demolición de viviendas, Israel está arrinconando más y más a los palestinos. Los parlamentarios palestinos arrestados tienen derecho a un juicio justo, este Parlamento europeo tiene que hacer algo más que una mera condena”, denunció este martes, desde Bruselas, Martina Anderson, una de las europarlamentarias que acaba de regresar de Cisjordania.

Jarrar subraya que la represión israelí ha aumentado considerablemente en los dos últimos meses. “Antes, había en Cisjordania 150 personas detenidas bajo arresto administrativo, que permite el encarcelamiento sin cargos ni juicio durante tiempo ilimitado. Ahora, ya hay más de 500 arrestados. Han demolido viviendas, especialmente en el valle del Jordán y en Hebrón, han ordenado la confiscación de más tierra, han asesinado a 25 personas, hay cientos de heridos. Vivimos acantonados. La única solución es la resistencia popular y la reacción de la comunidad internacional para que de una vez obligue a Israel a respetar la ley”, señala.

A pesar de ser parlamentaria, Khalida no tiene libertad de movimientos. Ha sido invitada por la Unión Europea en varias ocasiones, pero Israel siempre le ha denegado el permiso de salida. Tampoco puede viajar a Jerusalén ni a Gaza. Vive, como tantos otros palestinos, atrapada en Ramala. Integrante del Frente Popular para la Liberación de Palestina y defensora del boicot a Israel como herramienta para obligarle a terminar con la ocupación, Jarrar subraya la importancia de impulsar una negociación que no esté auspiciada bajo el paraguas de Estados Unidos y de buscar la unión palestina con nuevos liderazgos. “Para ello es preciso que se celebren elecciones”, indica. “Nos matan, nos arrestan, nos quitan tierras. No os olvidéis de Cisjordania”, remata.

Pintada-Hebron-Palestine-Olga-Rodriguez_EDIIMA20140909_0793_4Pintada en la ciudad vieja de Hebrón: “This is Palestine in my heart” / Olga Rodríguez

Hebrón

Hebrón es una de las ciudades cisjordanas que están siendo escenario de la campaña de represión israelí tras las manifestaciones en solidaridad con Gaza. En ella, el trajín constante de los viandantes, las conversaciones en torno a los puestos de fruta y verduras del mercado, el griterío de los niños que corretean por las aceras, contrastan con el silencio y la tensión permanente que se viven unas calles más allá, en plena Ciudad Vieja, donde una comunidad de colonos judíos radicales ocupa ilegalmente territorio palestino, en pleno centro de la urbe, protegidos por uniformados israelíes. Bajo la atmósfera de aparente normalidad, Hebrón vive semanas difíciles. Aquí el Ejército de Israel mató recientemente a Khalil Al-Anati, un niño de once años de edad.

En una de las tiendas más antiguas de Hebrón, con apariencia de cueva inserta en el entramado de callejuelas, Nawal, una mujer muy respetada en su comunidad, explica cómo este último mes las fuerzas israelíes han entrado a menudo hasta el corazón de la urbe para llevar a cabo registros y arrestos.

“Vienen a interrogar a la gente, andan nerviosos buscando túneles, preguntan si aquí en las tiendas tenemos túneles, ¿de dónde a dónde?, pregunto yo”, dice riendo con amargura. “Han matado a nuestra gente en Gaza. ¿Qué quieren, matarnos a todos? Tienen el poder. Pueden hacer lo que gusten. Es así de dramático. El futuro juzgará la indiferencia de la comunidad internacional”, lamenta.

Fuente: Artículo enviado a @losotrosjudios por la autora. Eldiario.es

Spiderman en Hebrón

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Por Joan Cañete Bayle.

A los siete años, a un niño le puede gustar hablar de Spider-Man. O de Batman. O de Iron Man. O de los Vengadores, los de dibujos animados. A los siete años un niño se esfuerza en mejorar su caligrafía en el colegio, lee textos más complejos, se expresa mejor, pero sobre para él la escuela un lugar donde jugar con otros niños. A los siete años a un niño le suele chiflar un balón, sigue imaginándose al volante de Rayo McQueen y Dusty, sin ser ‘Cars’, no está tan mal. A los siete años la vida de un niño la forman papá, mamá, los hermanos, las hermanas, los primos, las primas, las tías, los tíos, las abuelas, los abuelos, lapiceros, folios, rotuladores, celo, tijeras con la punta redondeada, cartulinas de colores, merienda de nocilla, coches de carreras, muñecos, dibujos animados, superhéroes, futbolistas, Messi, o Cristiano Ronaldo. A los siete años, un vaso de leche por la mañana, un vaso de leche por la noche, y entre medio la escuela. A los siete años la guerra es (o debería ser) una cosa que sale en la tele y los soldados, un juguete.

Siete años tiene el niño palestino que hace unos días fue detenido durante 40 minutos en Hebrón por tres policías de fronteras israelíes por lanzarles piedras antes de ir a la escuela. El vídeo muestra al pequeño siendo arrastrado por los soldados, llorando, pataleando. El niño lleva una cartera de Spider-Man, a los niños palestinos también les gusta Spider-Man. Los policías de fronteras llevan casco, y chaleco, y aunque no se ve en la imagen supongo que irán armados, todos los israelíes, militares o civiles, policías de fronteras o colonos, van armados o tienen un arma cerca.

No es la primera vez que sucede esto en Hebrón, o en otras partes de los territorios ocupados. Me acuerdo, por ejemplo, de Wadi Maswadeh, que tenía cinco años cuando le sucedió lo mismo. El Ejército israelí califica lanzar piedras como un acto de terrorismo. Un menor puede ser condenado hasta a 20 años por ello. En Israel, los niños son los menores de 18 años; en los territorios ocupados, son niños los menores de 16. Se les juzga en tribunales militares y, a partir de los 12 años, tienen responsabilidad penal. Hay estadísticas de todo tipo: según el propio Servicio de Prisiones de Israel hay alrededor de 250 presos palestinos menores en las cárceles israelíes, de los que medio centenar son delincuentes comunes y el resto, “presos de seguridad”. Las ONG palestinas hablan de unos 10.000 niños arrestados desde el 2000. Un informe de Euro-Mid Oberver for Human Righst habla de unos 2.500 niños y jóvenes detenidos entre enero del 2010 y junio del 2014. El informe se acompaña de algunos vídeos muy clarificadores. Encontraréis más cifras googleando un poco. Los efectos psicológicos son devastadores: estrés postraumático, ataques de ansiedad, pesadillas.

Veo el vídeo del último niño, transportado por los tres muchachotes de la Policía de Fronteras, esa cartera de Spiderman igual a la que podemos ver en cualquier escuela occidental, y me acuerdo de Wadi Maswadeh. Y de Iman al Hams. Y de Mohammed al Durrah. Y de Mohammed Abu Khdeir. Y de los más de 500 niños asesinados este verano en Gaza. Y de los dos niños que este estío se libraron por los pelos de ser secuestrados por colonos en Jerusalén Este. Y también de Golda Meir, la primera ministra israelí que dijo eso de “We can forgive the Arabs for killing our children. We cannot forgive them for forcing us to kill their children. We will only have peace with the Arabs when they love their children more than they hate us”, una de esas frases que la hasbara convierte en clichés y que sionistas de todo tipo y condición repiten cual mantras. Y sí, también me acuerdo de los trovadores y escribas de la paz. De ellos no me olvido nunca.

Sí, los palestinos aman a sus hijos, por supuesto, y por eso, porque quieren un futuro mejor para ellos que ser detenidos por lanzar piedras a los soldados de uno de los mejores ejércitos del mundo, muchos de ellos optan por la resistencia contra Israel, en algunos casos armada. Y no, no voy a decir que los israelíes odian a los niños palestinos. Lo que diré es que el mecanismo de la ocupación es inhumano, que humilla al ocupado y embrutece al ocupante, que carece de cualquier rastro de decencia humana, que ver el vídeo de la detención del niño de siete años de la cartera de Spider-Man y no sentir otra cosa que no sea repulsión es una habitación con vistas al abismo. Esos soldados cumplen órdenes, las órdenes decididas por unos políticos, sustentados por un electorado, basadas en una ideología. Eso es la ocupación israelí de los territorios ocupados, una maquinaria inhumana. Que haya sucedido en Hebrón tan sólo le añade simbolismo: si uno quiere saber qué sucede en Israel y los territorios ocupados y no tiene mucho tiempo, con una mañana en Hebrón, visita a la casbah incluida, basta. Es la mejor vacuna anti-equidistancias, es un baño de realidad.

Imagen 5 

Veo el vídeo de la detención del niño de siete años, con su cartera de Spiderman, con su cara desencajada de puro terror, y me acuerdo de Peter Parker, y de su tío Ben, y de eso de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Eso ocurre en los cómics y en las películas, claro. Porque Spiderman no está en Hebrón, eso parece evidente. Como a la justicia, ni se le espera.

@jcbayle

Fuente: http://decimaavenida.wordpress.com/2014/09/09/spider-man-en-hebron-isarel-palestina-ninos/

Sahar Vardi y Micha Kurz: Resistirse a la complacencia en un país insensibilizado con la ocupación

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Sahar Vardi y M. A. Moreno

Resistirse a la complacencia en un país militarizado e insensibilizado con la ocupación por décadas del territorio que pertenece a otro pueblo. Esa es la decisión que, por caminos muy distintos, han escogido los jóvenes israelíes Sahar Vardi y Micha Kurz, activistas de Jerusalén, que describen la sociedad israelí como “militarizada” y reconocen cierta insensibilidad en sus compatriotas, que viven “en una burbuja” y toman el conflicto palestino-israelí más como un aspecto teórico que como algo “personal”.

“La sociedad israelí ha sido capaz de ‘despolitizarse’ a sí misma –explica la activista respecto a la ocupación de territorios palestinos-. La gente puede estar de acuerdo o no, apoyarte o rebatirte, pero nunca es un gran problema, no tiene mucha trascendencia. No sentimos el conflicto como propio, en el lado israelí”, agrega Sahar Vardi, activista de 24 años que estuvo encarcelada durante tres meses por haber objetado de hacer el servicio militar, obligatorio para los jóvenes que cumplen 18 años en el país hebreo.

Esa falta de preocupación por el conflicto en general y por las penalidades de la población palestina, que depende para ir al colegio, al trabajo o al hospital de los soldados israelíes que vigilan los puntos de control fronterizos o checkpoints, es una percepción compartida por el exsoldado israelí Micha Kurz, ahora activista pro palestino en la organización Grassroots Al-Quds (Jerusalén de base, por el nombre árabe de la ciudad), un grupo de activismo de base que se dedica a fortalecer los lazos entre los distintos barrios de población palestina en la ciudad.

“Cuando terminé el servicio militar creo que hubo dos cosas verdaderamente cruciales que yo quería que mi familia entendiera. Teníamos discusiones políticas, hablábamos de lo que pasaba, pero lo que era obvio para mí era que mi madre no tenía las claves para saber realmente lo qué estaba pasando realmente en Ramala, que está a 20 minutos en coche de donde crecí. O en Hebrón, que está a apenas una hora conduciendo de Jerusalén”, explica Kurz, cofundador además de la organización ‘ Breaking the silence‘ [Rompiendo el silencio], dedicada a recopilar testimonios de soldados israelíes que sirvieron en Cisjordania.

La vida desde un puesto de control

Micha Kurz entró en el ejército a los 18 años como parte del servicio militar obligatorio y con una clara vocación castrense. “Crecí en los scouts, que en Israel no tratan tanto de entrenar el liderazgo , sino de prepararte para el Ejército (…) Quería estar en una unidad de élite, ser piloto o soldado de combate”, recuerda. Ingresó en 1999, durante la Segunda Intifada, y fue enviado a un puesto de control, donde con apenas 19 años pasó a controlar una población de 900 palestinos que tenían que pasar por su puesto de control para poder acudir al trabajo o a la escuela.

“Yo controlaba toda una población civil, una sociedad entera. Tenía que decidir si la gente podía ir al trabajo, si podía ir a comprar, si los niños iban a ir al colegio ese día”, dice Kurz, que recuerda cómo comenzó a darse cuenta de que la realidad del ejército no era como la había imaginado.

“El entrenamiento está basado en cómo seguir las órdenes, y no cuestionar lo que dice el sargento (…) Durante mi servicio en el Ejército estuve en Hebrón, en Ramala y necesité mucho tiempo para entender lo que pasaba. Me di cuenta de que estábamos protegiendo no solo las fronteras, sino también los asentamientos, y no solo protegiendo a los colonos, sino permitiendo y apoyando su expansión”, explica Kurz. El ex soldado hoy ejerce de activista junto a la población palestina de Jerusalén, la mayor área urbana del pueblo palestino, partida por el muro de separación levantado por Israel en 2002 y “capital futura de Palestina” en palabras del joven israelí.

“Israel es una sociedad militarizada, comenzando por el servicio militar obligatorio, lo cual es una cosa básica. Pero incluso la forma de la que somos educados, la normalidad de ver pistolas en cualquier lugar en la calle. Es algo normal para nosotros, no las vemos, son transparentes. Si te fijas en la publicidad, la mejor forma de vender algo es poner un soldado en el anuncio”, explica Vardi, que desde muy pequeña tuvo una visión del conflicto completamente distinta a la de Micha Kurz, al haber visitado desde los 13 años los territorios ocupados y haber tenido relación con los palestinos.

“Descubrí una realidad muy diferente, en la que mis amigos eran ilegales en sus propias casas”

El caso de Vardi era particular en su contexto cercano en Jerusalén no solo por haber conocido a palestinos desde adolescente –“Hablábamos sobre cosas normales, que odiábamos las matemáticas, pero también descubrí una realidad muy diferente, en la que mis amigos eran ilegales en sus propias casas, o nos llamaban para que fuéramos a recogerlos de la comisaría o de un checkpoint”, explica— , sino también por pensar distinto en una sociedad en la que se educa a los más jóvenes para permanecer a la espalda de la ocupación de un territorio.

“En el sistema educativo la ocupación prácticamente no existe. La palabra ‘palestinos’ no existe. Son árabes, no palestinos”, dice Sahar Vardi, que cuando iba a cumplir los 18 años, edad del servicio militar obligatorio en Israel, decidió objetar públicamente junto a unos compañeros, llegando a escribir al primer ministro del momento, Ehud Olmert.

“Es bastante fácil no ir al ejército si sabes cómo. El recurso de enfermedad mental es la puerta de atrás para librarse del servicio militar, hay un 12% de la población israelí que lo hace cada año”, explica la activista israelí, que tuvo que sufrir tres meses de cárcel y dos de detención por haber decidido objetar públicamente.

Tomar esta decisión le ha acarreado consecuencias más de rechazo social que legales, aunque Vardi explica que recientemente se ha aprobado una ley que permite priorizar a los que hayan servido en el ejército en prestaciones sociales como sanidad, empleo público o vivienda, discriminando a aquellos que no hayan realizado la conscripción militar.

“Las consecuencias políticas y sociales están aumentando. Una de las leyes que se ha aprobado con este propósito es la llamada ‘ Ley de ONG’, que pretende establecer más impuestos a las organizaciones no gubernamentales de tipo político. Entre ellas, hay un grupo de organizaciones que no van a tener ninguna financiación de entidades extranjeras, aquellas que apoyan la resistencia armada contra Israel, las que apoyan el boicot contra Israel, o las que apoyan la objeción al servicio militar”, explica Sahar, que entiende estas legislaciones como una forma de amedrentar a aquellos que no quieran ir al ejército.

“El pacto se ha roto”

Por su parte, Micha Kurz expone también otra realidad, ya mostrada en 2011 con los movimientos de protesta que se produjeron en varias ciudades israelíes, de que el “pacto” que vinculaba a los israelíes con su ejército a cambio de beneficios estatales está “roto”. “El movimiento sionista se construyó como un sueño socialista de la nacionalidad judía. Mis padres se hicieron sionistas porque se les hizo una promesa. Se ofrecieron servicios públicos, vivienda pública, sanidad, trabajo, pensiones… Lo único que tenías que hacer era servir en el ejército y continuar en la reserva hasta los 45 años”, explica. Ahora, con servicios sociales privatizados y prestaciones disminuidas, la situación es distinta.

“En los checkpoints y en las fronteras no verás soldados de clase media, solo de clases trabajadoras”, agrega Vardi, que asegura que cada vez hay más jóvenes que dejan de hacer el servicio militar obligatorio por motivos económicos, muchos de ellos utilizando la vía de la enfermedad mental, pero otros rehusando de forma pública. “Ahora mismo hay dos objetores públicos en prisión y hay otro que se unirá a ellos el próximo mes”, explica Vardi, que trabaja apoyando a los objetores y denunciando la militarización de su país.

Como activistas, Micha Kurz y Sahar Vardi son críticos con los procesos de negociación actuales, que ven más como “una representación”, pero no como algo que vaya a tener verdadero resultado. Sin embargo, Vardi sí confía en la importancia del boicot comercial a Israel que se va extendiendo, y en su influencia a futuro para la solución del conflicto. “Lo dijo (el secretario de Estado de los Estados Unidos) John Kerry, si estas negociaciones fallan, el boicot a Israel va a crecer”, explica.

“Si las negociaciones fallan, el boicot seguirá creciendo. La gente en el mundo está harta de esto, y está harta de financiar algo con lo que están en contra”, finaliza la joven activista.

Fuente: Miguel Ángel Moreno Ramos para eldiario.es

Cuando detuvieron a Juan Gelman en Israel

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gelman y yo

Hace un tiempo volaba el poeta argentino Juan Gelman rumbo a Jerusalén. Sentado junto a su esposa comentaba la situación política israelí con un acento crítico sobre la política del nuevo gobierno en relación a la intifada palestina. Un agente del Mosad escuchaba atentamente. La charla del poeta con su esposa acabó mal. El propio Gelman lo cuenta.

Escribo estas líneas desde el dolor y la tristeza. El viernes 2 de marzo mi mujer Mara La Madrid y yo llegamos a Israel. Era la 1.30 de la madrugada y a las 10 tenía lugar el entierro de mi hermana Teodora, muerta repentinamente en Jerusalén. Conozco varias clases de muertes: la del padre y la madre, la del hijo, pero todavía estoy recorriendo el doloroso territorio de la muerte de una hermana. Seguramente distinto a todos los demás. Mara y yo desembarcamos de un vuelo de la British Airways y fuimos detenidos por la policía en el aeropuerto Ben Gurión. Los hechos son como siguen.

Delante nuestro se sentó en el vuelo un señor de 28 o 30 años, alto, moreno, de pelo corto y modales autoritarios, que conversaba amigablemente con una azafata en hebreo. Bien. Ocurre. Por razones de seguridad, algún agente ¿del Mossad? viaja en todo vuelo que llega a Tel Aviv en compañías extranjeras que no son El-Al. Mara y yo conversábamos sobre las declaraciones del jefe de Estado Mayor del ejército israelí -un general de cuyo nombre no quiero acordarme- publicadas en el Herald Tribune: afirmaba que la Autoridad Palestina era “una entidad terrorista” y que el Estado de Israel estaba pensando en la posibilidad de reocupar las pocas zonas palestinas a las que había otorgado autonomía. Mara se preguntó: “¿Qué van a hacer, van a ocupar El Líbano?” En ese momento el señor de pelo corto se dio vuelta furioso y nos ladró un “enough” (“basta” que cortó nuestra conversación, personal, de a dos y en español. Mister Enough no se limitó al ladrido. Cuando descendimos del autobús que nos trasladó del avión a la terminal del aeropuerto, me señaló con el dedo a un señor de uniforme que se abalanzó sobre mí y, sin identificarse, pidió nuestros pasaportes. Le dije que, a 30 metros del mostrador en que los pasaportes se revisan, allí los iba a presentar porque no explicaba la razón de su exigencia. Mara se puso en fila, pasaportes en mano, y cuando la seguí el señor de uniforme quiso retenerme con un abrazo de oso del que me desprendí -debo confesarlo- rojo de ira. Soy un ciudadano argentino y no admito esa clase de comportamiento de parte de ningún uniformado. Tal vez porque tengo una experiencia traumática -vuelvo a confesar- con los señores de uniforme.

Afuera nos esperaba mi sobrina, que había retrasado el entierro de su madre hasta mi llegada. Explicamos la circunstancia, pero al señor de uniforme poco le importaban fallecimientos y entierros ajenos. Sólo después de una hora y media dejó entrar a mi sobrina, a pesar de mis reclamos. El señor de uniforme, que se negó a dar su nombre, nos tuvo hasta las 5 de la mañana redactando lentamente un acta en que nos endilgaba los siguientes “delitos”: tumulto a bordo del avión de British Airways, desacato a la autoridad, ofensa a un funcionario público en el ejercicio de sus funciones. Fue inútil que preguntara quién había hecho la denuncia y en qué consistía. “Tumulto”, en el hebreo del Estado de Israel, es una palabra muy pesada. Sirve, por ejemplo, para calificar la actitud de un niño palestino que arroja piedras a un tanque israelí. El único “tumulto” en que debo haber incurrido fue la exigencia prostática de ir al baño cuando el avión comenzaba su descenso. La presunta denuncia de una azafata de British Airways a la que el acta se remitía fue solicitada reiteradamente por el consulado argentino en Tel Aviv y nunca apareció.

El hecho -grave- es que Mara y yo estuvimos detenidos más de tres horas en el aeropuerto de Tel Aviv. El señor de uniforme escribía sus acusaciones y yo sufría a mi hermana, su muerte, el destino de morir en Jerusalén que le decretó la dictadura militar. Salimos bajo caución: mi sobrina tuvo que firmar dos actas -una contra mí, otra contra Mara, que ciertamente no fue atacada por urgencias diuréticas como yo- por las que se obligaba a pagar 2500 dólares por cada uno si el lunes siguiente no asistíamos a una presunta audiencia de conciliación. En ese interín, el señor de uniforme que nos detuvo me mostró amenazadoramente un par de esposas hablando en hebreo. Usaba el inglés cuando le convenía, el hebreo cuando no. Sus compañeros lo llamaban Danny y, según el “policía bueno” que apareció cuando las cosas se pusieron muy calientes, su nombre es Daniel Yehud. A saber.

No me parece mal que viajen agentes ¿del Mossad? en los vuelos que llegan a Israel, vista la situación. Lo que no entiendo es que esos agentes de seguridad -exclusivamente de seguridad, según se dice- se conviertan en una policía política que nada tiene que envidiar a la de Hitler o Stalin. ¿En qué estamos? ¿Israel es una democracia o qué? ¿Puede ser democrático un Estado que somete a cerco a un millón de palestinos por la fuerza de las armas? ¿Y cómo es posible que ahora sean sitiadores de todo un pueblo los hijos, los nietos, los biznietos de quienes, como mi madre y sus hermanos y su padre rabino, padecieron el cerco zarista en los ghettos, y luego, como mis primos, el encierro en los campos de concentración nazis? A los 8 años de edad mi madre presenció cómo los cosacos incendiaban la vivienda familiar y cómo mi abuela iba sacando a sus hijos de las llamas, menos a una hermanita de 2 años que murió abrasada. ¿Y ahora esos descendientes de la persecución crean ghettos para los palestinos, dinamitan sus casas, los sitian por hambre, abaten sus olivos y arrasan sus cultivos cuando molestan proyectos edilicios, usurpan sus tierras aplicando esa razón de las bestias que es la fuerza? ¿Y qué tienen que ver con el judaísmo esas políticas de Israel? Los judíos siempre fuimos perseguidos, nunca perseguidores; discriminados, nunca discriminadores; marginalizados, nunca marginadores; sitiados, nunca sitiadores. Nada tiene que ver a estas alturas el Estado de Israel con la tradición judía, la más democrática del mundo, creada desde abajo en la diáspora y conservada a lo largo de los siglos.

Sé que estas opiniones serán calificadas de antisemitas por quienes no quieren oír, ni ver, ni hablar, como los tres monos de la India. La táctica de confundir las críticas al Estado de Israel con el antisemitismo me recuerda la pretensión de la más reciente dictadura militar argentina, que llamó “campaña antiargentina” a toda denuncia de sus crímenes. Sólo me explico la tristeza particular que las políticas genocidas del Estado de Israel me causan porque soy verdaderamente judío. Porque una vez, de niño y con fiebre altísima, mi padre se sentó junto a mi cama para leerme en idish un cuento de Sholem Aleijem. Se llamaba “Das messerl” (El cuchillito) y hablaba de los dolores del ghetto.

Fuente: http://www.taringa.net/comunidades/x-palestina/5074989/Cuando-detuvieron-a-Juan-Gelman-en-Israel.html

N. de R.: Los Otros Judíos no necesariamente está de acuerdo con todas las opiniones vertidas en los artículos.

Declaración de Judíos por el Derecho al Retorno del Pueblo Palestino

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judíos derecho al retorno

1º de enero de 2014

“Para los palestinos, el derecho a volver a sus hogares y el derecho a vivir en dignidad e igualdad en su propia tierra no son menos importantes que el derecho a vivir libres de la ocupación militar.”
–Prof. Saree Makdisi[1]

Durante más de un siglo, los sionistas han tratado de construir un “Estado judío” por medio de la remoción forzada del pueblo palestino nativo.

En 1948, este Estado fue establecido a través de la Nakba (Catástrofe): desaparición y ocupación de más 500 ciudades y aldeas palestinas, el desalojo de más de 750.000 palestinos y una campaña terrorista de la que la masacre de Deir Yassin   es el ejemplo más infame.

Desde 1967, Israel también ha ocupado y colonizado  el resto de la Palestina histórica. Hoy, esta limpieza étnica implacable continua  —armada y financiada por los EE. UU. y sus aliados— en los dos lados de la “Línea Verde” de 1948.

Como resultado acumulado, setenta por ciento de los palestinos están en el exilio, la población de refugiados más grande del mundo.

En ningún lugar esto es más claro que en Gaza, donde Israel inflige un castigo colectivo particularmente brutal a 1.7 millones de personas —la mayoría de ellos refugiados— por resistir desafiantes a la expulsión de sus hogares en la Palestina histórica.

“Elijan un punto, cualquiera, a lo largo de las 25 millas de costa de [Gaza’s],” escribe la residente de la Ciudad de Gaza Lara Aburamadan, “y uno está a siete millas —no más — del otro lado. El otro lado es donde nacieron mis abuelos, en una aldea que se transformó en el país de otros, fuera de mis límites. Se llama Israel. Yo lo llamo el lugar de donde vienen las bombas.”[2]

Para esconder estos crímenes y escudarse de sus consecuencias, el régimen sionista oficialmente niega la Nakba, el equivalente ético de la negación del Holocausto. Hasta ha autorizado legislación para penalizar a aquellos que conmemoren la Nakba— un paso previo a criminalizar completamente su observancia.

Como sucede con todos los pueblos colonizados, la liberación significa revertir el despojo. “La causa palestina,” escribe el Dr. Haidar Eid en Gaza, “es el derecho al retorno de todos los refugiados y nada menos.”[3]

Retorno —una de las demandas llave de la campaña Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) — se apoya en la resolución 194 de la ONU, pero deriva del principio de derecho humano y, como tal, al cual ninguna persona o representante puede renunciar; está inalienablemente unido al pueblo palestino colectiva e individualmente.

A pesar de esto, aun algunos que critican la ocupación israelí de 1967 dicen que el retorno de los palestinos es “irreal”.
Sin embargo, la solidaridad significa apoyo incondicional a los objetivos justos de aquellos que resisten a la opresión. Como explica el periodista palestino Maath Musleh: “Si piensas que  [el retorno] no es posible entonces no eres realmente solidario con la causa palestina.”[4]

Algunos también tienen la objeción de que el retorno de los refugiados significaría el fin del “Estado judío”. Pero los apoyadores de la justicia social se tienen que preguntar cómo pueden defender un Estado cuya existencia misma dependa de la negación estructural de los derechos del pueblo palestino.

Hace poco, más de una centena de destacados activistas palestinos reafirmaron su oposición “a todas las formas de racismo e intolerancia, incluyendo, pero no limitada al antisemitismo, la islamofobia, el sionismo y otras formas de intolerancia a quien quiera que sea, especialmente a los pueblos indígenas y los no blancos en el mundo.”[5]

Ese racismo e intolerancia se reflejan precisamente en el intento del sionismo de borrar al pueblo palestino, una campaña de un siglo que es una deshonra a la memoria del sufrimiento y resistencia de los judíos en Europa.

La respuesta moral es clara: “Hay una entidad geopolítica en la Palestina histórica,” escribe el periodista palestino Ali Abunimah. “No se puede seguir permitiendo que Israel siga arraigando su dominio cultural, racista y de apartheid en ese territorio.”[6]

Como judíos de conciencia, convocamos a los partidarios de la justicia social a alzarse en defensa del Derecho al Retorno del Pueblo Palestino y de un Estado democrático en la Palestina histórica — “Del Río hasta el Mar”— con derechos iguales para todos.

La plena medida de justicia de la cual depende la esperanza de toda la humanidad, requieren no menos que eso.

Notas

[1] Saree Makdisi, “If Not Two States, Then One,” N.Y. Times, 5 de diciembre de 2012,http://www.nytimes.com/2012/12/06/opinion/global/if-not-two-states-then-one.html?_r=0

[2] Lara Aburamadan, “Trapped in Gaza,” N.Y. Times, 16 de noviembre de 2012,http://www.nytimes.com/2012/11/17/opinion/trapped-in-gaza.html

[3] Haidar Eid, “The Palestinian Left and RoR,” ZMag, 8 de octubre de 2012, http://www.zcommunications.org/the-palestinian-left-and-ror-by-haidar-eid

[4] Maath Musleh, “Communique: Palestine #4 Brief Thoughts on International Solidarity With Our Struggle in Palestine,” 8 de septiembre de 2012, http://internationalsocialist.org.uk/index.php/blog/brief-thoughts-on-international-solidarity-with-our-struggle-in-palestine/

[5] “The struggle for Palestinian rights is incompatible with any form of racism or bigotry: a statement by Palestinians,” Electronic Intifada, 23 de octubre de 2012, http://electronicintifada.net/blogs/ali-abunimah/struggle-palestinian-rights-incompatible-any-form-racism-or-bigotry-statement

[6] Ali Abunimah, “Mahmoud Abbas’ real ‘accomplishment’ was not the UN vote on Palestine,” Aljazeera, 2 de diciembre de 2012, http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2012/12/2012122165114321474.html. Ver también “The Way Forward for Palestine Solidarity, 23 de junio de 2010, http://al-awdany.org/2010/07/statement-the-way-forward-for-palestine-solidarity-please-endorse/

 Max Ajl, escritor y activista; Cornell Students for Justice in Palestine

Gabriel Ash, International Jewish Anti-Zionist Network Switzerland

Max Blumenthal, periodista y autor

Prof. Haim Bresheeth, cineasta, , photographer and film studies scholar

Lenni Brenner, Author and anti-war activist

Mike Cushman, Convenor, Jews for Boycotting Israeli Goods (UK)

Sonia Fayman, French Jewish Union for Peace; International Jewish Anti-Zionist Network France

Sherna Berger Gluck, Founding member US Campaign for the Academic and Cultural Boycott of Israel; Israel Divestment Campaign

Rabbi Lynn Gottlieb, Coordinator, Fellowship of Reconciliation Peacewalks, Mural Arts in Palestine and Shomer Shalom Network for Jewish Nonviolence

Hector Grad, International Jewish Anti-Zionist Network (Spain)

Abraham Greenhouse, Blogger, Electronic Intifada

Tony Greenstein, Jews for Boycotting Israeli Goods (UK)

Jeff Halper, Director, Israeli Committee Against House Demolitions (ICAHD)

Stanley Heller, Host of “The Struggle” TV News

Tikva Honig-Parnass, Former member of the Zionist armed forces (1948); author of False Prophets of Peace: Liberal Zionism and the Struggle for Palestine

Adam Horowitz, Co-Editor, Mondoweiss.net

Selma James, Global Women’s Strike; International Jewish Anti-Zionist Network UK

David Klein, Organizing Committee, US Campaign for the Academic and Cultural Boycott of Israel

Dennis Kortheuer, Organizing Committee, US Campaign for the Academic and Cultural Boycott of Israel; Israel Divestment Campaign; Dump Veolia LA

David Letwin, Activist and writer; Gaza Freedom March

Michael Letwin, Co-Founder, Labor for Palestine; Organizing Committee, US Campaign for the Academic and Cultural Boycott of Israel; Al-Awda NY: The Palestine Right to Return Coalition

Antony Loewenstein, Australian journalist and author

Barbara Lubin, Executive Director, Middle East Children’s Alliance

Mike Marqusee, Author If I Am Not for Myself: Journey of an Anti-Zionist Jew

Hajo Meyer, Auschwitz survivor; International Jewish Anti-Zionist Network

Linda Milazzo, Participatory journalist and educator

Prof. Ilan Pappé, Israeli historian and socialist activist

Miko Peled, Author of The General’s Son

Karen Pomer, Granddaughter of Henri B. van Leeuwen, Dutch anti-Zionist leader and Bergen-Belsen survivor

Diana Ralph, Assistant Coordinator, Independent Jewish Voices-Canada

Dorothy Reik, Progressive Democrats of the Santa Monica Mountains

Prof. Dr. Fanny-Michaela Reisin, President, International League for Human Rights (German Section FIDH); Founding member of Jewish Voice for a Just Peace – EJJP Germany

Rachel Roberts, Civil rights attorney and writer

Ilana Rossoff, International Jewish Anti-Zionist Network

Carol K. Smith, Activist and civil rights attorney

Lia Tarachansky, Director, Seven Deadly Myths

Hadas Thier, Contributing author of The Struggle for Palestine; Israeli-born daughter and grand-daughter of Nazi Holocaust survivors

Dr. Abraham Weizfeld, Montréal; Jewish People’s Liberation Organization

Sherry Wolf, Author and public speaker; International Socialist Organization; Adalah-NY

Marcy Winograd, Former Congressional Peace Candidate; public school teacher

Dr. Roger van Zwanenberg, Non-Executive Director, Pluto Books Ltd.

Tali Feld Gleiser, Los Otros Judíos, América Latina

Evento: https://www.facebook.com/events/123495234483983/

Los Otros Judíos en el programa Derribando Muros (Radio Gráfica-Buenos Aires)

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derribandoTali Feld Gleiser estuvo en el estudio de Radio Gráfica con Tilda Rabi, Cristina Saad Chedid y Fernando Isas.

Escúchala en http://otrosjudios.podomatic.com/entry/2013-12-03T11_42_37-08_00

Descarga la entrevista en http://www.sendspace.com/file/8pvxh5